sábado, 5 de agosto de 2017

Dobles programas bizarros (V): UNDERWORLD de Len Wiseman + UNDERWORLD: EVOLUTION de Len Wiseman


Título: Underworld
Director: Len Wiseman
Año: 2003
Guión: Danny McBride
Intérpretes: Kate Beckinsale (Selene); Scott Speedman (Michael Corvin), Bill Nighy (Viktor), Michael Sheen (Lucian), Shane Brolly (Kraven), Kevin Grievoux (Raze)

De todas las sagas de acción con monstruitos y criaturas varias que nacieron a finales de los 90 y principios de los 2000, posiblemente mi preferida sea la saga de Underworld. No sé si será por los vampiros, por los hombres lobo, porque es la única que me llevó al cine en algún momento o porque me pilló en mis efervescentes 12 añitos cuando estaba en su plenitud. En cualquier caso llevaba como cinco o seis años sin verme ninguna película de la saga (y eso que me quedé en la tercera la última vez) y ya tocaba pegarle un repaso para ver que tal ha envejecido, si sigue siendo tan entretenida y todas esas cosas. Así que empecemos por el principio de todo.
Underworld nos presenta un mundo en el que los vampiros y los licántropos no sólo existen sino que llevan cientos de años enfrentados entre sí en una guerra sin cuartel. En la Hungría actual, los hombres lobo viven reducidos a refugios en las alcantarillas y viven como alimañas mientras los vampiros se dedican a un estilo de vida hedonista congregados en grandes mansiones. Todo cambiará cuando Selene, una de las guerreras vampiras mas habilidosas, descubra que un humano, aparentemente relacionado con una antigua leyenda vampírica, está siendo perseguido por los licántropos, quienes creen que puede ser la clave para inclinar la balanza de la guerra hacia uno u otro bando y acabar con esta de una vez por todas.

Hay quien dice que la saga entera está plagiada prácticamente en su totalidad de los juegos de rol de Vampiro: La Mascarada y demás, pero como yo no tengo ni puta idea de esas mierdas no me cortaré en decir que me gusta la mitología planteada por la película y, sobre todo, me gusta la estética tan de aquellos años, con su cuero negro, su bullet-time y sus tiroteos imposibles, todo ello rodado en una fotografía de tonos fríos, grises y azules principalmente, que resalta aun más toda la frialdad y la artificialidad de ese mundo nocturno fantástico.
Si bien todo lo que es el empaque, el universo presentado, está bien fundamentado, la trama desarrollada viene a ser bastante predecible a pesar de los dos o tres giros de guión que tiene, e incluso peca a veces de depender de detalles que plantean pero no terminan de resolver, como si ya desde un primer momento estuvieran pensando en una saga de varias películas y en una trama a desarrollar a largo plazo, algo que para una película cuya secuela no está garantizada desde un primer es un ERROR, tenga o no sentido todo ello tras unas cuantas entregas. Aun así, como en estos casos lo que prima es que la estética mole y la acción no esté mal rodada (en este caso, ni el montaje es tan videoclipero como en otras pelis similares, ni el bullet-time tan molesto y casi todas las escenas de acción se pueden visualizar sin volverte loco intentando ver lo que pasa, así que se le puede dar un aprobado sin problemas), pues el que la trama desarrollada sea más o menos simple como que da un poco igual.

Protagoniza la película la guapísima Kate Beckinsale que, a pesar de haber trabajado también con Scorsese, Michael Bay y unos cuantos directores de renombre más, tiene en la saga Underworld el que es, sin duda alguna, el papel que ha marcado su carrera y por el cual va a ser recordado en el futuro. Es sexy, se mueve con soltura en las peleas, tiene un puntillo descarado incluso y las lentillas azules y los colmillos le sientan de puta madre asi que, por mi parte, ningún problema con ella. El co-protagonista es Scott Speedman, un señor sosísimo que también tiene en esta película el papel de su vida, pero en esta ocasión, porque no ha rodado nada más que merezca la pena reseñar. Como líder de los licántropos, uno de los personajes más carismáticos y más empáticos de toda la saga, tenemos a Michael Sheen (que no tiene nada que ver con Martin Sheen o el drogadicto de su hijo Charlie), ex pareja de la señorita Beckinsale y un actor que años después de hacer Underworld ganó un prestigio que te cagas con su participación en La Reina (el biopic de Isabel II con Helen Mirren) y en El Desafío: Frost contra Nixon, con una nominación a los BAFTA incluida, pero que en el momento de hacer esta peli era más bien desconocidillo. Por otro lado, Viktor, señor de los vampiros está interpretado por un especialista en papeles grimosos, el británico Bill Nighy, conocido por hacer de rockero viejo en Love Actually, por su papel de Davy Jones en la saga Piratas del Caribe y por sus cameos en las pelis de Edward Wright. El resto del plantel está compuesto por mediocres y completos desconocidos, muchos de ellos procedentes de Europa del Este, entre los que destaca como curiosidad  el cameo de Wentworth Miller, protagonista de Prison Break y el Capitán Frío en The Flash, Arrow y demás series de superhéroes de la CW.
Dirige toda la fiesta Len Wiseman, el señor por el cual Kate Beckinsale dejó a Martin Sheen hasta el año 2015 en el cual le pidió el divorcio. Un hombre cuya filmografía se compone básicamente de las dos primeras entregas de la saga Underworld y de dos putas mierdas como son La Jungla 4.0 y el remake de 2012 de Desafío Total. Un auténtico currela, impersonal hasta decir basta, lo cual lo excusa bastante en lo que respecta al resultado final de sus películas, y actualmente productor tanto de las nuevas entregas de Underworld como de diversas series de TV. Sin duda alguna, el otro pilar fundamental de la saga aparte de la señorita Beckinsale.
En líneas generales Underworld es una película que en su momento me gustó mucho (aunque claro está, tenía 12 añitos cuando la vi por primera vez) y que hoy día me entretiene pero no me dice gran cosa más. Ni de lejos es tan impresionante y adrenalínica como la recordaba. La película fue, en su momento, un éxito sorpresa ya que, partiendo de un presupuesto de 22 millones de dólares consiguió recaudar casi 96, lo que le aseguró a la misma su continuidad en toda una serie de secuelas, la primera de las cuales fue…





Título: Underworld: Evolution
Director: Len Wiseman
Año: 2006
Guión: Danny McBride
Intérpretes: Kate Beckinsale (Selene), Scott Speedman (Michael Corvin), Tony Curran (Marcus Corvinus), Derek Jacobi (Alexander Corvinus), Steven Mackintosh (Andreas Tanis)

Underworld: Evolution. Primera secuela en la que repiten Wiseman, Beckinsale y Speedman y en la que prácticamente nada cambia en lo referente a la estética, la dirección y las interpretaciones de los actores. Y sin embargo mi favorita de la saga por el momento ¿Por qué? Simple, porque se centran más en la mitología planteada para el universo de la saga, es un no parar de escenas de acción bastante mejor planificadas que las de la primera entrega y tiene como villanos a un puto licántropo albino inmenso y a un señor de los vampiros, con sus alas de murciélago y todo, curradísimos con un maquillaje de puta madre.

La película es una continuación directa de la primera parte y nos presenta a los protagonistas, Selene y Michael, huyendo de los restantes vampiros y licántropos por igual. Sin embargo, sus acciones en la anterior peli provocaron indirectamente el despertar de Marcus Corvinus, el primer vampiro quién también se lanzará en persecución de la feliz pareja, pues aunque estos no lo sepan, tienen la clave para despertar de su encarcelamiento eterno a William Corvinus, el primer licántropo y hermano de Marcus, pieza fundamental de un plan del susodicho chupasangre para lograr el dominio sobre ambas razas de seres nocturnos.
La verdad es que es una peli de la que no se puede decir gran cosa, menos aún después de haber comentado la que le precedió. No ofrece prácticamente nada nuevo salvo la continuación de la trama iniciada y la presentación de nuevos personajes, y mantiene todos los elementos de fotografía y estética de la primera entrega, mejorando eso sí cosillas tales como el CGI utilizado y la realización de las escenas de acción. Claro que también contó con un presupuesto bastante mayor que el de su predecesora, casi 45 millones de dólares que rentabilizaron de sobra con una recaudación de algo más de 113 millones.
Entre las nuevas incorporaciones al plantel de actores tenemos como Marcus Corvinus a Tony Curran, actor irlandés que , al margen de un papel secundario en Blade II y su interpretación como el hombre invisible en La Liga de los hombres extraordinarios, no ha hecho nada que merezca la pena destacar. El británico Steven Mackintosh encarna al historiador y cronista de los clanes vampíricos Andreas Tanis y, junto a todos estos mediocres, encontramos la participación estelar de un grande, el shakespeariano Sir Derek Jacobi, al que habréis podido en decenas de producciones de diversa índole, desde series B hasta pelis de prestigio, y al que recuerdo especialmente por sus papeles de Graco en Gladiator y del emperador Claudio en la adaptación televisiva del Yo, Claudio de Robert Graves por el que obtuvo un merecidísimo premio BAFTA a Mejor Actor.

Y ya está, no hay más que decir. La verdad es que en este tipo de sagas en las que se adhieren a una fórmula estética que funciona no suele haber gran cosa que destacar salvo cuando se convierten en una puta mierda. Eso y que, por otro lado, la preferencia de unas entregas sobre otras suele ser puramente subjetiva y complicado de argumentar salvo con la clásica pregunta “¿Qué tiene esta que no tengan las demás?”. Al menos así lo veo yo. La próxima vez que afronte esta saga revisionaré la tercera entrega y precuela de todas las demás películas, Underworld: La Rebelión de los licántropos, y afrontaré por primera vez el visionado de la cuarta parte. Cuídense hasta entonces…


miércoles, 12 de julio de 2017

ILSA, LA LOBA DE LAS SS de Don Edmonds


Título: Ilsa, la loba de las SS (Ilsa, She Wolf of the SS)
Director: Don Edmonds
Guión: Jonah Royston
Año: 1975
Intérpretes: Dyanne Thorne (Ilsa), Gregory Knoph (Wolfe), Tony Mumolo (Mario), Jo Jo Deville (Ingrid), Nicole Ridell (Kata)


La película más reconocida dentro de aquello que se dio a conocer como Naziexploitation (ahora tomado, como tantas otras exploitation antes tratadas con relativa seriedad, como un cachondeo gracias a comedietas de segunda como Dead Snow o Iron Sky), Ilsa, la loba de las SS transcurre en un ficticio Campo de Concentración Nº9 (en la vida real, el mismo set de rodaje en el que se filmó la comedia televisiva Los héroes de Hogan) en el que la comandante Ilsa gobierna con puño de hierro. En este infernal lugar, los hombres son utilizados como esclavos sexuales y castrados posteriormente mientras que las mujeres sirven como mano de obra o como banco de pruebas para crueles experimentos médicos. La inminente llegada de los aliados a la Alemania nazi provocará que algunos de los internos más recientes comiencen a planear un motín dentro de la prisión al mismo tiempo que Ilsa intenta descubrir el enigma médico que se haya detrás de un preso americano de portentosas dotes sexuales.

Basada (MUY vagamente) en las atrocidades reales cometidas por la comandante alemana Ilse Koch (no en vano, la peli comienza con un mensaje del productor anunciando que lo que se va a ver, aunque dramatizado, fue completamente real, como si de un mondo italiano se tratara), la película, como tantas otras exploitation es básicamente una excusa para ver desnudos femeninos y masculinos sin censura junto a la violencia más burra que la época podía permitir. Escenas de folleteo, abusos sexuales o simple costumbrismo en el que las prisioneras van con escasa o ausente vestimenta se intercalan con secuencias de “experimentos científicos” en el que se nos muestra todo un catálogo de burradas (así a lo pronto, porras eléctricas insertadas en la vagina de las chicas, una mujer prácticamente hervida viva o una extracción de un globo ocular por mencionar algunas lindezas) en un estilo que luego sería imitado por Los Hombres detrás del sol y sus secuelas (películas ambientadas también en la Segunda Guerra Mundial y que bien podrían ser la respuesta asiática al naziexploitation), y seguramente, también por otras películas que, por el momento, desconozco. 
Su protagonista, Dyanne Thorne, es, al igual que el resto de sus compañeros/as de reparto (de los cuales no merece la pena escribir ni una sucia palabra), una puta mierda de actriz (aunque he de decir que a mí personalmente me hace cierta gracia tanto el carácter que imprime a su personaje en versión original como la que se consigue en la versión doblada) que muestra en cuanto se despoja de la vestimenta los atributos que la hacen merecedora de protagonizar la película. Eso sí, a pesar de tener un par de peras que apenas le caben en el sostén no se puede decir que su rostro sea muy agradecido (tiene cara de vieja para que nos entendamos), pero bueno, cuestión de gustos. Durante los años anteriores y posteriores a su participación en Ilsa, esta mujer vivió de participar en diversas sexploitations, tanto en papees cómicos como en roles más “serios”, así como de continuar la saga fílmica de la komandant en Ilsa, la hiena del harén, Ilsa, la tigresa de Siberia e Ilsa, the Wicked Warden (llamada Ilsa a secas en España y dirigida por el prolífico Jess Franco). Con los años abandonaría el mundo del cine y obtendría una licenciatura universitaria en Estudio Comparado de Religiones. Actualmente, tanto ella como su marido, ordenados ambos como ministros de la iglesia, regentan una capilla en Las Vegas desde donde ofrecen diversas ofertas de ceremonias de casamiento a todo aquel que las desee.
El director de film, Don Edmonds, al igual que su protagonista, tiene una carrera curiosa. Se inició igualmente en el cine exploitation para graduarse posteriormente al soft-core y al slasher. Vió en Ilsa y en su primera secuela el culmen de su carrera y, posteriormente,  consiguió un puesto de responsabilidad dentro de una productora, donde se encargó en parte de que películas tales como Cortocircuito o Amor a Quemarropa vieran la luz, antes de morir de un cancerazo de hígado en el 2009.

Y si he hablado tan pronto de actriz protagonista y director es porque la verdadera figura que merece el interés del respetable es el productor de la cinta. Y es que detrás del pseudónimo de Herman Traeger se encontraba ni más ni menos que David F. Friedman.  
Friedman es una de esas figuras del mundo de la exploitation que merece la pena reivindicar. Comenzó su carrera profesional  trabajando para Paramount Pictures y otras productoras menores en la confección de cortometrajes sobre educación sexual y buenas costumbres para la higiene íntima. Esto, no nos engañemos, era el equivalente a la pornografía que existía en aquellos tiempos en los que todo era tabú y censura. Así pues, no es de extrañar que en cuanto la sociedad fue más permisiva saltara al sexploitation, en esta ocasión asociado con una de las grandes figuras de la historia de la exploitation, Herschell Gordon Lewis. Como productor de este buen señor llevaría a cabo films como The Adventures of Lucky Pierre, Daughters of the Sun (algunos de los primeros nudies de la historia) o Scum of the Earth (considerado por los expertos en la materia como el primer roughie, un nadie con cierto componente de violencia, de la historia). Sin embargo sería a principios de los 60 cuando grabaría su nombre en la historia con la producción de Blood Feast del señor Gordon Lewis, establecida como la primera película gore de la historia (aunque hay ejemplos anteriores que ya apuntaban en la dirección tomada a posteriori por esta película y las que le seguirían), en una asociación que se consolidaría como fructífera años después con la salida a la luz de otros largometrajes como 2000 Maníacos o Color Me Blood Red. Es también a finales de los 60 cuando surge Campo de Concentración Nº 7, predecesora de Ilsa en todos los sentidos (no en vano es durante el rodaje de la misma que se escribe el guión de La loba de las SS), primer naziexploitation como tal de la historia y la película que, junto a la reconocida 99 Mujeres de Jess Franco, consolidó otro subgénero exploitation (que también muy de la mano con el naziexploitation) como es el Women In Prison o WIP (películas en las que se muestra la dura vida de las cárceles de mujeres con toda su violencia y sexo gratuito, abusos sexuales y lesbianismo incluídos). Tras Ilsa, el ritmo como productor del señor Friedman se ralentizó bastante con los años hasta el punto de que, actualmente, apenas participa en proyectos que no tengan alguna relación con viejos éxitos, siendo sus últimos largometrajes acreditados 2001 Maníacos y su secuela, así como Blood Feast 2: All U Can Eat. En cualquier caso una carrera prolífica en la que nos encontramos con un señor que ayuda en la consagración del nudie, que crea el gore junto a Herschell Gordon Lewis y que también participa en la confección del WIP y del Naziexplotation. Méritos más que de sobra como para nombrarlo, echando la vista atrás, como uno de los grandes pioneros del exploitation de la historia.


Tras esta parrafada, volvamos a Ilsa para un par de líneas finales. Vamos a ver, la película es un zurullo pero se soporta bastante bien por lo bizarro que resulta ver algo así a día de hoy (las tetas y los chorrazos de sangre ayudan también bastante) y, sobre todo, por el tufillo icónico que tiene, pues no en vano ha generado todo una figura que ha inspirado desde a grupos de punk y metal hasta a creadores de anime, pasando por directores como Tarantino o Rob Zombie que alguna que otra referencia en sus largometrajes. En su momento fue una película que fue creada para el circuito Grindhouse y los Drive-In y como tal hay que verla con la actitud necesaria para afrontar un producto de estas características y, evidentemente, no esperar encontrar algo remotamente parecido a cualquier producto mainstream. Dicho esto, se puede poner perfectamente de fondo mientras haces cualquier otra cosa, ya sea trabajar, hacer los quehaceres del hogar o, por qué no, mientras te haces una pajilla.


jueves, 29 de junio de 2017

MAGIC MIKE de Steven Soderbergh


Título: Magic Mike
Director: Steven Soderbergh
Año: 2012
Guión: Reid Carolin 
Intérpretes: Channing Tatum (Mike), Alex Pettyfer (Adam "El Niño"), Joe Manganiello ("Pollón" Ritchie), Matt Bomer (Ken), Kevin Nash (Tarzán), Matthew McConaughey (Dallas), Cody Horn (Brooke)

Steven Soderbergh es un director que ni me atrae ni controlo en absoluto. Channing Tatum es un actor que ni me gusta especialmente ni me llama la atención. Y aun así me he tragado Magic Mike como si fuera un rabo. ¿Por qué? , porque es una peli de tíos que se despelotan delante de mujeres y eso llama la atención. Porque, no nos engañemos, las pollas, al igual que las tetas y los coños, venden.

La película gira en torno al Mike que menciona el título, obrero de la construcción por la mañana, stripper por la noche en un sucio club de Tampa y soñador a tiempo completo, pues la ilusión de su vida es montar un negocio de venta de muebles de diseño hechos a mano. Un día conoce a Adam, un chaval de 19 años bastante perdido en la vida, al cual engaña para que atraiga a unas clientas al club de striptease y, posteriormente, para que se despelote durante una de las funciones. De esta manera, Mike y Adam entablaran una amistad mientras ambos progresan en el atractivo pero igualmente sórdido mundo de los strippers masculinos.
Esto viene a ser en el fondo una historia de perdedores como tantas se han hecho antes, de loosers que persiguen sus sueños imposibles en un mundo que es la sordidez absoluta disfrazada de alegría y luminosidad, una dualidad que queda perfectamente reflejada en la película en una escena en la que Mike le está explicando a Adam lo fácil y sencillo que es el trabajo que va a realizar mientras, en un desenfocado primer plano, el personaje de Joe Manganiello se insufla aire en la polla con una pera para mantenerla erecta antes de salir a dar espectáculo. Es un mundo que parece poblado de gente super cachonda y super maja cuando en el fondo no son más que un atajo de miserables, un grupo en el que no es un drogadicto es un borracho o un traficante o un avaricioso hijo de la gran puta. Y como ver la miseria humana representada en la gran pantalla siempre resulta efectivo pues esta representación del universo en el que se mueven los personajes sea posiblemente lo mejor que tiene que ofrecer la peli.

Channing Tatum es un actor que expresa lo mismo que una patata hervida cuando afronta un papel serio. Y sin embargo aquí sorprende muy positivamente en los momentos de comedia de la película, que tiene unos cuantos como, por ejemplo, la escena en la que aparece travestido de Marilyn Monroe y le pone los huevos en la cara al personaje de Adam para despertarle. Visto esto, entiendo perfectamente a aquellos que destacaban sus virtudes como actor cómico en Infiltrados en clase y su secuela y auguro que, al igual que otros actores cachas de mierda antes que él como, por ejemplo, The Rock, va a encontrar en su vis cómica el camino a seguir para forjar su carrera a partir de ahora. Eso sí, el cabrón sabe moverse en la pista y se marca unas coreografías mientras se desnuda en el escenario que molan un cojón y medio.
El co-protagonista, Alex Pettyfer, es uno de estos chavalines jóvenes, mozos y guapos que consiguen meter a las niñatas en las salas de cine pero que no transmiten absolutamente nada, y menos aún cuando está rodeado de un elenco de secundarios que se lo comen con patatas, a saber: Joe Manganiello (el próximo Deathstroke del Universo Cinematográfico DC), Matt Bomer (un mozalbete muy bello que se ha alzado en las últimas temporadas de American Horror Story), el ex-wrestler  Kevin Nash, el cómico latino Gabriel Iglesias y, por encima de todos, Matthew McConaughey en la etapa post True Detective y post El Lobo de Wall Street y justo antes de hacer Interstellar y de llevarse el Óscar por Dallas Buyers Club (en otras palabras, los mejores años de su carrera), interpretando al dueño del club de striptease, un personaje que es todo carisma y para el cual se guardan los mejores speeches y las mejores líneas del guión en un momento en el que aún no se había re-descubierto del todo el talento de este actor. Entre tanto rabo tenemos, poniendo el contrapunto femenino, a la casi desconocida Cody Horn interpretando  a la hermana de Adam, a la guapilla Olivia Munn (Mariposa Mental en la última peli de la saga X-Men y uno de los personajes principales de la serie de TV The Newsroom) como la amante de Mike y a Riley Keough, nieta de Elvis Presley y una de las nuevas musas del cine independiente americano encarnando a una zorrilla que se cruza en un momento en las vidas de nuestros protagonistas.

Una gran parte del presupuesto de la película salió del propio bolsillo de Channing Tatum, el cual estaba especialmente interesado en sacarlo adelante pues él mismo había trabajado de stripper de jovencito y quería ver reflejado dicho mundo en la gran pantalla. Este, como productor que era, quería en un principio que la cinta la dirigiera el gran Nicholas Winding Refn (discípulo del cantamañanas y lisérgico Alejandro Jodorowsky), el cual accedió en un principio a cambio de que el propio Tatum rodara a posteriori una película con él. Como dicho proyecto nunca salió a la luz y además el propio Refn estaba ocupadillo triunfando como la Coca-Cola dirigiendo a Ryan Gosling en Drive y Sólo Dios Perdona, renunció al proyecto y le pasó el testigo a Soderbergh que acabaría sumando también un buen puñado de dólares al presupuesto. Soderbergh, como he dicho antes, es un señor que no me atrae en absoluto. En su faceta de cineasta independiente me parece (al menos en lo que he visto de momento de él) un pedante de cojones y en su faceta mainstream (en la que se incluye su, en mi opinión, mejor película, Ocean’s Eleven y la crudísima y brutal serie de médicos The Knick), un ser impersonal. Gracias a dios, es en esta última categoría donde cae Magic Mike, lo que hace que el trabajo de este señor tras la cámara no esté ni tan mal.
La película gustó bastante tanto a crítica como a público y, partiendo de un presupuesto de apenas 7 millones de dólares consiguió recaudar 167 millones, algo a lo que en el mundo del cine se le llamo “petarlo a niveles extremos”. Como era de esperar esto generó una secuela en 2015, Magic Mike XXL, y una conversión de la película en un musical de Broadway que se encuentra actualmente en preparación. Y es que como he dicho al principio, las pollas y los hombres en pelotas también venden.


Por cierto, en líneas generales, la peli esta guay, es solvente y merece la pena un visionado o dos sin ninguna dudad. Notable. 


martes, 27 de junio de 2017

Dobles Programas bizarros (IV): BLADE de Stephen Norrington + BLADE II de Guillermo del Toro


Título: Blade
Director: Stephen Norrington
Año: 1998
Guión: David S. Goyer
Intérpretes: Wesley Snipes (Blade), Stephen Dorff (Deacon Frost), Kris Kristofferson (Whistler), N' Bushe Wright (Karen), Donald Logue (Quinn), Udo Kier (Dragonetti)

Si nos retrotraemos a principios de los 2000 y repasamos el listado de películas de terror que lo petaron, enseguida nos encontraremos con algunas de esas cintas de acción mal clasificadas dentro de dicho género. Con Resident Evil y Underworld a la cabeza, todas estas películas compartían una estética común: cuero negro, estética videoclipera con las secuencias de acción montadas a 50 planos por segundo, música electrónica con alguna raperada de por medio y actores de mierda de protagonistas. Muchos dirán que esto es una prueba más del daño que hizo a la industria el fenómeno Matrix, pero hoy vengo a recordar que ya antes de esta había ejemplos previos de esta corriente tan curiosa como odiosa.
El cazavampiros Blade siempre ha sido un secundario de lujo en los tebeos Marvel. Desde su aparición en las páginas de La Tumba de Drácula hasta sus apariciones más recientes como inesperado héroe en el último volumen de Poderosos Vengadores,  “El que ha visto el sol” ha tenido sus momentos más o menos gloriosos, pero nunca ha sido una de las grandes bazas de la editorial. Por tanto, no es de extrañar que a la hora de adaptarlo al cine, la poderosa compañía diera luz verde a una película que tiraba más hacia la serie B y la calificación para mayores de 18 años. No había motivos para no hacerlo. Y he aquí que tenemos la primera entrega de la que acabaría siendo una trilogía.

Eric Brooks, más conocido como Blade, es un hombre mitad vampiro, mitad humano, capaz de caminar a plena luz del día pero dependiente del plasma sanguíneo para su subsistencia, que lleva años cazando chupasangres obsesionado con la idea de encontrar al vampiro que infectó y acabó con la vida de su madre. Junto a un reducido grupo de aliados, su camino le llevará a cruzarse con Deacon Frost, un líder vampiro que pretende invocar a un antiguo dios de la sangre llamado La Magra para lograr por todas la supremacía de su raza frente a los seres humanos.
En primer lugar, he de decir lo fascinante que me parece todo ese universo vampírico que nos presenta la película, en el que los chupópteros básicamente se dedican a ir a raves, matar peña y consumir su sangre con avidez. Y es que, salvo en un par de ocasiones en las que vemos reuniones de los vampiros más poderosos al más puro estilo club Bildeberg, todos los encuentros de Blade con los vampiros tienen lugar en fiestas nocturnas, ya sean en garitos subterráneos o en pisazos de lujo. El mantener a Blade como un personaje urbano y apegado a las calles es todo un acierto, así como todo ese origen y esos personajes secundarios que se sacan de la manga y que ayudan a empacar un argumento que, por otro lado es tan sencillo y predecible como podría ser un cómic de este personaje. Un trabajo decente de David S. Goyer, que en años posteriores a esta película se mostraría como un referente dentro del cine de superhéroes, siendo responsable de los guiones de la trilogía de Batman de Christopher Nolan o de El Hombre de Acero de Zach Snyder entre unas cuantas otras cintas del género.
El guión de la película estuvo circulando por las productoras durante unos cuantos años antes del inicio de la producción, y múltiples negros fueron barajados como posibles protagonistas. Denzel Washington y Laurence Fishburne fueron considerados para el papel, pero por aquel entonces Wesley Snipes se encontraba en conversaciones con Marvel para protagonizar una posible adaptación de los tebeos de Pantera Negra y fue el que se acabó quedando con el rol protagonista. No sé como lo habrían intepretado otros actores, pero lo que sí sé es que Wesley Snipes aparte de ser un actor de mierda (y, actualmente, ex-presidiario)  es un señor sin carisma alguno que tira por los suelos toda la posible gracia que pudiera tener el personaje y lo convierten en un protagonista soso de pelotas (tampoco estoy pidiendo actorazos, joder, las grandes figuras del cine de acción nunca han sido grandes intérpretes pero por lo menos tenían una chispa con la que ganarse al espectador).

Originalmente se planeó que el antagonista de la película fuera el vampiro Morbius, pero una serie de problemas con la propiedad de los derechos cinematográficos de Spiderman (tebeo al que está vinculado dicho personaje) hicieron esto imposible, así que una vez los responsables de la peli se sacaron de la manga esta reinterpretación de un villano de segunda como Deacon Frost. Para interpretarlo recurrieron a Stephen Dorff, un cutre de tomo y lomo y un actor bastante penoso que se casca aquí la que posiblemente sea su interpretación  más conocida hasta la fecha. Pero no es la única cara medianamente reconocida del elenco. Acompañando a héroe y villano tenemos a Kris Kristofferson (reconocido fundamentalmente por su participación como co-protagonista en Pat Garrett y Billy el Niño de Sam Peckinpah) interpretando a Whistler, una especie de Van Helsing trasnochado que es posiblemente el mejor personaje de la película. También podemos encontrar en el reparto al eterno secundario de inquietante rostro Udo Kier, a un secundario eterno como es Donald Logue (actualmente alzándose como Harvey Bullock en la serie de Tv Gotham) y a la ex-actriz porno Traci Lords haciendo un cameo de pocos minutos.
También en un principio se planteó como posible director al señor David Fincher, pero cuando este huyó con el rabo entre las piernas acabó dirigiendo el cotarro Stephen Norrington, un señor prácticamente novato y que tras ser responsable del deleznable espectáculo de cámaras y montaje de esta película volvió a cubrirse de gloria unos cuantos años después adaptando el mítico tebeo de Alan Moore La Liga de los hombres extraordinarios, adaptación que, dicho sea de paso, fue la causante de que no haya vuelto a sentarse en la silla de director desde entonces.

Blade nos ofrece una adaptación de cómic que se inmiscuye en el subgénero vampírico sin autocensura ni cortapisas. Acción, chulería, algo de gamberrismo…una macarrada que podría tener todas las papeletas para, por lo menos ser un divertimento decente. Y aun así, es una película que me termina aburriendo, algo de lo que es culpable sobre todo su protagonista y el asqueroso trabajo de dirección que ya he comentado repetidas veces. La película partía de un presupuesto  de 45 millones de dólares y logró recaudar casi el triple de este, llegando a coronarse como número uno en su primer fin de semana en España. En cualquier caso, dio dinero más que de sobra para que acabara convirtiéndose en una trilogía, y tendríamos que esperar hasta la tercera parte para encontrarnos con un villano clásico de los tebeos del cazavampiros como es Drácula. Pero antes, pasaríamos por el visionado de…




Título: Blade II
Director: Guillermo del Toro
Año: 2002
Guión: David S. Goyer
Intérpretes: Wesley Snipes (Blade), Kris Kristofferson (Whistler), Leonor Varela (Nyssa), Ron Perlman (Reinhardt), Norman Reedus (Scud), Luke Goss (Nomak), THoms Kretschmann (Damaskinos)

Blade II. Segunda entrega de la trilogía con Wesley Snipes de nuevo a la cabeza y David S. Goyer a los guiones quien en esta ocasión se curra una historia algo más original: una raza nueva de vampiros, los Segadores, que predan sobre los propios chupasangres está causando estragos dentro del submundo vampírico. La situación llega a tal punto que un gran señor de los chupópteros recluta a Blade para que se ponga al mando de una cuadrilla de guerreros vampiros de élite para atajar el problema de una vez por todas, iniciando una cacería en la que no todo es lo que parece.
Una secuela que mejora en todos los sentidos a la primera parte. Un Wesley Snipes al que, a pesar de seguir siendo un actor de mierda, por fin le sacan algo de jugo en situaciones en las que muestra una simpática química con los personajes de Whistler (interpretado una vez más por el señor Kris Kristofferson)y Reinhardt (encarnado por uno de los feos ilustres de Hollywood, Ron Perlman). Un reparto repleto de caras conocidas: el mencionado Ron Perlman, Norman Reedus (Daryl en The Walking Dead y co-protagonista de uno de mis placeres culpables favorito, Los Elegidos), Karel Roden (Rasputín en Hellboy),Luke Goss (que interpretaría al villano de Hellboy II y al piloto de carreras Frankenstein en dos de las tres entregas de la saga-reboot Death Race de Paul W.S. Anderson), el ahora archiconocido Donnie Yen en uno de sus primeros papeles en Hollywood (quien también ejerce las labores de coreógrafo en alguna de las mejores escenas de acción del film), el alemán Thomas Kretschmann (conocido por su papel de oficial nazi en El Pianista y también por su breve paseo por el Universo cinematográfico Marvel encarnando al Barón Strucker) y un cameo del caricato persona, Santiago Segura. Junto a tanto rabo, un papel femenino secundario que pasó por las manos de pibones como Asia Argento, Kristanna Loken o Elena Anaya y que acabó recayendo en la chilena Leonor Varela, que ni está tan buena ni queda tan resultona como lo habría hecho cualquiera de las otras candidatas.

Al mando del barco, un señor que ganó el prestigio para, en los últimos años, ser ninguneado: Guillermo del Toro. Por aquel entonces Guille (su madre le llama Guille y yo le llamo Guille) ya había dirigido un encargo para Hollywood, Mimic, y una cinta de prestigio, El espinazo del diablo. Con Blade II detecto que Del Toro está ensayando para la que fue su gran catapulta al estrellato dos años después: Hellboy. Aunque copia en parte el estilo videoclipero de Stephen Norrington si que se asegura de que el montaje de las escenas de acción no sea tan atroz y alocado como en la primera entrega e incluso llega a dejar quieta la cámara en ciertos momentos y a introducir puntualmente el bullet-time, consecuencia inevitable de la cátedra sentada por Matrix, en un estilo que es muy similar al que utilizaría luego más depurado en la ya mencionada Hellboy. Pero no acaban las similitudes con su carrera posterior aquí. Y es que ya empieza a asomar la cabeza el verdadero talento de Guillermo del Toro que no es estar tras la cámara, sino coordinar la creación de monstruitos y ambientes fantásticos. Así tenemos por ejemplo a unos vampiros embozados en un “traje de infiltración” que recuerdan poderosamente al Kroenen de la ya mentada Hellboy (cosa que no es de extrañar, pues el propio Mike Mignola, creador de los tebeos del demonio de la mano de piedra, aparece acreditado como artista conceptual) y unos vampiros Segadores que son prácticamente un calco de los que aparecerían más de diez años después en la serie de TV The Strain (la de los vampiros con la lengua-aguijón retráctil y que transmitían la infección a través de unos asquerosos gusanos), adaptación de una trilogía de novelas escritas a pachas entre el propio Del Toro y el escritor norteamericano Chuck Dixon.


Y tampoco tiene mucho más que contar. Una secuela más divertida, menos pesada, con un casting más acertado y simpático, un protagonista ligeramente mejor respecto a la primera entrega, un guión más trabajado y una dirección y una estética que, aunque tira repetidas veces de un CGI ya cantoso aunque no doloroso, está mucho más cuidada que en su predecesora. El resultado, la entrega de la trilogía mejor valorada por crítica y pública y una película que, costando poco más que la primera, lo petó en todo el mundo recaudando más de 150 millones de dólares, dinero más que suficiente para, como he mencionado anteriormente, asegurar una tercera entrega que acabaría siendo la tapa del sarcófago para el cazavampiros al menos hasta que a Marvel se le ocurra rescatarlo de nuevo del ostracismo. Y es que no son pocos los rumores que apuntan a que a no mucho tardar volveremos a oír hablar de “El que ha visto el sol” en el terreno audiovisual. Si tendrán en consideración esta trilogía de pelis o recurrirán de nuevo al señor Wesley Snipes es algo que sólo el tiempo podrá revelar.


lunes, 26 de junio de 2017

EL PAPÁ DE LOS POLLITOS de Alonso O. Lara


Título: El Papá de los pollitos
Director: Alonso O. Lara
Año: 2009
Guión: Alonso O. Lara
Intérpretes: Bernabé Meléndrez (Raúl Muriño), John Solis (Mario Muriño), Eleazar García Jr. (Demetrio Camacho), Roberto Carbajal (El Gato), Margarito Barajas "El Centenario" (El Centenario), Felix Rosales (El Buitre), Roberto López (Comandante Serrano)

A día de hoy se puede que una de las grandes exportaciones al extranjero de latinoamerica es, sin duda, la narcocultura: música y, especialmente, películas y series relacionadas con el mundo del narcotráfico. Un fenómeno popularizado en gran medida por la serie de Netflix Narcos, hasta el punto de que hay menos tres producciones de Hollywood en preparación que tocaran de una manera u otra el entorno del jefe de jefes Pablo Escobar. Pero esto no es algo nuevo, sino una realidad que lleva existiendo años…pero claro, de manera marginal. La explotación del narcotráfico en producciones low-cost (por llamarlas de alguna forma) directas a DVD es algo que lleva ocurriendo desde hace más de una década especialmente en México, donde se fabrican a toneladas y constituyen uno de los principales motores de la industria audiovisual del país. Son pelis duras de ver, eso no se puede negar, pero, aquellas que cuentan con algún actor medio decente, con un guión que no ha sido improvisado en el momento y con algo de ritmo pueden llegar a entretener al espectador. No es el caso de lo que hoy se va a comentar.

El Papá de los Pollitos es una película inspirada, como tantas otras, en un narcocorrido, en este caso, de Los Tucanes de Tijuana. Narra la historia de un narco poderoso, dueño absoluto de su plaza, que se carga a todo aquel que no se arregla con él antes de introducirse en sus dominios. Cuando su hijo interviene un gran cargamento de cocaína a Demetrio Camacho, un narco rival, este último iniciará una sangrienta campaña contra el Papá de los Pollitos para arrebatarle su territorio.
Igual contada no pinta ni tan mal, pero tras hora y tres cuartos de conversaciones en bares, rancheras y salones intercaladas con algún tiroteo rodado al más puro estilo narco (es decir, con armas que disparan aire, actores que no saben ni caerse muertos y los mínimos o, como en este caso, ausentes efectos digitales) y, por supuesto, en el argot propio de los traficantes (ya saben ustedes: “quebrarle”, “darles piso”, “partirles su madre”, “hacerle un levantón”, etc), uno no puede hacer otra cosa que aburrirse más que viendo crecer a las plantas, incluso en los momentos musicales, que suelen ser lo mejor de este tipo de productos y que pocas veces han estado peor grabados que en esta ocasión.

Protagoniza la cinta Bernabé Meléndrez, que ha participado en decenas de estas putas mierdas, junto a otro que también ha hecho su porrón de narco películas, John Solis. Como villano, tenemos al grandísimo (no es coña) Eleazar García Jr. , un actor que si yo fuera Tarantino, Robert Rodríguez o cualquiera de estos supuestos consumidores de cine marginal y extravagante ya me habría llevado a una gran producción, porque desde luego muestra tablas suficientes como para componer un personaje serio y una actuación decente (sin duda alguna, la única decente de la película).
Dirige el subproducto Alonso O. Lara, que ignoro si tendrá algún parentesco con Mario Quintero Lara (líder y fundador de Los Tucanes de Tijuana, como he dicho antes, el grupo creador del corrido que inspiró la peli), el cual debe ser una especie de experto en adaptar este tipo de canciones al vídeo doméstico, ya que en su reducida filmografía tiene al menos otras dos cintas inspiradas en narcorridos: El Centenario (que toma su nombre una vez más de un corrido de Los Tucanes) y, más recientemente, Sanguinarios del M1 (inspirada en esta ocasión en un tema del Movimiento Alterado, una suerte de agrupación de distintos narco cantantes bajo una misma bandera).

Y hablando de música, como toda peli de narcos que se precie, la cinta incluye colaboraciones musicales (que no son otra cosa que canciones de artistas invitados, los cuales normalmente cuentan además con un pequeño papel en la peli, que son metidas a capón en el metraje y utilizadas por lo general como reclamo para las masas). En esta ocasión contamos con la presencia de Los Incomparables de Tijuana y también de El Halcón de la Sierra, el cual sería tiroteado poco después de hacer la peli por unos narcos, ingresando ya cadáver en urgencias.

Y ya está, que bastante le he dedicado a esta puta mierda que dudo que muchos se atrevan a visionar. Infame, infame y aburridísima.

PD: No hay trailer pero os dejo el tema inspirador, que es bastante mejor que la totalidad del metraje visionado. 


jueves, 13 de abril de 2017

Dobles programas bizarros (III): EXISTS de Eduardo Sánchez + LA CASA DE CERA de Jaume Collet-Serra


Título: Exists
Director: Eduardo Sánchez
Año: 2014
Guión: Jamie Nash
Intérpretes: Chris Osborn (Brian), Dora Madison (Dora), Roger Edwards (Todd), Denise Williamson (Elizabeth), Samuel Davis (Matt), Brian Steele (Bigfoot)

Hace algunos años surgió una extraña corriente  dentro del subgénero del found footage por la cual aparecieron en un corto período de tiempo una serie de películas que tenían como eje central al mítico monstruo norteamericano también conocido como Bigfoot. De esta efímera moda surgieron cintas como Bigfoot: The Lost Coast Tapes, Bigfoot County, Willow Creek (posiblemente el film que más reconocimiento se llevó en su momento) o la peli que toca comentar hoy, Exists. En todas ellas el argumento era más bien clónico: una serie de jóvenes acababan de una forma u otra en lo más profundo de los bosques americanos y eran atacados por Piegrande, quedando todos los acontecimientos preservados en cámara. Exists no muestra grandes diferencias en estructura u originalidad en el guión respecto a otros found footage, pero si se encuentra rodeada de una atmósfera y una estética que le dan un aspecto mucho más cutre que muchas otras pelis similares.
En primer lugar, nos encontramos con un found footage que no es “puro”: hay planos imposibles de tomar con una cámara (ni siquiera con una de esas go-pro de las que tanto alardean los protagonistas durante el film), existe edición y montaje de las imágenes (estas se rebobinan adelante y atrás, se producen cortes entre un plano y otro, etc) y hasta banda sonora acompañando a las secuencias. Aún pasando esto por encima, la película sigue resultando muy pobre: los actores son muy malos, muy poco creíbles; la alta definición de las cámaras resulta contraproducente y enfatiza la falsedad del bigfoot (cuando este no está en primeros planos) y de las diversas heridas que los personajes sufren a lo largo de la trama, etc. Posiblemente el uso de otro tipo de cámaras más “cutres” habría mejorado el resultado, dando un aspecto más casero e inquietante al metraje, e incluso habría resultado hasta gracioso, pues podría haberse vendido como una especie de homenaje a esos vídeos infectos de supuestas grabaciones de bigfoot tan míticos que han poblado internet desde sus comienzos. Eso sí, a diferencia de otros found footage, aquí el monstruo aparece mucho y muy frecuentemente y cuando se le graba en planos cercanos, especialmente en el desenlace del film, este está hecho cojonudamente bien (no es para menos, pues las labores de efectos especiales y maquillaje corren a cargo de la mítica WETA Workshop,  la compañía que se cascó todos los efectos físicos de la trilogía de El Señor de los Anillos de Peter Jackson).
El reparto está compuesto por una serie de desconocidos y ninguneados entre los que destaca por encima del resto un tal Brian Steele, encargado de meterse en el traje de Bigfoot, el cual, según la IMDB ya había interpretado al monstruo en la serie de TV que surgió a raíz de la película Bigfoot y los Henderson. Curiosamente, el director de la cinta no es otro que Eduardo Sánchez, norteamericano de ascendencia cubana y uno de los responsables de, atención, El proyecto de la bruja de Blair. Resulta muy triste ver como uno de los responsables de una de las películas clave de la historia del género de los found footage realiza un trabajo en el que no sólo traiciona las normas del género que él mismo ayudó a construir sino que también denota su incapacidad como director. De aquí se extraen dos conclusiones: o bien El proyecto de la bruja de Blair fue una casualidad, una rara avis irrepetible y fruto de su tiempo; o bien el verdadero talento dentro de esta era el compañero del señor Sánchez, Daniel Myrick. Hasta donde tengo entendido, esto segundo es más bien una falacia, pero como no tengo conocimiento de las filmografías de estos caballeros, dejaremos el misterio en el aire.
También tengo entendido que el resto de found footage relativos al Bigfoot no son muy distintos a Exists. O, en otras palabras, son la misma mierda pobretona. No creo que me atreva con otra de estas hasta dentro de mucho pero, aun así, son 80 minutos de largometraje llevados con un ritmo decente, por lo que, hasta cierto punto, Exists puede llegar a entretener al espectador. Realmente es una mierdecilla pero es el tipo de film que puede llegar a llamar la atención de unos y no de otros, así que, ustedes verán si quieren jugársela. 





Título: La Casa de Cera (House of Wax)
Director: Jaume Collet-Serra
Año: 2005
Guión: Chad Hayes y Carey Hayes
Intérpretes: Elisa Cuthbert (Carly), Chad Michael Murray (Nick), Brian van Holt (Bo/Vincent), Paris Hilton (Paige), Jared Paladecki (Wade), John Abrahams (Dalton), Robert Ri'chard (Blake)

De todos los directores españoles que han intentado cruzar el charco y hacer las Américas, posiblemente uno de los que más respete sea el catalán Jaume Collet-Serra. Para empezar, el buen señor estudió cine en tierras yanquis,lo que probablemente influyera en el hecho de que a la hora de llegarle la oportunidad de dirigir un proyecto grande en los USA no se andara con remilgos como otros nombres del cine patrio y aceptara el encargo sin más dilación. A día de hoy, no me equivocaría demasiado al decir que es, posiblemente, el director español más requerido en tierras yanquis por una pura y simple razón: es un director de estudio.  En su filmografía encontramos películas francamente potentes como La Huérfana junto a cintas como Non-Stop o Sin Identidad (por lo que también podemos contarle entre los responsables de haber convertido a Liam Neeson en esa especie de héroe de acción maduro/ padre justiciero que es ahora en el cine). La Casa de Cera fue su debut como director, un proyecto de cine de terror a caballo entre los rescoldos del asqueroso terror para adolescentes de finales de los 90 y el género más serio que empezaríamos a recuperar conforme terminamos la primera década de los 2000. Sin llegar a ser, como así se vendió, un remake de la añeja Los Crímenes del Museo de Cera y cortada más por el patrón del thriller de terror  que del slasher, la película nos cuenta como unos jóvenes, de camino a la Superbowl, tienen una avería que les obliga a detenerse en un pueblo donde el único atractivo es un museo de cera local que alberga a un par de asesinos hijos de puta que les darán caza a lo largo de toda una noche.
Como he dicho, sin llegar a ser un slasher al estilo más clásico (Viernes 13 y demás ejemplos similares), sí que pone énfasis en los asesinatos cometidos durante el film y, sobre todo, en que estos sean brutotes sin que haya chorretones de sangre a diestro y siniestro (personalmente me quedo con el momento en que el asesino, tras haber atravesado la cabeza de uno de los personajes con un palo afilado, agarra una cámara de video y nos regala un primer plano de la herida abierta y gorgoteante como si de un director de películas snuff se tratara). Estos crímenes se combinan con el mal rollo que inspiran los muñecos de cera para montar un escenario que, si bien no es tan atmosférico ni tan terrorífico como pretende, si que funciona muy bien para la historia que se quiere contar. Si acompañamos esto con cierta complicación técnica en la dirección de Collet-Serra (que se puede ver en ciertos movimientos de cámara puntuales a lo largo del metraje), pues tenemos un producto con un envoltorio bien majo.
Protagoniza la película Elisa Cuthbert, relativamente conocida por interpretar a una actriz porno en La chica de al lado y a la hija de Jack Bauer en la serie de TV 24. Esta acompañada de una serie de chavales sin nada interesante que reseñar que solían pasearse por productos de videoclub en aquellos años y por el principal atractivo del casting, la heredera del millón de dólares Paris Hilton en uno de sus pocos papeles en el cine en  el que no se interpreta a sí misma. En La Casa de Cera, Paris nos deleita con un striptease, le chupa el rabo a un negro y sufre, además, una truculenta muerte, por lo que no es tontería afirmar que esta es, junto a 1 Night in Paris, la mayor contribución al universo que va a dejar esta mujer en vida.
De Collet-Serra ya está todo dicho y desde luego con este debut nos entregó uno de los pocos slashers de aquella etapa de los 2000 que no da puto asco. Bastante recomendable.




lunes, 6 de marzo de 2017

Dobles programas bizarros (II): BAD SANTA 2 de Mark Waters + TORRENTE 5: OPERACIÓN EUROVEGAS de Santiago Segura


Título: Bad Santa 2
Director: Mark Waters
Año: 2016
Guión: Johnny Rosenthal y Shauna Cross
Intérpretes: Billy Bob Thornton (Willie Soke), Tony Cox (Marcus), Kathy Bates (Sunny Soke), Christina Hendricks (Diane), Brett Kelly (Thurman Merman)

La original Bad Santa es una comedia negrísima que nos contaba la historia de un borracho asqueroso que junto a su socio, un enano negro, se dedicaban a atracar centros comerciales durante la campaña navideña, disfrazados para la ocasión de Santa Claus y de elfo. Personalmente es una película que me encanta precisamente por sus escasos valores morales, su humor políticamente incorrecto  y por la espectacular interpretación de su protagonista, Billy Bob Thornton. No sólo es una de las comedias que más me impactó en su primer visionado sino que también la considero una de las mejores películas de temática navideña de todos los tiempos.
En su momento la cinta de Terry Zweigoff cosechó un éxito moderado que permitió que ya tras su estreno en 2003 se comenzara a tratar el tema de una posible secuela que, finalmente ha tardado 13 años en ver la luz. En esta ocasión vemos como Willie, el personaje interpretado de nuevo por Billy Bob Thornton, ha fracasado miserable en su intento de reformarse como ser humano, volviéndose a convertir de nuevo en el repugnante y alcoholizado engendro que conocimos en la primera entrega. Tras un intento fallido de suicidio es te es contactado por su viejo socio Marcus, recién salido de la cárcel, para tratar de dar un nuevo golpe, en este caso, robando los fondos de una asociación benéfica durante la Navidad. Para ello, tendrán que enfundarse de nuevo en sus trajes de Papá Noel y elfo pero, en esta ocasión, contarán con la ayuda de un tercer partenair: Sunny, la madre del propio Willie.
La trama de la película viene a replicar, con escasos añadidos, la de la primera parte. Volvemos a tener un atraco; al dúo protagonista; a Billy Bob Thornton aprendiendo una lección sobre el significado de la familia y la Navidad de manos, una vez más, de Thurman Merman (el personaje interpretado por Brett Kelly que repite el mismo papel de la primera película pero habiendo pasado en esta ocasión de niño a adulto) y una subtrama “romántica” con una mujer de gustos singulares (si en la primera entrega teníamos a una mujer con una peculiar filia sexual por los Santa Clauses aquí tenemos a una especie de “santurrona” que oculta en realidad una personalidad sucia y pervertida a más no poder). Pero, a pesar de repetir todos estos elementos, la peli fracasa estrepitosamente en su intento de emular las intenciones de su predecesora. Todo rastro de ese humor tan incorrecto se pierde en una maraña de chistes obscenos muy flojitos y repetitivos y una constante sensación de estar viendo lo mismo pero peor. Si algo han enseñado películas como La Fiesta de las Salchichas es que el humor políticamente incorrecto por sí solo no vale. Un conglomerado de chistes bestias no sirve de nada si no está bien dirigido y enfocado por un buen guión. Bad Santa 2 sufre de este defecto y se muestra como una comedia muy sosita al fin y al cabo en el que el único aspecto que recuerda mínimamente a la original es la incorporación del personaje de Kathy Bates, la madre de Willie, un ser igualmente desagradable que caga con la puerta abierta, está constantemente hablando de sus repugnantes hazañas sexuales y acosa a su hijo durante toda la película llamándolo “Picha loca”.
Aun así, sus integrantes están muy bien todos ellos. Ni Billy Bob Thornton, ni Anthony Cox, ni la propia Kathy Bates ni Christina Hendricks desentonan o decepcionan. Hay mucho talento involucrado pero puesto al servicio de un guión y unas situaciones que no terminan de permitir su lucimiento. El guión corre a cargo de un novato Johnny Rosenthal y  una mujer, Shauna Cross, que previamente había sido responsable del guión de diversas comedias románticas como Que esperar cuando estas esperando. El director del proyecto es Mark Waters, veterano en el género y hombre tras la cámara en películas como Chicas malas, Los fantasmas de mis exnovias o Los pingüinos del Sr. Popper, películas entretenidas seguramente pero sin duda diametralmente opuestas en intenciones a lo que debería ser una secuela de Bad Santa. Cuando uno ve quienes son los responsables tras esta, entiende mucho mejor el por qué del decepcionante resultado final.
En taquilla la película ha sido un fracaso, no llegando siquiera a recuperar el dinero invertido en el presupuesto. Así, y salvo que la película funcione extraordinariamente en el mercado doméstico y en el del video-on-demand (cosa harto improbable), parece que ya podemos definitivamente despedirnos de futuras secuelas de Bad Santa. Mejor así. La primera aún permanece vigente e inmortalizada. Esta secuela, sin embargo, tardará muy poco en caer en el olvido. 




Título: Torrente 5: Operación Eurovegas
Director: Santiago Segura
Año: 2014
Guión: Santiago Segura
Intérpretes: Santiago Segura (Torrente), Julián López (Cuco), Alec Baldwin (John Marshall), Jesulín de Ubrique (Jesusito), Cañita Brava (Antoñito), Barragán (Señor Barragán), Carlos Areces (Ricardito), Angy Fernández (Chiqui), Anna Simón (Paqui), Florentino Fernández (Butanero), Fernando Esteso (Cuadrado)

La saga Torrente es una de esas que han ido cuesta abajo y sin frenos con el paso de los años. Considero actualmente a la primera entrega de la saga como una película digna, importante dentro de la historia reciente del cine español y aquella en la que Santiago Segura soltó todo el mensaje y las intenciones que quería transmitir y de las cuales se desprendió en las posteriores secuelas. La segunda, Torrente: Misión en Marbella fue, en un tiempo pasado, mi favorita, y, sin embargo, la última vez que me la puse casi estuve a punto de quitarla de la vergüenza que estaba sintiendo. Torrente 3 es directamente una puta mierda y la cuarta secuela de la saga ya ni se podía considerar una película, sino mas bien una especie de sketch de programa de televisión al estilo de La Hora de José Mota estirado como un chicle y construido a base de cameos. A lo tonto, y a pesar de que considere gran parte de la saga como mierda pura, me las he visto todas con el paso de los años...y por ello es que no fui corriendo al cine a ver Torrente 5. El otro día por fin me dispuse a verla y desde luego me encontré con otra hez infernal; sin puta gracia; con unos gags basados, una vez más, en la consecución de cameos; cero imaginación y un guión que intenta ser una especie de spoof a la española de Ocean's Eleven de una manera más bien penosa ( y no, no voy a ser como el hijo de puta de Santiago Segura y soltar lo de La Cuadrilla de los Once para meter la nota cultureta).
La peli nos sitúa en el futuro 2018 (ya no tan lejano), donde Torrente sale de la cárcel para encontrarse una España en la que Cataluña se ha independizado, la crisis económica ha causado estragos y el Vicente Calderón ha sido demolido. Frustrado, se unirá a un ex-compañero de prisión y a una troupe de engendros humanos para dar un gran golpe en un casino de Eurovegas.
Al margen del asco que sienta hacia el propio Santiago Segura, he de decir que esta es posiblemente la vez que peor ha interpretado a Torrente hasta el punto de parecer un  sucio imitador del propio Santiago Segura (es casi como si con la pérdida de peso se le hubiera ido también las ganas de interpretar y el escaso talento que pudiera haber tenido alguna vez). Julián López realiza una mala imitación de Gabino Diego a la que tampoco el físico es que ayude mucho. Carlos Areces por su parte hace de Carlos Areces manteniendo el único registro que parece capaz de asumir el pobrecillo. Junto a todos ellos tenemos a una estrella internacional con todas las letras, un Alec Baldwin sorprendentemente integrado con el resto del plantel (lo que no se si es indicativo de lo alto que ha llegado Santiago Segura con Torrente o de lo mal que se encuentra actualmente la carrera de Alec Baldwin). Con este último termina el repaso de lo que podríamos denominar malamente como actores. Completan el plantel los colegas de siempre de Segura (Barragán, Flo, Cañita Brava...), un desaprovechadísimo Fernando Esteso y un par de zorrillas, Angy y Anna Simón, recien salidas de la televisión española más infecta. Redondea el conjunto un Jesulín de Ubrique que borda el papel de retrasado mental que Santiago Segura le otorga utilizando la misma técnica que Paquirrín usó en Torrente 4: ser simplemente él mismo.
Junto a esta caterva de seres encontramos toda una serie de cameos (una lista casi interminable) con los cuales, una vez más , se construyen el 90 % de los desacertados gags de la película. Entre estos encontramos que yo recuerde ahora mismo a Pablo Motos, José Mota, Chiquito de la Calzada, Leo Harlem, los youtubers El Rubius y Willyrex, Silvia Abril y Buenafuente (retomando sus personajes de anteriores entregas), Chus Lampreave y Neus Asensi (recuperando a la Reme y a Amparito de la primera película), Falete, Andrés Pajares, Santiago Urrialde, Manuel Tallafé y Ricardo Darín entre tantos otros. Posiblemente de todos estos, el cameo que más simpático me resultó (por lo cómicos que me resultan estos sucios personajes en la vida real) fue el de los periodistas deportivos Josep Pedrerol y Tomás Roncero (este último interpretando al seleccionador de fútbol del equipo catalán, vistiendo corbata con la estelada y todo).
En el tema musical hay que destacar (totalmente en serio) el tema inicial de Mónica Naranjo que es, posiblemente, el más James Bondiano de toda la saga y lo mejor que la película nos puede ofrecer. Algo totalmente opuesto a la aberración que perpetra Joaquín Sabina en los créditos finales. Aunque ya se sabe, para gustos los colores.
La peli partió de un presupuesto de 8,5 millones de euros y consiguió congregar en las salas a algo más de un millón y medio de espectadores y recuadar 10,6 millones de euros, convirtiéndose en la entrega menos rentable de la saga y una clara prueba de que la fórmula Torrente ya no tiene el mismo efecto que años atrás en el público. No dudéis sin embargo que tendremos una sexta entrega ,posiblemente dentro de unos cuantos años y probablemente tirando de factor nostálgico, que es la moda actual. Hasta entonces Torrente 5: Operación Eurovegas se convierte en el broche de mierda que merece una de las sagas más sobrevaloradas y decadentes de la historia del cine. Mala, pero mala a rabiar la puta peli.