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martes, 27 de junio de 2017

Dobles Programas bizarros (IV): BLADE de Stephen Norrington + BLADE II de Guillermo del Toro


Título: Blade
Director: Stephen Norrington
Año: 1998
Guión: David S. Goyer
Intérpretes: Wesley Snipes (Blade), Stephen Dorff (Deacon Frost), Kris Kristofferson (Whistler), N' Bushe Wright (Karen), Donald Logue (Quinn), Udo Kier (Dragonetti)

Si nos retrotraemos a principios de los 2000 y repasamos el listado de películas de terror que lo petaron, enseguida nos encontraremos con algunas de esas cintas de acción mal clasificadas dentro de dicho género. Con Resident Evil y Underworld a la cabeza, todas estas películas compartían una estética común: cuero negro, estética videoclipera con las secuencias de acción montadas a 50 planos por segundo, música electrónica con alguna raperada de por medio y actores de mierda de protagonistas. Muchos dirán que esto es una prueba más del daño que hizo a la industria el fenómeno Matrix, pero hoy vengo a recordar que ya antes de esta había ejemplos previos de esta corriente tan curiosa como odiosa.
El cazavampiros Blade siempre ha sido un secundario de lujo en los tebeos Marvel. Desde su aparición en las páginas de La Tumba de Drácula hasta sus apariciones más recientes como inesperado héroe en el último volumen de Poderosos Vengadores,  “El que ha visto el sol” ha tenido sus momentos más o menos gloriosos, pero nunca ha sido una de las grandes bazas de la editorial. Por tanto, no es de extrañar que a la hora de adaptarlo al cine, la poderosa compañía diera luz verde a una película que tiraba más hacia la serie B y la calificación para mayores de 18 años. No había motivos para no hacerlo. Y he aquí que tenemos la primera entrega de la que acabaría siendo una trilogía.

Eric Brooks, más conocido como Blade, es un hombre mitad vampiro, mitad humano, capaz de caminar a plena luz del día pero dependiente del plasma sanguíneo para su subsistencia, que lleva años cazando chupasangres obsesionado con la idea de encontrar al vampiro que infectó y acabó con la vida de su madre. Junto a un reducido grupo de aliados, su camino le llevará a cruzarse con Deacon Frost, un líder vampiro que pretende invocar a un antiguo dios de la sangre llamado La Magra para lograr por todas la supremacía de su raza frente a los seres humanos.
En primer lugar, he de decir lo fascinante que me parece todo ese universo vampírico que nos presenta la película, en el que los chupópteros básicamente se dedican a ir a raves, matar peña y consumir su sangre con avidez. Y es que, salvo en un par de ocasiones en las que vemos reuniones de los vampiros más poderosos al más puro estilo club Bildeberg, todos los encuentros de Blade con los vampiros tienen lugar en fiestas nocturnas, ya sean en garitos subterráneos o en pisazos de lujo. El mantener a Blade como un personaje urbano y apegado a las calles es todo un acierto, así como todo ese origen y esos personajes secundarios que se sacan de la manga y que ayudan a empacar un argumento que, por otro lado es tan sencillo y predecible como podría ser un cómic de este personaje. Un trabajo decente de David S. Goyer, que en años posteriores a esta película se mostraría como un referente dentro del cine de superhéroes, siendo responsable de los guiones de la trilogía de Batman de Christopher Nolan o de El Hombre de Acero de Zach Snyder entre unas cuantas otras cintas del género.
El guión de la película estuvo circulando por las productoras durante unos cuantos años antes del inicio de la producción, y múltiples negros fueron barajados como posibles protagonistas. Denzel Washington y Laurence Fishburne fueron considerados para el papel, pero por aquel entonces Wesley Snipes se encontraba en conversaciones con Marvel para protagonizar una posible adaptación de los tebeos de Pantera Negra y fue el que se acabó quedando con el rol protagonista. No sé como lo habrían intepretado otros actores, pero lo que sí sé es que Wesley Snipes aparte de ser un actor de mierda (y, actualmente, ex-presidiario)  es un señor sin carisma alguno que tira por los suelos toda la posible gracia que pudiera tener el personaje y lo convierten en un protagonista soso de pelotas (tampoco estoy pidiendo actorazos, joder, las grandes figuras del cine de acción nunca han sido grandes intérpretes pero por lo menos tenían una chispa con la que ganarse al espectador).

Originalmente se planeó que el antagonista de la película fuera el vampiro Morbius, pero una serie de problemas con la propiedad de los derechos cinematográficos de Spiderman (tebeo al que está vinculado dicho personaje) hicieron esto imposible, así que una vez los responsables de la peli se sacaron de la manga esta reinterpretación de un villano de segunda como Deacon Frost. Para interpretarlo recurrieron a Stephen Dorff, un cutre de tomo y lomo y un actor bastante penoso que se casca aquí la que posiblemente sea su interpretación  más conocida hasta la fecha. Pero no es la única cara medianamente reconocida del elenco. Acompañando a héroe y villano tenemos a Kris Kristofferson (reconocido fundamentalmente por su participación como co-protagonista en Pat Garrett y Billy el Niño de Sam Peckinpah) interpretando a Whistler, una especie de Van Helsing trasnochado que es posiblemente el mejor personaje de la película. También podemos encontrar en el reparto al eterno secundario de inquietante rostro Udo Kier, a un secundario eterno como es Donald Logue (actualmente alzándose como Harvey Bullock en la serie de Tv Gotham) y a la ex-actriz porno Traci Lords haciendo un cameo de pocos minutos.
También en un principio se planteó como posible director al señor David Fincher, pero cuando este huyó con el rabo entre las piernas acabó dirigiendo el cotarro Stephen Norrington, un señor prácticamente novato y que tras ser responsable del deleznable espectáculo de cámaras y montaje de esta película volvió a cubrirse de gloria unos cuantos años después adaptando el mítico tebeo de Alan Moore La Liga de los hombres extraordinarios, adaptación que, dicho sea de paso, fue la causante de que no haya vuelto a sentarse en la silla de director desde entonces.

Blade nos ofrece una adaptación de cómic que se inmiscuye en el subgénero vampírico sin autocensura ni cortapisas. Acción, chulería, algo de gamberrismo…una macarrada que podría tener todas las papeletas para, por lo menos ser un divertimento decente. Y aun así, es una película que me termina aburriendo, algo de lo que es culpable sobre todo su protagonista y el asqueroso trabajo de dirección que ya he comentado repetidas veces. La película partía de un presupuesto  de 45 millones de dólares y logró recaudar casi el triple de este, llegando a coronarse como número uno en su primer fin de semana en España. En cualquier caso, dio dinero más que de sobra para que acabara convirtiéndose en una trilogía, y tendríamos que esperar hasta la tercera parte para encontrarnos con un villano clásico de los tebeos del cazavampiros como es Drácula. Pero antes, pasaríamos por el visionado de…




Título: Blade II
Director: Guillermo del Toro
Año: 2002
Guión: David S. Goyer
Intérpretes: Wesley Snipes (Blade), Kris Kristofferson (Whistler), Leonor Varela (Nyssa), Ron Perlman (Reinhardt), Norman Reedus (Scud), Luke Goss (Nomak), THoms Kretschmann (Damaskinos)

Blade II. Segunda entrega de la trilogía con Wesley Snipes de nuevo a la cabeza y David S. Goyer a los guiones quien en esta ocasión se curra una historia algo más original: una raza nueva de vampiros, los Segadores, que predan sobre los propios chupasangres está causando estragos dentro del submundo vampírico. La situación llega a tal punto que un gran señor de los chupópteros recluta a Blade para que se ponga al mando de una cuadrilla de guerreros vampiros de élite para atajar el problema de una vez por todas, iniciando una cacería en la que no todo es lo que parece.
Una secuela que mejora en todos los sentidos a la primera parte. Un Wesley Snipes al que, a pesar de seguir siendo un actor de mierda, por fin le sacan algo de jugo en situaciones en las que muestra una simpática química con los personajes de Whistler (interpretado una vez más por el señor Kris Kristofferson)y Reinhardt (encarnado por uno de los feos ilustres de Hollywood, Ron Perlman). Un reparto repleto de caras conocidas: el mencionado Ron Perlman, Norman Reedus (Daryl en The Walking Dead y co-protagonista de uno de mis placeres culpables favorito, Los Elegidos), Karel Roden (Rasputín en Hellboy),Luke Goss (que interpretaría al villano de Hellboy II y al piloto de carreras Frankenstein en dos de las tres entregas de la saga-reboot Death Race de Paul W.S. Anderson), el ahora archiconocido Donnie Yen en uno de sus primeros papeles en Hollywood (quien también ejerce las labores de coreógrafo en alguna de las mejores escenas de acción del film), el alemán Thomas Kretschmann (conocido por su papel de oficial nazi en El Pianista y también por su breve paseo por el Universo cinematográfico Marvel encarnando al Barón Strucker) y un cameo del caricato persona, Santiago Segura. Junto a tanto rabo, un papel femenino secundario que pasó por las manos de pibones como Asia Argento, Kristanna Loken o Elena Anaya y que acabó recayendo en la chilena Leonor Varela, que ni está tan buena ni queda tan resultona como lo habría hecho cualquiera de las otras candidatas.

Al mando del barco, un señor que ganó el prestigio para, en los últimos años, ser ninguneado: Guillermo del Toro. Por aquel entonces Guille (su madre le llama Guille y yo le llamo Guille) ya había dirigido un encargo para Hollywood, Mimic, y una cinta de prestigio, El espinazo del diablo. Con Blade II detecto que Del Toro está ensayando para la que fue su gran catapulta al estrellato dos años después: Hellboy. Aunque copia en parte el estilo videoclipero de Stephen Norrington si que se asegura de que el montaje de las escenas de acción no sea tan atroz y alocado como en la primera entrega e incluso llega a dejar quieta la cámara en ciertos momentos y a introducir puntualmente el bullet-time, consecuencia inevitable de la cátedra sentada por Matrix, en un estilo que es muy similar al que utilizaría luego más depurado en la ya mencionada Hellboy. Pero no acaban las similitudes con su carrera posterior aquí. Y es que ya empieza a asomar la cabeza el verdadero talento de Guillermo del Toro que no es estar tras la cámara, sino coordinar la creación de monstruitos y ambientes fantásticos. Así tenemos por ejemplo a unos vampiros embozados en un “traje de infiltración” que recuerdan poderosamente al Kroenen de la ya mentada Hellboy (cosa que no es de extrañar, pues el propio Mike Mignola, creador de los tebeos del demonio de la mano de piedra, aparece acreditado como artista conceptual) y unos vampiros Segadores que son prácticamente un calco de los que aparecerían más de diez años después en la serie de TV The Strain (la de los vampiros con la lengua-aguijón retráctil y que transmitían la infección a través de unos asquerosos gusanos), adaptación de una trilogía de novelas escritas a pachas entre el propio Del Toro y el escritor norteamericano Chuck Dixon.


Y tampoco tiene mucho más que contar. Una secuela más divertida, menos pesada, con un casting más acertado y simpático, un protagonista ligeramente mejor respecto a la primera entrega, un guión más trabajado y una dirección y una estética que, aunque tira repetidas veces de un CGI ya cantoso aunque no doloroso, está mucho más cuidada que en su predecesora. El resultado, la entrega de la trilogía mejor valorada por crítica y pública y una película que, costando poco más que la primera, lo petó en todo el mundo recaudando más de 150 millones de dólares, dinero más que suficiente para, como he mencionado anteriormente, asegurar una tercera entrega que acabaría siendo la tapa del sarcófago para el cazavampiros al menos hasta que a Marvel se le ocurra rescatarlo de nuevo del ostracismo. Y es que no son pocos los rumores que apuntan a que a no mucho tardar volveremos a oír hablar de “El que ha visto el sol” en el terreno audiovisual. Si tendrán en consideración esta trilogía de pelis o recurrirán de nuevo al señor Wesley Snipes es algo que sólo el tiempo podrá revelar.


viernes, 4 de noviembre de 2016

EL INCREÍBLE HULK de Louis Leterrier



Título: El Increíble Hulk (The Incredible Hulk)
Director: Louis Leterrier
Año: 2008
Guión: Zak Penn y Edward Norton (no acreditado)
Intérpretes: Edward Norton (Bruce Banner/ Hulk), Liv Tyler (Betty Ross), William Hurt (General Thaddeus Ross), Tim Roth (Emil Blonsky), Tim Blake Nelson (Samuel Sterns)

Año 2008. Tras la finalización de la trilogía de Spiderman de Sam Raimi, de la primera trilogía de X-Men y de que la Fox declarara oficialmente muertas las franquicias de Daredevil y los Cuatro Fantásticos tocaba explorar nuevos terrenos. Nos encontrábamos todavía en una época en la que Disney aún no había comprado Marvel, ni había creado su propio estudio cinematográfico y distribuidora, Marvel Studios, ni se había apropiado de la práctica totalidad de los derechos de distribución de sus personajes (aunque poco faltaba), por lo que estos continuaban repartidos entre distintas compañías. Por un lado, de la mano de Paramount Pictures se estrenó en abril de dicho año 2008 la primera entrega de Iron Man , que fue todo un pepinazo y que, por todos es sabido, colocó la primera piedra que permitió el nacimiento del Universo Cinematográfico Marvel tal y como lo conocemos hoy día. Por otro, los estudios Universal preparaban su propio blockbuster para ese verano que no era otro que un reboot que adaptaba de nuevo los tebeos del Increíble Hulk (cuyos derechos había recuperado Marvel para dicha ocasión) a la gran pantalla. Previamente en 2003 ya habían tanteado esos terrenos estrenando la primera adaptación gorda de Hulk dirigida por Ang Lee (la cual si Dios quiere será algún día reseñada en esta santa casa). Esta película es sin duda alguna una "rara avis" dentro del cine de superhéroes y muchos fans criticaron en su momento lo densa que era y lo falta que estaba de escenas de acción. Así pues, tocaba hacer lo contrario: pirotecnia y espectáculo. Para ello la Universal echó mano de la agenda de contactos y contrató al francés Louis Leterrier (director de las dos primeras pelis de la saga Transporter), el cual ya había sido candidato previamente para dirigir Iron Man antes de que Jon Favreau se llevara el billete dorado. El resultado fue El Íncreible Hulk.
A pesar de venderse como reboot el film engaña al espectador al comenzar la acción en Brasil, donde terminaba el Hulk de Ang Lee. Allí Bruce Banner se esconde de los militares norteamericanos mientras intenta buscar una forma de curar su condición y eliminar a su alter ego de una vez por todas. Sin embargo, un accidente volverá a ponerle en la mira del ejército norteamericano y su viejo rival el General Ross a la vez que encontrará una nueva amenaza en la forma de un agente de operaciones especiales llamado Emil Blonsky.
Inicialmente se consideraron como potenciales protagonistas a David Duchovny (el agente Mulder de Expediente-X) y a Mark Ruffalo (quien, irónicamente, encarnaría al personaje en Los Vengadores en la que es para muchos, incluido un servidor, la versión cinematográfica definitiva del Goliat Esmeralda), pero finalmente los productores decidieron fichar como protagonista a un ser repugnante y asqueroso que fue bautizado por su madre como Edward Norton. Este señor tenía ganada a pulso en Hollywood una fama de megalomaníaco y controlador que una vez más volvió a demostrar en esta ocasión exigiendo reescribir el guión a su antojo como requisito para aceptar el rol, cosa que hizo hasta el punto de retocar constantemente sus escenas durante todos los días que duró el rodaje. Dicho esto, he de decir que ni Norton es tan buen actor como para exigir esos caprichos (de hecho, en mi opinión y salvo contadas excepciones, es un actor muy del montón e hipersobrevaloradísimo), ni demuestra aquí ese supuesto talento ni convence físicamente en ningún momento como Bruce Banner. Tampoco es que uno pida maravillas para una peli de estas características, pero por lo menos que uno se crea de verdad a los personajes sería algo deseable. Esto último es un hecho que también ocurre con la "partenair" de Norton, la señorita Liv Tyler, que no solo no convence tampoco como Betty Ross sino que además llega a convertirse en un personaje francamente molesto que estorba más que ayuda a fortalecer el conjunto de la película.
Junto a la parejita tenemos también como villanos a William Hurt como el General Ross y a Tim Roth como Emil Blonsky, más conocido en las páginas de los cómics como la Abominación. El primero queda retratado perfectamente moviéndose en esa línea difusa entre el militar que sabe con certeza que el monstruo verde que caza es una amenaza sin parangón y el civil con un resentimiento particular hacia el hombre dentro del monstruo. El segundo se aleja de su caracterización del tebeo para mostrarse como un soldado veterano de mil batallas que acaba obsesionándose con el poder que representa Hulk y, sobre todo, con la idea de derrotarlo en combate. Una reinterpretación cojonuda del personaje y un trabajo muy solvente de Tim Roth (quien por cierto estuvo en la película finalmente por insistencia de Leterrier, pues ni Norton ni la productora lo querían dentro del proyecto) que resulta ser posiblemente lo mejor de la película.
En papeles muy secundarios y con objetivos claramente referenciales encontramos a Ty Burrell encarnando a un psicólogo conocido como Leonard (y más conocido en los cómics bajo el pseudónimo de Doc Samson) y a Tim Blake Nelson interpretando a un científico llamado Samuel Sterns, que no es sino el alter ego del mítico villano de Hulk conocido como el Líder (un dato con el que, de hecho, jugaron en la película de cara a potenciales secuelas).  Igualmente y ya que estamos tratando el tema referencia, la película no anda escasa de estas (aparecen los famosos pantalones morados del Goliat Esmeralda, alguna que otra mención a SHIELD y un cameo de cierto superhéroe marvelita de gran importancia) pero sorprende sobre todo la cantidad de referencias a la serie de TV protagonizada por Lou Ferrigno y Bill Bixby, sobre todo en la secuencia de apertura del film, y es que al parecer tanto Tim Roth como Leterrier y el guionista Zak Penn son grandes fans de la susodicha serie, especialmente este último, el cual quería acercar más la película a ese espíritu televisivo, un deseo que lamentablemente no pudo cumplir. Además, como detalle curioso, hay que recalcar la existencia de una escena eliminada en la que Banner viaja al Ártico para intentar suicidarse, logrando solo que Hulk resurja y provoque la destrucción entre casquetes de hielo. En dicha escena aparece entre los casquetes resquebrajados y en forma de cameo el escudo del Capitán América, de manera que de haberse incluido oficialmente esta escena dentro del metraje, no habría sido otro que el Goliat Esmeralda el responsable de desenterrar al mismísimo Steve Rogers de su prisión helada.
Indudablemente han pasado ya ocho años desde que se estrenó esta película y los efectos digitales cantan un poco en ciertos momentos pero aun así, a día de hoy, siguen sorprendiendo los diseños tan puercos y salvajes (inspirados muchísimo en las ilustraciones comiqueras de Dale Keown) tanto de Hulk como de la Abominación, especialmente en las secuencias donde se mueven entre sombras, cuando menos se nota el CGI y más inquietantes resultan para el espectador. Además, las escenas de acción son super dinámicas y muestran un despliegue de medios acojonante, como no podía ser menos en una cinta de estas características.
El peso de la reciente Iron Man era mucho y los recuerdos del Hulk de Ang Lee en la mente de los fans muy malos, por lo que el público le dio la espalda. Costando unos 150 millones de dólares consiguió recaudar poco más de 260 millones a nivel mundial. Dio dinero, pero comparado con los 585 millones que recaudó Iron Man esto era viruta. Dos películas de Hulk con grandes presupuestos, dos películas que no fueron los grandes super éxitos previstos. Es lógico que actualmente los estudios Marvel bajo el amparo de Disney no quieran arriesgarse con una película individual viendo los resultados pasados (aunque he de decir que dado el fanatismo actual por el Goliat Esmeralda tras Los Vengadores esta sería a día de hoy una bomba atómica sin ninguna duda).
Aun así, en conjunto, El Increíble Hulk se nos muestra como un producto meramente entretenido. Pasable. Se puede ver y disfrutar sin problemas pero se nota mucho que aún estaban aprendiendo a manejar estos personajes y enfocarlos correctamente y que al Universo Cinematográfico Marvel aún le quedaba mucha práctica. Sin embargo, una cosa es segura, viendo estos productos pasados no ayuda a uno si no a darse cuenta de lo bien montado y lo efectivo que es el mercado cinematográfico marvelita actual. Que dure por muchos años más si Dios quiere. 
Eso sí, el cochambroso doblaje al castellano de Lou Ferrigno en el momento del "Hulk, Smash!" es motivo suficiente para fusilar al responsable y enterrar su cadáver en cal viva. ¡¡HEREJÍA!!



viernes, 23 de septiembre de 2016

VENGADORES SECRETOS: La Etapa de Ed Brubaker


Título: Vengadores Secretos #1-11
Editorial Española: Panini Comics
Publicado originalmente como: Secret Avengers vol.1, #1-12
Guión: Ed Brubaker
Dibujo: Mike Deodato Jr.,Will Conrad, David Aja y Michael Lark
Entintado: Mike Deodato Jr.,Will Conrad, David Aja y Michael Lark
Color: Rain Beredo y José Villarubia
Portadistas: Mike Deodato Jr. y Marko Djurdjevic

La diversificación de las colecciones Vengadoras es un fenómeno asociado casi exclusivamente a los últimos diez años de la historia de Marvel. Si bien es verdad que en los 80 los Vengadores contaban con dos series regulares simultáneas, la cabecera principal y Los Vengadores de la Costa Oeste, el concepto de conversión de un cómic en franquicia era algo prácticamente exclusivo de la Patrulla X (no en vano para cuando llegó el siglo XXI los mutantes contaban con todo un abanico de series regulares como Uncanny X-Men, X-Men, Factor-X o X-Force que derivaba de la desaparecida Los Nuevos Mutantes, por no hablar de proyectos creados en los 80 que ya habían caducado como Excalibur o los múltiples spin-offs dedicados a integrantes concretos de la Patrulla X, de entre los cuales destacaba por encima de los demás la cabecera dedicada a Lobezno en solitario). Sin embargo, la llegada de Bendis a los Vengadores, su reconversión una nueva cabecera, Los Nuevos Vengandores, unido a la aparición de los primeros eventos anuales  (el sistema de publicación que le ha otorgado en gran medida a Marvel el éxito editorial del que goza actualmente) y, como no, al anuncio de la adaptación cinematográfica del cómic condujo a que una serie de autores, encabezados una vez más por Bendis, decidieran convertir al equipo de superhéroes en una nueva franquicia. Así, casi inmediatamente después de que Los Nuevos Vengadores dieran el pistoletazo de salida comenzaron a surgir cabeceras como Jóvenes Vengadores, Poderosos Vengadores, Vengadores: La Iniciativa, Academia Vengadores o Vengadores Oscuros, y así hasta la actualidad, momento en que Los Vengadores cuentan con nada menos que seis cabeceras grupales regulares, spin- offs aparte.
Entre toda esta maraña de colecciones que surgieron en la década pasada encontramos el debut de Vengadores Secretos, una serie que surge a raíz del final de una de las etapas más brillantes de los últimos quince años de la editorial, Reinado Oscuro, aquella línea argumental en la que Norman Osborn se hacía con el puesto de figura principal al mando de la seguridad mundial, y por tanto, cabecilla de SHIELD, jefe de su particular alineación de Vengadores conformado por villanos encarnando el papel de superhéroes y, básicamente, el hombre más poderoso políticamente hablando del mundo. Este status quo llegaría, cómo todo en este mundo, a un final en el que Norman Osborn caería llevándose todo el sistema que había construido por delante. En esta situación Steve Rogers, quién por aquellos tiempos no vestía el uniforme del Capitán América, decidía montar su propio equipo de Vengadores, destinado a llevar a cabo, cual regimiento de black-ops e inspirado en gran parte en lo que había hecho Osborn durante su etapa al mando, misiones encubiertas a espaldas de los poderes gobernantes. Este equipo proactivo, destinado a atacar la amenaza antes de que pudiera ser un peligro para el mundo (en el fondo esto no deja de ser la versión vengadora de la X-Force mutante) estaba conformado inicialmente, al margen de por el propio Steve Rogers, por una serie de personajes polifacética que incluía al Caballero Luna, al tercer Hombre Hormiga, a Valquiria, Maquina de Guerra, la Viuda Negra, la Bestia y Nova, aunque como veremos enseguida esta alineación ejercía mas una función publicitaria a la hora de vender la serie (al menos en estos primeros números) que un papel importante dentro de la propia cabecera.

Reunión de equipo

Al mando de los guiones se pondría Ed Brubaker, guionista por entonces encumbrado en Marvel gracias a su memorable etapa en Capitán América la cual seguía escribiendo por aquel entonces, compaginándola con otros proyectos entre los cuales se encontraba la cabecera que estamos tratando. Brubaker puede ser un gran guionista cuando se trata de escribir las aventuras del Centinela de la Libertad, pero ni de lejos es un escritor perfecto y aquí resulta bastante fallido. Su etapa en Vengadores Secretos es una en la que la coralidad brilla por su ausencia. Personajes como el Caballero Luna (precisamente un personaje con un potencial extraordinario a la hora de usarlo dentro de un equipo) o Maquina de Guerra no pintan prácticamente nada en la trama, no tienen una dinámica establecida dentro del grupo, simplemente están ahí para ser usados cuando el guión requiera de la presencia de más efectivos en las batallas. Y lo mismo se puede decir de otros personajes completamente desaprovechados como la Viuda Negra (la espía marvelita por excelencia) o Valquiria (que tiene la virtud nunca explotada de ser el equivalente a un elefante en una cristalería para un equipo de estas características), por no hablar de Nova, al cual se quitan de un plumazo de encima en el cuarto número, no llegando a formar parte en ningún momento de la alineación (así pues aquel que comprara los primeros números por este personaje se llevaría un buen cabreo por este movimiento de Brubaker). La serie da la sensación en todo momento de no ser un cómic de los Vengadores sino un spin-off del Capitán América en el que este hace piña con otros personajes, pues el desarrollo de la acción, la trama (especialemente en el segundo arco argumental de la etapa ) y la potencial evolución de personajes está siempre relacionada directa o tangencialmente con Steve Rogers, de manera que sólo la Bestia (ejerciendo el papel de "cerebrito" del grupo) o el Hombre Hormiga (el alivio cómico que nunca puede faltar) se salvan de la influencia del Capi y adquieren algo de protagonismo.
Al margen de esto, el cómic también parece más un capricho de Brubaker, que quería probar a hacer otro tipo de historias que no tuvieran un tono político o de espionaje exclusivamente. Así pues, en los primeros cinco números se las ingenia para construir una aburrida trama de ciencia ficción llevándose al equipo a Marte (algo inexplicable, pues como demostró en su paso por  Uncanny X-Men es que el guionista es capaz de construir una trama de este género convincente y entretenida), mientras que en las siete últimas entregas de la etapa se monta una incursión en el mundo de las artes marciales con un arco argumental bastante más solvente y efectivo en el cual merece la pena profundizar un poquito.
Shang-Chi, el Capi y el Príncipe de los Huérfanos: Brubaker repasa sus éxitos pasados

Los ojos del dragón, que así se titula esta segunda aventura, aligera el exceso de atención sobre el personaje de Steve Rogers para traer de vuelta por todo lo alto al personaje de Shang-Chi, el Maestro del Kung Fu, el cual se unirá al equipo para intentar impedir la resurrección de su malvado padre. Al margen de recuperar a este último, Brubaker aprovecha para reutilizar también a un personaje que había creado previamente en su reverenciada etapa a cargo de El Inmortal Puño de Hierro, el Príncipe de los Huérfanos, así como también al supersoldado John Steele, personaje procedente de aquellos cómics de la Marvel (por aquel entonces conocida como Timely Comics) primigenia de los años 40, etapa de la historia del cómic americano en la que Brubaker se empapó como pocos de cara a preparar tanto su etapa en Capitán América como esa otra obra de culto que es El Proyecto Marvels, donde se volvía a poner el punto de mira en todos aquellos superhéroes de la Segunda Guerra Mundial. Aparte de ser un relato más dinámico y ágil en el que se reparte mejor el peso entre los distintos participantes del equipo (aunque sigue presente el lastre comentado hace un momento), este segundo arco argumental representa también un curioso ejemplo de la problemática de los derechos de autor en estos medios. Resulta que en los años en los que Marvel, presa como tantas otras empresas de aquella época de la fiebre por las artes marciales que tanto propiciaron Bruce Lee y compañía, publicaba la cabecera Masters of Kung Fu (la cual también tiene su propia historia que contar), Steve Engleheart estableció que la identidad del padre de Shang Chi era ni más ni menos que la del mismísimo Fu Manchú. ¿Que ocurre con esto? Pues que por aquellos años Marvel había comprado los derechos de este personaje a su creador para adaptarlo al cómic en dicha cabecera, pero con el paso del tiempo esos derechos se perdieron por el desuso. De esta manera, cuando llegó la hora de volver a utilizar al personaje, Marvel se encontró con que no podía llamarlo por el nombre por el que fue incorporado a su Universo. Y es así que Brubaker se anda con evasivas evitando el nombrar al padre de Shang-Chi por su nombre real en una estrategia de la que sale más o menos airoso.
La etapa de "Bru" se cierra con una historia autoconclusiva protagonizada por John Steele que resulta ser lo más salvable de la misma, dejando un buen sabor de boca de cara a futuras entregas de la cabecera y mostrando un atisbo del potencial que podría mostrar el supersoldado rescatado del olvido.
Le acompaña a los lápices el oscuro Mike Deodato, el cual acababa de rematar una racha gloriosa dibujando a los Thunderbolts de Warren Ellis y a los Vengadores Oscuros de Bendis. Si bien este no es un material tan cojonudo como las cabeceras citadas, su arte no queda deslucido en absoluto (siempre y cuando seas una de esas personas que aprecian su técnica de dibujo realista y oscura a más no poder) y logra unos resultados particularmente atractivos al dibujar al Caballero Luna y a la Bestia. En los últimos números, durante los flashbacks a la Segunda Guerra Mundial, es sustituido por Will Conrad, un artista que ha trabajado en múltiples cabeceras a lo largo de su carrera Buffy Cazavampiros hasta Aves de Presa para DC Comics, pasando por encargos aislados aquí y allá para Marvel. Su trazo sigue en la línea oscura trazada por Deodato pero se acerca más al estilo de otro gran dibujante, Steve Epting (lo que no hace sino recalcar el hecho de que esta cabecera parezca un tebeo más del Capi de Brubaker, donde puso los lápices a casi una cincuentena de números), por lo que se antoja como un vulgar parche con el que rellenar el último número antes de la salida definitiva del guionista y dibujante que habían inaugurado la serie. Igualmente, en el número especial dedicado a uno de los villanos presentados (el número 5 de la cabecera concretamente) aparecen como artistas invitados el ahora laureado David Aja (que previamente habia colaborado con Brubaker en el Inmortal Puño de Hierro) y Michael Lark ( que puso los lápices en un buen puñado de números de la etapa de Daredevil del señor Ed), así que todo queda en familia.

John Steele: el tributo de Brubaker a los tiempos de Timely Comics

En cualquier caso, este paso por Vengadores Secretos no pasa de ser un mero entretenimiento, más interesante para un completista de la cabecera que para cualquier otro tipo de público, que muestra múltiples carencias, siendo la principal la incapacidad de Brubaker de construir una trama que resulte lo suficientemente coral y equilibrada para el plantel de personajes, desaprovechados en su mayoría. Así pues, volviendo a recalcar lo ya dicho, más que un cómic de los Vengadores, estos números iniciales parecen más bien un spin-off de la cabecera principal del capi guionizada aún en aquel momento por el señor Brubaker. Y es que cuando uno quiere diversificar cuando está únicamente centrado para una sola cosa pasa lo que pasa. En cualquier caso, la propuesta había vendido lo suficiente como para que otro guionista tomara el relevo, y este no sería sino un guionista recién llegado de la editorial Image que estaba realizando sus primeros trabajillos para la gran Casa de las Ideas. Un guionista que por aquel entonces era un mindundi pero que actualmente se puede decir que se encuentra entre las figuras mejor valoradas dentro de la editorial, el cual no era otro que el actual guionista de las múltiples cabeceras del Capitán América, el señor Nick Spencer.

domingo, 13 de marzo de 2016

DAREDEVIL: DIABLO GUARDIÁN de Kevin Smith y Joe Quesada


Título: Daredevil: Diablo Guardián ( Marvel Knights: Daredevil vol.1 #1-8)
Editorial Española: Fórum/Panini Comics
Publicado originalmente cómo: Daredevil: Guardian Devil (Daredevil vol. 2 #1-8) [Marvel Comics]
Guion: Kevin Smith
Dibujo: Joe Quesada
Entintado: Jimmy Palmiotti
Color: Richard Isanove, Estudios Avalon
Portadista: Joe Quesada

Iniciamos el día de hoy un periplo, que es la forma elegante bajo la que me gusta describir la reseña continuada a lo largo de muchas entregas de una larga etapa dentro de un cómic en particular. Y que mejor elección para estrenarme en este campo que tratar con uno de los personajes más cuidados de la historia de Marvel, ahora en boca de muchos gracias a la maravillosa producción televisiva de Netflix. Me refiero por supuesto al diablo de la Cocina del Infierno, el abogado ciego Matt Murdock, más conocido como Daredevil.
La larga (larguísima etapa) cuyo periplo me dispongo a afrontar es quizá la etapa mejor consderada por crítica y público después del mítico trabajo que hizo Frank Miller en los años 80 (aunque según parece la etapa actual de Mark Waid, que no he tenido el placer de catar aún, amenaza con invalidar esta afirmación), y se extendió por casi diez años bajo el sello Marvel Knights, ya sabéis,aquella iniciativa encabezada por Joe Quesada que pretendía relanzar por todo lo alto a los superhéroes más urbanos y callejeros de Marvel (Spiderman, Punisher, Pantera Negra, etc)  contando para ello con autores y dibujantes de primera categoría. Todo un éxito desde el momento en el que se concibió en el cuál se procuró un lugar la colección del diablo guardián, una colección marcada por una gran variedad de autores y dibujantes, desde Joe Quesada a Paul Jenkins pasando por Alex Maleev, de entre los cuales se alzan por merito propio los dos guionistas que más se extendieron dentro de la etapa, Ed Brubaker (conocido por orquestar una de las etapas más memorables de la historia de la cabecera del Capitán América) y Brian Michael Bendis (posiblemente uno de los guionistas más odiados y amados a partes iguales por el fandom). Así pues, por su variedad, por su extensión y por el poco contacto que he tenido hasta ahora con esta estapa en particular, me dispongo a iniciar este periplo que me va a llevar mucho, mucho tiempo, por donde deben comenzarse estas cosas, por el principio. Porque antes de que llegaran Bendis o Brubaker le correspondió a un director de cine llamado Kevin Smith el acometer el relanzamiento de Daredevil dentro de Marvel Knights.
Kevin Smith, reconocido por el público por sus primeros trabajos más indies (Clerks, Mallrats, Persiguiendo a Amy…) y despreciado por sus últimos proyectos (¿Hacemos una Porno?, Tusk, Vaya par de polis…) es un director que puede caer mejor o peor dependiendo del tipo de espectador que uno sea (personalmente yo lo considero muy mediocre) pero que sin duda destaca entre los demás por dos rasgos muy particulares. En lo profesional, por su facilidad innata para crear ágiles líneas de diálogo (lo que en teoría debería convertirle en un guionista excepcional para el mundo del cómic), y en lo personal, por su apego al catolicismo más chapado a la antigua (vamos, que es de los de misa todos los domingos). Estos dos aspectos serán los pilares básicos sobre los cuales construye su corta aportación al universo “Daredeviliano”.
Los ocho números que conforman el arco argumental que Kevin Smith tituló como Diablo Guardián nos presentan a un Matt Murdock en plena crisis de fe después de ser abandonado por Karen Page que, por una serie de avatares, acaba al cargo de un bebé que según afirman algunos es la próxima reencarnación de Cristo, lo que lo pondrá en medio de un conflicto en el que sociedades secretas, asesinos y supuestos ángeles se disputan la vida del infante.
La trama, asentada en una premisa sencilla y que, como puede verse, se asienta fuertemente en el tema religiosa, es una excusa para poner al límite de la locura al héroe, sobre todo cuando a partir de cierto momento se comienza a insinuar que el bebé no es el próximo Salvador sino todo lo contrario, el Anticristo, y que todo aquel que entra en contacto con él acaba maldito y sufriendo todo tipo de desgracias. Dicho de otra manera, la situación vivida por Daredevil le lleva a plantearse sus convicciones y sus juicios morales, siendo el dilema claro: ¿Matarías a un bebé si creyeras que con ello ibas a salvar a la humanidad?


El caricaturesco (y recargado por momentos) arte de Quesada al servicio de un mediocre Kevin Smith

Todo esto parece al principio la intentona de Kevin Smith de reinterpretar el Born Again (una de las más celebradas historias de la etapa de Frank Miller) casi quince años después de la publicación de este, lo que, dicho sea de paso, resulta fallido en tanto que toda la parafernalia religiosa que rodea a la trama convierte lo que podría ser el descenso a los infiernos de Matt Murdock en un viaje espiritual y, por momentos una crítica al fanatismo de ciertos sectores de la iglesia. Sin embargo todo esto es una mera fachada, ya que con los últimos números Kevin Smith nos revela que no es a Miller a quien quiere imitar, sino a J.M. DeMatteis, pues Diablo Guardian resulta ser en esencia ni más ni menos que el homónimo “Daredeviliano” de La Última Cacería de Kraven , aquella mítica historia de Spiderman que el mencionado DeMatteis parió allá por los años 80 (curiosamente casi en las mismas fechas en las que se publicó el Born Again…¿Casualidad?). Y aunque me gustaría justificar el por qué de esta afirmación mi ética en lo referente a introducir spoilers me lo impide, así que bastará con saber que esta similitud resulta más que patente (de hecho, Kevin Smith ni se molesta en ocultarlo y directamente cita a dicha obra en el desenlace de su etapa). De esta forma, cómo historia de Daredevil, y a pesar de que el elemento religioso siempre ha estado presente en la historia de la colección, Diablo Guardián me parece fallida precisamente por el comentado exceso de este, que más que allanar el camino para una lectura fácil lo estropea de manera que, por qué no decirlo, llega a parecer un panfleto cristiano en ciertos momentos (cuándo un superhéroe, por muy católico que sea, pasa más de dos veces por un confesionario en ocho números, malo, malo).
Aun así, si algo se puede decir que cumple con creces esta breve etapa es el poner la primera piedra para introducir a nuevos lectores a la lectura de Daredevil, ya que, con la excepción de Elektra, se pasean prácticamente todos los personajes fundamentales de su microcosmos, desde el sempiterno Foggy Nelson a villanos clásicos como Bullseye y Kingpin pasando por otros personajes habituales de la cabecera cómo la Viuda Negra.
Al margen de la trama y los derroteros por donde el autor la conduce, la auténtica prueba de fuego de Kevin Smith como guionista estaba en los diálogos, su mejor faceta como guionista de cine. Y si, los diálogos están currados, especialmente las conversaciones entre Matt Murdock y Foggy Nelson, pero no logran en ningún momento atrapar al lector, es más, en ciertos momentos se nota que las líneas de diálogo son una estrategia para estirar la lectura el máximo posible, supliendo así la incapacidad de Kevin Smith de crear escenas de acción convincentes.
Acompañando el trabajo de este tenemos los trazos del por aquel entonces editor de la línea Marvel Knights, que luego ascendería a editor jefe de toda la Marvel, Joe Quesada, un señor que nunca ha sido de mi agrado ni en sus trabajos cómo guionista ni cómo dibujante, y que una vez más demuestra aquí lo segundo, con un trabajo que, si bien muestra algunos conceptos interesantes (oscurecer la imagen de Daredevil al máximo para darle un aire “batmanizado”, resaltar las botas y las “DD” rojas del traje en las escenas nocturnas, etc) pero que se puede resumir en una dura sentencia: un trazo mediocre que oscila dependiendo del momento entre lo caricaturesco y el límite de la deformidad.

Juntando todo lo comentado se puede afirmar que la presentación de la línea Marvel Knights: Daredevil de manos de Kevin Smith es un cómic que si bien se deja leer dista mucho de lo que se podría esperar de un señor con semejante reputación cómo guionista. Entretenido, puede ser, pero para nada sería uno de esos cómics que ensalzaría cómo una obra maestra, ni siquiera dentro de la historia de las colecciones del Diablo. Tras los ocho números que componen esta breve colaboración con Matt Murdock, Smith desde luego dejaría el terreno cimentado y fértil para que otro continuará lo que él empezó, de mejorar lo que este había hecho con el personaje. Y el encargado de intentar probar suerte ahora sería un autor totalmente desconocido para los lectores habituales de Marvel: David Mack.

domingo, 3 de enero de 2016

CRÁNEO ROJO de Joshua Williamson y Luca Pizzari


Título: Cráneo Rojo (Capitán América vol.8, #61)
Editorial española: Panini Comics
Publicado originalmente cómo:  Secret Wars: Red Skull #1-3 [Marvel Comics]
Guion: Joshua Williamson
Dibujo: Luca Pizzari
Entintado: Luca Pizzari
Color: Rainier Beredo
Portadista: Riley Rossmo

He aquí otro cruce con las nuevas Secret Wars, tie-in que, al igual que otros cómo Marvel Zombies o Asedio se desarrolla en el Escudo y todos esos territorios que hay más allá de esa barrera protectora, donde se albergan todas las amenazas que podrían poner en jaque al "Mundo de Batalla" y dónde aquellos que disgustan al Dios de este universo, Víctor Von Muerte, van a parar. La trama gira en torno a cómo un grupo de villanos son enviados al otro lado del Escudo para traer pruebas de la muerte de Cráneo Rojo, es este universo, un agitador político, a cambio de su libertad.
Eso es al menos la sinopsis oficial, un tanto engañosa ya que, para cuando uno termina el primer capítulo de la historia, de ese grupúsculo de personajes únicamente Magneto sobrevive para seguir adelante el resto de la trama, por lo que uno podría decir que la misma trata más en realidad sobre la relación que se establece, en ese escenario extremo, entre el Amo del Magnetismo y Cráneo Rojo. Una pareja curiosa cómo pocas, ya que si bien en lo personal parecería que son polos opuestos (un judío superviviente de la Segunda Guerra Mundial frente a un antiguo científico nazi ), en la práctica, ambos son bastante similares, ambos han sido líderes de sus respectivas facciones, líderes por otro lado con ansias de gobernar sobre los colectivos a los que representan y con comportamientos que se podrían calificar eufemísticamente como radicales, y sobre todo, grandes villanos, antagonistas supremos para la Patrulla- X y el Capitán América respectivamente. La trama, según dicen algunos, bebe del legado de ciertas etapas de Thunderbolts (en absoluto , según lo veo yo, el parecido con cualquier etapa de esa maravillosa cabecera es igual al que tiene un huevo con una castaña), e incluso hay quien la compara con la de la película Apocalypse Now (el que afirme esto por favor que venga y me explique dónde ve las similitudes), es lo mismo, porque al fin y al cabo la historia que nos quieren contar es simple y aun así fallida, pues uno nunca llega a ver nada más allá de una artificial tensión entre ambos personajes (personajes, además, sin apenas trasfondo más allá de lo que transcurre en estas páginas), la cual se acerca más bien poco al concepto inicial (que se intuye no obstante) de "alianza contra natura" entre los dos villanos que acabo de comentar. Incluso uno podría decir que en torno al ecuador de la historia, dependiendo de las ganas con las que estés leyendo el tebeo, uno puede llegar a aburrirse un tanto, por no decir que la historia resulta auto contenida a más no poder y apenas sabe salir fuera del terreno en el que se mueve para participar en ese fascinante universo que es el de estas Secret Wars.

El brutal diseño de Cráneo Rojo, lo único auténticamente decente en la miniserie

Guioniza el asunto Joshua Williamson, que al parecer está triunfando en Image cómo la coca cola con una serie protagonizada por psychokillers, Nailbitter (la cual aún no he tenido el placer de catar). Por tanto, un guionista que parece moverse como pez en el agua en el terreno villanesco, lo cual no hace sino más sorprendente el hecho de que haya llevado una serie cómo esta, con un plantel tan interesante de malvados comiqueros, de manera tan fallida. Actualmente compagina su trabajo en Image con una nueva cabecera propia en Marvel, Illuminati, dónde toma el protagonismo el Encapuchado comandando a lo que parece ser lo más cercano que tiene Marvel actualmente a una nueva encarnación de los Thunderbolts. Habrá que ver en que queda todo ello.
Acompaña al señor Williamson a los lápices Luca Pizzari, un dibujante que parece querer crear un dibujo oscuro, feísta y con grandes contrastes de colores, pero únicamente consigue algo ajeno al buen gusto y que llega a ser amorfo en ciertos momentos (joder, si la armadura de Magneto parece estar hecha de polígonos en algunas viñetas). Un trabajo del que únicamente se salva el brutal diseño con el que el susodicho reimagina a Cráneo Rojo, por lo que todo parece indicar que pertenece a esa casta de dibujantes que resulta fantástico para dibujar personajes no humanos pero la caga a la hora de plasmar personas en el papel (veremos como se desenvuelve en la nueva cabecera del Caballero Negro en el universo post-Secret Wars). Todo lo contrario a Riley Rossmo el genial artista que ilustra las portadas de los tres números de la miniserie (concretamente la del tercero es de esas que valdría la pena tenerla enmarcada en condiciones), al cual me habría gustado muchísimo, comparando su trabajo con los resultados de Pizzari, ver como artista principal de la cabecera.

Si juntamos todo esto, y siendo benevolentes, nos encontramos con que Cráneo Rojo es un producto fallido, que se puede leer pero que es, en definitiva, muy mediocre, siendo la prueba más fehaciente el que haya dado pie a una reseña tan corta. Es un cómic que tiene poco que contar y del que apenas se puede sacar jugo.


martes, 22 de diciembre de 2015

INHUMANOS: EL ASCENSO DE ATTILAN de Charles Soule y John Timms


Título: Inhumanos: El Ascenso de Attilan (Inhumano Vol.1, #15-18)
Editorial española: Panini Comics
Publicado originalmente cómo: Secret Wars. Inhumans: Attilan Rising #1-5 [Marvel Comics]
Guión: Charles Soule
Dibujo: John Timms
Entintado: Roberto Poggi
Color: Frank D'Armata
Portadista: W.Scott Forbes y Dave Johnson

Cruce con las nuevas y diferentes Secret Wars de la mano de Charles Soule, guionista que, gracias a sus trabajos en DC (en La Cosa del Pantano sin ir más lejos) pero sobre todo en la actual Marvel (el último volúmen de Hulka, Inhumano y La Muerte de Lobezno) se ha convertido en uno de los nuevos guionistas de primera fila de la editorial, tanto es así que no sólo le han permitido el expandir en el nuevo universo Marvel post-Secret Wars su microcosmos en torno a la familia real inhumana con dos nuevas cabeceras de futura aparición (Uncanny Inhumans y All-New Inhumans) si no que también le han dado las riendas de una cabecera que, en los últimos 15 años ha sido mimada por Marvel con extrema atención como es Daredevil (y encima tomando el relevo de la exitosa y multipremiada etapa de Mark Waid).

Blackagar "Bogart" Boltagon entra en las Secret Wars por la puerta grande

De esta manera, si bien en otros de sus trabajos se le puede considerar un autor con más intención de crear algo con trascendencia y algo más que contar que el simple entretenimiento, en Inhumano Soule ha tomado el formato de las mejores series de TV actuales (ritmo acojonante, variedad de personajes que despierten interés en el público y cliffhanger para mantenerte pegado a la pantalla ansioso por el siguiente episodio) y lo ha trasladado a las páginas del cómic, logrando posiblemente una de las cabeceras más entretenidas que hemos podido ver a lo largo de Marvel NOW. Ahora bien, para este tipo de autores con este estilo de escritura que podríamos denominar cómo "a largo plazo" o, casi mejor, por seguir con la analogía televisiva, "por temporadas", los eventos suelen ser un engorro que pueden acabar perjudicando a la cabecera (los últimos números de la etapa de Rick Remender en Imposibles Vengadores, una vez pasó la debacle de Axis, son prueba de cómo puede dañar un evento a un buen cómic), por lo que la tarea de un guionista  es saber adaptar su cabecera a las circunstancias o bien ser lo suficientemente hábil para esquivarlas.

Dicho esto, he de decir que el escenario de estas Secret Wars (un nuevo Universo constituido por fragmentos aglutinados de todos los Universos Marvel alternativos y gobernados con puño de hierro por el todopoderoso Dr. Muerte) garantiza más que en otras ocasiones que los guionistas puedan adaptar sus historias al mismo e incluso sacar algo bueno de verdad de todo ello. Así, en los diferentes cruces con el evento principal hemos podido ver historias que se restringen a un territorio determinado de este escenario, normalmente relacionado con el evento al que homenajean (porque una cosa es innegable, y es que mientras que el evento principal de Secret Wars es un homenaje de Jonathan Hickman tanto a las Secret Wars originales cómo en particular a los Cuatro Fantásticos, y más aún al Doctor Muerte, los distintos tie-ins son tributos a los diferentes eventos que ha sufrido el Universo Marvel desde su creación, con énfasis particular a los acontecidos en los últimos 15 años), e historias que se desarrollan en varias de estas zonas, dando una idea más global del nuevo "Mundo de Batalla" y de cómo se desarrollan las vidas de sus habitantes.

El Salón del Silencio...busque todas las referencias que sea capaz de encontrar

Charles Soule introduce este El Ascenso de Attilan en esta última categoría, presentándonos una historia en el que una "Resistencia" contra el demonio de Muerte comandada por Rayo Negro se extiende en los submundos de "Mundo de Batalla" con el objetivo de derrocar al susodicho, a la vez que Medusa, en este universo regente de Manhattan, intenta desmantelarla para evitar perder su rango dentro del cuadriculado sistema político del Doctor Muerte.
La miniserie cuenta entre sus integrantes a casi todo el plantel de NeoHumanos ("nuevos Inhumanos") presentados en las páginas de Inhumano (se echan de menos las versiones de Linaje e Inferno de este mundo alternativo, pero...), así cómo a la familia real inhumana al completo y a algunos personajes que nada tienen que ver con los Inhumanos, cómo un Ghost Rider con la estética de los años 20 o la participación de la versión de Daredevil del universo de 1602. Todos ellos participan en una trama que, si bien en su segunda mitad es pura acción y espectáculo, durante sus primeros pasos respira un aire a cine clásico y al cine de espías más "James Bondiano" innegable, empezando por la trama puramente policíaca de los primeros números y terminando por ese escenario del Salón del Silencio que perfectamente podría ser el local de Bogart en Casablanca con un Rayo Negro que bien podría ser el legendario actor (y que dicho sea de paso es todo un reto de "Quien es quien" para el lector veterano, donde podemos encontrar desde a un Peter Quill subido a las tablas del escenario hasta a la emperatriz Lilandra de los Shi'Ar tomando unas copas con Bullseye). Soule congrega a estos personajes y además trae algunos conceptos con los que ya trabajó previamente en Inhumano (Medusa y Rayo Negro como enamorados y ,sin embargo, enemigos, cada uno a un lado de la contienda) , así como otros totalmente contrapuestos a los mostrados en dicha serie (el descontrol de la terrigénesis en esta última enfrentada al concepto de terrígeno cómo método de control en la población inhumana, por otro lado, el enfoque clásico que han tenido siempre las famosas nieblas), aplicándolos de manera efectiva a este nuevo universo. El problema de todo esto es que la miniserie parece más un complemento a la cabecera anterior de Soule que a un producto independiente por sí mismo, con lo cual, una persona que no haya leído la susodicha y se haya familiarizado con los personajes puede que encuentre cierta resistencia para disfrutarla sin tener interrogantes cada dos por tres sobre los personajes que van apareciendo en la misma. Claro que, por otro lado, ¿Quién si no alguien con interés en la franquicia inhumana iba a adquirir estos cómics?
Acompaña a Soule a los lápices John Timms, que junto al dueto Poggi-Darmata logran un resultado muy similar al conseguido por Pepe Larraz, y en menor medida al de Ryan Stegman, en Inhumano, o en otras palabras, un trabajo nada original, de manual, pero que por otro lado no desentona para nada con lo anteriormente realizado con los personajes ni con el propio espíritu de la cabecera.

Visto esto uno puede asegurar que Soule ha sabido afrontar las Secret Wars con habilidad, ofreciéndonos un producto que si bien se enclava en el universo de estas guerras, más bien parece una especie de epílogo en forma de What-If? para la primera temporada de Inhumano, por tanto, resulta un cómic aceptable pero que únicamente puedo recomendar a los seguidores de la franquicia inhumana, ya que para otro tipo de lectores seguramente resultará intrascendente.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

ALIAS: EL ORIGEN SECRETO DE JESSICA JONES y ALIAS: PURPURA de Brian Michael Bendis y Michael Gaydos


Título: Alias: El Orígen secreto de Jessica Jones ( Alias Vol.1 #11-12) y Alias: Púrpura ( Alias Vol.1 #12-14)
Editorial española: Fórum
Publicado originalmente cómo: Alias: The Secret Origin of Jessica Jones ( Alias Vol.1 #22-23) y Alias: Purple (Alias Vol.1 #24-28) [Marvel Comics]
Guión: Brian Michael Bendis
Dibujo: Michael Gaydos y Mark Bagley
Entintado: Michael Gaydos y Mark Bagley
Color: Matt Hollingsworth
Portadista: David Mack

En los últimos días de existencia de la cabecera de Alias, Bendis acometía la tarea final de narrar la génesis de Jessica Jones y sobre todo el cómo llego a convertirse en el sórdido personaje que es a raíz de un conflicto con Killgrave, el Hombre Púrpura. Uno podría pensar que dado que Bendis, entre su aclamado trabajo en Marvel Knights: Daredevil, el cual compaginaba con la serie de Jessica, y su fichaje para guionizar nada más ni nada menos que la piedra funcional de la llamada por un servidor "nueva Marvel del siglo XXI", Los Nuevos Vengadores, estaría más imaginando el cuento de la lechera de cara a su futuro inmediato que pendiente de lo que tenía entre manos en ese momento. Pero ni corto ni perezoso, sabiendo que eran sus últimos momentos como guionista de su niña mimada, cogió y se cascó no sólo el mejor arco argumental de toda la cabecera sino también el más experimental de ellos y el más reconocido por la crítica (no en vano estuvo nominado al prestigioso premio Eisner del año de su publicación en la categoría de Mejor Historia Serializada ).

Aprendiendo a volar...

En estos últimos episodios se toma cómo punto de partida un encargo para Jessica de parte de una asociación de víctimas de Killgrave para lograr que el susodicho villano encarcelado confiese todos los crímenes cometidos en su dilatada carrera criminal que  acabará convirtiendose en un enfrentamiento en toda regla cuando el Hombre Púrpura escape de la cárcel. Es en estas páginas cuando Bendis nos revela de la manera más directa posible que todas las acciones y comportamientos que hemos visto a lo largo de Alias son el resultado de un trauma por parte de Jessica, trauma desencadenado por una violación. Pero este es un mundo de superhéroes y una violación corriente, aunque ya de por sí resulta un acto deleznable, no basta para resultar todo lo impactante que deba. Bendis resuelve la papeleta de la manera más sencilla: si tenemos un villano que controla las mentes, ¿Qué mejor que este robe la mente de la protagonista y la someta a su control? ¿Acaso hay algo más invasivo, más perturbador que el hecho de que alguien corrompa tus pensamientos, te convierta en una marioneta a su servicio, viole literalmente tu libre albedrío?  No me equivoco al decir que los flashbacks en los que se narra el pasado de Jessica son sin duda alguna el clímax de la serie, en tanto que la resolución del conflicto funciona casi más a modo de moraleja, una lección sobre cómo dejar el pasado atrás.
Pero detengámonos momentáneamente en el Hombre Púrpura, villano de segunda hasta que la mano de Bendis lo tocó y catapultó al plano donde se encuentran aquellos malvados con algo de consideración. Cómo he dicho anteriormente estos últimos números, precisamente por ser los últimos, son los más experimentales de toda la cabecera, tanto en la temática tratada cómo en la narrativa (construir una pelea final contra un supervillano basándose principalmente en diálogos no es tarea fácil), pero es en el tratamiento del Hombre Púrpura dónde Bendis se lleva la palma, pues se nos muestra como un personaje sádico y amoral que además, durante sus conversaciones con Jessica, rompe constantemente la cuarta pared, dirigiéndose directamente al lector, autoproclomando tanto a él como a Jessica cómo personajes de ficción e incluso tomándose la libertad, en palabras del guionista en todo momento, de criticas el guión y el dibujo del cómic cómo si de un lector más se tratara. Un movimiento que en un primer momento despista, y que sin dudas desvirtúa un poco las motivaciones del villano, pero que no resulta menos brillante por ello.

El Hombre púrpura dirigiéndose al espectador... de mindundi a la primera división en  unas pocas páginas

Por tanto, Bendis cierra Alias a la vez que Jessica Jones cierra las puertas a su traumático pasado, pero previamente a Púrpura, el último arco argumental, el "Calvo de Cleveland" nos narra en dos numeritos la génesis del personaje, y una vez más el costumbrismo y la cercanía al lado más humano de los superhéroes del que hace gala toda la serie vuelve a hacer acto de presencia. Si bien en Púrpura esta cercanía se nos muestra de la forma más sórdida , en El Orígen Secreto de Jessica Jones se nos presenta de la forma más inocente, pues si bien es la historia del cómo Jessica obtuvo sus poderes, lo es también de la vida de una adolescente en un mundo de superhéroes, una adolescente enamorada en secreto de un chico de su clase, un tal Peter Parker (y si, asistimos al famoso momento de la picadura de araña), una joven que se masturba por las noches fantaseaando con su ídolo, un tal Johnny Storm, y que en un despiste provoca que un camión de residuos tóxicos pegue un volantazo y a punto esté de no chocar con ella, como le ocurriría a un tal Matt Murdock con un vehículo de semejante apariencia. Compaginando estos momentos vemos el incidente que causa sus superpoderes, sus primeros pasos más bien torpes cómo superheroína y el cómo es testigo de alguno de los momentos cumbres de la historia del Universo Marvel, siendo la llegada de Galactus a la Tierra el más reconocible.

Acompañando a Bendis tenemos a los lápices una vez más a Michael Gaydos (cuyo estilo dentro de la cabecera fue comentado anteriormente) que firma en El Orígen Secreto de Jessica Jones el dibujo más feísta de toda  la serie, acentuado gracias a una paleta de colores más chillones que de costumbre, quizá intentando imitar la estética de los cómics de Archie, que hacen que los lápices rocen casi lo grotesco en ciertos momentos. Igualmente, durante las escenas de flashback en Púrpura y a modo de invitado especial tenemos a Mark Bagley, un hombre que en mi humilde opinión es uno de los mejores dibujantes que existen hoy en día para un cómic de superhéroes (sus larguísimas etapas junto a Kurt Busiek en Thunderbolts y junto al propio Bendis en Ultimate Spiderman son una más que suficiente prueba de ello), siendo su trazo estilizado, expresivo, optimista y con un coloreado que lo acerca muchísimo al de las cabeceras anteriormente mencionadas (que son puro blockbuster totalmente alejado de lo que constituye Alias) toda una contraposición con el de Gaydos, algo irónico cuando son las páginas de Bagley las encargadas de mostrar los episodios más atroces de la vida de Jessica.

Bagley y Bendis: fusión de dos grandes talentos

Así pues, y a pesar de tratar con acontecimientos de lo más oscuros, el final de Alias termina siendo una puerta al optimismo, cosa que no extraña, pues una vez terminado su papel en la colección, y ya embarazada de Luke Cage, Jessica se movería a una nueva cabecera, The Pulse, donde guionizada por Bendis de nuevo, y ahora con un tono mucho más ligero, continuaba moviéndose en los submundos del Universo Marvel, esta vez como periodista y acompañada de J. Jonah Jameson, Ben Urich y el resto de plantilla del Daily Bugle. Pero ahí queda el recuerdo de Alias y de cómo en aquellos tiempos hizo lo que nadie más en Marvel se atrevía a hacer, siendo estos dos últimos arcos argumentales la muestra más descarnada de ello. Hay que leerla al menos una vez en la vida.

domingo, 22 de noviembre de 2015

ALIAS de Brian Michael Bendis y Michael Gaydos


Título: Alias (Alias vol.1, #1-5)
Editorial española: Fórum
Publicado originalmente como: Alias vol.1, #1-10 (Marvel Comics)
Guión: Brian Michael Bendis
Dibujo y entintado: Michael Gaydos
Color: Matt Hollingsworth
Portadista: David Mack

Principios de los 2000. Joe Quesada como editor de las líneas Marvel Knights y MAX, el Marvel para los adultos. Mucho se ha hablado de ello y mucho lo trataré aquí en el futuro me temo, pues es sin duda alguna uno de los movimientos más audaces y que más obras de calidad aportó a toda la historia de la editorial. En aquellos momentos iniciales, en los que el Punisher de Garth Ennis y el Daredevil realizado por Kevin Smith daban muestras de todo el potencial que se le podría exprimir a la línea MAX, desembarca en la misma el odiado por muchos y adorado cada vez por menos, el infame calvo Brian Michael Bendis, famoso a día de hoy por su extensísima etapa en las colecciones vengadoras durante la pasada década y por su no menos extenso trabajo en Marvel Knights: Daredevil.

No voy a entrar en el eterno debate que se mantiene constantemente en los foros y webs dedicadas al mundo comiquero sobre si Bendis es un buen o mal guionista en general (yo soy de los que defienden que el Marvel actual, con sus pros y contras, pero al fin y al cabo, la forma que tiene Marvel de crear y publicar, la base de su éxito actual junto con la explosión del mercado cinematográfico, debe mucho a los canones impuestos por Bendis en sus trabajos más mainstream), pero es innegable que cuando el señor se pone en serio y centrado pare auténticas obras maestras. Alias se presentó como un experimento singular, una incursión de Marvel en el género noir pero sin por ello alejarse del mundo superheroico de manos de un personaje de nueva cuña y un enfoque destinado exclusivamente al público adulto, una decisión atrevida por parte de Bendis y la editorial pero que sin duda dió en el clavo, no en vano se convirtió casi instantáneamente en el "buque insignia" de la línea MAX, el modelo a seguir, algo que ayudó al experimento a prolongarse durante 28 números y, posteriormente, a contar con una pseudosecuela más ligera en todos los sentidos bajo el nombre de The Pulse. Pero antes de entrar en el meollo es menester resolver las consabidas preguntas, ¿Qué es Alias? y ¿Quién es Jessica Jones?

Michael Gaydos con un coloreado y un entintado distinto es otro Michael Gaydos...

Alias es la historia de una antigua superheroína caída en desgracia y sumida en una depresiva espiral de sexo, alcohol, paranoia que, a la vez que tiene que lidiar con los aspectos más sórdidos de la sociedad acaba, de una manera o de otra, relacionada también con el mundo superheroico. En estos primeros números, que casi casi sirven de introducción para el resto de la serie, Jessica Jones se topara durante la investigación de una desaparición con una conspiración en la que un vídeo en el que se desvela la identidad civil del Capitán América jugará un papel clave, además de tratar de dilucidar el paradero del desaparecido Rick Jones, viejo compañero de armas de supers tales como Hulk o el Capitán Marvel.
Por tanto, una historia de detectives, pero no de esos detectives que acaban resolviendo casos de altos vuelos y ganándose la notoriedad, sino de uno de esos que contratarías para averiguar si tu pareja te pone los cuernos o no, un personaje que más que guiarse por un sentido de la justicia parece más bien encontrarse siempre en el lugar equivocado en el momento equivocada y rodeada de la gente equivocada. Esa es la gracia del personaje de Jessica Jones, que no es un superhéroe retirado que sigue actuando a menor escala, ni alguien que descubre sus poderes de repente y los aplica a su trabajo detectivesco, es alguien que conoció el oficio de superhéroe, llego a conocer las mieles del éxito, a relacionarse con los vengadores incluso, pero que a día de hoy está hasta los cojones de todo ese mundo, alguien que tan sólo quiere ser una persona más entre la multitud, ser olvidada por el gente, o al menos que esta olvide lo que fue en el pasado. Jessica es un personaje más humano que cualquier otro superhéroe de Marvel, incluso que Spiderman, el super con "problemas del día a día" por antonomasia. Leer Alias es meterse en la vida de una persona que, como muchas otras repartidas a lo largo del mundo, está desencantada con su vida, y Bendis se molesta en dejarnos claro esta situación de la mano de un personaje para el que el sexo compulsivo, la cercanía a una botella de whiskey y un suceso traumático del que, al principio, sabemos prácticamente nada componen casi la totalidad de su día a día.
Y aunque es este aspecto feísta, depresivo y noir lo que a la mayoría del público le podría parecer lo más atractivo del cómic, para mi lo es el hecho de que sea una especie de puerta trasera del Universo Marvel, no sólo ya porque se paseen por la cabecera toda una serie de personajes de dicho mundillo, desde el Capi hasta el Hombre Hormiga (la versión de Scott Lang) o el mismísimo Daredevil, sino por lo humanos que se muestran estos. Quiero decir, aquí no vamos a ver al Capitán América escudo en mano protegiendo a los Estados Unidos del mal, sino en chandal paseando por la calle, a Jessica yendo a pedir ayuda a los Vengadores a su mansión y encontrándose con que esta está vacía (porque aunque parezca mentira, los superhéroes no están 24 horas al día listos y dispuestos a saltar a la mínima en una misión) y así con todos los aspectos del Universo Marvel y los conceptos del género superheroico que uno se pueda imaginar. Para mí, la escena más brillante de estos primeros números es una conversación de varias páginas en la que Jessica y Carol Danvers (aka, Miss Marvel) discuten durante una comida sobre sus viejos looks de superheroínas y sobre el como a Luke Cage le pone cachondo el follarse a "chicas con uniformes", como harían dos amigas cualesquiera poniéndose al día con sus respectivas vidas. Muchos cómics a lo largo de la historia han intentado presentar a los superhéroes como meros humanos, pero pocos lo han logrado de manera tan vulgar y directa cómo lo hace Alias.


Encima, Brian Michael Bendis pone la prosa a la autobiografía de Rick Jones. Debajo, en las páginas de dicha obra , el gran Sienkiewicz nos muestra un atípico retrato del Increíble Hulk. 


Acompañando a Bendis y el sórdido escenario en el que construye la historia de Jessica Jones tenemos a los lápices a Michael Gaydos, un dibujante que con su trazo feísta, que a veces roza casi la deformidad, resulta un acompañamiento más que adecuado para una historia de esta categoría. No es un dibujo que me gustaría ver en cabeceras más coloridas, y menos aún con ese entintando (obra del propio Gaydos) y ese coloreado (basta ver cómo en el número dedicado a la entrevista de trabajo que J. Jonah Jameson concede a Jessica los cambios en la técnica usada para el entintado y el color convierten el dibujo de Gaydos en algo mucho más ligero y cercano a lo que podemos ver en otros artistas), pero en un cómic cómo este que se mueve constantemente en un mundo de sombras no se podía pedir algo menos sucio. Acompañando a Gaydos en momentos puntuales tenemos la colaboración de un absoluto genio del cómic, el maestro Bill Sienkiewicz, otro de esos dibujantes que únicamente parecen salir a la luz para aportar su radical dibujo a los rincones más oscuros del Universo Marvel con sus lápices emborronados, caóticos y, sobre todo, geniales. Cierra el trío de artistas la inevitable mención del portadista David Mack, con el que Bendis trabajaría en Marvel Knights: Daredevil, y que basa su trabajo en una especie de hibridación entre el dibujo realista que le caracteriza y una composición más cercana al collage que al del dibujo comiquero propiamente dicho.
Inevitablemente, cuando uno tiene que hablar de Alias no puede pasar por alto la famosa polémica que siguió a la publicación del primer número de la serie en Estados Unidos dónde diversas imprentas se negaron a imprimir dicho cómic por una sencilla razón, en dicho número Jessica era sodomizada durante un encuentro sexual por el vigoroso héroe de alquiler Luke Cage, algo que por aquellos tiempos en los que no sólo esto no era común de ver en productos mainstream sino que todavía quedaban algunos colectivos que todavía consideraban que el cómic era un producto exclusivo para el público infantil-juvenil se consideró escandaloso pero que, si lo ves a día de hoy, entre que ya hasta el tato lee cómics de superhéroes (por tanto ya es absolutamente un producto destinado a cualquier tipo de público) y que cualquier serie de televisión saca a la mínima este tipo de cosas o peores, uno no puede ver esto nada más que cómo una curiosidad histórica y, eso sí, una muestra de los cojonazos del Bendis de esa época.

He aquí la archiconocida "página de la polémica"

Así pues, estos primeros números constituyen a la vez un prólogo bien cimentado para la intensa pero corta peripecia que fue la cabecera de Alias, muestra del mejor Bendis, del lado más sucio del Universo Marvel y de las posibilidades que tenía este universo en el mercado del cómic para adultos. Algo sin duda alguna recomendadísimo y que todo marvelita que se precie debería leer al menos una vez en la vida. Toda una experiencia.


lunes, 26 de octubre de 2015

LA VIDA SECRETA DE EVA BELL (Uncanny X Men Annual v3) de Brian Michael Bendis y Andrea Sorrentino

Título: La Vida secreta de Eva Bell (Imposible Patrulla-X, vol.1 , 36) 
Editorial española: Panini Comics
Publicado originalmente como: Uncanny X-Men Annual v3 y All New X-Men Annual 1 (Marvel Comics)
Guionista: Brian Michael Bendis
Dibujante: Andrea Sorrentino
Colores: Marcelo Maiolo

Sin entrar en una de esas discusiones en las que acabó enfrentado al resto de la humanidad, la actual (aunque a puntito está de tocar a su fin) etapa de Brian Michael Bendis en las dos colecciones mutantes pricipales a día de hoy, Uncanny X-Men y All New X-Men, tiene, cómo tantas otras antes que la suya, cosas buenas y cosas malas, pero desde luego no es ni de lejos la podredumbre que mucha gente afirma que es. De entre los mejores elementos que el susodicho nos deja para la posteridad, destaca por encima de otros el personaje de Eva Bell, uno de los primeros "nuevos mutantes" que la atípica Patrulla X de Scott Summers reclutó para su autodenominada revolución mutante durante los primeros compases de la actual cabecera. A lo largo del transcurso de la serie, la joven australiana ha sido tratada por su creador con el suficiente mimo cómo para ganarse el interés del público, por lo que no es de extrañar que el empeño de Bendis no se quede en presentarla cómo una más dentro del extenso catálogo mutante, sino en intentar darle un protagonismo cómo uno de esos personajes que el fan de turno va a tener que tener en cuenta a la larga. De ahí la razón de que sea protagonista del primer annual de ambas series, una historia dividida en dos capítulos que ,bajo el título de La vida secreta de Eva Bell , se convierte en el lacre dorado con el que se cierra la carta de presentación de Eva Bell, también conocida como Tempus, para todo marvelita que se acerque a las series mutantes hoy día.
La trama es tal y como sigue. Allá hacia mediados de la andadura de Bendis en Uncanny X Men, los novatos reclutas de la escuela de Cíclope eran enviados a un lugar llamado Tabula Rasa, un pueblo de Estados Unidos en el que, a causa de una serie de eventos que no es momento de explicar ahora, conviven criaturas monstruosas de toda índole, para una sesión de entrenamiento en un escenario real. Durante dicho entrenamiento Eva, usando una de sus burbujas temporales, desapareció del lugar de la acción para reaparecer minutos después aparentemente intacta pero con un aspecto más envejecido. Lo que nos cuenta esta historia es que ocurrió en aquellos minutos, pues lo que para el resto de sus compañeros fueron instantes para Eva Bell fue un largo periplo que recorrer, atrapada en un tiempo desconocido sin la capacidad para volver a su época.
La historia del personaje atrapado en un tiempo que no es el que le corresponde es un tópico que se ha explorado en Marvel hasta la saciedad, desde las incontables veces que se ha tratado en las páginas de Capitán América hasta la última muestra que tenemos actualmente en All New X-Men con la Patrulla X original y adolescente atrapada en la continuidad actual. Por tanto, en este aspecto, Bendis no descubre nada nuevo, pero lo que sí hace es aprovechar la ocasión para hacer todo tipo de referencias a cuantas líneas temporales y eventos pasados de la continuidad del Universo Marvel se le ocurren, aprovechando tanto para hacerse algo de autobombo con referencias a Invasión Secreta o a Reinado Oscuro, cómo para rescatar alguna que otra línea temporal abandonada, sorprendiendo el "cameo" de la realidad de los cómics de Killraven (aquella en la que los marcianos de la Guerra de los Mundos de H.G. Wells conquistaban la Tierra) o el viejo Oeste de los cómics sesenteros de Rawhide Kid, escogiendo de entre todas las líneas temporales a las que dar mayor protagonismo una en concreto que no voy a spoilear (sólo puedo decir que es muy noventera) pero que poco a poco está volviendo a la luz, ¿Acaso nos espera un revival de dicha continuidad en toda regla?.

Reto marvelita: Encuentra todas las referencias posibles. 

Al margen del placer friki que supone hacer estas cosillas, Bendis también aprovecha para colar un cameo de Morgana Le Fay, otro de esos personajes que Bendis usó en el pasado para juguetear con los viajes en el tiempo, primero en las páginas de Poderosos Vengadores y más tarde en las de Vengadores Oscuros, así como de dejarnos caer una vez más pistas sobre el prometido desenlace de su actual etapa.
Lo que consigue con todas estas chorraditas no es otra cosa que hacernos olvidar que estamos ante una trama vista mil veces y tenernos entretenidos durante casi sesenta páginas a la vez que deja lucirse a un personaje tan atractivo como la protagonista.
Aunque bien es verdad que el efecto no sería tan efectivo si Bendis no contara con la ayuda de su partenaire, el italiano Andrea Sorrentino, uno de los dibujantes actualmente en el punto de mira de muchos tras su estelar paso junto a Jeff Lemire por Green Arrow, una etapa que aún no he podido degustar pero que me cago por hacerlo. Lo que hace este señor, al cual he descubierto con este Annual dicho sea de paso, es pura magia. Su trazo me recuerda un poco al de Jae Lee pero mucho más depurado, con menos abuso del sombreado (por tanto, mucho más flexible en cuanto al tono del dibujo), sus fondos para los escenarios son acojonantes, el uso que hace del contraste, los claroscuros y los tonos blancos es digno del manual del buen hacedor, la composicion de sus dobles páginas quita el hipo...sin duda, uno de los dibujos más espectaculares y llamativos con el que me he topado en mucho tiempo, por lo que no me sorprende la decisión de Marvel de fichar con un contrato en exclusiva a este señor el cual estoy seguro de que en cuanto le dejen un poco de vía libre nos va a deleitar con auténticas obras maestras (espero no equivocarme).

Eva Bell y Sorrentino: deslumbrando dentro y fuera de la viñeta

Así pues, un dibujo cojonudo, una trama vista pero entretenida por la acertada labor del guionista y un personaje protagonista llamativo. Tomen nota autores comiqueros del mundo, que así es como se hace un Annual. Sin duda uno de los momentos, sino el más brillante de toda la etapa de Bendis en las cabeceras mutantes. Cuando se quiere, se puede.