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domingo, 15 de marzo de 2020

El HOMBRE LOBO de Joe Johnston


Título: El Hombre Lobo (The Wolfman)
Director: Joe Johnston
Año: 2010
Guión: Andrew Kevin Walker y David Self
Intérpretes: Benicio del Toro (Lawrence Talbot), Anthony Hopkins (Sir John Talbot), Emily Blunt (Gwen Conliffe), Hugo Weaving (Inspector Francis Aberline), Geraldine Chaplin (Maleva)

En ocasiones anteriores he revisado un par de los intentos de la Universal por traer de vuelta a la palestra a sus monstruos clásicos en tiempos recientes. Y aunque todo el mundo tiene presente la trilogía de pelis de La Momia que protagonizó Brendan Fraser y los recientes intentos por montar un universo compartido con La Momia y Drácula: la leyenda jamás contada, ya los hay que se olvidan de los productos que vieron la luz entre medias de ambos. Mucha pereza me entró cuando intenté reseñar el Van Helsing que protagonizó Hugh Jackman cuando más en la cresta de la ola estaba, pero sin embargo si que puedo prescindir de unos minutos para dedicarle unas palabras al reboot de El Hombre Lobo que la Universal produjo en 2010.
Tomando como referencia la película original de los años 40 que protagonizó Lon Chaney, esta nueva versión nos narra como Lawrence Talbot vuelve a su hogar natal en los páramos ingleses para reencontrarse con su distanciado padre e investigar la muerte de su hermano, al que se encuentran hecho pedacitos en medio de la campiña. Durante el transcurso de esta se verá atraído irremediablemente hacia la viuda de su difunto hermano y tendrá que enfrentarse a las consecuencias que todos conocemos tras ser mordido por un hombre lobo una noche de luna llena.
Este es uno de esos proyectos que estuvo dando vueltas y vueltas hasta ver la luz. Si bien en los cuatro o cinco años que  el guión estuvo danzando por ahí, el baile de directores puestos al frente fue considerable (se llegó a tantear como directores a Brett Ratner, Frank Darabont, James Mangold o Martin Campbell entre otros antes de que Joe Johnston se hiciera con los honores), se concibió en todo momento como un producto que iba a contar con Benicio del Toro al frente como protagonista, quien no sólo se considera fan de la cinta original, sino que además afirma ser un ávido coleccionista de material original y/o creado a partir de dicha película. 
Del Toro podrá ser todo lo fan que quiera del Hombre Lobo de la Universal, pero eso no quita que el difícil físico que posee (esa carucha de borrachín trasnochado...) haga complicado el que te lo creas encarnando a un lord inglés, algo que el guión solventa de manera acertada presentándolo como la oveja negra de la familia, quién no sólo frecuenta los círculos dela farándula sino que tiene antecedentes de problemas mentales e ingresos en psiquiátricos. Teniendo en cuenta esto, se nota que el señor le pone muchas ganas, especialmente en las transformaciones, momentos de máximo sufrimiento físico, pero eso no quita que peque de sobreactuar por encima de lo exigido por el guión, algo a lo que, por fortuna o por desgracia, ya estamos acostumbrados cualquiera que henos tenido más de un contacto con sus performances, especialmente en el terreno más mainstream. 
Le acompañan en el reparto un Anthony Hopkins con un registro completamente agotado y en su momento de mayor zozobra profesional, justo antes de que la Marvel lo reflotara un poco con Thor; una solvente Emily Blunt cuya carrera aún estaba despegando hace las veces de interés amoroso del protagonista, mientras que un Hugo Weaving en la línea que suele mostrar cada vez que se mete en algo mínimamente relacionado con el género fantástico encarna a un poli de Scotland Yard que investiga las misteriosas desapariciones que se dan por la zona donde transcurren los hechos, el cual, que para más inri, estuvo involucrado en el caso de Jack el Destripador años antes de los acontecimientos de la peli (¡¡¡Universo Compartido!!!). A lo largo del metraje encontramos también sendos cameos de Geraldine Chaplin encarnando a una vieja gitana y de Max Von Sydow, este último borrado de la versión cinematográfica, que encarna a un transeúnte que le regala un bastón con cabeza de lobo al personaje de Del Toro en una referencia directa al clásico original.
Dirige la cinta, como he mencionado antes, Joe Johnston, director de estudio con todas las de la ley que, en esta ocasión, tira de los mismos recursos que ya nos dio en Rocketeer o en Capitán América: El Primer Vengador, cultivando el uso de una estética tan artificial y recargada como consciente de si misma que, en esta ocasión, le viene que ni pintada a una peli que intenta por todos los medios lograr una especie de traslación de esa ambientación de terror gótico clásico  a los tiempos modernos del cine digital, aderezándola además con buenas dosis  de una exageradísima violencia "grand guignolesca". 
Entre bambalinas destaca, como no podía ser de otra forma, el magistral trabajo de maquillaje de Rick Baker que se casca una reinterpretación de la estética clásica del Hombre Lobo acojonante de buena, a pesar de que queda ensuciada un poco por la introducción de un CGI ya inevitable en los tiempos en los que se hizo la peli. El reconocimiento absoluto al meritorio curro del susodicho fue un merecido Óscar a Mejor Maquillaje en la edición de ese año que se convirtió, además, en la segunda ocasión en que los licántropos le hacían merecedor de semejante galardón, años después de su labor en Un Hombre Lobo americano en Londres de John Landis.
La banda sonora de la peli, por otro lado, fue la gran damnificada de las idas y venidas del proyecto. Originalmente se encargó al afamado Danny Elfman la composición de una partitura original para la cinta, trabajo que, una vez presentado a la productora, no gustó en absoluto y fue descartado en un primer momento. Elfman, quién contractualmente no estaba obligado a currarse una reescritura y, de hecho, estaba atado de pies y manos por Disney a la Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton, se desligó del proyecto. La Universal tanteó entonces a Paul Haslinger, compositor de la banda sonora de Underworld, para que hiciera algo más cercano a la música electrónica y al "rollo" que los ejecutivos de la productora decían querer. 
Cual fue la sorpresa de estos cuando, al poner el trabajo de Haslinger al lado de las primeras secuencias finiquitadas por Johnston, vieron que ambas no pegaban ni con cola. La solución, echar a toda pastilla a Haslinger y contratar a cuatro o cinco arreglistas para que montaran una banda sonora decente a partir de los fragmentos que Elfman había dejado atrás y que, oficialmente, pertenecían a la productora. El resultado fue que el susodicho compositor aparece acreditado como autor de la banda sonora original y tuvo también la oportunidad de lanzar una versión sin alterar de esta en CD el mismo año del estreno de la peli. Por esos mismos tiempos comenzó a circular por Internet una supuesta versión de la BSO electrónica que había compuesto Haslinger y que, con el tiempo, demostró ser un fake como una catedral de grande, lo que puso por fin el punto y final al culebrón musical que acompañó a El Hombre Lobo durante su producción.
Como buena película maldita, tardó casi dos años en estrenarse desde que se completó la producción, algo que parecía ya anticipar lo que luego aconteció. Y es que el intento de reintroducir de nuevo al licántropo clásico en el colectivo popular fue todo un fracaso para la Universal que, partiendo de un presupuesto de 150 millones de dólares apenas llegó a recaudar 139 en taquillas de todo el mundo. En nuestro país sentó a algo más de 687.000 espectadores, cifra que considero que no está mal para los tiempos en los que se estrenó la peli y para el tipo de producto que es y que probablemente se deba agradecer al atractivo casting que anunciaba el poster. En cualquier caso, esto echó por tierra los planes de la Universal de continuar la historia de El Hombre Lobo con sendas secuelas. Ya en estos últimos años, con todo el asunto del Dark Universe, se rumoreó un  posible nuevo relanzamiento del personaje que, en esta ocasión, interpretaría Dwayne "The Rock" Johnson, pero, como todos sabemos, todo quedó en agua de borrajas.
En su momento yo me comí esta peli en cines y salí echando pestes de ella, diciendo que era un producto más bien vago que se apoyaba en la violencia por la violencia para suplir sus carencias. Hoy día podría decir que la peli ha quedado completamente redimida ante mis ojos. Tampoco voy a ponerme a cantar maravillas sobre ella, pero si que reconozco ahora la honestidad de la misma, el entusiasmo de algunos de los profesionales que había detrás de ella y, sobre todo, lo deliciosamente entretenida que es, especialmente si se compara con otros productos nacidos a raíz de los monstruos de la Univesal que vieron la luz aquellos años. Seguramente sea lo mejor que salió en la década pasada de todos aquellos intentos, por muy olvidada que hoy esté.


domingo, 16 de febrero de 2020

Dobles Programas Bizarros (VII): LA MOMIA de Alex Kurtzman + DRÁCULA: LA LEYENDA JAMÁS CONTADA de Gary Shore


Título: La Momia (The Mummy)
Director: Alex Kurtzman
Guión: David Koepp, Christopher McQuarrie y Dylan Kussman
Año: 2017
Intérpretes: Tom Cruise (Nick Morton), Sofia Boutella (Ahmanet/ La Momia), Annabelle Wallis (Jenny Halsey), Russell Crowe (Henry Jekylll), Jake Johnson (Sargento Vail)

En un intento de sobreexplotar la moda del Universo Cinematográfico compartido que tanto dinerito le estaba dando a Marvel y, como consecuencia a Disney, los estudios Universal pusieron la vista en su amplio catálogo de pelis de monstruos clásicos con la idea de, una vez más, exprimir hasta el tuétano el legado cinematográfico de esas historias que con tanta pasión escribieron Mary Shelley, Bram Stoker y H.G. Wells ya siglos atrás. Aunque unos años antes ya habían hecho una intentona de reboot con Drácula: la leyenda jamás contada (mirad un poquito más abajo), sería en 2017 donde, con el pintón nombre de Dark Universe, pondrían en marcha su particular versión de Universo Cinematográfico compartido en el que incluir a todas sus criaturas de pesadilla.
Bien es cierto que la idea de juntar varios de estos seres en una misma no era nueva ni siquiera para la propia Universal, quien puede presumir de haberle sacado partido a esa mentalidad exploit desde los años 40 con Frankenstein y el Hombre Lobo hasta la actualidad, pasando por cosas guardadas en el cajón de la infamia como el Van Helsing de 2004 que protagonizó el ídolo de masas Hugh Jackman, pero con el Dark Universe pusieron todas las cartas sobre la mesa. Iban a montar un proyecto descomunal que iba a cumplir a rajatabla todo lo que había hecho grande al Universo Cinematográfico Marvel: interconexión entre todas las películas producidas, grandes reparto, grandes diseños de producción y espectaculares efectos especiales. El punto de partida iba a ser La Momia, personaje que, para todos los que fuimos chavales en los 90, tiene un especial significado al retrotraernos a esas pelis de aventuras protagonizadas por Brendan Fraser que tan buenos ratos nos hizo pasar de peques y que, en esta nueva versión iba a tener de prota nada más y nada menos que a una de las más grandes superestrellas del Hollywood actual, Tom Cruise . Teniendo ya visualizado algo grande y ambicioso, los ejecutivos empezaron a tantear proyectos. Se anunció una nueva versión de El Hombre Invisible que protagonizaría Johnny Depp, que Javier Bardem encarnaría al mostruo de Frankenstein, que la Criatura de la laguna negra y el hombre lobo iban a estar de vueltas, e incluso plantaron en nuestras cabezas la idea de que todos esos personajes, de alguna manera, iban a acabar envueltos en una suerte de gran conflicto con el más terrible de todos los monstruos, Drácula. Estaban convencidos de que se avecinaban buenos años para la Universal.
La aventura no les duró ni un año.
Y ahora, hablemos de la peli que fue el pistoletazo de salida y, a la vez, el clavo del ataúd de un Universo Cinematográfico que ya nació muerto.
En La Momia, Tom Cruise despierta por accidente a una princesa egipcia maldita que irá sembrando el caos y la destrucción por Londres mientras busca una daga mágica que le permitirá traer a un antiguo dios de la muerte a nuestro mundo. La película comienza con un tono de aventura con breves toques de terror para, poco a poco y de manera completamente perceptible, convertirse en poco menos que una peli de superheroes en la que Cruise hace las veces de héroe torpe que prácticamente huye de aquí para allá como pollo sin cabeza recibiendo hostias de los diversos engendros momificados que aparecen cada dos por tres. La villana que da nombre al film se encuentra interpretada en esta ocasión por Sofía Boutella, actriz y modelo argelina que, tras debutar en Hollywood en Kingsman: Servicio Secreto tuvo en La Momia su primer rol importante. Sin ser una gran actriz, su construcción facial y su mirada la aportan un matiz expresivo interesante que el guión intenta explotar intentando darle un cierto aire de sensualidad al personaje que se queda a medio gas. Al menos este se beneficia de tener un diseño muy chulo, especialmente al inicio de la peli cuando apenas es un vulgar cadáver cubierto de harapos, cosa que no se puede decir del otro gran secundario que hace aparición en la cinta. Russell Crowe en su camino al sobrepeso más exagerado se enfunda en un estiloso traje para encarnar al Dr. Jekyll y a su nemesis Edward Hyde poniéndole ciertas ganas al asunto pero quedando lastrado por sus escasos momentos en pantalla y por un diseño perezoso que aun así, gracias a Dios, no repite nefastos errores que el cine tomó en el pasado con el personaje. Cierra el casting la partenaire femenina del protagonista, Annabelle Wallis, actriz conocida principalmente por su participación en las series de Tv Los Tudor y Peaky Blinders a la cual no tengo para nada vista y que recibió una oportunidad de audición para la peli porque el propio Cruise, como fan de dichos programas, lo exigió, por lo que no es de extraño que uno acabe pensando que si acabo en la peli al final fue por la poderosa influencia del actor, y es que no pocas fuentes afirman que Cruise, aparte de aceptar el papel a cambio de que se cumpliera un muy exigente contrato, ejercía prácticamente de déspota cambiando escenas para su lucimiento y corrigiendo decisiones de la productora a voluntad, algo que niegan tanto esta última como el director de la peli, Alex Kurtzman, aunque eso no ha impedido que los conspiranoicos del fandom lo utilicen para explicar el resultado final de la película. Y es que bien es verdad que La Momia, como peli de terror, fracasa estrepitosamente, pero como peli de acción fantástica que intenta copiar el modelo superheroica sale bastante bien parada. De hecho, gana enteros en ritmo y en entretenimiento en cuanto se convierte en una peli de Marvel. Si esto fue debido a la influencia de Cruise, pues bievenida sea.
El director de la cinta, Alex Kurtzman, hace uno de esos trabajos tan planos como solventes tan comunes en el Hollywood actual, aunque bien es verdad que las labores que se le exigían a Kurtzman pasaban más por la coordinación del futuro universo compartido (para lo cual contaba en su currículum con experiencia como showrunner tanto junto a J.J.Abrams en Fringe como a cargo de esa mina de oro que es Hawaii 5.0.) que como director. A cargo del guión encontramos por un lado a Christopher McQuarrie (guionista de Sospechosos habituales y escritor y director de las últimas entregas de la saga Misión Imposible) y por otro a David Koepp, prolífico escritor que ha trabajado mano a mano con grandes de la industria como Spielberg, De Palma o David Fincher. Que semejantes profesionales hayan ido a encontrarse en un proyecto así dice mucho tanto de la pasta invertida en el mismo como de lo que esta gente considera un trabajo de escritura mercenario y puramente alimenticio.
Y así, a lo tonto entre producción, post-producción y marketing, la Universal le había inyectado casi 400 millones de dólares al lanzamiento de su Dark Universe. Una vez La Momia terminó su andadura en taquilla con 410 millones recaudados, cifra ajustada en comparación que acabó traduciéndose en casi 100 millones de pérdidas para el estudio, ya que mucha de esa pasta recaudada, por unas y otras razones, no acabó directamente en los bolsillos de la compañía. Aquí en nuestra patria, la peli metió a casi 1.400.000 espectadores en las butacas, una cifra buena para los tiempos que corren pero que palidece ante los casi 4 millones de culos que sentó la versión de 1999 en los cines.
El público respondió mal ante la cinta. Al ya odio natural que suscita en muchos la persona de Tom Cruise se sumó el que la mezcla de tonos no dejó contentos ni a los fans del cine de terror ni a los del cine de acción y aventura. La crítica directamente la tachó de bodrio falto de originalidad y de estar más pendiente de plantear escenarios futuros que de darle algo de chicha a la película. Bien sabe Dios que esto último es verdad y que, entre guiños y tramas dejadas abiertas a propósito, se ve clara la preocupación del estudio por darse prisa en que quedara claro que esto iba a ser el principio de un plan cinematográfico a gran escala pero, joder, hay pelis de Marvel que son igual de vistosas y están peor construidas y la crítica y el público se deshacen en halagos con ellas.
Y ya digo que, si bien le cuesta arrancar, en cuanto se transforma en una peli de "supers" se convierte también en un entretenimiento puro y duro. No creo ni que sea una peli que merezca 7 nominaciones a los Razzies como tuvo (aunque todos sabemos la puta mierda que son esos premios en realidad) ni tampoco que sea una obra maestra del género pero está chula, hombre ya.
En cuanto al fracasado Dark Universe, parece que se resiste a morir del todo. La Universal no escarmienta y continúa intentando sacar rédito a sus monstruos clásicos. En breves tendremos por las pantallas una nueva versión de El Hombre Invisible que protagonizará Elizabeth Moss y que parece que va ser más una especie de lectura sobre la violencia de género que una peli de terror. ¿Se habrá olvidado ya el estudio del cine espectáculo e intentará ahora conquistar al fan intelectualoide del género? ¿Son los "ultras" de los Ari Aster y los Robert Eggers que pueblan el cine de terror actual el nuevo objetivo de la Universal?
Ya veremos que pasa.




Título: Drácula: La Leyenda jamás contada (Dracula Untold)
Director: Gary Shore
Año: 2014
Guión: Mark Sazama y Burk Sharpless
Intérpretes: Luke Evans (Vlad "El Empalador"/ Drácula), Sarah Gadon (Mirena), Dominic Cooper (Sultán Mehmed ), Art Parkinson (Ingeras), Charles Dance (el Vampiro)

Mencionaba hace unas líneas que antes de La Momia y el fracasado Dark Universe, la Universal ya había tenido un intento previo muy reciente de intentar sacar nueva tajada de sus monstruos.
Es fascinante como con el transcurso de los años Drácula ha pasado de ser un malvado hijo de satanás al que matar a una figura trágica o, como en este caso, directamente un superheroe.
La leyenda jamás contada incorpora la estructura de una peli de orígenes superheroicos y la mezcla con un poco de distorsión histórica para darnos algo más en la línea de Gladiator que de una peli de terror. En ella, Vlad "El Empalador" gobierna Transilvania y mantiene una frágil paz con el imperio otomano. Pero cuando el sultán turco exige que le sea entregado el primogénito de Vlad como rehén, este no dudará no sólo en plantar cara al poderoso enemigo con un puñado de endebles soldados sino también en pactar con un vampiro que mora en unas cuevas cercanas a su castillo para obtener las habilidades sobrenaturales con las que derrotar a los turcos.
Siete años estuvo dando vueltas el proyecto hasta hacerse realidad en los que supongo que habría mil cambios desde la idea original, un "Drácula: Año Cero" dirigida por Alex Proyas, a lo que finalmente salió. El cóctel que nos presenta la Universal en esta ocasión ignora por completo al género del terror y abraza todos los tópicos posibles del cine superheroico más perezoso: personajes maniqueos, la ausencia de una curva de aprendizaje para el héroe e incluso un final abierto que prácticamente anuncia con letras de neón las secuelas por venir. Todo ello narrado por un guión deslavazado, firmado por los autores del libreto de esa magnífica mierda que es Dioses de Egipto, en el que el prólogo y el desenlace son torpes y apresurados mientras que el nudo parece extenderse hasta dar la sensación de que no va a acabar nunca.
Protagoniza la cinta Luke Evans, uno de esos actores que generan simpatía por encima de sus habilidades interpretativas y que habría dado el pego perfectamente como seductor si la peli no hubiese prescindido también de este aspecto del personaje. En su lugar se ve en la labor de encarnar a un líder inspirador, cosa para la que, se ve a la legua, no está tan bien capacitado. Su antagonista es Dominic Cooper, otro de esos actores que caen en gracia y que sufre de tres cuartas partes del mismo problema. Porque para hacer de canallita en Capitán América: El Primer Vengador o en la serie de TV Preacher viene de lujo, pero para hacer de monarca hijoputa y despiadado pues no da la talla aunque lo intente. Redondean el casting Sarah Gadon, mediocre actriz completamente desconocida para mi persona que encarna a la esposa del Empalador; Zach McGowan, uno de los carismáticos piratas de la serie de TV Black Sails al que vemos medio minuto en pantalla haciendo las veces de un Renfield medieval y el veterano Charles Dance, que después de la saga Underworld vuelve a un rol vampiresco metiéndose en la piel de la criatura que otorga los poderes de la noche a Drácula.
Dirige el producto Gary Shore, director venido del mundo de la publicidad y que no ha vuelto a dirigir nada para cines tras La Leyenda Jamás Contada, el cual consigue dar a la peli el lustroso y prístino aspecto del que cualquier producción mainstream a la que un estudio inyecta toneladas de pasta puede presumir, a pesar de que tengamos más de un momento de CGI que de bastante vergüencita ajena.
70 millones de dólares se gastó la Universal en este reboot, triplicando esas cifras en taquillas internacionales. Por nuestras salas, más de 1.120.000 espectadores pasaron para ver las nuevas andanzas del vampiro. Vamos, que fue un éxito en todo regla.
Y sin embargo, la Universal ninguneó a la peli, cerró las puertas a futuras secuelas y aparcó al personaje para centrarse en el naciente Dark Universe y obtener los maravillosos resultados con este que he comentado más arriba.
Drácula: La Leyenda Jamás Contada es aún demasiado reciente para que haya quedado olvidada por el espectador medio, pero no me cabe la menor duda que en futuros años va a seguir ese sendero. Y es que es una peli que, a pesar de tener todos los ingredientes para resultar mínimamente entretenida, fracasa en el intento convirtiéndose en un producto tan poco memorable como aburrido. Sólo hace falta ver la reseña que me ha quedado para darse cuenta de lo poco que da de sí la peli. Una penita.