viernes, 1 de enero de 2021

ESPECIAL FIN DE AÑO: Mis 5 películas favoritas de 2020

Vaya. Vaya añito rico que nos hemos comido. En la puta vida nos habríamos imaginado ninguno la que nos ha caído encima, ¿verdad? Pero bueno, la cuestión no es recordar una vez más las desgracias y sinsabores sufridos (ya se encargan todos, desde las televisiones al vecino que te encuentras al bajar la basura, de hacerlo). Aquí he venido a dos cosas. La primera es darle un poco de vida a este blog moribundo. La segunda es hacer el consabido y obligatorio repaso al año cinematográfico (la única cita que sigo siendo incapaz de posponer a la hora de sentarme a escribir). Un año de cine rarísimo por el largo tiempo que hemos estado sin ellos por el confinamiento, por la falta de estrenos gordos hollywoodienses y por el auge de las plataformas de streaming, de las cuales soy muy poco asiduo a pesar de que en mi hogar existe Netflix y, desde principios de este año que se acaba, Amazon Prime (de ahí que muchas de los largometrajes que muchos otros se han comido a lo largo del año esten ausentes de mi lista). 

En resúmen, la falta de materiales, la falta de un calendario de estrenos que me "obligue" a acudir determinadas veces al año al cine y la falta de ganas por toda la situación vivida ha provocado que este año tuviera que elegir mi top 5 entre una lista de menos de 20 pelis, menos de la mitad de los estrenos que consumí el año pasado. El resultado es un podio rarísimo en el que han entrado films que en otro año ni siquiera los habría considerado para tal efecto. Acompañan al consabido ranking la sorpresa del año (para bien o para mal) y la que he considerado como la gran puta mierda del año, categoría que a punto ha estado de quedar virgen como así ha pasado con las habituales menciones honorables que suelo meter antes del top. Y para finalizar, como siempre, un repaso en unas pocas líneas al resto de pelis que se han quedado fuera de la lista por unas razones u otras.

Sin más, desear a todos un feliz año entrante en el que esperamos que vaya todo mejor, tanto para la salud como para la economía y, por que no, para el cine también, que sigue sin haber nada mejor que enchufarte un par de horitas a ver una peli cojonuda y olvidarte de todos los males.

Y ahora, sin más dilación empezamos con...

5. Aves de Presa (y la fantabulosa emancipación de Harley Quinn) de Cathy Yan

Y a esto es a lo que me refiero cuando hablo de pelis que ni de coña habrían tenido cabida aquí en un año normal. Aves de Presa es una peli injustamente tratada por los comiqueros incapaces de ver más allá de la fidelidad al tebeo (unos subnormales) y los obsesos anti-ideología de género que ven panfletos feministas donde no los hay (más subnormales todavía), sectores ambos a los que les deseo un feliz 2021 lleno de paro y neumonías bilaterales.

La peli no deja de ser un producto de entretenimiento más que potable, posiblemente de los más decentes del DCU (ese intento de universo cinematográfico compartido que, gracias a la desvergüenza de los ejecutivos de Warner, ha acabado pareciendo un pollo sin cabeza) de los últimos tiempos, y nada más que eso. Te la pones, echas un rato divertido, te ríes con los chistes y flipas un poco con las escenas de acción y a las pocas semanas la has dejado de lado por la siguiente tanda de petardos que Hollywood nos echa encima. Quizá por la escasez de esta segunda salva pirotécnica es que ha perdurado más de lo debido en mi memoria.

Margot Robbie se come la pantalla y los ojos del espectador con un papel que ya denomina y le permite lucirse todo lo que quiere y puede, a pesar de que su personaje intenta ser un intento a medio gas del Deadpool que tanto triunfó en el universo mutante de Fox. Ewan McGregor se casca una sobreactuación de villano ridícula de las que hacen leyenda. Junto a ellos un elenco de personajes que queda bastante deslucido, sobre todo cuando lo plantan en la misma escena junto a las dos cabezas de cartel ya mencionadas. Y todo ello rodeado de la estética recargada heredera a partes iguales del formato Guardianes de la Galaxia de Disney y de esa puta infamia que fue Escuadrón Suicida.

Dirigida de manera competente la china-americana Cathy Yan en su debut hollywoodiense y escrita por la misma tía que se encargó hace unos años de la peli del Transformer Bumblebee, la peli estaba predestinada (y yo diría que estudiada para que así fuera) a ser defenestrada por los pesados ya mencionados anteriormente y alabada por las féminas ansiosas de ver la siguiente sucesora de Capitana Marvel en pantalla grande, como así ocurrió en los meses que siguieron a su estreno.

Sin ser la revienta taquillas que Warner esperaba, Aves de Presa tuvo la fortuna de ser una de las últimas pelis de Hollywood en estrenarse en condiciones antes de la pandemia  y de ahí que hiciera unas cifras decentes que aseguran la continuidad de las aventuras de Harley Quinn en el inminente (si el Covid quiere) reboot de Escuadrón Suicida que James Gunn tiene para estrenar en este 2021. Veremos que pasa.

Y como dije, una peli de las de ver, pasar el rato y olvidar que en otro año más normal no habría ni aparecido por aquí.


4. Los Nuevos Mutantes de Josh Boone


Y otra que en un año en condiciones ni habría tenido en consideración para la lista. Ahora bien, lo que diferencia a Aves de Presa de Los Nuevos Mutantes es que a esta última le falta el canto de un duro para ser una peli comiquera cojonuda. 

Lo mejor que se puede decir de ella es que es totalmente distinta a cualquier peli del universo X-Men hecha anteriormente. El concepto de coger a un grupo de personajes mutantes juveniles y cascarse una peli de terror con ellos pedía más atrevimiento y, desde luego, una calificación PG-R. La idea de armar el reparto con las estrellas jóvenes en alza en la televisión del momento era también una baza que invitaba a pensar en el éxito entre el público más millenial.

Y sin embargo estamos ante el gran proyecto maldito de Fox. Su estreno inicial estaba pensado para el 2018 pero entre la compra de Fox por parte de Disney, la presunta desgana de los ejecutivos de la primera para con el proyecto (la misma que presuntamente mandó a X-Men: Fénix Oscura a la verga), los consiguientes remontajes y rerodajes de escenas y la sensación patente de un equipo y reparto cada vez más desapegado del proyecto y centrado en otros asuntos acabó por enterrar a la peli en el abismo. La que estaba concebida a ser el puntal en el que montar una de las ramas futuras del Universo X-Men en el cine acabó en el limbo y a punto de ser relegada de las grandes pantallas a las plataformas de streaming.

Y es una pena, porque la cinta tiene un diseño de producción muy conseguido para lo humilde (en comparación con las producciones de Disney para que nos entendamos) que es, una ambientación inquietante bien plasmada, una dirección bien planificada y un reparto, encabezado por una deliciosa Maisie Williams alejada del registro de la empoderada Arya que tantó caló en los fans de Juego de Tronos y una Anya Taylor-Joy en estado de gracia, que mola un puñado. Bien es verdad que se notan los remontajes, sobre todo en el desenlace deslavazado que intuyo que es un sustitutivo del cliffhanger que enlazaría con la supuesta secuela que nunca será. Bien es verdad que, como he dicho, le falta más grafismo (una violencia más descarnada y chunga le habría dado más vidilla a la cosa) y más vicio (tenemos dos polvos adolescentes cortados por el guión que otra mente más preclara habría mantenido para terminar de enlazar la cinta con el terror juvenil de décadas pasadas). Pero con sus defectos tiene más intenciones y personalidad que mucha de los productos superheroicos que llegan a nuestras pantallas.

A mí me gustó mucho sin ser una gran película ni por asomo, y es bastante probable que añada una copia suya en Blu-Ray a mi colección en un futuro. Mayor halago que este no se le puede dedicar.

Dirigía para la ocasión Josh Boone, un tipo que venía de hacer pelis románticas y que, después de esto parece haberse asentado en el terror con la adaptación del Apocalipsis de Stephen King que está emitiendo ahora mismo la CBS. La peli fue una de las que se estrenaron en verano tras la reapertura de los cines y como tal, tuvo unas cifras en taquilla bastante pobretonas, aunque según tengo entendido, lo petó en su salida en streaming en Amazon Prime. 

Nada me haría más feliz que tener en un futuro una continuidad de la cinta en formato serie, con una califiación adulta y toda la visceralidad que le falta a esta incluida. Pero me da que es una esperanza vana, pues a pesar de que los planes de Disney pasan por el lanzamiento de una plataforma streaming de contenido más adulto, la tentación de incluir a los mutantes en la mina de oro que es el MCU es demasiado grande. Una pena, penita, pena.

3. El Faro de Robert Eggers

Y una más que otro año habría estado fuera. Ya avisé de que consideraba infame la lista de este año.

Robert Eggers me voló la cabeza con su debut cinematográfico, La Bruja, una peli de terror reposada y atmosférica estupenda que fue una de mis favoritas de su año. Con su segundo proyecto ya me tenía comprado desde que lanzó ese trailer que nos invitaba a pensar que se trataba de una peli de corte lovecraftiano.

Bien, pues la idea que tenía en la cabeza y la realidad final de la película poco tenían que ver. En primer lugar yo, personalmente, no considero a El Faro una peli de terror. En todo caso sería una especie de thriller psicológico con muchos y muy marcados toques autorales. De la misma forma creo sinceramente que en esta ocasión las decisiones directivas de Eggers no sólo no aúpan al conjunto de la obra sino que dejan a aflorar la pedantería y el ego que el autor tiene dentro. Al final si uno lo piensa un rato la elección de un formato inusual para la peli y el rodarla en blanco y negro no tienen razón de ser más allá de ser una marcapaquetada estilística (en contraposición por ejemplo a una peli de este mismo año como es Mank que, a pesar de lo postmoderna que es, está rodada con técnicas parecidas porque intenta imitar una época en la que las películas se rodaban así). Igualmente el subtexto de la peli es de esos que están tan enterrados en la forma presentada que no queda claro a la primera ni aunque te lo suelten los personajes a la cara literalmente. 

Aunque con este alegato parezca que estoy mandando al carajo a la peli más que alabarla, al final esta tiene suficientes cosas buenas para tenerte pegado a la pantalla a pesar de ser un producto densito como es. Mismamente, con todas sus cosas, tiene ideas visuales muy buenas; planos cojonudos de los de enmarcar y colgar en la pared y un dueto interpretativo magistral que es, al final, lo que verdaderamente va a quedar en el recuerdo de esta película. Por un lado, Willem Dafoe, con mogollón de años de carrera y halagos a sus espaldas, y por otro el ya no tan joven Robert Pattinson, que ha visto en este 2020 su consagración como actor a tener en cuenta y apunta a que, proximamente, tiene todas las papeletas para convertirse en uno de los grandes del momento (quien lo habría dicho cuando lo vimos en Crepúsculo, ¿verdad?). Ambos están para llevarse un Óscar a su casa cada uno de ellos.

Es muy peligroso acercarse al cine de género desde esa perspectiva autoral. Tienes que ser muy bueno para que te salga algo potable, y aún así, siempre te queda el riesgo de que si sacas el pie del tiesto más de la cuenta acabes convirtiendo una peli buena en algo odioso. El Faro se acerca peligrosamente a este límite pero acaba al final en el lado digno de la raya, aunque, como llevo diciendo durante todo el post, en otro tipo de año se habría quedado fuera de la lista.

Mucho mejor me habría caído la peli si en verdad hubiera habido un monstruo cthuliano oculto en lo alto del faro como yo me imaginaba.

2. Jojo Rabbit de Taika Waititi


Esta si es probable que hubiera metido en la lista en un año normal (no se si tan alto en el podio, eso sí), y al igual que la que está en primer lugar, es una peli de 2019 que se estrenó en nuestro país en 2020. A todos aquellos que digan que eso no la califica para figurar en la lista les digo que le den a la cruz de la pestaña de arriba y se vayan dando las gracias al salir.

Curiosamente sea el film del que menos tengo que decir de toda la lista. Taika Waititi escribe, dirige y se reserva el papel de Hitler en esta comedia protagonizada por un niño nazi que, con la tontería, se convierte en la mejor película que se ha cascado en lo que lleva de carrera. El niño protagonista, Roman Griffith Davis, es entrañable y consigue el nada desdeñable logro de ser un personaje infantil principal para nada odioso. Scarlett Johansson nos enseña la pedazo de actriz que había oculta debajo del rictus de la Viuda Negra y demuestra que es con cosas como esta y no con coñazos de arte y ensayo con lo que se va a quitar el encasillamiento del MCU. Entre los secundarios, encontramos a otro joven talento en alza, Thomasin McKenzie; al crack de Sam Rockwell alzándose como siempre haciendo de comandante de las juventudes hitlerianas; al contrahecho de Stephen Merchant haciendo lo mismo como agente de la Gestapo; a Rebel Wilson consiguiendo no darme asco por primera vez en su carrera y al mencionado Waititi con el que te partes el culo bien a gusto.

El diseño de producción mola un montón, el trabajo de dirección es estupendo, el humor presentado funciona que te cagas y al final la peli resultante es divertidísima. ¿Que más le podemos exigir a una peli de 2020?

1. 1917 de Sam Mendes

Y por fin una GRAN peli de verdad. De hecho, la única de todas las que he visto este año que me ha dado sensación de cine bueno de verdad al cien por cien.

Sam Mendes se sacó la chorra a principios de año con este alarde de profesionalidad con este drama bélico montado en falso plano secuencia que se convirtió, desde el momento en que la vi, en una seria candidata a todos los premios de dirección posibles del año. El trabajo tras la cámara es encomiable y el de la sala de montaje es igual de excelso, pero es en la fotografía donde la peli te deja con la mandíbula caída en el suelo (la escena nocturna debe ser una de las secuencias más logradas de la última década con diferencia). "Mis dieces" a Roger Deakins, el responsable de la fotografía de este peliculón y autor también del trabajo fotográfico de otros peliculones en lo visual como son el Valor de Ley de los Coen, Blade Runner 2049 o Skyfall, tambien con Sam Mendes.

Llevan la voz cantante en la peli dos jóvenes protagonistas, George Mackay y Dean Charles-Chapman, que llevan con la solvencia de un actor el doble de veterano que ellos el no salir practicamente de plano durante todo el metraje de la peli . Les acompañan una serie de breves pero intensos cameos que no voy a desvelar, pues parte de la gracia de la peli está en lo inesperado de estos mismos.

Con todo, resulta ser la peli bélica más inmersiva que recuerdo haberme echado a la cara nunca, y posiblemente también una de las más crudas. Mendes ha firmado un clásico moderno, que no le quepa duda a nadie, y como tal, 1917 ha sido reconocida en pasadas galas de premios con sendos galardones, incluyendo un merecidísimo Óscar a la fotografía del señor Deakins. La única peli verdaderamente imprescindible de este año. No había competencia posible.

LA SORPRESA DEL AÑO: Tenet de Christopher Nolan


Normalmente este hueco lo suelen ocupar pelis mediocres o buenas que me han sorprendido para bien por encima de lo que me esperaba de ellas en un principio. Este año es todo lo contrario.

Antes de entrar en detalles decir que soy más defensor que detractor de Nolan y que Tenet al final es una peli entretenida que se puede ver sin problemas y sin sufrir ningún daño por ello. El problema es que Nolan en su afán de darle la vuelta a conceptos ya sobados con tal de no hacer una peli corriente y moliente se ha cascado un thriller de acción de casi tres horas de duración con un concepto de viajes en el tiempo que te genera más sombras que luces a lo poco que pienses en él y que, una vez puesto en práctica, se muestra ridículo en la gran pantalla, más aún cuando el responsable es alguien como Nolan que no se caracteriza por ser un excelso director de acción. La trama no es ininteligible como muchos dicen, pero peca de dejar al espectador innecesariamente en la sombra y de cascarse momentos de "explicación" que dan más risa que otra cosa.

Tampoco ayuda a la cosa un casting presidido por un John David Washington soso como el pan sin sal y acompañado por la rubia gigante Elizabeth Debicki, que interpreta a un personaje que da pena que no haya sido escrito para una peli mejor que esta; un sobreactuado Kenneth Brannagh al que alguien debería avisar ya de que no siempre puede actuar como si estuviera haciendo Shakespeare encima de un escenario y un Robert Pattinson que, sin comerlo ni beberlo, se convierte en el mejor elemento del film, consagrando así un poquito más su ascendente carrera como actor.

Con todo esta peli tenía más problemas en el escaparate que en la tienda en sí. En primer lugar el hype que se generó ha acabado siendo contraproducente. El elevado secretismo con el cual se produjo y rodó el proyecto hizo pensar a los fans de turno en una presunta nueva revolución cinematográfica de la cual Tenet está a años luz. Igualmente, Nolan, en su afán de protagonismo, se auto erigió como el héroe que venía a salvar a la industria del cine del desastre pandémico. El resultado, sumado al efecto de la Covid: pérdidas para Warner de casi 100 millones de dólares tras su paso por los cines y unas críticas muy polarizadas entre los que la consideran una maravilla y una puta mierda pinchada en un palo.

Ni tanto ni tan calvo. Tenet es una peli decente por mucho que yo esperara algo más de ella. Lo que si es verdad es que bien le vendría a Nolan volver a hacer una peli sencillita y complaciente como El Truco Final, Insomnio o los Batman y dejarse de intentar retorcer el lenguaje cinematográfico con cada nuevo trabajo, porque corre el riesgo de que, a causa de ello, se acabe cascando el gran bodrio al cual muchos nos tememos que va a a acabar llegando.

LA PUTA MIERDA DEL AÑO: Capone de Josh Trank

Como dije al principio, pensaba que este espacio se iba a quedar vacío por primera vez a causa de la baja producción cinematográfica del año. Pero gracias a dios, siempre acaba asomando alguna boñiga por alguna parte.

Josh Trank debutó en el cine con un found footage de superheroes muy chulo como es Chronicle, y acabó quemado de la industria después de que Fox supuestamente alterara hasta la deformidad su adaptación de los Cuatro Fantásticos convirtiéndola en el coñazo marinero que resultó siendo al final. De ahí que se lanzara a planear en 2016 un proyecto personal como era este biopic de los últimos momentos de la vida del gangster Al Capone. En 2018 consiguió levantar el proyecto, que tenía como fecha de estreno este 2020. El Covid se lo llevó por delante, pero no antes de que empezaran a circular los rumores procedentes de los mercados del cine de que el tipo se había marcado una pedazo de mierda inmensa. Al final acabó estrenándose directamente en Video On Demand y llegó a nuestros lares de la mano del tío "Torrente"...y ratifico que es una bazofia de mucho cuidado.

Como cualquiera que vaya a la Wikipedia puede comprobar, Al Capone murió con el cerebro podrido por la sífilis, y Trank considera que la mejor manera de mostrar eso es con una peli que no cuenta nada y que alterna los delirios visuales propios de un mal cineasta autoral con escenas cotidianas con la estructura de un sketch de José Mota que bien pueden terminar con el mafioso sufriendo un ictus o cagándose encima o alguna desgracia parecida. En el fondo de la peli no hay un afán por humanizar al personaje pero tampoco por mostrarlo como el hijo de puta que fue. Por lo que muestra, podría ser un mes en la vida de cualquier anciano con demencia senil. A Capone le acompañan una serie de personajes secundarios que parece que van a aportar algo de chicha a la trama pero no llegan a lograr nada, siendo el colmo una trama secundaria con un supuesto hijo bastardo del mafioso que ni se resuelve ni aporta nada más que minutos de metraje vacíos de contenido.

Capone debe ser uno de los biopics más desafortunados de la historia del cine, pero la puntilla la pone sin duda Tom Hardy. Mira que se ha cascado papelones en el pasado y ha demostrado ser un actorazo, pero aquí está para reventarle el cráneo con dos piedras, impostando la voz como un teleñeco (y según que plano maquillado como tal), hablando un italiano macarrónico y acometiendo escenas como una en la que un Capone vestido con bata y un pañal cagado se imagina tiroteando a un grupo de sicarios con una tommy gun dorada como si no hubiera nada raro en ellas, tomándoselo todo demasiado en serio. ¿De verdad se imaginaba este hombre que estaba haciendo un papelón para una gran película?

Ha habido pocas cosas claras en este 2020, pero una de ellas es que raro será Josh Trank después de su espantada por la puerta de atrás de Hollywood y de esta pedazo de infamia vuelva a tener la oportunidad de hacer algo reseñable. Ojalá me equivoque, porque la verdad es que el chaval prometía al principio de su carrera, pero merecido lo tiene.


LO QUE SE QUEDÓ EN EL TINTERO...


-Wonder Woman 1984: Peores ingredientes que los que ofrecía la primera entrega de las aventuras de la amazona componen una secuela bastante peor que su predecesora en la que un Pedro Pascal sobreactuado hasta niveles "Nicolas Cagesianos" se alza como lo mejor de la película. Le sobra media hora perfectamente pero se deja ver sin problemas. Eso sí, por Dios, que para la siguiente alguien haga algo con ese doblaje nefasto de Gal Gadot y sus coetáneas de Themyscira.

-Mank: Fincher firma el primero de sus trabajos de su contrato leonino de exclusividad con Netflix con este biopic construído a partir de un guión escrito por su difunto padre sobre los años de gloria de Herman Mankiewicz, el guionista de Ciudadano Kane. Una factura postmoderna para reflejar el Hollywood dorado envuelven una peli que casi aburre más que entretiene y que puede ser un tostón de cuidado si ni siquiera estas familiarizado con las figuras de la época. Cuando la HBO se cascó un telefilm en los 90 que cuenta casi lo mismo pero logra ser diez veces más entretenido es que algo raro pasa con tu peli. No obstante, Gary Oldman está estupendo.

-Underwater: Survival horror submarino con un intento de Cthulhu. Kristen Stewart está algo mejor que de costumbre a pesar de parecer más una paciente de quimioterapia que una científica. Por lo demás, una peli de SyFy hecha con pasta y con gente competente a los mandos. Un matatardes de domingo.

-El Hombre Invisible: Producción de Blumhouse que toma el relevo al fracasado Dark Universe de la Universal. Alabo que en pleno 2020 sigan encontrando formas de darle una vuelta a la historia del hombre invisible para lograr algo original con ella. Condeno que el único atisbo de terror lo huela en los minutos iniciales en los que al hombre invisible ni lo olemos todavía. Podía haber sido una peli de terror estupenda con la violencia de género como protagonista sin tanto artificio de por medio. A camino entre el "meh" y el "no me gusta".

-The Owners: Maisie Williams no es tan buena actriz aún para conseguir levantar ella sola este home invasion británico típico y tópico. Mala con avaricia.

-La verdadera historia de la banda de Kelly: Justin Kurzel se cascó años atrás un Macbeth brutal en lo formal y en lo estético. Después de eso todo ha ido de mal en peor. Esta reinterpretación de la historia del forajido Ned Kelly me recuerda a esos montajes operísticos modernistas que destrozan la obra original. A pesar de estar estupendamente dirigida, esta historia pedía algo más mainstream y no la pedantería autoral que es. Lo mejor, la risible obesidad de Russell Crowe. Un coñazo soberano pero muy bonito de ver. Sería un gran salvapantallas animado.

-Ammonite: La oportunidad de presentar un icono feminista desconocido para el público estándar tirada por el retrete en pro de una historia de amor LGTB de estructura ya sobadísima hoy día. Kate Winslet destaca pero no deslumbra y el "nude debut" de Saoirse Ronan es incandescente. Por lo demás, bastante aburrida.

-Saint Maud: Cinta de terror que sigue la línea autoral tan popularizada en estos últimos años. Su corta duración consigue que parezca más ágil de lo que es en realidad. El rollo religioso "creepy", el papelón de su protagonista y los tres o cuatro momentos impactantes que tiene hace que me caiga en gracia. Está chula.

-Possessor: Me sigue flipando que en el momento de la carrera de David Cronenberg en el que más cultureta es, sea su hijo Brandon en el que nos de todo lo que esperábamos que siguiera haciendo su padre. Una propuesta muy chula, efectos prácticos de la vieja escuela, violencia burrísima cuando hace acto de presencia, un desarrollo lento y un desenlace algo anticlimático pero coherente con lo presentado. En consecuencia, una peli de terror decente, maja, pero no la leche como todos los fans del terror idiotas dicen.

miércoles, 27 de mayo de 2020

I SPIT ON YOUR GRAVE: DEJA VU de Meir Zachi



Título: I Spit on your grave: Deja Vu
Director: Meir Zachi
Año: 2019
Guión: Meir Zachi
Intérpretes: Camille Keaton (Jennifer Hills), Jamie Bernadette (Christina Hills), Maria Olsen (Becky), Jonathan Peacy (Kevin), Jim Tavare (Herman), Jeremy Ferdman (Scotty)

Cuando uno habla del infame subgénero del rape and revenge, es inevitable que salga a relucir la saga de I spit on your grave como uno de los ejemplos fundamentales, sino el más relevante, del mismo. La violencia del sexo (como se la conoció cuando se estrenó aquí en España) fue una peli que costó poco y funcionó regular en el circuito grindhouse americano, pero su caracter de largometraje extremo y las escandalosas reacciones la dotaron de inmediato de una pátina que con el tiempo acabaría derivando en una consideración como película de culto. Es esto último lo que llevó al director, productor y guionista de la película, el israelí Meir Zarchi, a involucrarse produciendo un remake de su ópera prima. Si bien el I spit on your grave original es un film que no he visto (y que me da una pereza extrema visionar), si que tengo el concepto de él como un producto que, más allá del efecto escándalo que pudo tener en su tiempo, es aburrido y torpe, hasta el punto de rozar la vergüenza ajena visto a día de hoy. Lo que sí he hecho en estos últimos años es comerme una tras otra toda la tanda de pelis que esputó el mencionado remake.
No se como será La violencia del sexo, pero su sucesora es un film con un par de cojones que consigue ser extremadamente crudo y desagradable en base a tener a unos intérpretes capaces delante de las cámaras y a alguien que no es un completo negado detrás. Fue una peli que, una vez más, no funcionó de cara a la crítica ni excesivamente bien en lo económico, pero que debió calar lo suficiente entre el fan del cine de terror, siempre en busca de lo último en lo referente a violencia extrema y casquería, para que los productores se dieran a continuar con lo que era una franquicia emergente. Así, la secuela del remake, I Spit on your grave 2, trasladaba la acción a Europa del este con mucho menos presupuesto de por medio y un elenco infinitamente menos capaz que los involucrados en su predecesora, lo que la convirtió en una cinta aburrida que destilaba cutrerío por todos sus poros a pesar de las cafrerías que mostraba en pantalla. Esa misma cutreza y zetosidad quedaba patente en la tercera parte, I spit on your grave III: Vengeance is mine, que salió un par de años después con un despliegue de medios y una factura idéntica a su predecesora, solo que esta conseguía solventar esos defectos y convertirse en algo decente a base de una mala leche inexistente en la segunda parte y subvirtiendo el personaje de la protagonista, la cual, a raíz de su traumática experiencia acababa llevando su venganza un paso más allá, convirtiéndose en una asesina misándrica que veía en cualquier hombre, desde un vagabundo de la calle hasta un compañero de la oficina, en un potencial violador al que matar. Eso sí, esta última supuso el fin de la asociación entre Meir Zachi y la compañía Anchor Bay, su distribuidora hasta el momento, que supongo que se hartó de perder dinero.
Claro que el israelí no podía dejar las cosas quietas, pues a lo tonto llevaba desde los años 70 viviendo de la asociación de su nombre a la marca I spit on your grave y el subgénero que representaba. Y así, en 2015 (el mismo del estreno de I spit on your grave III), el susodicho decide marcarse un "Juan Palomo" dirigiendo, guionizando, montando, produciendo y distribuyendo el solito una nueva entrega de su saga. Para ello se amolda a las circunstancias del género de terror apuntándose a dos tendencias muy habituales en la actualidad. Así, I Spit in your grave: Deja Vu es, por un lado una secuela directa tardía que ignora toda la tanda de remakes y secuelas de la pasada década, y por otro un intento de recuperar al personaje original, contando para ello con Camille Keaton, la señora que protagonizó La Violencia del sexo allá por 1978. Ni que decir tiene que los medios con los que contaba eran más ínfimos que nunca y que no existía la más mínima posibilidad de que eso se pudiera estrenar en cines, por lo que, tras tenerla tres años en post-producción cogiendo polvo, tuvo que lanzarla directamente en DVD/Blu-Ray y en aquellas plataformas de streaming que se dignaron a comprarla.
La trama de la peli nos muestra como cuarenta años depues de habers vengado de sus violadores, Jennifer Hills se ha convertido en una escritora de éxito a base de explotar en papel sus desventuras. A consecuencia de esto, los familiares de los violadores muertos deciden, tras todo ese tiempo, ir a buscar a la susodicha y cargarsela para vengar a sus difuntos, secuestrando de paso a la hija de la susodicha a la cual, para más inri, violan y abandonan en el bosque, lo que provocará el reinicio del ciclo de retribución y muerte cuando esta última, seguidamente, tome las armas.
Cual fue mi incredulidad cuando, a los pocos minutos de empezar el visionado, me doy cuenta de que lo tengo delante de mis ojos es una puta peli amateur en toda regla. Rodada torpemente en el video digital más cantoso de todos los que puede haber en el mercado, casi diría que directamente en el puto campo sin permisos de ningún tipo ni nada (hay una escena en la que los malos le pegan una paliza a una de las protas mientras pasan coches sin parar por la carretera que hay justo detrás suya que pone de manifiesto esto último). Con un elenco que es un auténtico festival de sobreactuaciones, empezando por la pobre Camille Keaton, más mala actriz que su puta madre, cuya carrera quedó condicionada tras La Violencia del sexo, viéndose obligada a aceptar papeles similares al que la hizo conocida y, ya en tiempos recientes, reducida a vulgares cameos en pelis de terror y a malvivir profesionalmente a costa del fandom, y terminando por Jamie Bernadette, una actriz de tres al cuarto feucha, bajita, cabezona y sin cuello que el guión de la peli nos quiere colar como una supermodelo de fama mundial, cosa que no resulta creíble en ningún momento. Y si las protas son malas intérpretes, los secundarios ya son para darles de comer aparte, destacando por encima de todos Jonathan Peacy, un barbudo que parece sacado de una peli de Rob Zombie y que parece sufrir de epilepsia de lo exagerado que está en su interpretación de redneck, y Jim Tavare, un grandote calvo que acomete una de las peores interpretaciones de retrasado mental que he tenido la desgracia de echarme a la cara. Incluso el propio Meir Zachi se reserva un papel minúsculo dentro de su propia película, ahorrándose de paso el contratar a un secundario más.
La posible violencia de la que pudiera haber hecho gala la peli queda reducida al mínimo, ya no se si por carencia de medios, de talento o de ideas. Lo más chungo que se llega a ver es una decapitación que ocurre casi íntegramente fuera de cámara. La escena de la violación, momento recurrente de la saga que tan mal cuerpo dejaba en el remake de la original, aquí es tan falsa y ridícula que más que desagrado provoca risa. Vamos, que toda la capacidad de escandalizar de la que podía presumir la peli original brilla aquí por su ausencia.
Es un suma y sigue constante de palpables carencias. Por no tener la peli no tiene ni banda sonora. Y si por lo menos hubiera sido entretenida pues podría haber tenido un pase, pero es que ni eso consigue. 
Veamos, cualquiera de sus predecesoras en la saga tiene una duración de, a lo sumo, 90 minutos. I spit in your grave: Deja Vu, sin embargo, se alarga hasta unas insoportables dos horas y media en la que los breves momentos de violencia y acción están intercalados por minutos y minutos de chapa de los personajes, monólogos eternos de los villanos justificando sus acciones y contándonos a viva voz la peli original (momento que aprovecha el director para insertar con calzador planos y secuencias sacados directamente del metraje de esta) y larguísimas tomas de la prota corriendo en bolas por el bosque y de los malos conduciendo quads y furgonetas mientras la persiguen. Recursos que podemos ver una y mil veces en chungueces zetosas por el estilo y que hasta cierto punto son excusables cuando tienes que rellenar metraje como sea para que la peli llegue a la duración mínima, pero que resultan inexplicables en una cinta de 150 minutazos. Es que para mi que el director directamente cogió todo el metraje grabado, lo montó sin recortar escena alguna, le metió las cuatro o cinco secuencias extraídas de la original y se quedó con lo que salió como resultado final. 
Un coñazo de los de sufrir que me tuve que ver en cuatro cachos para poder terminarla y que, esta vez, ni el fandom ha respaldado, destruyéndola sin piedad. Entre ventas en formato físico y en streaming, la peli dejo a la producción algo más de 74.000 dólares en recaudación. Viendo la precariedad y los ínfimos medios de los que dispone yo diría que hasta les salió rentable la jugada.
Mira que la saga ha tenido momentos bajos, pero nunca nada tan terrible como esto. Debería ser el punto y final de la explotación de la misma, pero viendo el caracter exploiter de su director, que a lo tonto lleva viviendo, al igual que su protagonista, cuarenta años de la fama, o infamia según se mire, de una única película, yo no las tendría todas conmigo. Lo que está claro es que si en algún momento decide continuarla será en los mismos términos baratos y amateuroides. Y yo ya no se si caeré, porque la verdad, hay formas muchos más sencillas de aburrirse como una ostra. 



viernes, 3 de abril de 2020

LOS DEMONIOS DE LA NOCHE de Stephen Hopkins



Título: Los Demonios de la Noche (The Ghost and the Darkness)
Director: Stephen Hopkins
Año: 1996
Guión: William Goldman
Intérpretes: Val Kilmer (Coronel John Henry Patterson), Michael Douglas (Charles Remington), John Kani (Samuel), Bernard Hill (Dr. Hawthorne), Tom Wilkinson (Robert Beaumont), Emily Mortimer (Helena Patterson)

La naturaleza tiene la costumbre de vez en cuando de mandarnos un recordatorio de que aún existen lugares en el campo donde, si te pones a mear en pleno campo, te puede comer algún bicho vivo. Si dejamos de lado el tópico de "el mayor asesino del reino animal es el hombre" y demás consignas ecologistas que ahora mismo no vienen a cuento, en la historia moderna hemos tenido unas cuantas matanzas salvajes perpetradas por animales en sitios donde los humanos se pusieron a pasearse en masa aunque no debieran.
Por ejemplo, los Estados Unidos tuvieron su calvario en la famosa tragedia del buque USS Indianapolis, que se hundió durante la Segunda Guerra Mundial en pleno mar de las Filipinas proporcionando un festín así para los tiburones tigre que habitaban en la zona, los cuales, según las crónicas, llegaron a zamparse a 150 soldados en la debacle. Por aquellas mismas fechas, los japoneses también tuvieron ocasión de servir de comida para bichos cuando, en plena retirada de la Batalla de la isla Ramree, un batallón entero de soldados nipones tuvo la feliz idea de atravesar un pantano infestado de cocodrilos de agua salada, que se comieron a un número aún indeterminado de señores. Aún con todo, en ambas situaciones la fatalidad combinó lugares con gran población animal y un gran aporte de comida fácil de obtener, algo que no se puede aplicar al caso de los leones de Tsavo.
Para situarnos en contexto, a finales del siglo XIX, media europa intentaba sacar su propia tajada del continente africano. Inglaterra no era ajena a esto y tenía el ojo puesto en fortalecer su red ferroviaria en sus colonias africanas. Sin embargo, la construcción del ferrocarril fue paralizada cuando un par de leones de la zona empezaron a entrar en los campamentos de los trabajadores para cazar a los susodichos, escapando impunemente de los militares a cargo de la protección de la obra una y otra vez. Cuando la cosa llegó a niveles intolerables para la cúpula británica, el coronel John Henry Patterson, encargado de supervisar las construcciones, encabezó una prolongada cacería en la que ambos leones acabaron siendo abatidos. Si bien las crónicas parecen haber exagerado el número de víctimas de los leones de Tsavo, si que hay más de un experto que teoriza que tal número de presas superaba con creces lo necesario para satisfacer las necesidades alimenticias de un león normal y corriente. Dicho de otra forma, o bien pasaba algo muy raro con estos felinos en particular, o bien le habían cogido el gusto a la caza del hombre y lo hacían por placer.
En cualquier caso, una historia acojonante y perfecta para trasladarla a la gran pantalla. Al menos eso es lo que pensó William Goldman (autor de los guiones de Todos los hombres del presidente y Dos  hombres y un destino, así como de las novelas Marathon Man y La Princesa Prometida, que inspiraron sendas adaptaciones), cuando elaboró y presentó el proyecto a la Paramount en los años 90. Al estudio le gustó la propuesta y empezó a trabajar en ella con ánimos. Al principio querían poner a Brian de Palma a cargo y a Kevin Costner de protagonista pero, tras unas cuantas tentativas a estos y otros profesionales del sector (como ocurre siempre), se tuvieron que conformar con Stephen Hopkins y Val Kilmer. Para más inri entró en el juego la figura de un Michael Douglas completamente alzado (era su mejor momento, justo en la época de Instinto Básico y Un día de furia y con pelis como Black Rain y Wall Street aún cercanas en la mente del espectador), que directamente puso pasta en la mesa y, jugando la baza del productor ejecutivo, exigió que se le diera el papel del cazador Remington, que Goldman compuso originalmente con Burt Lancaster en mente, y que se le aupara de mero secundario a co-protagonista. El guión se retocó y escenas adicionales se tuvieron que añadir a este hasta tal punto de que el propio director acabó hasta los huevos de Douglas y medio renegando de la peli, y eso que hablamos de un señor que venía de dirigir Pesadilla en Elm Street 5 y Depredador 2, que se encuentran bastante alejadas de lo que viene a ser obras memorables. Vamos, que bien quemado tuvo que terminar.
Aún así, gracias a Dios que hicieron esos cambios, porque desde el momento en el que el eje de la película se traslada de las penurias que la construcción del ferrocarril debe solventar con los leones de por medio al "bromance" que se establece entre los personajes de Val Kilmer y Michael Douglas la peli gana enteros sin esfuerzo apenas. Y es que dirán lo que quieran, pero el look de Douglas con melenaza y completamente impregnado de la cultura africana le sienta como un guante al registro, por otro lado limitadito, del actor. Todo lo contrario que Val Kilmer, que entre la media sonrisa bobalicona y las exageradas gesticulaciones de las que hace gala de vez en cuando, parece un autista antes que un reputado coronel británico. Una pésima interpretación, aunque incluso esto parece tener explicación pues el propio Hopkins afirmaba que Kilmer entró en la producción de Los demonios de la noche justo tras terminar el rodaje de esa legendaria puta mierda que es La isla del Dr. Moreau (la versión noventera) y en medio de un proceso de divorcio, por lo que estaba completamente agotado a todos los niveles posibles y, por momentos, parecía completamente ido y ajeno del rodaje. Mayor mérito para el protagonista y el director que, aún así, consiguieron sacar adelante la peli entera con todas sus complicaciones para ambos.
Y hablando de este último, decir que ejecuta aquí un trabajo clásico de artesano de Hollywood, con alguna de las decisiones estilísticas propias de aquellos años (algún ralentí que estorba, algún trucaje de cámara que se ha quedado viejo e incluso, me pareció detectar, algún plano con CGI primitivo que también canta bastante), pero más que funcional y profesional. Después de esto tuvo una buena racha de proyectos cinematográficos encadenados a finales de los 90 hasta que se metió a primeros de los 2000 en TV con la serie 24 y dejó el cine salvo por un par de ocasiones completamente irrelevantes. 
Para rodar las escenas con los leones (lo siento, animalistas) se contó con la presencia de dos leones de zoológico amaestrados para tal efecto, Caesar y Bongo (que también aparecieron por la misma época en George de la Jungla), y de la inestimable labor del gran técnico de efectos especiales Stan Winston (que ya sólo con las sagas de Terminator, Jurassic Park y Depredador tiene currículum y logros para aburrir), que se cascó unos animatrónicos felinos que no cantan nada de nada en ninguno de los planos en los que se les utiliza (si alguno se atreve, que coja pelis de esa misma década donde se usan también leones de pega, como Jumanji, y haga la comparación de efectos para comprobar lo bien hechos que están aquí).
Tras su estreno, la crítica destrozó la película poniéndola como poco menos que una puta mierda y un insulto a la ya clásica fórmula cinematográfica de la "aventura africana". Aun así, la peli gozó de un éxito de público moderado, recaudando algo más de 75 millones de dólares partiendo de un presupuesto de 55.  Aquí en España la vieron algo más de 729.000 espectadores. Poco me parece para una peli grande de estudio con dos actores de moda de la época en el cartel, pero también es verdad que el tema de la misma era quizá algo arriesgado para el público estándar. En formato doméstico se editó en su momento tanto en VHS como en Laserdisc y DVD. Eso sí, una vez y no más ,así que si alguno está interesado en ella le toca rebuscar en los mercados de segunda mano y coleccionismo.
Personalmente es una película que he visto varias veces en mi vida, quedando satisfecho en todas y cada una de ellas. Bien es verdad que hoy día puedo verle las costuras a la dirección o notar las deficiencias actorales de Val Kilmer, pero a grandes rasgos me parece un producto super entretenido de consumo y que gestiona muy bien la tensión de la trama, algo especialmente a tener en cuenta en las pelis con animal asesino de por medio, tan propensas a las exageraciones y excentricidades de las "monster movies". Una peli olvidada de la segunda mitad de los 90 (recordemos, una época considerada nefasta para la historia del cine) que yo creo que merece que le guardemos un lugar en la memoria de cierta relevancia.


sábado, 21 de marzo de 2020

Dobles Programas Bizarros (VIII): THE RUNAWAYS de Floria Sigismondi + CATS de Tom Hooper


Título: The Runaways
Director: Flora Sigismondi
Año: 2010
Guión: Flora Sigismondi
Intérpretes: Dakota Fanning (Cherie Currie), Kristen Stewart (Joan Jett), Michael Shannon (Kim Fowley), Stella Maeve (Sandy West), Scout Taylor-Compton (Lita Ford), Riley Keough (Marie Currie)

¿Recordáis cuando el estreno de un biopic sobre un grupo de rock era un acontecimiento al que prestar atención y no algo a punto de convertirse en una rutina anual?
Han tenido que pasar años para que peña de la talla de Elton John o Queen a la que todo dios conoce tengan su propio biopic, pero desde que a algún iluminado se le ocurrió trasladar la vida de una afamada estrella del rock a la gran pantalla (que ignoro quien sería y no tengo ganas de buscarlo) hasta el día de hoy hemos tenido de todo pululando en cines con mayor o menor revuelo, desde el biopic de The Doors de Oliver Stone hasta la interpretación de la vida de Johnny Cash que protagonizó Joaquin Phoenix en En la cuerda floja, pasando por, por ejemplo, Sid y Nancy, centrada en la turbia vida del cantante de los Sex Pistols. Muchas de estos productos ni los he visto ni tengo prisa por hacerlo, pero en mi afán por indagar en cosillas que el público pasó por alto, si que saqué unos minutos para tragarme la película que le dedicaron en su momento a las Runaways.
Yo no he tenido contacto con este grupo más allá de los temazos que cualquiera puede llegar a escuchar en algún momento de su vida pero si que tenía el concepto de que, dentro del rock y el punk, fueron todo un pilar fundamental para todo grupo femenino que surgiera en los 80 así como de la categoría de diosas del género de la que gozan tanto Joan Jett como Cherie Currie, las que fueran cantante y guitarrista del grupo respectivamente.
El biopic toma como referencia las memorias de esta última para construir que nos narra la breve vida del grupo desde sus inicios hasta su disolución, centrándose fundamentalmente en el trasfondo y las relaciones interpersonales de sus figuras centrales, Jett y Currie.
Sobre el grupo se ha dicho de todo con el paso de los años, desde que eran una especie de mini comuna lésbica que estaban liadas todas con todas hasta que esta afirmación fue poco menos que un montaje para atraer controversia y atención sobre la banda. La peli abraza sin complejos la corriente de que entre Jett y Currie hubo más que palabras. Si tenemos en cuenta que la peli cuenta con la bendición y apoyo de ambas músicas y que ninguna confirma ni desmiente nada de esto, digo yo que habrá que creerselo, ¿no? 
El proyecto fue, desde un principio, idea de la que acabaría siendo su directora Flora Sigismondi, la cual también se encargó del guión de la peli y de buscar financiación, logrando convencer tanto a Joan Jett como a su manager de por aquel entonces para que inyectaran algo de pasta al presupuesto. Sigismondi tenía una larga carrera como directora de videoclips musicales pero este fue su debut cinematográfico, lo que quizá explique las virtudes y defectos del mismo.
The Runaways logra su cometido a la hora de reconstruir la época en la que el grupo estuvo de gira petándolo a más no poder, logra componer unas escenas de directos verdaderamente estimulantes y, a grandes rasgos, transmitirte el buen rollo y la fuerza de la música que estas muchachas hacían. Por otro lado, fracasa estrepitosamente al adaptar la historia del grupo a un ritmo cinematográfico. Para cuando hemos alcanzado el nudo de la trama, esta empieza a avanzar a trompicones. Pasamos de ver al grupo prácticamente aprendiendo a desenvolverse encima de un escenario a comprobar como Currie y Jett compartían rayas de cocaína. No existe una curva bien definida en el guión y eso que básicamente conseguir el tópico y hacer un calco de cualquier otra peli sobre rockstars (parece mentira, pero es que todas siguen el mismo modelo de auge, caída en desgracia y remontada) lo tenía hecho. Vamos, que la peli destaca en todo lo musical y cojea en todo lo cinematográfico.
Y si esta se aguanta es porque sus dos protagonistas, para mi sorpresa, están las dos estupendas en sus respectivos roles. Kristen Stewart, esa actriz que en la mayoría de sus interpretaciones parece estar bajo los efectos del Diazepam, encuentra en Joan Jett un personaje que le sienta como anillo al dedo y en el que resulta verdaderamente creíble (algo increíble teniendo en cuenta que en esa misma época estaba demostrando en la saga Crepúsculo la cota máxima de inutilidad a la que era capaz de llegar). De la misma forma Dakota Fanning, jovencita con practicamente los mismos años de carrera que Stewart a sus espaldas y a la que no he seguido nunca la pista con atención, resulta igualmente convincente en la peli tanto como chica rural a cargo de un padre como subida al escenario vestida con un corsé en plan trabajadora de la noche cantando Cherry Bomb
La acompañan en el casting un par de chavalitas que no han tenido tanta suerte como ellas con sus carreras cinematográficas, el siempre funcional Michael Shannon justo antes de que Boardwalk Empire practicamente le encasillara en papeles de tío chungo y, en roles más secundarios, la veterana Tatum O'Neal y la actual musa del cine indie Riley Keough, que debutaba en el mundo del cine con esta película.
The Runaways fue un proyecto pequeñito y humilde con el que sus productores tampoco se jugaban demasiado, y menos mal, porque fue un absoluto fracaso en taquilla, recaudando 4,6 millones de dolares en todo el mundo partiendo de un presupuesto de 10. En nuestro país la película sentó a poco más de 12.000 espectadores en las butacas, o lo que es lo mismo, prácticamente a nadie. Para más inri, la única edición de la peli que se editó en formato físico aquí murió junto a la distribuidora Aurum y se encuentra actualmente descatalogadísima y sin perspectiva alguna de que vaya a reeditarse.
Y así, al final, la película se revela como un proyecto fallido que, aunque contó con el beneplácito de la crítica en su momento, pasó sin pena ni gloria y ha quedado completamente en el olvido. Gracias a Dios las carreras de Stewart y Fanning estaban ya bien encaminadas en aquellos años y el fracaso que fue The Runaways no pudo enterrarlas, cosa que no se puede decir de Flora Sigismondi, que tuvo que volver al mundo del videoclip y la TV, donde ha pasado la última década hasta que, el año pasado, consiguió recibir el encargo de una nueva adaptación de la novela Otra vuelta de tuerca de Henry James que, si Dios quiere, veremos estrenada por estos lares este año.
Personalmente opino que la falta de épica y ritmo (algo que si han conseguido lograr los biopics musicales que estamos viendo en cines en los últimos tiempos) es lo que condena a la peli a formar parte de la pila de las cintas poco memorables y mediocres, la cual crece a cada día en tamaño inevitablemente. Bien, pero sin más.




Título: Cats
Director: Tom Hooper
Año: 2019
Guión: Lee Hall y Tom Hooper
Intérpretes: Francesca Hayward (Victoria, la gata blanca), Judi Dench (Old Deuteronomy), Idris Elba (Macavity), Jason Derulo (The Rum Tum Tugger), Jennifer Hudson (Grizabella), James Corden (Bustopher Jones), Rebel Wilson (Jennyanydots), Ian McKellen (Gus, el gato del teatro), Taylor Swift (Bombalurina), Laurie Davidson (Mr. Mistoffeles), Robbie Fairchild (Munkustrap)

Si partimos del hecho de que Cats es uno de esos musicales de Broadway que siempre me han dado puñetero asco, el camino que la adaptación en plan superproducción que se estrenó el año pasado debía seguir para que me entrara bien era complicado. Inevitablemente he caído en la tentación de tragármela porque era incapaz de creer que lo que se decía de la peli fuera cierto del todo. Se comentaba de todo y nada bueno, que si era una atrocidad, la peor película del pasado año, incluso una de las peores de la historia. Son comentarios que le llegan a uno y le hacen babear de la expectación.
Vista de un tirón y de madrugada, que siempre cuesta más, he de decir que ver Cats no hará daño a nadie pero que entiendo perfectamente el rechazo exacerbado que genera en el público.
Antes de nada, demos un pequeño repaso a la pedante premisa del musical que Andrew Lloyd Webber compuso por los años 70 tomando como base una colección de poemas que el célebre T.S. Eliot le dedicó a los simpáticos felinos. La trama de la obra gira en torno a una festividad anual, el baile Jelical (notese mi torpe intento de traducción), en la que los gatos Jélicos se reúnen para esperar a su patriarca, Old Deuteronomy, que escogerá a uno de ellos para que trascienda al más allá y se reencarne en una nueva vida gatuna. De la mano de Victoria, la gata blanca, una recien llegada al grupo conoceremos a todos los candidatos a la esperada elección y también a la terrible amenaza que es el maligno gato Macavity, que espera hacerse con el premio valiéndose de  malas artes.
Dejando de lado las opiniones que las composiciones de Lloyd Webber me generan y centrándome en la traslación de estas a la gran pantalla, lo primero que a uno le llama la atención es por que, pudiendo elegir entre maquillar a los actores y meterles en disfraces gatunos o generar a todas las criaturas por ordenador, eligieron la opción intermedia que, vista a posteriori, puede ser fácilmente la peor de todas las posibles. 
Los gatos de la película ponen a prueba el concepto del uncanny valley como pocas cosas lo han hecho antes en el cine. El cuerpo de los animales es generado por ordenador mediante captura de movimiento sobre el que el rostro de los actores y actrices es superpuesto después también mediante CGI. El resultado es atroz, no sólo porque el efecto canta una barbaridad cuando los gatos empiezan a hacer movimientos ajenos a los humanos, como trepar por las paredes, sino porque en más de una ocasión el efecto parece no estar del todo conseguido, dando la sensación de que la boca y ojos de los actores está flotando por encima de su cara, algo idóneo para transmitir mal rollo en lugar de ternura. Hay actores en los que los efectos no resultan tan horrendos, como Ian McKellen o Judi Dench, que de tan viejos que están y tantas arrugas que tienen parecen ya muñecos de por si; y otros en lo que lo nefasto de estos está especialmente acentuados, como es el caso de Jennifer Hudson, que juro por Dios que no parece tener en ningún momento sus facciones donde deberían estar, o Idris Elba, al que por alguna razón han decidido generarle menos pelo infográfico que al resto de felinos, con la desagradable consecuencia que es que parezca que el actor está completamente desnudo en escena y a punto de mostrarnos un pene penduleando en el peor momento posible. Para más inri, cuando uno investiga un poco enseguida descubre que, tras los primeros pases de prueba, la peli entera tuvo que pasar por post-producción de nuevo para arreglar los efectos especiales que, según se dice, eran aún más horribles que los que se vieron en el resultado final. Esta tarea se tuvo que hacer a toda pastilla para lograr cumplir con las fechas del calendario previstas, hasta el punto de que, literalmente, se estuvo rehaciendo efectos en CGI hasta el día antes de mandar las copias a los cines. Como perla final al tema, se comenta por las redes sociales, con aparentes pruebas gráficas, que en la versión que se vio en cines había más de un "Glitch" en las infografías, apareciendo gatos con manos humanas con anillos y todo en la gran pantalla. De traca.
Lo peor es que tanto efecto chapucero oculta las interpretaciones del reparto bajo capas y capas de estorbos. Vale que está metida en esto gente como Rebel Wilson, que lleva haciendo el mismo personaje en la gran pantalla desde que la conozco, o una neófita, la bailarina Francesca Hayward, que hace sus coreografías de puta madre aunque lo suyo no sea actuar, pero es que peña como el mencionado Idris Elba o Ray Winstone que ya solo con aparecer en pantalla molan por si solos ven aquí sus capacidades tiradas por el cubo de la basura a causa del espantoso envoltorio que las rodean. Al final resulta que son Jason Derulo o Taylor Swift, dos estrellas de la música con mil y un bolos a sus espaldas, los únicos que no desentonan entre tanto exceso y parecen desenvolverse estupendamente entre música y bailarines.
La cosa es que la mítica productora Amblin iba totalmente en serio con hacer Cats a lo grande. No sólo eso, sino que llevaba años detrás de ello y barajando todo tipo de propuestas para ello. El contar con el nombre de Tom Hooper, director del que posiblemente sea uno de los más exitosos musicales cinematográficos modernos , Los Miserables (que, por cierto, abandona todas las atrevidas decisiones de las que hizo despliegue en dicha cinta para cascarse un trabajo super rutinario), y también con el del propio Lloyd Webber, que se saca una nueva canción de la manga para la ocasión (una pedazo de bosta maloliente dicho sea de paso), por no mencionar el reparto de campanillas al que hemos pegado un repaso en las anteriores líneas, habla por sí sólo de las ambiciones que tenía puestas la productora en el tema. Querían hacer otro gran musical moderno. Querían comerse el mundo y se comieron un mojón.
Entre producción y marketing se calcula que la peli habrá venido a costar unos 200-250 millones de dólares. En taquillas de todo el mundo ha llegado a duras penas a recaudar 76 y, concretamente, en nuestro país, ha sentado a poco más de 100.000 espectadores en las butacas, lo que para una superproducción como esta, estrenada además en fechas navideñas, es una mierda pinchada en un palo. La crítica ha destrozado la película tachándola de basura y de ser un film que expulsa al espectador con sus nefastas decisiones estéticas. El clavo final lo han puesto los últimos Razzies (que son una patraña pero no se puede negar que influyen en el público estándar) que la han premiado en seis de las siete categorías en las que estaba nominada.
Cats va a pasar a la historia como uno de los grandes batacazos de los tiempos recientes y lo penoso es que ni siquiera tiene tantos méritos en contra como para que pueda llegar a ser considerada en un futuro como un clásico de la caspa. Quedará enterrada en el olvido esperando a que alguien la reivindique dentro de unos años. Al menos podemos alegrarnos de que la mayoría del reparto tiene las carreras más que asentadas, porque esta es la típica película que condena el futuro laboral de sus participantes al ostracismo (algo que digo yo que le pasará a la debutante Francesca Hayward, que espero que no pensara en seguir medrando en esto del cine).
Como contraposición final mencionar que, a fecha de hoy, Cats es el cuarto musical con más representaciones de la historia de Broadway, lo que demuestra una vez más que hay cosas que es mejor dejar quietas en su sitio y no tocarlas si no se tienen las cosas claritas.
Todo lo que se ha dicho de la peli esta más que fundamentado visto lo visto. Yo he dicho que a mi, personalmente, no me ha hecho ningún daño. Ahora, no puedo asegurar que no se lo haga a usted.



domingo, 15 de marzo de 2020

El HOMBRE LOBO de Joe Johnston


Título: El Hombre Lobo (The Wolfman)
Director: Joe Johnston
Año: 2010
Guión: Andrew Kevin Walker y David Self
Intérpretes: Benicio del Toro (Lawrence Talbot), Anthony Hopkins (Sir John Talbot), Emily Blunt (Gwen Conliffe), Hugo Weaving (Inspector Francis Aberline), Geraldine Chaplin (Maleva)

En ocasiones anteriores he revisado un par de los intentos de la Universal por traer de vuelta a la palestra a sus monstruos clásicos en tiempos recientes. Y aunque todo el mundo tiene presente la trilogía de pelis de La Momia que protagonizó Brendan Fraser y los recientes intentos por montar un universo compartido con La Momia y Drácula: la leyenda jamás contada, ya los hay que se olvidan de los productos que vieron la luz entre medias de ambos. Mucha pereza me entró cuando intenté reseñar el Van Helsing que protagonizó Hugh Jackman cuando más en la cresta de la ola estaba, pero sin embargo si que puedo prescindir de unos minutos para dedicarle unas palabras al reboot de El Hombre Lobo que la Universal produjo en 2010.
Tomando como referencia la película original de los años 40 que protagonizó Lon Chaney, esta nueva versión nos narra como Lawrence Talbot vuelve a su hogar natal en los páramos ingleses para reencontrarse con su distanciado padre e investigar la muerte de su hermano, al que se encuentran hecho pedacitos en medio de la campiña. Durante el transcurso de esta se verá atraído irremediablemente hacia la viuda de su difunto hermano y tendrá que enfrentarse a las consecuencias que todos conocemos tras ser mordido por un hombre lobo una noche de luna llena.
Este es uno de esos proyectos que estuvo dando vueltas y vueltas hasta ver la luz. Si bien en los cuatro o cinco años que  el guión estuvo danzando por ahí, el baile de directores puestos al frente fue considerable (se llegó a tantear como directores a Brett Ratner, Frank Darabont, James Mangold o Martin Campbell entre otros antes de que Joe Johnston se hiciera con los honores), se concibió en todo momento como un producto que iba a contar con Benicio del Toro al frente como protagonista, quien no sólo se considera fan de la cinta original, sino que además afirma ser un ávido coleccionista de material original y/o creado a partir de dicha película. 
Del Toro podrá ser todo lo fan que quiera del Hombre Lobo de la Universal, pero eso no quita que el difícil físico que posee (esa carucha de borrachín trasnochado...) haga complicado el que te lo creas encarnando a un lord inglés, algo que el guión solventa de manera acertada presentándolo como la oveja negra de la familia, quién no sólo frecuenta los círculos dela farándula sino que tiene antecedentes de problemas mentales e ingresos en psiquiátricos. Teniendo en cuenta esto, se nota que el señor le pone muchas ganas, especialmente en las transformaciones, momentos de máximo sufrimiento físico, pero eso no quita que peque de sobreactuar por encima de lo exigido por el guión, algo a lo que, por fortuna o por desgracia, ya estamos acostumbrados cualquiera que henos tenido más de un contacto con sus performances, especialmente en el terreno más mainstream. 
Le acompañan en el reparto un Anthony Hopkins con un registro completamente agotado y en su momento de mayor zozobra profesional, justo antes de que la Marvel lo reflotara un poco con Thor; una solvente Emily Blunt cuya carrera aún estaba despegando hace las veces de interés amoroso del protagonista, mientras que un Hugo Weaving en la línea que suele mostrar cada vez que se mete en algo mínimamente relacionado con el género fantástico encarna a un poli de Scotland Yard que investiga las misteriosas desapariciones que se dan por la zona donde transcurren los hechos, el cual, que para más inri, estuvo involucrado en el caso de Jack el Destripador años antes de los acontecimientos de la peli (¡¡¡Universo Compartido!!!). A lo largo del metraje encontramos también sendos cameos de Geraldine Chaplin encarnando a una vieja gitana y de Max Von Sydow, este último borrado de la versión cinematográfica, que encarna a un transeúnte que le regala un bastón con cabeza de lobo al personaje de Del Toro en una referencia directa al clásico original.
Dirige la cinta, como he mencionado antes, Joe Johnston, director de estudio con todas las de la ley que, en esta ocasión, tira de los mismos recursos que ya nos dio en Rocketeer o en Capitán América: El Primer Vengador, cultivando el uso de una estética tan artificial y recargada como consciente de si misma que, en esta ocasión, le viene que ni pintada a una peli que intenta por todos los medios lograr una especie de traslación de esa ambientación de terror gótico clásico  a los tiempos modernos del cine digital, aderezándola además con buenas dosis  de una exageradísima violencia "grand guignolesca". 
Entre bambalinas destaca, como no podía ser de otra forma, el magistral trabajo de maquillaje de Rick Baker que se casca una reinterpretación de la estética clásica del Hombre Lobo acojonante de buena, a pesar de que queda ensuciada un poco por la introducción de un CGI ya inevitable en los tiempos en los que se hizo la peli. El reconocimiento absoluto al meritorio curro del susodicho fue un merecido Óscar a Mejor Maquillaje en la edición de ese año que se convirtió, además, en la segunda ocasión en que los licántropos le hacían merecedor de semejante galardón, años después de su labor en Un Hombre Lobo americano en Londres de John Landis.
La banda sonora de la peli, por otro lado, fue la gran damnificada de las idas y venidas del proyecto. Originalmente se encargó al afamado Danny Elfman la composición de una partitura original para la cinta, trabajo que, una vez presentado a la productora, no gustó en absoluto y fue descartado en un primer momento. Elfman, quién contractualmente no estaba obligado a currarse una reescritura y, de hecho, estaba atado de pies y manos por Disney a la Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton, se desligó del proyecto. La Universal tanteó entonces a Paul Haslinger, compositor de la banda sonora de Underworld, para que hiciera algo más cercano a la música electrónica y al "rollo" que los ejecutivos de la productora decían querer. 
Cual fue la sorpresa de estos cuando, al poner el trabajo de Haslinger al lado de las primeras secuencias finiquitadas por Johnston, vieron que ambas no pegaban ni con cola. La solución, echar a toda pastilla a Haslinger y contratar a cuatro o cinco arreglistas para que montaran una banda sonora decente a partir de los fragmentos que Elfman había dejado atrás y que, oficialmente, pertenecían a la productora. El resultado fue que el susodicho compositor aparece acreditado como autor de la banda sonora original y tuvo también la oportunidad de lanzar una versión sin alterar de esta en CD el mismo año del estreno de la peli. Por esos mismos tiempos comenzó a circular por Internet una supuesta versión de la BSO electrónica que había compuesto Haslinger y que, con el tiempo, demostró ser un fake como una catedral de grande, lo que puso por fin el punto y final al culebrón musical que acompañó a El Hombre Lobo durante su producción.
Como buena película maldita, tardó casi dos años en estrenarse desde que se completó la producción, algo que parecía ya anticipar lo que luego aconteció. Y es que el intento de reintroducir de nuevo al licántropo clásico en el colectivo popular fue todo un fracaso para la Universal que, partiendo de un presupuesto de 150 millones de dólares apenas llegó a recaudar 139 en taquillas de todo el mundo. En nuestro país sentó a algo más de 687.000 espectadores, cifra que considero que no está mal para los tiempos en los que se estrenó la peli y para el tipo de producto que es y que probablemente se deba agradecer al atractivo casting que anunciaba el poster. En cualquier caso, esto echó por tierra los planes de la Universal de continuar la historia de El Hombre Lobo con sendas secuelas. Ya en estos últimos años, con todo el asunto del Dark Universe, se rumoreó un  posible nuevo relanzamiento del personaje que, en esta ocasión, interpretaría Dwayne "The Rock" Johnson, pero, como todos sabemos, todo quedó en agua de borrajas.
En su momento yo me comí esta peli en cines y salí echando pestes de ella, diciendo que era un producto más bien vago que se apoyaba en la violencia por la violencia para suplir sus carencias. Hoy día podría decir que la peli ha quedado completamente redimida ante mis ojos. Tampoco voy a ponerme a cantar maravillas sobre ella, pero si que reconozco ahora la honestidad de la misma, el entusiasmo de algunos de los profesionales que había detrás de ella y, sobre todo, lo deliciosamente entretenida que es, especialmente si se compara con otros productos nacidos a raíz de los monstruos de la Univesal que vieron la luz aquellos años. Seguramente sea lo mejor que salió en la década pasada de todos aquellos intentos, por muy olvidada que hoy esté.


domingo, 16 de febrero de 2020

Dobles Programas Bizarros (VII): LA MOMIA de Alex Kurtzman + DRÁCULA: LA LEYENDA JAMÁS CONTADA de Gary Shore


Título: La Momia (The Mummy)
Director: Alex Kurtzman
Guión: David Koepp, Christopher McQuarrie y Dylan Kussman
Año: 2017
Intérpretes: Tom Cruise (Nick Morton), Sofia Boutella (Ahmanet/ La Momia), Annabelle Wallis (Jenny Halsey), Russell Crowe (Henry Jekylll), Jake Johnson (Sargento Vail)

En un intento de sobreexplotar la moda del Universo Cinematográfico compartido que tanto dinerito le estaba dando a Marvel y, como consecuencia a Disney, los estudios Universal pusieron la vista en su amplio catálogo de pelis de monstruos clásicos con la idea de, una vez más, exprimir hasta el tuétano el legado cinematográfico de esas historias que con tanta pasión escribieron Mary Shelley, Bram Stoker y H.G. Wells ya siglos atrás. Aunque unos años antes ya habían hecho una intentona de reboot con Drácula: la leyenda jamás contada (mirad un poquito más abajo), sería en 2017 donde, con el pintón nombre de Dark Universe, pondrían en marcha su particular versión de Universo Cinematográfico compartido en el que incluir a todas sus criaturas de pesadilla.
Bien es cierto que la idea de juntar varios de estos seres en una misma no era nueva ni siquiera para la propia Universal, quien puede presumir de haberle sacado partido a esa mentalidad exploit desde los años 40 con Frankenstein y el Hombre Lobo hasta la actualidad, pasando por cosas guardadas en el cajón de la infamia como el Van Helsing de 2004 que protagonizó el ídolo de masas Hugh Jackman, pero con el Dark Universe pusieron todas las cartas sobre la mesa. Iban a montar un proyecto descomunal que iba a cumplir a rajatabla todo lo que había hecho grande al Universo Cinematográfico Marvel: interconexión entre todas las películas producidas, grandes reparto, grandes diseños de producción y espectaculares efectos especiales. El punto de partida iba a ser La Momia, personaje que, para todos los que fuimos chavales en los 90, tiene un especial significado al retrotraernos a esas pelis de aventuras protagonizadas por Brendan Fraser que tan buenos ratos nos hizo pasar de peques y que, en esta nueva versión iba a tener de prota nada más y nada menos que a una de las más grandes superestrellas del Hollywood actual, Tom Cruise . Teniendo ya visualizado algo grande y ambicioso, los ejecutivos empezaron a tantear proyectos. Se anunció una nueva versión de El Hombre Invisible que protagonizaría Johnny Depp, que Javier Bardem encarnaría al mostruo de Frankenstein, que la Criatura de la laguna negra y el hombre lobo iban a estar de vueltas, e incluso plantaron en nuestras cabezas la idea de que todos esos personajes, de alguna manera, iban a acabar envueltos en una suerte de gran conflicto con el más terrible de todos los monstruos, Drácula. Estaban convencidos de que se avecinaban buenos años para la Universal.
La aventura no les duró ni un año.
Y ahora, hablemos de la peli que fue el pistoletazo de salida y, a la vez, el clavo del ataúd de un Universo Cinematográfico que ya nació muerto.
En La Momia, Tom Cruise despierta por accidente a una princesa egipcia maldita que irá sembrando el caos y la destrucción por Londres mientras busca una daga mágica que le permitirá traer a un antiguo dios de la muerte a nuestro mundo. La película comienza con un tono de aventura con breves toques de terror para, poco a poco y de manera completamente perceptible, convertirse en poco menos que una peli de superheroes en la que Cruise hace las veces de héroe torpe que prácticamente huye de aquí para allá como pollo sin cabeza recibiendo hostias de los diversos engendros momificados que aparecen cada dos por tres. La villana que da nombre al film se encuentra interpretada en esta ocasión por Sofía Boutella, actriz y modelo argelina que, tras debutar en Hollywood en Kingsman: Servicio Secreto tuvo en La Momia su primer rol importante. Sin ser una gran actriz, su construcción facial y su mirada la aportan un matiz expresivo interesante que el guión intenta explotar intentando darle un cierto aire de sensualidad al personaje que se queda a medio gas. Al menos este se beneficia de tener un diseño muy chulo, especialmente al inicio de la peli cuando apenas es un vulgar cadáver cubierto de harapos, cosa que no se puede decir del otro gran secundario que hace aparición en la cinta. Russell Crowe en su camino al sobrepeso más exagerado se enfunda en un estiloso traje para encarnar al Dr. Jekyll y a su nemesis Edward Hyde poniéndole ciertas ganas al asunto pero quedando lastrado por sus escasos momentos en pantalla y por un diseño perezoso que aun así, gracias a Dios, no repite nefastos errores que el cine tomó en el pasado con el personaje. Cierra el casting la partenaire femenina del protagonista, Annabelle Wallis, actriz conocida principalmente por su participación en las series de Tv Los Tudor y Peaky Blinders a la cual no tengo para nada vista y que recibió una oportunidad de audición para la peli porque el propio Cruise, como fan de dichos programas, lo exigió, por lo que no es de extraño que uno acabe pensando que si acabo en la peli al final fue por la poderosa influencia del actor, y es que no pocas fuentes afirman que Cruise, aparte de aceptar el papel a cambio de que se cumpliera un muy exigente contrato, ejercía prácticamente de déspota cambiando escenas para su lucimiento y corrigiendo decisiones de la productora a voluntad, algo que niegan tanto esta última como el director de la peli, Alex Kurtzman, aunque eso no ha impedido que los conspiranoicos del fandom lo utilicen para explicar el resultado final de la película. Y es que bien es verdad que La Momia, como peli de terror, fracasa estrepitosamente, pero como peli de acción fantástica que intenta copiar el modelo superheroica sale bastante bien parada. De hecho, gana enteros en ritmo y en entretenimiento en cuanto se convierte en una peli de Marvel. Si esto fue debido a la influencia de Cruise, pues bievenida sea.
El director de la cinta, Alex Kurtzman, hace uno de esos trabajos tan planos como solventes tan comunes en el Hollywood actual, aunque bien es verdad que las labores que se le exigían a Kurtzman pasaban más por la coordinación del futuro universo compartido (para lo cual contaba en su currículum con experiencia como showrunner tanto junto a J.J.Abrams en Fringe como a cargo de esa mina de oro que es Hawaii 5.0.) que como director. A cargo del guión encontramos por un lado a Christopher McQuarrie (guionista de Sospechosos habituales y escritor y director de las últimas entregas de la saga Misión Imposible) y por otro a David Koepp, prolífico escritor que ha trabajado mano a mano con grandes de la industria como Spielberg, De Palma o David Fincher. Que semejantes profesionales hayan ido a encontrarse en un proyecto así dice mucho tanto de la pasta invertida en el mismo como de lo que esta gente considera un trabajo de escritura mercenario y puramente alimenticio.
Y así, a lo tonto entre producción, post-producción y marketing, la Universal le había inyectado casi 400 millones de dólares al lanzamiento de su Dark Universe. Una vez La Momia terminó su andadura en taquilla con 410 millones recaudados, cifra ajustada en comparación que acabó traduciéndose en casi 100 millones de pérdidas para el estudio, ya que mucha de esa pasta recaudada, por unas y otras razones, no acabó directamente en los bolsillos de la compañía. Aquí en nuestra patria, la peli metió a casi 1.400.000 espectadores en las butacas, una cifra buena para los tiempos que corren pero que palidece ante los casi 4 millones de culos que sentó la versión de 1999 en los cines.
El público respondió mal ante la cinta. Al ya odio natural que suscita en muchos la persona de Tom Cruise se sumó el que la mezcla de tonos no dejó contentos ni a los fans del cine de terror ni a los del cine de acción y aventura. La crítica directamente la tachó de bodrio falto de originalidad y de estar más pendiente de plantear escenarios futuros que de darle algo de chicha a la película. Bien sabe Dios que esto último es verdad y que, entre guiños y tramas dejadas abiertas a propósito, se ve clara la preocupación del estudio por darse prisa en que quedara claro que esto iba a ser el principio de un plan cinematográfico a gran escala pero, joder, hay pelis de Marvel que son igual de vistosas y están peor construidas y la crítica y el público se deshacen en halagos con ellas.
Y ya digo que, si bien le cuesta arrancar, en cuanto se transforma en una peli de "supers" se convierte también en un entretenimiento puro y duro. No creo ni que sea una peli que merezca 7 nominaciones a los Razzies como tuvo (aunque todos sabemos la puta mierda que son esos premios en realidad) ni tampoco que sea una obra maestra del género pero está chula, hombre ya.
En cuanto al fracasado Dark Universe, parece que se resiste a morir del todo. La Universal no escarmienta y continúa intentando sacar rédito a sus monstruos clásicos. En breves tendremos por las pantallas una nueva versión de El Hombre Invisible que protagonizará Elizabeth Moss y que parece que va ser más una especie de lectura sobre la violencia de género que una peli de terror. ¿Se habrá olvidado ya el estudio del cine espectáculo e intentará ahora conquistar al fan intelectualoide del género? ¿Son los "ultras" de los Ari Aster y los Robert Eggers que pueblan el cine de terror actual el nuevo objetivo de la Universal?
Ya veremos que pasa.




Título: Drácula: La Leyenda jamás contada (Dracula Untold)
Director: Gary Shore
Año: 2014
Guión: Mark Sazama y Burk Sharpless
Intérpretes: Luke Evans (Vlad "El Empalador"/ Drácula), Sarah Gadon (Mirena), Dominic Cooper (Sultán Mehmed ), Art Parkinson (Ingeras), Charles Dance (el Vampiro)

Mencionaba hace unas líneas que antes de La Momia y el fracasado Dark Universe, la Universal ya había tenido un intento previo muy reciente de intentar sacar nueva tajada de sus monstruos.
Es fascinante como con el transcurso de los años Drácula ha pasado de ser un malvado hijo de satanás al que matar a una figura trágica o, como en este caso, directamente un superheroe.
La leyenda jamás contada incorpora la estructura de una peli de orígenes superheroicos y la mezcla con un poco de distorsión histórica para darnos algo más en la línea de Gladiator que de una peli de terror. En ella, Vlad "El Empalador" gobierna Transilvania y mantiene una frágil paz con el imperio otomano. Pero cuando el sultán turco exige que le sea entregado el primogénito de Vlad como rehén, este no dudará no sólo en plantar cara al poderoso enemigo con un puñado de endebles soldados sino también en pactar con un vampiro que mora en unas cuevas cercanas a su castillo para obtener las habilidades sobrenaturales con las que derrotar a los turcos.
Siete años estuvo dando vueltas el proyecto hasta hacerse realidad en los que supongo que habría mil cambios desde la idea original, un "Drácula: Año Cero" dirigida por Alex Proyas, a lo que finalmente salió. El cóctel que nos presenta la Universal en esta ocasión ignora por completo al género del terror y abraza todos los tópicos posibles del cine superheroico más perezoso: personajes maniqueos, la ausencia de una curva de aprendizaje para el héroe e incluso un final abierto que prácticamente anuncia con letras de neón las secuelas por venir. Todo ello narrado por un guión deslavazado, firmado por los autores del libreto de esa magnífica mierda que es Dioses de Egipto, en el que el prólogo y el desenlace son torpes y apresurados mientras que el nudo parece extenderse hasta dar la sensación de que no va a acabar nunca.
Protagoniza la cinta Luke Evans, uno de esos actores que generan simpatía por encima de sus habilidades interpretativas y que habría dado el pego perfectamente como seductor si la peli no hubiese prescindido también de este aspecto del personaje. En su lugar se ve en la labor de encarnar a un líder inspirador, cosa para la que, se ve a la legua, no está tan bien capacitado. Su antagonista es Dominic Cooper, otro de esos actores que caen en gracia y que sufre de tres cuartas partes del mismo problema. Porque para hacer de canallita en Capitán América: El Primer Vengador o en la serie de TV Preacher viene de lujo, pero para hacer de monarca hijoputa y despiadado pues no da la talla aunque lo intente. Redondean el casting Sarah Gadon, mediocre actriz completamente desconocida para mi persona que encarna a la esposa del Empalador; Zach McGowan, uno de los carismáticos piratas de la serie de TV Black Sails al que vemos medio minuto en pantalla haciendo las veces de un Renfield medieval y el veterano Charles Dance, que después de la saga Underworld vuelve a un rol vampiresco metiéndose en la piel de la criatura que otorga los poderes de la noche a Drácula.
Dirige el producto Gary Shore, director venido del mundo de la publicidad y que no ha vuelto a dirigir nada para cines tras La Leyenda Jamás Contada, el cual consigue dar a la peli el lustroso y prístino aspecto del que cualquier producción mainstream a la que un estudio inyecta toneladas de pasta puede presumir, a pesar de que tengamos más de un momento de CGI que de bastante vergüencita ajena.
70 millones de dólares se gastó la Universal en este reboot, triplicando esas cifras en taquillas internacionales. Por nuestras salas, más de 1.120.000 espectadores pasaron para ver las nuevas andanzas del vampiro. Vamos, que fue un éxito en todo regla.
Y sin embargo, la Universal ninguneó a la peli, cerró las puertas a futuras secuelas y aparcó al personaje para centrarse en el naciente Dark Universe y obtener los maravillosos resultados con este que he comentado más arriba.
Drácula: La Leyenda Jamás Contada es aún demasiado reciente para que haya quedado olvidada por el espectador medio, pero no me cabe la menor duda que en futuros años va a seguir ese sendero. Y es que es una peli que, a pesar de tener todos los ingredientes para resultar mínimamente entretenida, fracasa en el intento convirtiéndose en un producto tan poco memorable como aburrido. Sólo hace falta ver la reseña que me ha quedado para darse cuenta de lo poco que da de sí la peli. Una penita.