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lunes, 14 de enero de 2019

Dobles programas bizarros (VI): EL PERFUME: HISTORIA DE UN ASESINO de Tom Tykwer + CASANOVA de Lasse Hallström


Título: El Perfume: Historia de un asesino (Perfume: The Story of a murderer)
Director: Tom Tykwe
Año: 2006
Guión: Andrew Birkin, Bernd Eichinger y Tom Tykwer
Intérpretes: Ben Whishaw (Jean Baptiste Grenouille), Dustin Hoffman (Giuseppe Baldini), Alan Rickman (Antoine Richis), Rachel Hurd-Wood (Laura Richis), John Hurt (Narrador)

El rifi rafe entre autores y estudios cinematográficos cuando estos últimos pretenden adaptar una obra literaria al cine no es algo fuera de lo común, y desde luego Patrick Süskind, autor del pepinazo novelesco que fue El Perfume (si atendemos a las cifras, traducido a 49 idiomas y con más de 20 millones de copias vendidas hasta el momento), también tuvo que dar cuentas al respecto.
Más de una y de dos veces tuvo que insistir el productor alemán Bernd Eichinger al escritor para que este le cediera los derechos de la novela. Y es que este último, al parecer humilde como él sólo, consideraba que únicamente un director de la talla de Kubrick o de Milos Forman podrían estar a la altura de una adaptación tan exigente. Ya con los derechos en la mano, y a pesar de que un semi-desconocido Julian Schnabel se había presentado ya en un despacho con un guión escrito (director que, al parecer, le caía al productor como una patada en la boca y guión que, una vez rechazado por este, acabo transformándose en La Escafandra y la mariposa, la peli más reconocida de Schnabel), el productor se juntó con Andrew Birkin (guionista de Juana de Arco, El Nombre de la Rosa y La Profecía III: El final de Damien) y el que finalmente acabaría siendo el director de la peli, Tom Tykwer, para acotar bien el camino para una adaptación que pronto se descubriría como un proyecto que iba a ser particularmente exigente en lo económico.
Consciente de esto, el buen señor echó mano de todas las posibles subvenciones habidas y por haber en su país y de productoras que se asociaran a la alemana Constantin Films (de la que Eichinger había sido CEO años antes) en la producción. NEF Productions en Francia y nuestra difunta Filmax serían las compañeras de viaje del productor en una peripecia que no estuvo exenta de tragedia. Y es que al poco resultó que VIP Medienfonds, una de las productoras alemanas que había invertido en el proyecto, había utilizado este como medio para intentar tangar a Hacienda mediante un fraude fiscal de tres pares, por el cual afirmaba haber invertido casi 20 millones de Euros más de los que venían en los libros de cuentas. Esto acabaría con la producción puesta en riesgo por momentos (no en vano más de una de las subvenciones otorgadas por el gobierno alemán se basaban en la multimillonaria inversión) y una serie de juicios que acabarían salvando a la peli y metiendo entre rejas a Andreas Schmid, el CEO de VIP Medienfonds, por unos seis añitos.
Así, y tras un extenso rodaje en Barcelona, Girona y Figueres, reconvertidas gracias a la magia del cine en el París del siglo XVIII, y la consabida post-producción, El Perfume: Historia de un asesino se estrenó con las esperanzas de conquistar el mercado internacional.
La trama de la peli gira en torno a un auténtico psicópata, Jean Baptiste Greouille, nacido sin emociones pero con unas habilidades olfativas sobrehumanas y su cruzada personal por intentar destilar un perfume que contenga la esencia de la belleza femenina y su capacidad para incitar el amor en los hombres.
Es un thriller de psychokillers en toda regla, en la que la cámara sigue desde el primer minuto las andanzas del protagonista y los sórdidos ambientes en los que se mueve, desde que es parido encima de tripas pescado en una lonja hasta que, ya crecidito, se dispone a masacrar a unas cuantas doncellas. Este personaje se nos muestra también desde el principio como una figura casi sobrenatural, que se mueve casi fantasmalmente por las nocturnas calles parisinas y parece atraer la muerte y la desgracia a todo el que se acerca minimamente a su persona. Encarnando al susodicho tenemos a un por entonces desconocido Ben Whishaw presente en prácticamente todas las secuencias del film y haciendo un buen papel de retraído (sin llegar al caricato en que se convierte hoy día cada actor que intenta meterse en la piel de un autista o similar) que le valió el reconocimiento de la crítica y público y que supuso su trampolín a un Hollywood en el que se afincaría años después tras su debut en el cine puramente palomitero con Skyfall y El Atlas de las Nubes. Acompañándole tenemos a dos pesos pesados de la interpretación en papeles secundarios y que, sin embargo, no brillan especialmente, quizá porque firmaron el contrato ya con la intención de no esforzarse demasiado, dado que no eran roles protagónicos y nos encontramos, a fin de cuentas, ante una película de factura alemana. Por un lado, Dustin Hoffman, de quien no hace falta contar nada más, interpretando al perfumista que enseñará a Grenouille los misterios de la profesión, y por otro, el difunto Alan Rickman en su registro habitual encarnando a un noble de la ciudad francesa de Grasse que sufre un encontronazo con el asesino. Aunque son muchas las mujeres que aparecen en la peli, únicamente una, Rachel Hurd-Wood, tiene un papel lo suficientemente importante como para que su nombre aparezca en el póster que también protagoniza. Áctriz británica, debutó en el papel de Wendy Darling en Peter Pan: la gran aventura, la enésima adaptación de las aventuras del personaje de J.M. Barrie , y se prodigaría poco en el cine después del perfume, pasando por un papel secundario en una de las más recientes adaptaciones de El Retrato de Dorian Gray, interpretando a la doncella en apuros de Solomon Kane y, finalmente, recayendo en el cine regional catalán con un papel protagonista en Segon Origen (adaptación de El Mecanoscrit del Segon Origen, una reconocida novela de ciencia ficción catalana, con guión del difunto Bigas Luna) y, posteriormente, refugiarse en la televisión de su país natal, donde aún permanece. Completa el reparto, en su versión original y en la forma de voz en off que narra ciertos pasajes del film, el también difunto John Hurt, que nunca llega a aparecer físicamente en la historia.
Dirige la cinta sin grandes alardes pero aprovechando muy eficientemente el presupuesto el ya mentado Tom Tykwer, el cual contaba ya con un film de éxito entre la crítica, Lola, corre, Lola, y para el que El Perfume supuso su trampolín a Hollywood, terreno en del que, tras The International: Dinero en la sombra y El Atlas de las Nubes, su colaboración con las hermanas Wachowski (dos pelis que tuvieron un tibio recibimiento de la crítica y que no supusieron tampoco grandes éxitos económicos), se retiró para volver a su Alemania natal, donde, tras filmar un par de pelis de escasa repercusión se refugió en la televisión nacional e internacional donde, de nuevo, lo ha vuelto a petar como creador de una especie de Boardwalk Empire alemán, Babylon Berlin, y con Sense8, la aclamadísima serie de Netflix donde nuevamente colaboró con las Wachowski.
Y es que, entre subevenciones y asocicaciones con otras productoras, el presupuesto de la película llegó a elevarse hasta los 60 millones de dólares, lo que se tradujo en un diseño de producción cojonudo, digno de una superproducción americana de las grandes, con cientos de piezas de vestuario y extras, preciosos decorados y la contratación de grandes profesionales del gremio para sacarlo todo adelante, entre los cuales encontramos a La Fura Dels Baus, la reconocida compañía de teatro patria, a la cual se le encargó diseñar y coreografiar una escena clave del desenlace de la película.
La conjunción de elementos y el prestigio que ya arrastraba la novela de Süskind funcionó entre el público internacional. El Perfume recaudó en todo el mundo unos 135 millones de dólares y, aquí en España, sentó en las butacas a algo más de 1.419.000 espectadores, lo que para los canones de la década pasada es un triunfo absoluto. A esto último seguramente ayudaría la presión publicitaria ejercida por la cadena Antena 3 en su momento, cosa que nos recuerda el DVD que editó Filmax en su momento (aunque actualmente los derechos de distribución estén en manos de Divisa tras la caída de la productora de Julio Fernández) y del que llegó a haber hasta seis versiones distintas entre combos, packs con otras películas y ediciones de coleccionista. Este último hecho sea el que, lamentablemente haya conducido que, a día de hoy, cientos de ejemplares estén dando vueltas por almacenes de toda España, por lo que no es raro encontrarse la peli de segunda mano e incluso precintada saldada por 1 euro en una de las múltiples tiendas de DVDs "de ocasión" que se pueden encontrar en las grandes ciudades de nuestro país.
Y es que, si uno se para a pensarlo, El Perfume es una peli que entra muy bien por los ojos por su espectacular diseño de producción y fascina por la conjunción del mundo lujoso del perfumista y la sordidez del psychokiller. Pero, a la hora de la verdad, tampoco deja especialmente huella. Es una peli que puede gustar sin problemas y que incluso puede motivar a alguno a visionarla repetidamente o incluso a acercarse a pillarse el DVD saldado...pero no es lo suficientemente grandiosa como para llegar a más, lo cual no deja de ser irónico tratándose de una peli que narra el afán de un hombre por preservar la esencia de las cosas.
Por tanto, entra en esa categoría a la que pertenecen casi todas las pelis que he visto en mi puñetera vida, que tan poco se prodiga entre el fandom actual y a la que ya tradicionalmente defino como "Bien, sin más".







Título: Casanova (Casanova)
Director: Lasse Hallström
Año: 2005
Guión: Jeffrey Hatcher y Kimberly Simi
Intérpretes: Heath Ledger (Casanova), Sienna Miller (Francesca), Jeremy Irons (Pucci), Oliver Platt (Paprizzio), Charlie Cox (Giovanni Bruni), Natalie Dormer (Victoria Donato)

Compartiendo contexto pero trasladándonos a la Italia post- renacentista, tenemos una película opuesta en tono e intenciones a la que acabamos de comentar. Casanova parte de un guión comprado por Disney y pulido por Jeffrey Hatcher, principal guionista figurante en los créditos, que formaba toda una comedia alrededor de la figura de un Giacomo Casanova deseoso de retirarse de su libidinosa vida. Una premisa que llamó poderosamente la atención al director sueco Lasse Hallström, autor de Chocolat, Las Normas de la casa de la sidra y la práctica totalidad de los videoclips de ABBA, el cual se lanzó de cabeza al proyecto sin dudarlo. La peli fue vendida cojonudamente a las autoridades pertinentes y tuvo la fortuna de ser una de las pocas películas en ser rodada íntegramente en Venecia y la primera en la historia a la que se le permitió filmar una escena del legendario carnaval veneciano en plena plaza San Marcos, hechos que, para bien o para mal, encarecieron soberanamente la producción de la cinta, pues todos los materiales necesarios para el rodaje tenían que ser transportados por mar y el espacio ocupado por los sets suponía una molestia considerable para la localidad italiana (el cuanto llegó a suponer esto para los bolsillos nunca lo sabremos pues, por mucho que he indagado, no he sido capaz de encontrar una cifra aproximada del presupuesto que alcanzó la peli).
Porque igual nos reímos de como el término "Casanova" (o su equivalente castellano, "Don Juan") ha acabado con el paso de los siglos siendo un sinónimo de vividor y conquistador o, ya en los tiempos que corren, de fantasma y aguililla (así en tono irónico), pero para los expertos historiadores en la Italia de aquellos tiempos, la figura de Giacomo Casanova  tiene una importancia manifiesta, pues no en vano su posición social le permitió codearse con figuras de la talla de Mozart, Rousseau, Voltaire, Goethe o Catalina la Grande, zarina de todas las Rusias, hasta el punto de que sus memorias son consideradas una de las fuentes más fidedignas y valoradas sobre las costumbres de las clases altas de la Europa del XVIII.
Lasse Hallström sin embargo lo tenía claro, la película no iba a tratar a la figura histórica, sino a la exaltada figura literaria que el personaje supuso en su momento.
Así, la trama de la película nos narra como Casanova, perseguido fieramente por la Inquisición, es forzado por el Dux de Venecia a contraer matrimonio con una joven, sentar la cabeza y dejar de una vez la agitada vida que profesa. De entre todas las jóvenes de Venecia, el joven escoge a Victoria Donato, una doncella cuya virginidad ha sido preservada celosamente por su padre y que ha ocasionado que la susodicha se pase cachonda perdida las veinticuatro horas del día. Pero una vez cerrado el compromiso, Casanova cae, casi por accidente, locamente enamorado de Francesca Bruni, hija de unos nobles venidos a menos que ha sido prometida, a su vez, a un rico comerciante genovés y que escribo incendiarios panfletos feministas bajo un seudónimo masculino. Jugando a dos bandas, el amante de amantes intentará conquistar el corazón de su nuevo amorío al mismo tiempo que el Inquisidor más chungo del Vaticano es despachado a Venecia para lograr, de una vez por todas, apresar a Casanova y colgarlo de una soga,
Hallström y Hatcher compusieron una comedia alrededor del protagonista, pero yo antes que todo eso veo en Casanova una ópera sin cantos en toda regla. Desde esa trama cómica de enredos con muchos personajes que entran y salen de escena constantemente y con un número equivalente de subtramas y líos, perfectamente extrapolable a, por ejemplo, el argumento de Las bodas de Fígaro de Mozart; a las relaciones entre personajes en las que podemos encontrar paralelismos claros en el género operística (sin ir más lejos, la relación entre el criado de Casanova y su señor es prácticamente un calco de la que podemos ver entre Don Giovanni y Leporello en Don Giovanni o entre Fígaro y el conde de Almaviva, por seguir con la corriente "Mozartiana"), pasando por esos decorados súper artificiales y esos cromas digitales que hoy, en pleno 2018, cantan una barbaridad, pero que curiosamente ejercen un efecto positivo en el conjunto, en el sentido de que hay momentos en que casi parece que estás viendo un fondo de papel pintado y un escenario teatral. Todo ello redondeado por un elemento importantísimo a la hora de meter en situación y contexto al espectador y que refuerza la idea del símil operístico: una banda sonora compuesta de extractos de obras de compositores que desarrollaron su actividad en la Italia del XVIII (Haendel, Vivaldi, Durante, Albinoni, Rameau...) y de temas originales para los cuales el encargado de la misma, Alexander Desplat, realiza una genial labor al utilizar exclusivamente una orquesta conformado solamente por instrumentos utilizados en la orquesta de cámara  barroca. El resultado es una banda sonora en la que los temas son unen unos a otros de principio a fin, de manera muy continuista, acompañando a las imágenes casi en todo momento (apenas hay minutos de metraje en silencio musical). Junten todos elementos que he comentado y díganme ustedes si no estamos ante una ópera cómica hecha cine.
Y encarnando los distintos papeles de este circo tenemos a un grupo muy simpático en el que caras muy jóvenes se codean con veteranos de mil batallas. Y aunque estos últimos sean los que más respeto  merecen seguramente, las circunstancias que rodean a los menos curtidos son más interesantes.
En primer lugar encontramos a Heath Ledger como protagonista, una cara bien bonita y un tío bien buenorro para vender la peli a los jóvenes (Hallström desde luego, no era tonto), el cual se encontraba en aquel momento en la cúspide de su carrera, con Brokeback Mountain recien estrenada y Destino de Caballero, Monster's Ball y unos cuantos largometrajes de cierta consideración a sus espaldas. Eran años en los que el actor buscaba a toda costa un reconocimiento de su talento por parte de la crítica y la industria, y seguramente esta fue una de las "otras" producciones que el actor hizo, no sólo para sacar pasta sino para mantenerse en el estrellato, porque en cuanto al despliegue actoral tampoco es que esté especialmente brillante. Tres años más tarde el buscado elogio le llegaría tras su genial encarnación del Joker en El Caballero Oscuro pero, como todo el mundo sabe, ya póstumamente.
La comparsa femenina de Casanova esta interpretada por Sienna Miller, quien encaraba aquí uno de sus primeros papeles de importancia. A posteriori, su carrera ha combinado pelis indies, con cine mainstream de Hollywood, auténticos blockbuster veraniegos e inclusos pelis que han estado en primera línea en los Óscar, pero, al menos para mi parecer, nunca ha llegado a alcanzar un estatus de superestrella como otras actrices de su generación. Eso sí, su solvencia le ha permitido que, desde esta película, no le haya faltado trabajo en ningún momento, hasta el punto de llevar un ritmo de dos o tres pelis realizadas en un sólo año, lo que sin duda se puede llamar un triunfo profesional absoluto, ¿no les parece?.
Y para terminar con los yogurines, ya en papeles secundarios, tenemos a dos caritas muy jóvenes a las que hemos visto crecer y medrar en la última década. Con 23 añitos que tenían cada uno por aquel entonces tenemos, por un lado, al londinense Charlie Cox, el cual comenzaba por aquellos años a hacer sus pinitos como secundario en el cine y que tardaría unos cuantos más en obtener su primer papel protagonista en una adaptación a la gran pantalla de una obra de Neil Gaiman, Stardust. Años después continuaría apareciendo aquí y allá en cine y televisión hasta que ya en años recientes y gracias al boom de las series saltaría a primera plana en primer lugar por un papel principal en dos temporadas de Boardwalk Empire y en segundo, como no, por su interpretación del abogado ciego Matt Murdock y su alter ego superheroico Daredevil en las series de superhéroes Marvel producidas por Netflix. Por otro lado tenemos a la también británica Natalie Dormer debutando en el cine y encarnando a la vírgen veneciana Victoria Donato, un papel muy simpático y cachondo y una interpretación muy carismática que mostraba que la actriz apuntaba maneras. Al igual que a Cox, el ascenso a primera división le llegaría de mano de la proliferación seriéfila de los últimos años, gracias a su papel de Ana Bolena en Los Tudor y, sobre todo, por su participación en esa auténtica catapulta al estrellato que ha sido y es el Juego de Tronos de la HBO.
Como contrapartida a tanto intérprete con la pubertad recién pasada tenemos a un puñado de veteranos. El doblaje que hizo para el personaje de Scar en El Rey León fue lo que llamó la atención de Lasse Hallström para escoger a Jeremy Irons como villano de la función, ya que necesitaba de las dotes de un actor con la suficiente presencia como para resultar creíble como malo maloso y con las dosis de vis cómica requeridas para que no desentonara en el cachondeo que la peli pretendía ser. Lena Olin, actriz habitual del difunto Ingmar Bergman y esposa del propio Hallström interpreta a la madre de Francesca, mientras que Oliver Platt , actor con un poco de todo en su filmografía (sin ir mal lejos, la última vez que le vi fue encarnando a uno de los ridículos protagonistas de Mandíbulas), es el que se calza las vestiduras como el auténtico prometido de la doncella, cuya identidad es usurpada por Casanova. Cierra el plantel de secundarios conocidos Helen McRory, que así a lo pronto igual no dice mucho a la gente de mi edad, pero que ha sido una presencia recurrente a lo largo de la saga Harry Potter encarnando a Narcissa Malfoy y, actualmente, se encuentra rondando los ambientes televisivos con papeles recurrentes en la ya finalizada Penny Dreadful y en Peaky Blinders.
A pesar de que fue acogida bastante bien en su premiere en, como no podría ser de otra forma, Venecia, la buena fama de Casanova duró más bien poco. La crítica, si bien no se cebó excesivamente con ella, la calificó como algo mediocre siendo lo más positivo posible.
El público tampoco respondió como debería a la fama incipiente de su protagonista. La peli reacudó algo más de 36 millones de dólares en todo el mundo, cifra que se me antoja escasa para una producción de estas características. En España logró sentar a algo más de 433.000 espectadores en las butacas.
Haciendo la comparativa con la previamente comentada El Perfume, esta última le sacó, tan sólo un año después, 100 millones de dólares de ventaja en taquilla y casi un millón en número de espectadores españoles. Contando con esto, creo que aun desconociendo las cifras presupuestarias que manejó Casanova, se puede considerar esta como un fracaso en toda regla.
Y, sin embargo, cuando me paro a pensar en ella, mis sensaciones se resumen en que, al igual que El Perfume, es una película que metería sin problemas en la categoría del "Bien, sin más" (no es una mala película ni de coña) , pero a diferencia de esta, si revisioné Casanova pensando en lo que me sorprendió y gustó para bien en su primer visionado, y no por mera curiosidad para comprobar como le habían pasado factura los años. Teniendo en cuenta esto y sumándolo al entretenimiento y diversión proporcionados...pues sinceramente, creo que en el choque entre ambos films, gana la peli de Hallström de calle. Super divertida y recomendable.


lunes, 6 de marzo de 2017

Dobles programas bizarros (II): BAD SANTA 2 de Mark Waters + TORRENTE 5: OPERACIÓN EUROVEGAS de Santiago Segura


Título: Bad Santa 2
Director: Mark Waters
Año: 2016
Guión: Johnny Rosenthal y Shauna Cross
Intérpretes: Billy Bob Thornton (Willie Soke), Tony Cox (Marcus), Kathy Bates (Sunny Soke), Christina Hendricks (Diane), Brett Kelly (Thurman Merman)

La original Bad Santa es una comedia negrísima que nos contaba la historia de un borracho asqueroso que junto a su socio, un enano negro, se dedicaban a atracar centros comerciales durante la campaña navideña, disfrazados para la ocasión de Santa Claus y de elfo. Personalmente es una película que me encanta precisamente por sus escasos valores morales, su humor políticamente incorrecto  y por la espectacular interpretación de su protagonista, Billy Bob Thornton. No sólo es una de las comedias que más me impactó en su primer visionado sino que también la considero una de las mejores películas de temática navideña de todos los tiempos.
En su momento la cinta de Terry Zweigoff cosechó un éxito moderado que permitió que ya tras su estreno en 2003 se comenzara a tratar el tema de una posible secuela que, finalmente ha tardado 13 años en ver la luz. En esta ocasión vemos como Willie, el personaje interpretado de nuevo por Billy Bob Thornton, ha fracasado miserable en su intento de reformarse como ser humano, volviéndose a convertir de nuevo en el repugnante y alcoholizado engendro que conocimos en la primera entrega. Tras un intento fallido de suicidio es te es contactado por su viejo socio Marcus, recién salido de la cárcel, para tratar de dar un nuevo golpe, en este caso, robando los fondos de una asociación benéfica durante la Navidad. Para ello, tendrán que enfundarse de nuevo en sus trajes de Papá Noel y elfo pero, en esta ocasión, contarán con la ayuda de un tercer partenair: Sunny, la madre del propio Willie.
La trama de la película viene a replicar, con escasos añadidos, la de la primera parte. Volvemos a tener un atraco; al dúo protagonista; a Billy Bob Thornton aprendiendo una lección sobre el significado de la familia y la Navidad de manos, una vez más, de Thurman Merman (el personaje interpretado por Brett Kelly que repite el mismo papel de la primera película pero habiendo pasado en esta ocasión de niño a adulto) y una subtrama “romántica” con una mujer de gustos singulares (si en la primera entrega teníamos a una mujer con una peculiar filia sexual por los Santa Clauses aquí tenemos a una especie de “santurrona” que oculta en realidad una personalidad sucia y pervertida a más no poder). Pero, a pesar de repetir todos estos elementos, la peli fracasa estrepitosamente en su intento de emular las intenciones de su predecesora. Todo rastro de ese humor tan incorrecto se pierde en una maraña de chistes obscenos muy flojitos y repetitivos y una constante sensación de estar viendo lo mismo pero peor. Si algo han enseñado películas como La Fiesta de las Salchichas es que el humor políticamente incorrecto por sí solo no vale. Un conglomerado de chistes bestias no sirve de nada si no está bien dirigido y enfocado por un buen guión. Bad Santa 2 sufre de este defecto y se muestra como una comedia muy sosita al fin y al cabo en el que el único aspecto que recuerda mínimamente a la original es la incorporación del personaje de Kathy Bates, la madre de Willie, un ser igualmente desagradable que caga con la puerta abierta, está constantemente hablando de sus repugnantes hazañas sexuales y acosa a su hijo durante toda la película llamándolo “Picha loca”.
Aun así, sus integrantes están muy bien todos ellos. Ni Billy Bob Thornton, ni Anthony Cox, ni la propia Kathy Bates ni Christina Hendricks desentonan o decepcionan. Hay mucho talento involucrado pero puesto al servicio de un guión y unas situaciones que no terminan de permitir su lucimiento. El guión corre a cargo de un novato Johnny Rosenthal y  una mujer, Shauna Cross, que previamente había sido responsable del guión de diversas comedias románticas como Que esperar cuando estas esperando. El director del proyecto es Mark Waters, veterano en el género y hombre tras la cámara en películas como Chicas malas, Los fantasmas de mis exnovias o Los pingüinos del Sr. Popper, películas entretenidas seguramente pero sin duda diametralmente opuestas en intenciones a lo que debería ser una secuela de Bad Santa. Cuando uno ve quienes son los responsables tras esta, entiende mucho mejor el por qué del decepcionante resultado final.
En taquilla la película ha sido un fracaso, no llegando siquiera a recuperar el dinero invertido en el presupuesto. Así, y salvo que la película funcione extraordinariamente en el mercado doméstico y en el del video-on-demand (cosa harto improbable), parece que ya podemos definitivamente despedirnos de futuras secuelas de Bad Santa. Mejor así. La primera aún permanece vigente e inmortalizada. Esta secuela, sin embargo, tardará muy poco en caer en el olvido. 




Título: Torrente 5: Operación Eurovegas
Director: Santiago Segura
Año: 2014
Guión: Santiago Segura
Intérpretes: Santiago Segura (Torrente), Julián López (Cuco), Alec Baldwin (John Marshall), Jesulín de Ubrique (Jesusito), Cañita Brava (Antoñito), Barragán (Señor Barragán), Carlos Areces (Ricardito), Angy Fernández (Chiqui), Anna Simón (Paqui), Florentino Fernández (Butanero), Fernando Esteso (Cuadrado)

La saga Torrente es una de esas que han ido cuesta abajo y sin frenos con el paso de los años. Considero actualmente a la primera entrega de la saga como una película digna, importante dentro de la historia reciente del cine español y aquella en la que Santiago Segura soltó todo el mensaje y las intenciones que quería transmitir y de las cuales se desprendió en las posteriores secuelas. La segunda, Torrente: Misión en Marbella fue, en un tiempo pasado, mi favorita, y, sin embargo, la última vez que me la puse casi estuve a punto de quitarla de la vergüenza que estaba sintiendo. Torrente 3 es directamente una puta mierda y la cuarta secuela de la saga ya ni se podía considerar una película, sino mas bien una especie de sketch de programa de televisión al estilo de La Hora de José Mota estirado como un chicle y construido a base de cameos. A lo tonto, y a pesar de que considere gran parte de la saga como mierda pura, me las he visto todas con el paso de los años...y por ello es que no fui corriendo al cine a ver Torrente 5. El otro día por fin me dispuse a verla y desde luego me encontré con otra hez infernal; sin puta gracia; con unos gags basados, una vez más, en la consecución de cameos; cero imaginación y un guión que intenta ser una especie de spoof a la española de Ocean's Eleven de una manera más bien penosa ( y no, no voy a ser como el hijo de puta de Santiago Segura y soltar lo de La Cuadrilla de los Once para meter la nota cultureta).
La peli nos sitúa en el futuro 2018 (ya no tan lejano), donde Torrente sale de la cárcel para encontrarse una España en la que Cataluña se ha independizado, la crisis económica ha causado estragos y el Vicente Calderón ha sido demolido. Frustrado, se unirá a un ex-compañero de prisión y a una troupe de engendros humanos para dar un gran golpe en un casino de Eurovegas.
Al margen del asco que sienta hacia el propio Santiago Segura, he de decir que esta es posiblemente la vez que peor ha interpretado a Torrente hasta el punto de parecer un  sucio imitador del propio Santiago Segura (es casi como si con la pérdida de peso se le hubiera ido también las ganas de interpretar y el escaso talento que pudiera haber tenido alguna vez). Julián López realiza una mala imitación de Gabino Diego a la que tampoco el físico es que ayude mucho. Carlos Areces por su parte hace de Carlos Areces manteniendo el único registro que parece capaz de asumir el pobrecillo. Junto a todos ellos tenemos a una estrella internacional con todas las letras, un Alec Baldwin sorprendentemente integrado con el resto del plantel (lo que no se si es indicativo de lo alto que ha llegado Santiago Segura con Torrente o de lo mal que se encuentra actualmente la carrera de Alec Baldwin). Con este último termina el repaso de lo que podríamos denominar malamente como actores. Completan el plantel los colegas de siempre de Segura (Barragán, Flo, Cañita Brava...), un desaprovechadísimo Fernando Esteso y un par de zorrillas, Angy y Anna Simón, recien salidas de la televisión española más infecta. Redondea el conjunto un Jesulín de Ubrique que borda el papel de retrasado mental que Santiago Segura le otorga utilizando la misma técnica que Paquirrín usó en Torrente 4: ser simplemente él mismo.
Junto a esta caterva de seres encontramos toda una serie de cameos (una lista casi interminable) con los cuales, una vez más , se construyen el 90 % de los desacertados gags de la película. Entre estos encontramos que yo recuerde ahora mismo a Pablo Motos, José Mota, Chiquito de la Calzada, Leo Harlem, los youtubers El Rubius y Willyrex, Silvia Abril y Buenafuente (retomando sus personajes de anteriores entregas), Chus Lampreave y Neus Asensi (recuperando a la Reme y a Amparito de la primera película), Falete, Andrés Pajares, Santiago Urrialde, Manuel Tallafé y Ricardo Darín entre tantos otros. Posiblemente de todos estos, el cameo que más simpático me resultó (por lo cómicos que me resultan estos sucios personajes en la vida real) fue el de los periodistas deportivos Josep Pedrerol y Tomás Roncero (este último interpretando al seleccionador de fútbol del equipo catalán, vistiendo corbata con la estelada y todo).
En el tema musical hay que destacar (totalmente en serio) el tema inicial de Mónica Naranjo que es, posiblemente, el más James Bondiano de toda la saga y lo mejor que la película nos puede ofrecer. Algo totalmente opuesto a la aberración que perpetra Joaquín Sabina en los créditos finales. Aunque ya se sabe, para gustos los colores.
La peli partió de un presupuesto de 8,5 millones de euros y consiguió congregar en las salas a algo más de un millón y medio de espectadores y recuadar 10,6 millones de euros, convirtiéndose en la entrega menos rentable de la saga y una clara prueba de que la fórmula Torrente ya no tiene el mismo efecto que años atrás en el público. No dudéis sin embargo que tendremos una sexta entrega ,posiblemente dentro de unos cuantos años y probablemente tirando de factor nostálgico, que es la moda actual. Hasta entonces Torrente 5: Operación Eurovegas se convierte en el broche de mierda que merece una de las sagas más sobrevaloradas y decadentes de la historia del cine. Mala, pero mala a rabiar la puta peli.


sábado, 17 de diciembre de 2016

LA REVOLUCIÓN DE LOS NOVATOS de Joe Roth



Título: La revolución de los novatos (Revenge of the Nerds II: Nerds in Paradise)
Director: Joe Roth
Año: 1987
Guión: Dan Guntzelman y Steve Marshall
Intérpretes: Robert Carradine (Lewis), Curtis Armstrong (Pelotilla), Larry B. Scott (Lamar), Timothy Busfield (Poindexter), Andrew Cassese (Wormser) Courtney Thorne-Smith (Sunny), Donald Gibb (Ogro)

Hace poco volví a ver por segunda vez el clásico ochentero, la teen movie por excelencia, La Revancha de los Novatos. Disfruté de ese segundo visionado mucho más que el primero que acometí hace años ya y me di cuenta de que la película es mucho mejor de lo que recordaba. Una comedia super gamberra y cerda con ese humor políticamente incorrecto y ese amplio despliegue de tetillas y felpudos (esas marcas de confianza del cine de antaño que ya no vamos a volver a recuperar en estos tiempos en los que reina la tiranía de lo políticamente correcto) que tanto caracterizaban este tipo de comedias en aquellos tiempos pero que, además, cuenta con un ritmo acojonante y cuidadosamente medido para que la peli acabe en el momento en que más cariño le has cogido a su brutal galería de personajes. Dicho de otra forma, acaba dejándote ávido de ver más peripecias de los novatos. Dicho y hecho. Tanto fue el éxito de la película en su momento que de inmediato se planeó una secuela a la cual me he enfrentado hoy, La Revolución de los Novatos, en la que prácticamente repetiría el reparto de protagonistas al completo. El si esta hace honor o no a su predecesora es algo que toca discutir ahora.
La peli nos sitúa tiempo después del final de la primera entrega, en un momento en que los novatos, liderados por Lewis son llamados a una convención de hermandades universitarias en la localidad costera de Fort Lauderle. Allí, sus viejos enemigos los Alfa-Betas, ávidos de venganza intentarán provocar una expulsión de los novatos de la sociedad de hermandades. Al no conseguirlo, acabaran secuestrándolos y abandonándolos en una isla desierta.
A pesar de que el punto de partida es bueno (no en vano el llevar a esta panda de degenerados a un lugar lleno de tías buenas en bikini es como encender la mecha de una bomba), la peli supone toda una decepción al repetir algunas de las situaciones más destacables de la primera entrega y adaptarlas al nuevo entorno (vuelven a ser engañados y humillados por los Alfa-Beta; volvemos a presenciar como estos últimos echan a los novatos de su alojamiento teniendo estos que trasladarse a un edificio cochambroso; volvemos a tener un número musical, en esta ocasión metido con calzador, con el que los novatos se ganan la ovación de la gente de la ciudad; volvemos a escuchar un discurso de hermanamiento por parte de Lewis, etc), perdiendo en el proceso gran parte del ritmo alocado de la primera entrega y, sobre todo, la mayor parte de la carga sexual y de la incorreción política que esta tenía, convirtiéndose en una especie de copia mucho más floja y blandita que su predecesora.
Esto no quiere decir que la película no tenga situaciones divertidas. Las escenas compartidas entre Curtis Armstrong y James Hong (el actor que encarnó al villano Lo Pan en Golpe en la Pequeña China) y las situaciones vividas entre los novatos y Ogro en el último acto de la cinta son memorables, pero prácticamente son lo único verdaderamente aprovechable de esta. No llega a ser soporífera en ningún momento, pero si es una peli sosa, sin gracia y que ofrece una constante sensación de que uno "ya ha visto esto antes" que no consigue quitarse de encima por mucho que lo intenta.
A pesar de que prácticamente repite casi todo el plantel de protagonistas, perdemos por el camino a John Goodman, a la fémina Julia Montgomery y al guaperas Ted McGinley, así como a Takashi al "nerd" japonés de la primera entrega, los cuales volverían en futuras secuelas. Se incorporan en su lugar Ed Lauter y Bradley Whitford como nuevos villanos, Courtney Thorne-Smith como nuevo interés amoroso de Lewis y un tal Barry Somel como nuevo novato añadido al grupo. Por otro lado, tanto el veterano James Cromwell como Anthony Edwards repiten en sus papeles respectivos como el padre de Lewsi y Gilbert (el líder de los novatos en la primera entrega), aunque en esta ocasión su participación se ve reducida a simples cameos.
Dirige el circo el señor Joe Roth, un personaje que cuenta con poquitas películas en su filmografía como director pero que, sin embargo, ha sido productor de incontables blockbusters desde los 80, contando en su haber con títulos que van desde Despedida de Soltero con Tom Hanks hasta Maléfica de Disney , pasando por la adaptación de Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton y muchos, muchos productos de consumo más.
La película recaudó unos 30 millones de dólares partiendo de un presupuesto original de unos 10, lo que aseguró que la saga continuara ( ya sin Anthony Edwards, Andrew Cassese/Wormser y Timothy Busfield/Poindexter en el reparto) en la forma de dos telefilms: La Revancha de los Novatos III y Revenge of the Nerds IV: Nerds in Love (que nunca llegó a estrenarse en España). Por lo que tengo entendido, si esta segunda parte ya es flojita por decirlo suavemente, el resto de secuelas son ya verdaderamente atroces, lo que prueba sin ninguna dudas  (y para esto no basta extenderse más) que la genialidad de La Revancha de los Novatos se limita a su primera entrega y que esta da mil patadas a todo lo que la franquicia parió después. Toda una pena.


lunes, 27 de junio de 2016

LEPRECHAUN 2 de Rodman Flender


Título: Leprechaun 2
Director: Rodman Flender
Año: 1994
Guión: Turi Meyer y Al Septien
Intérpretes: Warwick Davis (Leprechaun), Shevonne Durkin (Bridget), Charlie Heath (Cody), Sandy Baron (Morty)

Primera secuela de las andanzas del duende irlándes y última entrega de la saga que tuvo la fortuna de ver la gran pantalla (por lo menos en USA porque aquí en España, por lo que tengo entendido, no llegó a  aparecer de ninguna de las formas, permaneciendo inédita hasta el día de hoy). En esta ocasión el Leprechaun reaparece en Hollywood en el presente en su cumpleaños número 2000 con el objetivo de hacerse con una esposa, o más bien, forzarla contra su voluntad al emparejamiento. La elegida será la descendiente de un antiguo sirviente del duende contra el que juró venganza y los encargados de detener los planes del engendro serán el novio de la joven y el tío de este último, un buscavidas.
Repite Warwick Davis interpretando al Leprechaun (y una vez más, comiéndose la pantalla con sus rimas, su repugnante maquillaje obra de Gabriel Bartalos y su acento impostado) en una trama que toma un giro respecto a la película original, pues si bien el oro del duende hace acto de presencia no es para nada el eje principal de la misma. La película mantiene el ritmo de gags de la anterior película (aunque menos efectivos que en la primera entrega) y se recrea un poquito más en las muertes causadas por el duende, algunas de las cuales recuerdan a la aún no estrenada por aquel entonces Wishmaster, con lo cual uno se pregunta quién se inspiró en quién al final en este tipo de películas (aunque ambas sean deudoras de las secuelas de Pesadilla en Elm Street). Sin ser especialmente memorable en ningún momento se aguanta bastante bien hasta el final, quedándose un servidor con la  escena de la competición a whiskazos entre el Leprechaun y Sandy Baron en la que ambos son coreados respectivamente por un grupo de enanos (entre los cuales nos encontramos a Tony Cox, enano negro reconocible de películas como Bad Santa o Epic Movie entre otras comedias) y de personas normales. Acompañan al protagonista una serie de actores de mierda que apenas han hecho nada más con su carrera, de los cuales destaca el ya mencionado Sandy Baron, cómico de segunda que por lo menos gozó de un papel recurrente en la popular serie de TV Seinfeld. Dirige el tinglado el señor Rodman Flender que no volvió a trabajar en el cine y se dedicó el resto de su carrera a dirigir capítulos de series de televisión.
A pesar de que llegó a cubrir costes en su momento, estaba claro que la vida del Leprechaun en la gran pantalla había tocado a su fin. Tocaba conquistar el videoclub con las secuelas que vendrían, para las cuales se perdería ya por completo la poca seriedad que todavía intentaba mantener esta segunda entrega. Muy olvidable (basta con ver la mierdireseña que acabo de hacer).Únicamente para los completistas que quieran revisionarse toda la saga.



miércoles, 23 de diciembre de 2015

LEPRECHAUN: LA NOCHE DEL DUENDE de Mark Jones



Título: Leprechaun: La noche del Duende (Leprechaun)
Director: Mark Jones
Año: 1993
Guión: Mark Jones
Intérpretes: Warwick Davis (Leprechaun), Jennifer Aniston (Tory), Ken Olandt (Nathan Murphy), Mark Holton (Ozzie), Robert Gorman (Alex), Shay Duffin (O'Grady)

Un irlandés borracho atrapa a un Leprechaun al que previamente le había sustraído su preciado oro y lo encierra en una caja en el sótano de su casa, sufriendo un ataque cardíaco antes de poder hacer uso y disfrute del premio en metálico. Diez años más tarde unos chavales acaban encontrándose con el oro y liberando por accidente a la criatura al mismo tiempo, la cual no parará de darles caza con el fin de recuperarse su dorado tesoro.
Así empieza una de las sagas más chorras del cine de terror. Fechada en 1993, la película, a pesar de que el director afirma que la principal inspiración de la misma fue Critters, parece increíblemente deudora de esas entregas de Pesadilla en Elm Street donde Freddy Krueger soltaba chascarrillos cachondos antes de pasar a sus víctimas por las cuchillas. Con esto quiero decir que si bien la cinta empieza como una peli de monstruos al uso, con el duende acechando y asesinando a una anciana, pronto decae en el subgénero de la "comedia con toques de terror" desde el momento en que el Leprechaun persigue a sus víctimas por la carretera pedaleando a toda ostia en un triciclo (todo ello antes de hacerse con las llaves de un mini coche y sufrir un incidente con un policía local), degenerando con el tiempo en un cachondeo con patas que, sin resultar excesivamente gracioso, es lo suficientemente ligero y ágil cómo para mantenerte entretenido durante los 80 minutos que dura.

Warwick Davis, sin duda uno de los enanos más famosos del cine, interpreta, bajo un convincente maquillaje y vestuario (teniendo en cuenta el limitado presupuesto con el que contaba el film), al repugnante duende en el que probablemente sea el papel más recordado de su carrera junto al de protagonista en Willow  y conduce todo el espectáculo cómo el amo de la pista, correteando por ahí, cargándose a la peña, haciendo sus rimas cómo buen Leprechaun que es, hablando con impostado acento irlandés en la versión original (acabas del "me gold" hasta los mismísimos cojones) y procurando que todo el calzado que aparece en la película se encuentre reluciente (no en vano según la misma es, literalmente, "zapatero de oficio").
El otro nombre que destaca en el casting es el de Jennifer Aniston, la conocida actriz de la serie de TV Friends (que por cierto se estrenaría al año siguiente de que esta peli viera la luz) y de tantas comedias románticas, que aquí aparece bien joven y bien esbelta, con minifalda, deportivas, look adolescente y aún sin operar, interpretando a la protagonista femenina, un papel del cual ha estado renegando durante años (llegando incluso a decir en entrevistas que ella "no conocía la existencia de una película llamada Leprechaun") y que a día de hoy, ahora que las libertades de Internet impiden que todos estos "comienzos de mierda actorales" permanezcan en secreto, aún lleva encima cómo una pesada carga que soportar cuándo el periodista de turno decide joder la marrana haciendo la preguntita de turno.

Dirige y guioniza la función Mark Jones, un señor que comenzó trabajando como director de episodios de series de TV hasta que decidió entrar en el cine por la puerta del dinero, es decir, por la del "cine de terror", funcionándole la cosa bastante bien y ganando la cinta el estatus de culto suficiente cómo para que contara con nada menos que cinco secuelas de las cuales únicamente la segunda se estrenaría en pantalla grande, yendo todas las demás al mercado del direct-to-video (por lo que podemos decir que el sr.Jones ha estado sobreviviendo gracias al duende hasta el día de hoy). La peli llegaría incluso a estrenarse en cines en España bajo el título de La Noche del Duende, congregando a algo más de 24.000 espectadores en salas.
Con todo esto, y aceptando desde el primer momento que esto es una broma ante todo, la película se deja ver bastante mejor que otras muchas de su mismo estilo. Así que si, podría ser bastante recomendable como mero entretenimiento.
Y ahora, con vuestro permiso, me voy a tomar la libertad de cerrar la reseña citando al duendil protagonista de la cinta:

" Van a ponerme a prueba. Van a intentarlo
El que me robe el oro. No podrá contarlo"


viernes, 11 de diciembre de 2015

THE RIDICULOUS 6 de Frank Coraci


Título: The Ridiculous 6
Director: Frank Coraci
Año: 2015
Guión: Tim Herlihy y Adam Sandler
Intérpretes: Adam Sandler (Tommy "Cuchillo Blanco"), Rob Schneider (Ramón), Jorge García (Herm), Taylor Lautner (Pequeño Pete), Terry Crews (Chico), Luke Wilson (Danny), Nick Nolte (Frank Stockburn)

Simpática película que demuestra de primeras que los tiempos han cambiado y que ya cualquier productora puede atreverse a producir y estrenar por su cuenta en internet, y es que este es un producto traído de la mano de Netflix, la plataforma de video on demand más popular del mundo, y por tanto no verá la luz nada más que a través de la red y en las pantallas de las que cada uno disponemos en casa. Aunque claro, tampoco extraña siendo el bueno de Adam Sandler el que está detrás del proyecto, pues si no algo no es este señor es tonto, y sabe donde está el dinero y que un producto cómo este, en un estreno en cines a gran escala, es probable que se comiera un mojón.
Aun así, lo que tenemos  sin ser una grandísima comedia si que resulta un entretenimiento más que aceptable para pasar un buen rato durante casi dos horas (al igual que la mayoría de películas del señor Sandler), cosa de la que no todas las películas que se cuelgan ese apelativo pueden presumir a día de hoy.

The Ridiculous 6 gira en torno a Tommy "Cuchillo Blanco", un huérfano criado por apaches que, tras reencontrarse con su padre perdido, debe embarcarse en una misión para reunir 50.000 dólares que le permitirán rescatar a este de las manos de un grupo de bandidos, para lo cual contará con la ayuda de una serie de hermanos que el follarín de su padre fue procreando durante sus tiempos mozos cuando iba fornicando por todo el Oeste americano.

¡Y qué hermanos! A cada cual más estrambótico. Tenemos a un mexicano que va a todas partes con su burro interpretado por Rob Schneider, al negro hipermusculado de Terry Crews, a Luke Wilson (hermano de Owen Wilson) haciendo de un borrachín con un oscuro secreto en su pasado, al "crepuscular" Taylor Lautner (al que muchos creíamos acabado, muerto y enterrado profesionalmente) interpretando básicamente, y en una elección más que acertada, a un retrasado mental y a Jorge García (el gordo de Perdidos) cómo una especie de "Hombre de los bosques" que sólo habla a base de gruñidos. Todos ellos, aún sin acometer grandes interpretaciones dejan por los suelos la llevada a cabo por Adam Sandler (al que al menos hay que reconocerle la habilidad para reunir a semejante plantel), quien nos deleita una vez más con su rostro inexpresivo y su sobria interpretación, la cual queda en poco menos que nada si la comparamos con el gran papel de Rob Schneider (que SI es un gran comediante), la partida de culo que es ver a Taylor Lautner (tenido cómo guapo en sus tiempos en la saga Crepúsculo) con perpetua cara de subnormal y los dientes pochos, a Terry Crews tocando el piano con el rabo o el festival de caretos de Jorge García.
Acompaña a esta peculiar hermandad un Nick Nolte viejísimo y pasado de rosca interpretando al progenitor de la peculiar banda y toda una avalancha de cameos de actores de toda clase e índole que no pierden la ocasión de demostrar lo que es tomarse un  papel a cachondeo, a saber: Danny Trejo, un sobreactuadísimo Harvey Keitel, Jon Lovitz, , John Turturro o el siempre eficiente Steve Buscemi (protagonista absoluto, en la piel del clásico barbero de pueblo del oeste, de una de las mejores secuencias del film), amen de toda una serie de cómicos americanos desconocidos para mi persona. 
Uno podría pensar que una película cómo esta tiraría de lo fácil y se dedicaría a parodiar uno por uno todos los tópicos del género western, pero la cinta sabe ir un paso más allá y tener su propia personalidad, aunque eso sí, no pierde la oportunidad de parodiar el clásico "stand-off", el típico pueblo confederado, meter coñas con nativos americanos,, con Abrahama Lincoln e incluso tomarse la libertad de reunir en torno a una mesa de poker a Wyatt Earp, al general Custer y a Mark Twain (ojo, este último encarnado por el rapero Vanilla Ice y haciéndose el negrata con las anteriores leyendas del oeste mencionadas).

Dirige el cotarro Frank Coraci, personaje que ya había trabajado previamente con Sandler en películas cómo El Click y Juntos y Revueltos, y si bien cojea en ciertos aspectos cómo en los efectos especiales (en particular uno referente a una cabeza decapitada que da bastante pena) si da muestras de tener una cantidad relativa importante de capital para ser una producción destinada únicamente a la distribución vía internet, sobre todo en pequeños detalles como es, por ejemplo, el tener de compositor de la banda sonora a Harry Gregson-Williams, que se encargó en el pasado de las partituras de Prometheus o El Reino de los Cielos entre muchas otras.

En resúmen, una cosita divertida, más aún para el que disfrute con la ambientación western, que no va a descubrir nada a nadie pero que si sirve para entretenerse buenamente un rato e intentar dilucidar cual de todos los respetables actores que pueblan el metraje queda más ridículo en la pantalla. Recomendable.