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sábado, 12 de agosto de 2017

LOS HIJOS DEL TOPO 1: CAÍN de Alejandro Jodorowsky y José Ladrönn



Título: Los Hijos del Topo 1- Caín 
Editorial española: Reservoir Books
Publicado originalmente como: Les Fils D'el Topo: Caïn [Glénat]
Guión: Alejandro Jodorowsky
Dibujo: José Ladrönn
Entintado: José Ladrönn
Color: José Ladrönn
Portadista: José Ladrönn

Alejandro Jodorowsky es uno de esos personajes con los que vivo en una lucha interior constante a la hora de valorarle como artista y como persona. En su faceta de cineasta le encuentro extremadamente aburrido pero un maestro a la hora de crear estéticas rompedoras. En su faceta de gurú y "psicomago" me parece poco menos que un cantamañanas y un estafador digno del más sucio presidio que el mundo se pudiera permitir. Soy un gran fan de su discípulo, el danés Nicholas Winding Refn. Repudio completamente sus ataques contra el cine americano y la industria de Hollywood, dardos envenenados que no son sino pataletas propias de un niño pequeño contra un colectivo que se negó en redondo a lanzarse a un proyecto millonario destinado al fracaso  comercial como fue su fallida adaptación del Dune de Frank Herbert, una de esas películas nunca realizadas que resultan fascinantes en todos los sentidos, más aún si son , como iba a ser esta, los desvaríos de un loco (aunque todo esto está contado magistralmente en el genial documental Jodorowsky's Dune).

Y fue precisamente gracias a esta gran decepción como cineasta que se lanzó de cabeza a una carrera como guionista de cómics que resultó verdaderamente prolífica. En su primera obra importante, El Incal, volcó todo las ideas que había tenido para Dune, logrando un auténtico derroche de imaginación dibujado de cojones de bien por una auténtica leyenda del cómic como fue el ya fallecido Jean Giraud aka Moebius, pero que leído a día de hoy resulta un tebeo que muestra por todas partes un tono de "amateurismo" y de ser una obra firmada por un principiante que se acaba de iniciar en el mundo del cómic. Aun así una digna obra que quizá ha sido encumbrada más de lo que se merece por un fandom demasiado generoso o demasiado gilipollas. A partir de aquí, un no parar de secuelas (Antes del Incal y Final Incal con los dibujantes Zoran Janjetov y José Ladrönn respectivamente); spin-offs como La Casta de los Metabarones (una magnífica epopeya sci-fi digna de ser llamada obra maestra y dibujada por un dios del lapicero como es el argentino Juan Giménez) o Los Tecnopadres (un coñazo que tuve que abandonar a la mitad de lo insoportable que era) y obras independientes del universo de El Incal como son Los Borgia (una sátira pornográfica de la iglesia católica dibujada por el maestro del erotismo Milo Manara), Bouncer (un western con todas sus letras y, en mi opinión, el cómic más redondo del autor hasta la fecha) o el desvarío metafísico que publicó con el título de El Lama Blanco.
El Topo encarado a su primogénito en las páginas iniciales del tomo

Una carrera muy extensa que últimamente se ha reducido en gran medida (no nos olvidemos de que el chileno tiene ya casi 90 años). Y sin embargo ahí sigue al pie del cañón , cuidando el prestigio conseguido con sus shows de tarot y de psicomagia, sacando películas cuando puede (o más bien cuando consigue engañar a algún productor para que se las financie) y publicando tebeos, manteniendo actualmente dos series de novelas gráficas en activo: por un lado, la secuela de La Casta de los Metabarones (escrita a cuatro manos junto al americano Jerry Frisen) y, por fin, el tebeo por el cual he escrito toda este coñazo de introducción, Los Hijos del Topo.

El Topo es, sin duda alguna, la película más importante de la carrera de Jodorowsky. Un "western psicodélico" dirigido, protagonizado y guionizado por el susodicho que supuso en su momento toda una bofetada a la industria del cine latinoamericano cuando, tras ser rechazada para su exhibición en México, fue estrenada en Estados Unidos en pases de medianoche en el histórico cine Elgin (donde también se proyectaban otras obras marginales como Cabeza Borradora de David Lynch o la sucia Pink Flamingos de John Waters), cosechando todo un éxito y convirtiéndose,con el tiempo, en una película de culto. Y como toda obra de estas características que se precie, mucho se tenían que haber torcido las cosas para que su creador no intentara volver a intentar llamar la atención intentando aprovechar el tirón de su mayor éxito. Asi, a mediados de los 90,cuando ya había pasado por el desastre de Dune y estaba en pleno proceso de enfrentamiento con Hollywood, intentó sacar adelante el proyecto fílmico que sería Los Hijos del Topo. Una vez más, el fracaso llamó de nuevo a la puerta de Jodorowsky negándole de nuevo la financiación y manteniendo la película durante casi 20 años en dique seco. A día de hoy, parece que por fin las campanas han sonado y que el film verá por fin la luz próximamente. Entre tanto, y como una especie de regalo para los fans, el chileno ha publicado este tebeo, que viene a ser el primero de una saga que nos relatará en formato de BD la trama de esta tardía secuela.
Este volúmen arranca directamente en el final de El Topo, donde el susodicho, tras haberse convertido en un hombre santo y haber dado a luz a sus dos hijos se suicida prendiéndose fuego a lo bonzo, no sin antes marcar la frente de su primogénito, Caín, con una maldición: todo aquel que lo mire o dé cuenta al mundo de la existencia de este morirá. Años después, la tumba del Topo es un oasis al cual acuden en peregrinación fieles de todo el mundo, Caín es un paria, un marginado que se gana la vida como un bandido y Abel, el segundo hijo del Topo, vive con su madre dirigiendo un espectáculo ambulante de titiriteros. Será la muerte de esta última la que conducirá a la reunión de los dos vástagos del hombre santo, pues el segundo requerirá de las habilidades mortales del primero para transportar el cadáver de su madre a través de los peligros del desierto y enterrarla junto a su difunto esposo.

Tres veces me he enfrentado al visionado de El Topo y, por ello, me considerado lo suficientemente curado de espanto como para afirmar que esta es, sin dudarlo, un coñazo soberano, surrealista hasta lo incomprensible en muchos momentos. Los Hijos del Topo bebe en todos los sentidos de la mítica película, ya sea en la estética de los personajes, los detalles del universo presentado, el hermetismo de los diálogos o el profundo aturdimiento que provocan algunas situaciones planteadas, hasta el punto de que, en más de un momento, uno no sabe que coño esta pasando delante suya por más que lo lea y relea. Esto se puede considerar por un lado algo honesto por parte de Jodorowsky (en ningún momento traiciona el tono y estilo de su obra magna) pero, por otro, todo un error por parte del chileno.
Sintetizando, el tebeo tienes dos grandes problemas: la estructuración y el ritmo narrativo que presenta.
La tumba del Topo: La Meca particular de Jodorowsky para los habitantes de su mundo

Desde el primer momento se presentó este cómic como una traslación literal del guión que Jodo tenía pensado para la película. De esta manera, y para que la experiencia sea lo más cinematográfica posible, el autor parte la página en tres franjas de viñetas, estructura que repite sin excepción a lo largo de toda la extensión del tebeo. El resultado es que parece que uno está leyendo un storyboard al que le han colocado rótulos con diálogos encima, una experiencia que resulta muy aburrida, reiterativa, poco imaginativa (sobre todo para alguien tan dado a lo experimental como Jodorowsky) y que, sobre todo, lastra a un tebeo que podía haber sido una auténtica locura convirtiéndole en una pesadez. Y es que ya lo dijo el sabio, que "una cosa es una cosa y otra muy distinta es otra", pues algo que cualquier guionista de cómics que se precie sabe (Jodo incluído si uno atiende a sus obras pasadas), es que el cine y el tebeo son dos medios de expresión distintos y que, tratar de incorporar los ritmos y normas de un universo artístico al otro es todo un error, por muy experimentado que uno sea en la materia. A esto hay que añadir que un cuarto del tebeo relata los últimos compases de El Topo y que, para cuando la acción arranca, el volúmen termina, dejando al lector a medio gas y con la miel en los labios dispuesto a que la historia se ponga las pilas después de páginas y páginas de sopor, todo un defecto para alguien que nos dio toda una lección de ritmo narrativo en cada número de La Casta de los Metabarones y que, en un sólo volúmen de El Incal, fue capaz de contar un centenar de cosas y presentar una miríada de conceptos.

La idea general con la que uno se queda es que más que otra genialidad salida de las tripas del chileno, esto parece una forma de explotar un concepto muy esperado por sus fans en lo que ve si saca adelante o no el formato para el cual fue pensado: la famosa a la par que infame secuela cinematográfica.

A pesar de ello y como es costumbre (porque otra cosa no, pero el prestigio de Jodorowsky le ha permitido siempre trabajar con auténticos monstruos de la ilustración) , el trabajo gráfico del tebeo es sobresaliente. El responsable es el mexicano José Ladrönn, un artista que ha trabajado para las dos grandes editoriales de cómics americanos como portadista de tebeos como Batman, All-Star Western o Cable, cabecera para la cual desarrolló además los lápices de las páginas interiores durante más de una veintena de números allá por los 90. Adicionalmente cuenta con algún que otro trabajo de prestigio, como la miniserie de Los Inhumanos guionizada por el español Carlos Pacheco o, como se ha comentado previamente, el dibujo de Final Incal. Desde luego se puede decir que es un autor que tiene pillado el pulso a Jodorowsky y que puede hacerle de comparsa sin problemas, captando perfectamente las expresiones de los personajes y la estética de las películas de Jodorowsky, utilizando para ello una paleta de colores tan propia del género western que parece que uno se va a manchar de polvo del desierto en cualquier momento.

En resúmen, una obra muy esperada del cómic europeo se convierte en una lectura digna para intercalar con la contemplación del crecimiento de las plantas del campo y en toda una decepción para un servidor, tan adorador como detractor de la obra del chileno. Gracias a Dios que no se me ocurrió la genial idea de comprarlo y que en su lugar tiré del depósito de las bibliotecas públicas. Que el señor las bendiga..

jueves, 22 de diciembre de 2016

SI TE ENCUENTRAS CON SARTANA...RUEGA POR TU MUERTE de Gianfranco Parolini


Título: Si te encuentras con Sartana...ruega por tu muerte (Se incontri Sartana prega per la tua morte)
Director: Gianfranco Parolini (acreditado como Frank Kramer)
Año: 1968
Guión: Renato Izzo, Gianfranco Parolini y Theo Maria Werner
Intérpretes: Gianni Garko (Sartana), William Berger (Lasky), Sidney Chaplin (Stewal), Fernando Sancho (General Tampico), Gianni Rizzo (Alman), Franco Pesce (Dusty), Klaus Kinski (Morgan)

Cuando uno quiere introducirse en el spaghetti western y explorar el género más allá de los archiconocidos films de Sergio Leone pronto acaba topándose con dos nombres repetidos por cientos de personas, tanto expertas en la materia como simples aficionadas: Django y Sartana. Tanto el primero, encarnado por Franco Nero e inmortalizado en la gran pantalla por Sergio Corbucci en el año 66, como el que hoy nos ocupa, son considerados los modelos arquetípicos del pistolero del spaghetti western y han conformado un modelo que ha sido seguido por cientos de artesanos a lo largo de la historia del cine.
Sartana era el nombre con el que se conocía al personaje que interpretaba Gianni Garko en Baño de sangre al salir el Sol, un western de 1967 dirigido por Alberto Cardone. Al parecer (y como ocurría en miles de casos en aquellos tiempos) la película contó con diversos títulos de cara a su distribución internacional y, en el caso de su estreno en Alemania, se decidió promocionarla bajo el simple título de Sartana. Según el señor Garko, el éxito de la peli en aquel país fue tal que motivó a los productores a lanzar una nueva cinta en la que el protagonista tuviera el mismo nombre que tanta pasta había proporcionado...aunque la nueva película no tuviera nada que ver con aquella (mentalidad exploitation pura y dura). Viendo el percal, Garko aceptó con una condición: alejarse completamente del clásico protagonista motivado por la venganza que tanto abundaba en el spaghetti western. Así, la unión de mentes entre el actor y el director Gianfranco Parolini (que por aquel entonces firmaba sus obras como Frank Kramer) da como resultado la creación del personaje que todos los fans del western reverencian. Un individuo que se inspira psicológicamente en el Clint Eastwood de Por un puñado de dólares y estéticamente en el Lee Van Cleef de La Muerte tenía un precio, pero que también, en palabras de Parolini, tiene también algo de inspiración en los personajes de James Bond y del mago Mandrake. Un personaje socarrón y elegante al que nunca se le descompone el chaleco y la corbata en toda la película a pesar de que lleve el sombrero y el abrigo llenos de mierda. También un hombre optimista, un personaje más positivo que muchos otros de los que poblaban los westerns italianos de la época pero que igualmente resultaba ser un antihéroe cabronazo que no dudaría en acabar con quien se le pusiera entre el y sus objetivos, para lo cual se servía de una serie de armas y gadgets francamente peculiares para un western entre los que destacaba una pequeña pistola de bolsillo que se convertiría en la más vinculada al personaje.
Su debut en la gran pantalla tendría lugar en el film que tratamos hoy. La trama de la película nos cuenta como Sartana llega a un pueblo y descubre como un cargamento de oro procedente de una estafa de una compañía de seguros es disputado por diversos personajes entre los que se cuentan unos empresarios locales, un general mejicano y un matón a sueldo. Ni que decir tiene que Sartana será el nuevo y último jugador que se incorpore a dicha competición.
Gianni Garko (o John Garko como aparece acreditado) amolda el personaje a su propia capacidad interpretativa (que tampoco es que sea gran cosa) y se lo calza como un guante convirtiendo su presencia en lo mejor de la película sin ninguna duda. Le acompañan en el reparto William Berger, principal villano de la cinta y habitual del género al que por cierto confundí en sus primeros momentos en la película con el puto enfermo mental de Klaus Kinski, con el que comparte escena y que cuenta con un papel muy secundario dentro de la trama. Sidney Chaplin, uno de los hijos del inmortal Charles Chaplin, y el italiano Gianni Rizzo (otro habitual del género) interpretan a los empresarios locales mientras que el español Fernando Sancho (participante como secundario en decenas de producciones de todo tipo, desde westerns hasta grandes pelis de Hollywood pasando por cintas de fantaterror español) encarna al general mejicano Tampico. El alivio cómico corre a cargo de Dusty, el fabricante de ataúdes del pueblo, interpretado por el también italiano Franco Pesce.
La labor de Parolini tras la cámara es la del típico artesano italiano de aquellos tiempos que era tan apto para hacer un western como un peplum, una cinta bélica o una peli de monstruos si surgiera la oportunidad para ello. Ni fascina ni molesta como, de hecho, si lo hace la banda sonora obra de Piero Piccioni (acreditado como compositor en casi 200 películas de todo tipo), un perforatímpanos en toda regla (uno podría achacar esto a una baja calidad de la copia visionada...pero me inclino a pensar que en este caso no es así). 
La película tiene un buen arranque y un buen final pero su segundo acto se me hizo un pelín cuesta arriba llegando incluso a contar con ciertos momentos sospechosamente similares a otros spaghetti westerns (un reloj musical recurrente que recuerda bastante a La Muerte tiene un precio, un tiroteo con ametralladora que retrotrae al espectador de inmediato a Django, etc), algo que se puede perdonar en producciones más secundarias pero que resultan menos tolerables en películas con tanto culto como esta. En cualquier caso, sin llegar a ser un coñazo ni tampoco una gran película, al final, la cinta, a pesar de ser tan reverenciada dentro del género, se nos muestra como una más de tantas que salieron en la época. Se puede ver sin problemas pero no impresiona más que la mayoría de westerns italianos de aquellos años.
En España la película llegó a congregar a algo más de un millón de espectadores de la época en los cines. A posteriori, como ya he comentado anteriormente, el personaje caló hondo en la industria (el hecho de que diera bastante pasta  ayudó también sin duda alguna), de manera que la peli llegó a contar con cuatro secuelas oficiales: Yo soy vuestro verdugo, Vende la pistola y cómprate la tumba, Buen funeral amigos...paga Sartana y Llega Sartana. Hago especial hincapié en el adjetivo "oficial" por una sencilla razón: Sartana es ,junto con Django y Trinidad, uno de los personajes más explotados del cine del oeste. El éxito de la peli provocó que entre 1968 y 1972 vieran la luz unas cuantas cintas que se vendían de cara al público como secuelas de la original. Películas protagonizadas por Gianni Garko que no tenían nada que ver con el personaje, westerns de medio pelo que se aprovechaban del nombre para hacer algo de dinero e incluso crossovers con sus camaradas de armas Trinidad y Django fueron algunos de los casos en el que la "Sartanaexplotation" hizo acto de presencia. La verdad es que este tipo de explotación tan descarada y flagrante es un fenómeno que me fascina y, de hecho, uno de mis propósitos para este 2017 que ya está a la vuelta de la esquina es repasar todos los films oficiales y todas las explotaciones tanto de Sartana como de Django y de Trinidad. 
Así que, queridos lectores, tendréis por desgracia mucho spaghetti western y mucho Sartana próximamente. Algunos tenemos aficciones peculiares, que se le va a hacer.



viernes, 9 de diciembre de 2016

ENFRENTADOS de David Von Ancken


Título: Enfrentados (Seraphim Falls)
Director: David Von Ancken
Año: 2006
Guión: David Von Ancken y Abby Everett Jacques
Intérpretes: Liam Neeson (Carver), Pierce Brosnan (Gideon), Michael Wincott (Hayes), Ed Lauter (Parsons)

Un hombre se encuentra tranquilamente en medio de una montaña nevada cocinando tranquilamente un conejo que ha cazado cuando, de pronto, recibe un disparo en el hombro por parte de un individuo desconocido. Así se iniciará una persecución incesante a través del oeste americano cuyos motivos se revelarán progresivamente al espectador.
Este pequeño y humilde western forma parte de esa pequeña oleada de westerns modernos con estrellas de primera fila que se dio hace unos años y de la cual surgieron películas como El tren de las 3:10 o El Asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford y, sin embargo, a diferencia de las mencionadas y otras cintas semejantes no resulta tan conocida por el público, posiblemente porque no gozó de tanta fortuna como alguno de dichos títulos.
Enfrentados (un nuevo hito para los traductores españoles) es una película muy reposada, muy lentita y con un argumento mínimo. Se inicia con una primera media hora en la que Pierce Brosnan apenas hace otra cosa que gruñir y farfullar mientras sobrevive a sus perseguidores a duras penas a través de la nieve, prosigue en las grandes praderas y estepas norteamericanas para, tras haber atravesado una misión evangélica itinerante y la construcción de una línea de ferrocarril, terminar en pleno desierto, habiendo recorrido en menos de dos horas todos los tipos de parajes que el western moderno tiende a ofrecernos, los cuales nos son mostrados con una fotografía preciosista y unos planos largos que recuerdan muchísimo a dos películas que aparecerían años después: el Valor de Ley de los hermanos Cohen y El Renacido de Alejandro González Iñarritu, que no me extrañaría que hubiera tomado como inspiración esas secuencias iniciales en las montañas a la hora de retratar el calvario sufrido por Di Caprio en medio de los páramos helados.
Pero no sólo nos habla de los paisajes americanos, sino que Enfrentados intenta capturar la idea de que en el oeste americano (en este caso usado en parte como un reflejo de la sociedad actual) había más demonios que ángeles, ya fueras soldado, campesino, obrero, empresario o religioso, aunque también tiene tiempo de aportar su granito de arena al sempiterno conflicto entre las dos Américas (que por una vez muestra hijos de puta en ambos bandos y no sólo en el sudista) .
Evidentemente, al ser una película tan reposada, el peso principal de la misma recae en sus dos protagonistas. Por un lado tenemos a un Pierce Brosnan en su etapa post-James Bond interpretando un papel concebido en origen para Richard Gere. Ya no tenía que mostrar siempre un aire de gentleman inglés y eso se nota, pues lo que nos encontramos aquí es un Pierce Brosnan ya algo vejete, cansado y con una barriguilla incipiente que, por otro lado, ofrece una de las interpretaciones más intensas que yo haya recordado en su carrera. Su contrapartida, un Liam Neeson implacable, acomete un papel donde muestra su característica principal: el ser un actor muy solvente y muy satisfactorio pero únicamente sublime en unas pocas ocasiones. Y, ya sea por desgracia o por fortuna, Enfrentados no es una de dichas ocasiones. 
Acompañan al dúo protagonista en forma de cameos los rostros siempre reconocibles de Tom Noonan (interpretando a un reverendo evangélico), el siempre reconocible Wes Studi (encarnando a una especie de alegoría del diablo) y una ajada Anjelica Houston en el papel de un personaje que se podría interpretar como una versión "western" de la mismísima parca.
Dirige la cinta un personaje muy vinculado al mundo televisivo como director y productor de series como Salem, Hell on Wheels o Código Negro, el señor David Von Ancken que cuenta con Enfrentados como su, hasta ahora, único trabajo que ha llegado a la gran pantalla. Ambienta todo el conjunto, además, una atmosférica partitura con ligeros toques siniestros obra de Harry Gregson Williams, compositor de bandas sonoras de películas tales como El Reino de los Cielos o Shrek.
Por supuesto, fue un completo y absoluto fracaso tanto en USA, donde no recaudó ni para pipas (apenas recaudó 420.000 dólares partiendo de un presupuesto estimado de unos dieciocho millones) como en España, dónde llegaría dos años más tarde de su estreno americano y apenas recaudaría 66.000 €. La recaudación mundial apenas superaría la cifra del millón de dólares. Una auténtica calamidad y quizá la explicación de por que esta película no es conocida apenas y por que su director no ha vuelto a rodar una película para su estreno en cines.
En resumen, un western pequeño, sencillo y humilde que aún con toda su simpleza, la verdad es que mola bastante. Un visionado seguro que no le hace daño a ningún espectador.





sábado, 22 de octubre de 2016

JONAH HEX de Jimmy Hayward


Título: Jonah Hex
Director: Jimmy Hayward
Año: 2010
Guión: Mark Neveldine y Brian Taylor
Intérpretes: Josh Brolin (Jonah Hex), John Malkovich (Quentin Turnbull), Megan Fox (Lila), Michael Fassbender (Burke), Aidan Quinn (Ulysses S.Grant)


Vamos a ver, situémonos antes de empezar. En 2010, Warner Bros. estaba frotándose las manos compulsivamente, pues no en vano acababan de pegar el gran pepinazo  dos años antes con el estreno de El Caballero Oscuro que tantas buenas reacciones entre crítica y público estaba cosechando. Así pues, no era raro que otros se lanzaran de cabeza a adaptar todo lo que pudieran del Universo DC y, entre planes para nuevas pelis de Batman y Superman y el debut en la gran pantalla de Linterna Verde, decidieron quedarse con unos poquitos productos para potenciales películas más minoritarias entre los que se encontraban los derechos del personaje de Jonah Hex. 
Para los profanos en la materia Hex es un personaje nacido en los 70 en las páginas de All-Star Western (la cabecera de DC dedicada a narrar historias ambientadas en el Salvaje Oeste) y pronto se destacaría como uno de los mejores aportes de la misma llegando a tener una serie propia que llegaría contar con hasta tres volúmenes, al menos hasta el día de hoy. Las historias de un cazarrecompensas con medio rostro deformado enfrentándose a toda clase de enemigos en el Oeste americano parecen una apuesta segura para lograr entretenido por lo menos, ¿No?
Error. Pero antes de profundizar, una breve sinopsis. 
En esta película Jonah Hex es un antiguo soldado confederado cuya familia es asesinada por su antiguo general Quentin Turnbull quien además se encarga de dejarle un regalito marcándole el rostro con un hierro candente antes de dejarlo abandonado y dispuesto a recibir una muerte segura. Salvado por chamanes indios y adquiriendo la habilidad de hablar con los muertos como resultado de la magia india, Hex se convierte en un cazarrecompensas con unas ansias insaciables de sangre que encontrarán un nuevo objetivo cuando por azares del destino se encuentra de nuevo en persecución de su viejo enemigo Turnbull quién tiene un plan para destruir los Estados Unidos de América.
Yo no se puede decir que sea un experto en el personaje de Jonah Hex (apenas he leído sobre él), pero de lo que estoy convencido es que esa habilidad para comunicarse con los difuntos es una patraña inventada por los guionistas.Pero bueno, dejando de lado las potenciales profanaciones al material original, uno esperaría al menos encontrarse con una película potable, un western mínimamente entretenido y no con un cagarro de dimensiones mayúsculas. 
Jonah Hex no es mala en su producción. El vestuario y el diseño denotan la pasta que hay detrás de la cinta. El maquillaje de los personajes es cojonudo y los pocos efectos digitales que hay son más que solventes. Además eligieron como protagonista al que probablemente sea el actor que mejor concuerda físicamente con el personaje del tebeo, el señor Josh Brolin (quién por cierto no lo interpreta nada mal). ¿Que falló entonces en Jonah Hex?
En primer lugar tenemos un guión que sufre el peor defecto que puede tener cualquier película: el desprender no asco ni odio hacia el mismo, sino aburrimiento. La película es soporífera a más no poder, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta que el guión viene firmado por el tandem Mark Neveldine- Brian Taylor responsables de las desmadradas Crank:Veneno en la sangre y Crank:Alto Voltaje pero que también volverían a aburrir a los fans comiqueros dos años después de Jonah Hex con Ghost Rider: Espíritu de Venganza, la infecta secuela de las andanzas en el cine del Motorista Fantasma. De hecho, los propios Neveldine-Taylor iban a ser los encargados de dirigir la peli, pero diferencias irreconciliables con la productora hicieron que esta tarea acabara recayendo sobre Jimmy Hayward, un animador curtido en la factoría Pixar quien únicamente tenía en su currículum una película de animación para críos, Horton (aunque esto quizá sea lo que explique que una de las pocas cosas buenas que tiene la peli sea ese prólogo donde a base de viñetas animadas se nos resume el pasado de Hex).
Junto a Josh Brolin tenemos también a esa actriz que no está tan buena como muchos dicen pero que si tiene la expresividad de una pata hervida que es Megan Fox, como villano tenemos a un John Malkovich al que se le nota la más absoluta y completa desgana por todo lo que hace y como esbirro número 1 del mismo al adorado por las masas Michael Fassbender sobreactuando en esta ocasión hasta límites estratosféricos (y eso que para entonces ya había trabajado con Tarantino y había debutado también con el prestigioso director Steve McQueen, quien lo convirtió en su actor fetiche y con quién obtuvo su primera nominación al Oscar por 12 años de esclavitud). Completando el reparto de caras conocidas tenemos los cameos de Aidan Quinn como el presidente Ulysses S. Grant, del negro Lance Reddick, del feo y ahora televisivo Wes Bentley, del grandísimo Michael Shannon y del señor Jeffrey Dean Morgan que directamente no se encuentra ni acreditado entre los intérpretes del film.
Todo este pifostio viene orquestado además por una banda sonora metalera y totalmente fuera de contexto compuesta por el antaño prolífico y ahora semi caído en desgracia grupo de metal progresivo Mastodon.
Si juntamos un guión pésimo, actores co protagonistas horripilantes y aburrimiento a raudales...¿A alguien le extraña que Jonah Hex fuera un fracaso? Vapuleada por la crítica, ignorada por el público y un desastre financiero que llego a España directamente en forma de DVD.
Recientemente el personaje de Hex volvió a ser interpretado en carne y hueso en la serie de la cadena CW Legends of Tomorrow, ambientada en el multiverso DC. Un sitio más adecuado para un personaje tan minoritario donde le deseo una mejor suerte que la que sufrió cuando este pedazo de infamia vio la luz. Horrenda.


lunes, 8 de agosto de 2016

WILD BILL de Walter Hill


Título: Wild Bill
Director: Walter Hill
Año: 1995
Guión: Walter Hill
Intérpretes: Jeff Bridges ("Wild Bill" Hicock), Ellen Barkin ( Calamity Jane), David Arquette (Jack McCall), John Hurt (Charley Prince)

De la carrera como director de Walter Hill se puede decir que esta ha sido francamente voluble. De director de cintas icónicas a finales de los 70 y principios de los 80 como Forajidos de Leyenda o The Warriors pasó a tantear con la comedia y la buddy-movie durante el resto de la década ochentera con resultados tales como El gran despilfarro, Danko: Calor Rojo o Límite: 48 Horas. Actualmente se puede decir que se encuentra en franca decadencia aunque no parece que vaya a tener problemas económicos a la larga, pues no en vano es uno de los principales productores que ha tenido la saga Alien a lo largo de su historia (así que pasta se seguirá  embolsando sí o sí en el futuro). En cualquier caso entre los 80 y los tiempos actuales transcurrió la fatídica para muchos década de los 90. En estos años, Hill parece querer volver a dar muestras de ese gran cine que lo consagró a principios de su carrera. Y obviamente si eres americano y quieres mostrar lo buen cineasta que eres, una de las mejores opciones que tienes es hacer un western. Así, en 1993 rueda Gerónimo, una leyenda, un biopic del último jefe guerrero de los apaches para el cual con el guión del mítico John Milius y los talentos de figuras como Gene Hackman, Matt Damon o Robert Duvall, encabezados por un Wes Studi (quizá el actor nativo americano más reconocible de toda la industria) en uno de los mejores papeles que ha interpretado. Aún con todo esto la película era bastante soporífera, un mal ejemplo de western y peor negocio, pues supuso todo un fracaso de taquilla, recaudando unos 18 millones de dólares a nivel mundial frente a los 35 que costó. Aún así, el señor Hill no sólo no desistió en el esfuerzo sino que dos años después lo intenta de nuevo con otro biopic, esta vez centrado en los últimos días de vida de "Wild Bill" Hicock.
Este se considera a día de hoy uno de los personajes más relevantes de la mitología del Salvaje Oeste y fuente de inspiración para multitudes. Combatiente en la guerra, Marshall en Texas, comerciante de pieles y estrella del espectáculo, Wild Bill pasó sus últimos momentos em el campamento de Deadwood en Dakota del Sur durante la Fiebre del Oro que tuvo lugar en aquel territorio durante el siglo XIX. A pesar de ser prácticamente un vagabundo sin hogar que se dedicaba a beber y jugar al poker en los bares de Deadwood, Hicock es un ejemplo del carácter al cual podía aspirar un americano en aquellos tiempos en los que si uno tenía ingenio y destreza y, sobre todo, un buen revólver a mano podía aspirar a todo tipo de oportunidades si sabía buscarlas y aprovecharlas.
Walter Hill nos presenta este retrato y se ventila los primeros registros históricos que se tienen de las actividades de Wild Bill en quince minutos para pasar directamente a su período en Deadwood. El resto de ocasiones en las que volverá a repasar momentos anteriores de la vida de Hicock lo hará en forma de flahsbacks y secuencias oníricas para las cuales Hill experimenta utilizando una textura de fotografía crudísima que recuerda más a la del formato de 16 mm o incluso el del Super 8 y que bebe de la fotografía propia de las películas de cine mudo.
Aún con todo, la versión que se nos presenta de la biografía de Hicock está bastante ficcionada en favor de mantener un ritmo cinematográfico en condiciones. Los historiadores parecen estar de acuerdo en su mayoría en que Hicock y Calamity Jane nunca tuvieron una relación romántica sino que esta última utilizó esto como excusa para ganar notoriedad a costa de la muerte de la celebridad. Igualmente, toda la trama de venganza que hay detrás del asesinato del mismo a manos de Jack McCall parece ser una invención y la motivación de este para cometer el homicidio se habría fundamentado en una supuesta falta a su honor que Hicock cometió durante una partida de póker pocos días antes de su muerte.
Invenciones aparte, la película se mueve transcurre con un ritmo sereno pero sin llegar a ser aburrida como su predecesora, la ya mencionada Gerónimo. Encarnando a la leyenda del Oeste Americano tenemos a un Jeff Bridges que se pasa todo el film atusándose el bigote y colocándose el sombrero en actitud chulesca. Tiene la presencia y tiene el físico apropiado para componer un Wild Bill más que convincente y lo hace con bastante solvencia. Lo acompañan una Ellen Barkin encarnando a Calamity Jane (que al parecer no estaba tan de buen ver ni era tan educada como nos la muestra el film) y un David Arquette más asqueroso que nunca interpretando al asesino de Hicock, el infame Jack McCall. El resto del reparto lo componen cameos estelares tales como el de John Hurt, un habitual en la filmografía de Walter Hill, Keith Carradine, en la piel de otra leyenda del Oeste, Buffallo Bill (y que, curiosamente, interpretaría al propio Hicock años más tarde en la primera temporada de la serie de la HBO Deadwood), Diane Lane, Bruce Dern, James Remar y una jovencita Christina Applegate (la hija cerdilla de la serie de Tv Matrimonio con Hijos).
A pesar del esfuerzo, la cinta fue un batacazo todavía mayor que el anterior western de Walter Hill. El público no respondió a la propuesta como se esperaba y, partiendo de un presupuesto de unos 30 millones de dólares, recaudó apenas 2 millones. A partir de aquí todo fue cuesta abajo en la carrera de Walter Hill.
Aun así, y aunque siga sin ser un buen ejemplo de westerm, Wild Bill es una película mejor y mucho más disfrutable que la mentada Gerónimo, el otro western noventero de Hill, y que bien merece un visionado.



viernes, 11 de diciembre de 2015

THE RIDICULOUS 6 de Frank Coraci


Título: The Ridiculous 6
Director: Frank Coraci
Año: 2015
Guión: Tim Herlihy y Adam Sandler
Intérpretes: Adam Sandler (Tommy "Cuchillo Blanco"), Rob Schneider (Ramón), Jorge García (Herm), Taylor Lautner (Pequeño Pete), Terry Crews (Chico), Luke Wilson (Danny), Nick Nolte (Frank Stockburn)

Simpática película que demuestra de primeras que los tiempos han cambiado y que ya cualquier productora puede atreverse a producir y estrenar por su cuenta en internet, y es que este es un producto traído de la mano de Netflix, la plataforma de video on demand más popular del mundo, y por tanto no verá la luz nada más que a través de la red y en las pantallas de las que cada uno disponemos en casa. Aunque claro, tampoco extraña siendo el bueno de Adam Sandler el que está detrás del proyecto, pues si no algo no es este señor es tonto, y sabe donde está el dinero y que un producto cómo este, en un estreno en cines a gran escala, es probable que se comiera un mojón.
Aun así, lo que tenemos  sin ser una grandísima comedia si que resulta un entretenimiento más que aceptable para pasar un buen rato durante casi dos horas (al igual que la mayoría de películas del señor Sandler), cosa de la que no todas las películas que se cuelgan ese apelativo pueden presumir a día de hoy.

The Ridiculous 6 gira en torno a Tommy "Cuchillo Blanco", un huérfano criado por apaches que, tras reencontrarse con su padre perdido, debe embarcarse en una misión para reunir 50.000 dólares que le permitirán rescatar a este de las manos de un grupo de bandidos, para lo cual contará con la ayuda de una serie de hermanos que el follarín de su padre fue procreando durante sus tiempos mozos cuando iba fornicando por todo el Oeste americano.

¡Y qué hermanos! A cada cual más estrambótico. Tenemos a un mexicano que va a todas partes con su burro interpretado por Rob Schneider, al negro hipermusculado de Terry Crews, a Luke Wilson (hermano de Owen Wilson) haciendo de un borrachín con un oscuro secreto en su pasado, al "crepuscular" Taylor Lautner (al que muchos creíamos acabado, muerto y enterrado profesionalmente) interpretando básicamente, y en una elección más que acertada, a un retrasado mental y a Jorge García (el gordo de Perdidos) cómo una especie de "Hombre de los bosques" que sólo habla a base de gruñidos. Todos ellos, aún sin acometer grandes interpretaciones dejan por los suelos la llevada a cabo por Adam Sandler (al que al menos hay que reconocerle la habilidad para reunir a semejante plantel), quien nos deleita una vez más con su rostro inexpresivo y su sobria interpretación, la cual queda en poco menos que nada si la comparamos con el gran papel de Rob Schneider (que SI es un gran comediante), la partida de culo que es ver a Taylor Lautner (tenido cómo guapo en sus tiempos en la saga Crepúsculo) con perpetua cara de subnormal y los dientes pochos, a Terry Crews tocando el piano con el rabo o el festival de caretos de Jorge García.
Acompaña a esta peculiar hermandad un Nick Nolte viejísimo y pasado de rosca interpretando al progenitor de la peculiar banda y toda una avalancha de cameos de actores de toda clase e índole que no pierden la ocasión de demostrar lo que es tomarse un  papel a cachondeo, a saber: Danny Trejo, un sobreactuadísimo Harvey Keitel, Jon Lovitz, , John Turturro o el siempre eficiente Steve Buscemi (protagonista absoluto, en la piel del clásico barbero de pueblo del oeste, de una de las mejores secuencias del film), amen de toda una serie de cómicos americanos desconocidos para mi persona. 
Uno podría pensar que una película cómo esta tiraría de lo fácil y se dedicaría a parodiar uno por uno todos los tópicos del género western, pero la cinta sabe ir un paso más allá y tener su propia personalidad, aunque eso sí, no pierde la oportunidad de parodiar el clásico "stand-off", el típico pueblo confederado, meter coñas con nativos americanos,, con Abrahama Lincoln e incluso tomarse la libertad de reunir en torno a una mesa de poker a Wyatt Earp, al general Custer y a Mark Twain (ojo, este último encarnado por el rapero Vanilla Ice y haciéndose el negrata con las anteriores leyendas del oeste mencionadas).

Dirige el cotarro Frank Coraci, personaje que ya había trabajado previamente con Sandler en películas cómo El Click y Juntos y Revueltos, y si bien cojea en ciertos aspectos cómo en los efectos especiales (en particular uno referente a una cabeza decapitada que da bastante pena) si da muestras de tener una cantidad relativa importante de capital para ser una producción destinada únicamente a la distribución vía internet, sobre todo en pequeños detalles como es, por ejemplo, el tener de compositor de la banda sonora a Harry Gregson-Williams, que se encargó en el pasado de las partituras de Prometheus o El Reino de los Cielos entre muchas otras.

En resúmen, una cosita divertida, más aún para el que disfrute con la ambientación western, que no va a descubrir nada a nadie pero que si sirve para entretenerse buenamente un rato e intentar dilucidar cual de todos los respetables actores que pueblan el metraje queda más ridículo en la pantalla. Recomendable.


martes, 8 de diciembre de 2015

BONE TOMAHAWK de S. Craig Zahler


Título: Bone Tomahawk
Director: S. Craig Zahler
Guión: S. Craig Zahler
Año: 2015
Intérpretes: Kurt Rusell (Sheriff Franklin Hunt), Patrick Wilson (Arthur O'Dwyer), Matthew Fox (Brooder), Richard Jenkins (Chicory), Lili Simmons (Samantha O'Dwyer), David Arquette (Purvis)

Esto es una cinta que apenas se ha distribuido fuera de determinados festivales de cine fantástico (al menos hasta ahora que, gracias a las bondades del Torrent, puede ser visionada por todo el mundo en calidad HD ) y además uno de esos híbridos raros que surgen cada vez con más frecuencia, y que pueden o bien resultar algo como mínimo entretenido o bien ser un zurullo pestilente. En este caso el experimento es aunar el cine western con el de terror, y más concretamente, con el subgénero de las llamadas "películas de caníbales" en una cinta gira en torno a una pequeña cuadrilla de clásicos estereotipos del cine del oeste que se embarcan en una misión para rescatar a la mujer de uno de ellos y al desaparecido ayudante del sheriff de las manos de una mítica tribu de indios caníbales.
A pesar de venderse como híbrido, Bone Tomahawak es más puro western que otra cosa, siendo el contenido en terror de la misma reducido a momentos puntuales de gore ligero (olvidense del exceso de vísceras y violencia propio de las cintas de caníbales), el acojonante aspecto de los caníbales cabrones de turno y algunas escenas con una atmósfera inquietante bastante bien trabajada. Igualmente, el que espere ver tiroteos espectaculares y un ritmo apabullante que busque mejor otra cosa que ver, pues la peli transcurre sosegadamente a lo largo de poco más de dos horas, de las cuales el ochenta por ciento del metraje son conversaciones entre los personajes.
Teniendo esto en cuenta, la peli funciona todo lo bien que tiene que funcionar para pasarte todo lo que dura esta pegado a la pantalla. El trabajo del director, su debut en el mundo del cine, es más que correcto. El muy pillo conoce el género western y sabe lo que queremos ver los fans de este, planos largos, paisajes bonitos, polvo, arena, contraluces y demás elementos escénicos del género. El vídeo digital y el HD hacen el resto.
Encabezando el reparto tenemos al veterano Kurt Rusell metido de nuevo en una peli del oeste tras su paso por Tombstone de George P. Cosmatos y por la inminente The Hateful Eight de Quentin Tarantino. Tiene el aspecto, tiene la presencia y sin acometer una gran interpretación consigue contentar a la audiencia. Lo mismo se puede decir de sus compañeros de cartel, Patrick Wilson, actor de esos de "su cara me suena" ahora más conocido que nunca dentro de los círculos del fantástico por su papel protagonista en Expediente Warren ; Matthew Fox, protagonista de la conocidísima serie de TV Perdidos y Richard Jenkins, al cual si soy sincero no tengo ubicado para nada (aunque veo que la IMDB lo coloca entre otras cosas en la serie de TV A Dos Metros bajo Tierra). El conjunto de todos ellos logra el objetivo de la peli de hacerlos ver cómo los acomodados habitantes de un tranquilo pueblo que se ven obligados a meterse de lleno en una tarea totalmente desconocida para ellos para la que ni mucho menos están preparados.
Acompañan al cuarteto de intrépidos aventureros la señorita Lili Simmons, conocida por despelotarse en la pequeña pantalla en Banshee y True Detective, David Arquette (protagonista de la parodia viviente llamada Arac Attack) y en un brevísimo cameo de Sid Haig, actor clásico de serie B y más infame que nunca hoy día gracias a la mano de, entre otros, Rob Zombie, que se ocupó de soltarle la correa en peñazos como La Casa de los Mil Cadáveres.

En general, una película festivalera aceptable más que quizá merezca un nuevo visionado en el futuro y no el pasar simplemente al cajón del olvido.