Intérpretes: El Fantasma (Tarzán), Princesa Lea (Fiera), Juan Valentín, Juan Gallardo
Un grupo de punks atraca un banco. Con el botín obtenido del golpe compran un alijo de armas a un mafioso, equipamiento que posteriormente utilizan para liberar a su líder de la cárcel y comenzar una campaña de violencia y saqueo por las carreteras de México. Por otro lado, un par de policías inquebrantables son puestos al mando de una operación contra el narcotráfico. Los caminos de ambos grupos se cruzarán llegado el momento, enfrentando a ambos bandos.
Con esta sinopsis que perfectamente podría caber en la cara de una servilleta se nos presenta Intrépidos Punks, considerada por muchos como una de las obras pioneras del cine psicotrónico mexicano (que no es sino una palabra chanante acuñada para definir al cine de serie Z y exploitation facturado en dicha nación) y, a día de hoy, como una auténtica obra de culto venerada y reverenciada desde su lanzamiento en VHS allá por los años 80 por los consumidores de este tipo de subproductos (aunque, por lo que he podido averiguar, parece que en su momento llegó a estrenarse en cines) hasta el punto de que generó, en 1987, una secuela bajo el título de La Venganza de los punks. El mínimo argumento presentado, que se desploma según avanza la película a través de constantes incoherencias narrativas, no es sino una excusa para mostrarnos a la banda de moteros protagonistas llevando todo tipo de barbaridades con viandantes inocentes (tales como secuestrar a un grupo de mujeres y cortarle una mano a una de ellas, prender fuego a un pobre cliente de una gasolinera o masacrar a un grupo de mineros currelas para robarles el sueldo), intercalando estas escenas con frecuentes momentos de desnudos gratuitos (incluyendo un momento mítico en el que los punks violan a un grupo de chicas a la vez que, en la misma habitación y mientras se está llevando a cabo el vil acto, otros integrantes de la banda tocan una ruidosa canción a toda tralla con sus guitarras y baterías) y secuencias de los punks recorriendo las carreteras alargadas hasta la extenuación, todo ello con la única intención de rellenar todo el metraje posible. ¡Y qué decir de los punks!, una panda de individuos a cada cual más feo y desagradable y de tías rellenas de silicona con unas indumentarias y unos maquillajes dignos de una copia bastarda de Mad Max y que se asemejan a la estética punk más "mainstreamizada" lo mismo que un huevo a una castaña.
A pesar de que, como he mencionado, es un pedazo de cine exploitation bastante reconocido en su país, escasa información existe en la red en lo que concierne a sus realizadores y al elenco de la película. Entre los componentes de este último destacan por encima del resto los líderes de la banda, el negro Tarzán, encarnado por El Fantasma, un luchador mexicano (razón por la cual no vemos su rostro descubierto en ningún momento de la película y por la que nos deleita en un par de momentos estelares con algunos movimientos de wrestler); y Fiera, interpretada por la también vedette Princesa Lea. El dúo de policías protagonista está encarnado por los actores Juan Gallardo (participante en más de una centena de películas de todo tipo y calibre) y Juan Valentín (cuya carrera cinematográfica supera también la cifra de los 100 títulos y que es, también, un afamado cantante de rancheras con más de 40 discos lanzados hasta la fecha). Entre la maraña de nombres de secundarios, y tras una metódica a la par que infructuosa búsqueda, he podido extraer dos nombres reseñables: el de Rosita Bouchot (consagrada actriz de telenovelas que aquí interpreta a una punky con unas telarañas tatuadas en la cara) y Ana Luisa Peluffo,veterana actriz que saltó a la fama por ser la protagonista del primer desnudo femenino de la historia del cine mexicano y cuyo papel no consigo identificar claramente en la película (aunque me atrevería a decir que se trata de una de las mujeres secuestradas por los punks al comienzo de la cinta).
El incompetente a cargo de la dirección (que tira de los peores y más rudimentarios recursos del cine más casero) fue un debutante Francisco Guerrero, cuya carrera a posteriori se prolongó por casi una treintena de películas de todo tipo de géneros (incluyendo por supuesto el tan explotado mercado del cine low-cost directo a Vídeo/DVD), algunas de ellas con títulos tan sugerentes como Bancazo en Los Mochis o Trágico terremoto en México.
La película es una puta mierda por si cabe alguna duda, pero la estética, las pintas de sus protagonistas, los descojonantes dialogos e interpretaciones y los escasos pero existentes méritos que la película tiene (como esos títulos de créditos escritos con spray en una pared que son toda una lección de como solventar la falta de medios o el pegadizo tema musical del grupo Three Souls in my mind que es repetido constantemente a lo largo de la cinta) son tan bizarros que al final acaba siendo hasta divertida. Idónea para ver en una sesión de cine con colegas y partirte el culo a gusto.
PD: Antes de marcharme os dejo, junto al trailer, el tema musical completo en su versión de estudio y la película completa e íntegra disponible en Youtube.
Publicado originalmente como: Les Fils D'el Topo: Caïn [Glénat]
Guión: Alejandro Jodorowsky
Dibujo: José Ladrönn
Entintado: José Ladrönn
Color: José Ladrönn
Portadista: José Ladrönn
Alejandro Jodorowsky es uno de esos personajes con los que vivo en una lucha interior constante a la hora de valorarle como artista y como persona. En su faceta de cineasta le encuentro extremadamente aburrido pero un maestro a la hora de crear estéticas rompedoras. En su faceta de gurú y "psicomago" me parece poco menos que un cantamañanas y un estafador digno del más sucio presidio que el mundo se pudiera permitir. Soy un gran fan de su discípulo, el danés Nicholas Winding Refn. Repudio completamente sus ataques contra el cine americano y la industria de Hollywood, dardos envenenados que no son sino pataletas propias de un niño pequeño contra un colectivo que se negó en redondo a lanzarse a un proyecto millonario destinado al fracaso comercial como fue su fallida adaptación del Dune de Frank Herbert, una de esas películas nunca realizadas que resultan fascinantes en todos los sentidos, más aún si son , como iba a ser esta, los desvaríos de un loco (aunque todo esto está contado magistralmente en el genial documental Jodorowsky's Dune).
Y fue precisamente gracias a esta gran decepción como cineasta que se lanzó de cabeza a una carrera como guionista de cómics que resultó verdaderamente prolífica. En su primera obra importante, El Incal, volcó todo las ideas que había tenido para Dune, logrando un auténtico derroche de imaginación dibujado de cojones de bien por una auténtica leyenda del cómic como fue el ya fallecido Jean Giraud aka Moebius, pero que leído a día de hoy resulta un tebeo que muestra por todas partes un tono de "amateurismo" y de ser una obra firmada por un principiante que se acaba de iniciar en el mundo del cómic. Aun así una digna obra que quizá ha sido encumbrada más de lo que se merece por un fandom demasiado generoso o demasiado gilipollas. A partir de aquí, un no parar de secuelas (Antes del Incal y Final Incal con los dibujantes Zoran Janjetov y José Ladrönn respectivamente); spin-offs como La Casta de los Metabarones (una magnífica epopeya sci-fi digna de ser llamada obra maestra y dibujada por un dios del lapicero como es el argentino Juan Giménez) o Los Tecnopadres (un coñazo que tuve que abandonar a la mitad de lo insoportable que era) y obras independientes del universo de El Incal como son Los Borgia (una sátira pornográfica de la iglesia católica dibujada por el maestro del erotismo Milo Manara), Bouncer (un western con todas sus letras y, en mi opinión, el cómic más redondo del autor hasta la fecha) o el desvarío metafísico que publicó con el título de El Lama Blanco.
El Topo encarado a su primogénito en las páginas iniciales del tomo
Una carrera muy extensa que últimamente se ha reducido en gran medida (no nos olvidemos de que el chileno tiene ya casi 90 años). Y sin embargo ahí sigue al pie del cañón , cuidando el prestigio conseguido con sus shows de tarot y de psicomagia, sacando películas cuando puede (o más bien cuando consigue engañar a algún productor para que se las financie) y publicando tebeos, manteniendo actualmente dos series de novelas gráficas en activo: por un lado, la secuela de La Casta de los Metabarones (escrita a cuatro manos junto al americano Jerry Frisen) y, por fin, el tebeo por el cual he escrito toda este coñazo de introducción, Los Hijos del Topo.
El Topo es, sin duda alguna, la película más importante de la carrera de Jodorowsky. Un "western psicodélico" dirigido, protagonizado y guionizado por el susodicho que supuso en su momento toda una bofetada a la industria del cine latinoamericano cuando, tras ser rechazada para su exhibición en México, fue estrenada en Estados Unidos en pases de medianoche en el histórico cine Elgin (donde también se proyectaban otras obras marginales como Cabeza Borradora de David Lynch o la sucia Pink Flamingos de John Waters), cosechando todo un éxito y convirtiéndose,con el tiempo, en una película de culto. Y como toda obra de estas características que se precie, mucho se tenían que haber torcido las cosas para que su creador no intentara volver a intentar llamar la atención intentando aprovechar el tirón de su mayor éxito. Asi, a mediados de los 90,cuando ya había pasado por el desastre de Dune y estaba en pleno proceso de enfrentamiento con Hollywood, intentó sacar adelante el proyecto fílmico que sería Los Hijos del Topo. Una vez más, el fracaso llamó de nuevo a la puerta de Jodorowsky negándole de nuevo la financiación y manteniendo la película durante casi 20 años en dique seco. A día de hoy, parece que por fin las campanas han sonado y que el film verá por fin la luz próximamente. Entre tanto, y como una especie de regalo para los fans, el chileno ha publicado este tebeo, que viene a ser el primero de una saga que nos relatará en formato de BD la trama de esta tardía secuela.
Este volúmen arranca directamente en el final de El Topo, donde el susodicho, tras haberse convertido en un hombre santo y haber dado a luz a sus dos hijos se suicida prendiéndose fuego a lo bonzo, no sin antes marcar la frente de su primogénito, Caín, con una maldición: todo aquel que lo mire o dé cuenta al mundo de la existencia de este morirá. Años después, la tumba del Topo es un oasis al cual acuden en peregrinación fieles de todo el mundo, Caín es un paria, un marginado que se gana la vida como un bandido y Abel, el segundo hijo del Topo, vive con su madre dirigiendo un espectáculo ambulante de titiriteros. Será la muerte de esta última la que conducirá a la reunión de los dos vástagos del hombre santo, pues el segundo requerirá de las habilidades mortales del primero para transportar el cadáver de su madre a través de los peligros del desierto y enterrarla junto a su difunto esposo.
Tres veces me he enfrentado al visionado de El Topo y, por ello, me considerado lo suficientemente curado de espanto como para afirmar que esta es, sin dudarlo, un coñazo soberano, surrealista hasta lo incomprensible en muchos momentos. Los Hijos del Topo bebe en todos los sentidos de la mítica película, ya sea en la estética de los personajes, los detalles del universo presentado, el hermetismo de los diálogos o el profundo aturdimiento que provocan algunas situaciones planteadas, hasta el punto de que, en más de un momento, uno no sabe que coño esta pasando delante suya por más que lo lea y relea. Esto se puede considerar por un lado algo honesto por parte de Jodorowsky (en ningún momento traiciona el tono y estilo de su obra magna) pero, por otro, todo un error por parte del chileno.
Sintetizando, el tebeo tienes dos grandes problemas: la estructuración y el ritmo narrativo que presenta.
La tumba del Topo: La Meca particular de Jodorowsky para los habitantes de su mundo
Desde el primer momento se presentó este cómic como una traslación literal del guión que Jodo tenía pensado para la película. De esta manera, y para que la experiencia sea lo más cinematográfica posible, el autor parte la página en tres franjas de viñetas, estructura que repite sin excepción a lo largo de toda la extensión del tebeo. El resultado es que parece que uno está leyendo un storyboard al que le han colocado rótulos con diálogos encima, una experiencia que resulta muy aburrida, reiterativa, poco imaginativa (sobre todo para alguien tan dado a lo experimental como Jodorowsky) y que, sobre todo, lastra a un tebeo que podía haber sido una auténtica locura convirtiéndole en una pesadez. Y es que ya lo dijo el sabio, que "una cosa es una cosa y otra muy distinta es otra", pues algo que cualquier guionista de cómics que se precie sabe (Jodo incluído si uno atiende a sus obras pasadas), es que el cine y el tebeo son dos medios de expresión distintos y que, tratar de incorporar los ritmos y normas de un universo artístico al otro es todo un error, por muy experimentado que uno sea en la materia. A esto hay que añadir que un cuarto del tebeo relata los últimos compases de El Topo y que, para cuando la acción arranca, el volúmen termina, dejando al lector a medio gas y con la miel en los labios dispuesto a que la historia se ponga las pilas después de páginas y páginas de sopor, todo un defecto para alguien que nos dio toda una lección de ritmo narrativo en cada número de La Casta de los Metabarones y que, en un sólo volúmen de El Incal, fue capaz de contar un centenar de cosas y presentar una miríada de conceptos.
La idea general con la que uno se queda es que más que otra genialidad salida de las tripas del chileno, esto parece una forma de explotar un concepto muy esperado por sus fans en lo que ve si saca adelante o no el formato para el cual fue pensado: la famosa a la par que infame secuela cinematográfica.
A pesar de ello y como es costumbre (porque otra cosa no, pero el prestigio de Jodorowsky le ha permitido siempre trabajar con auténticos monstruos de la ilustración) , el trabajo gráfico del tebeo es sobresaliente. El responsable es el mexicano José Ladrönn, un artista que ha trabajado para las dos grandes editoriales de cómics americanos como portadista de tebeos como Batman, All-Star Western o Cable, cabecera para la cual desarrolló además los lápices de las páginas interiores durante más de una veintena de números allá por los 90. Adicionalmente cuenta con algún que otro trabajo de prestigio, como la miniserie de Los Inhumanos guionizada por el español Carlos Pacheco o, como se ha comentado previamente, el dibujo de Final Incal. Desde luego se puede decir que es un autor que tiene pillado el pulso a Jodorowsky y que puede hacerle de comparsa sin problemas, captando perfectamente las expresiones de los personajes y la estética de las películas de Jodorowsky, utilizando para ello una paleta de colores tan propia del género western que parece que uno se va a manchar de polvo del desierto en cualquier momento.
En resúmen, una obra muy esperada del cómic europeo se convierte en una lectura digna para intercalar con la contemplación del crecimiento de las plantas del campo y en toda una decepción para un servidor, tan adorador como detractor de la obra del chileno. Gracias a Dios que no se me ocurrió la genial idea de comprarlo y que en su lugar tiré del depósito de las bibliotecas públicas. Que el señor las bendiga..
Intérpretes: Kate Beckinsale (Selene); Scott Speedman (Michael Corvin), Bill Nighy (Viktor), Michael Sheen (Lucian), Shane Brolly (Kraven), Kevin Grievoux (Raze)
De todas las sagas de acción con monstruitos
y criaturas varias que nacieron a finales de los 90 y principios de los 2000,
posiblemente mi preferida sea la saga de Underworld. No sé si será por los
vampiros, por los hombres lobo, porque es la única que me llevó al cine en
algún momento o porque me pilló en mis efervescentes 12 añitos cuando estaba en
su plenitud. En cualquier caso llevaba como cinco o seis años sin verme ninguna
película de la saga (y eso que me quedé en la tercera la última vez) y ya tocaba
pegarle un repaso para ver que tal ha envejecido, si sigue siendo tan
entretenida y todas esas cosas. Así que empecemos por el principio de todo.
Underworld nos presenta un mundo en el que
los vampiros y los licántropos no sólo existen sino que llevan cientos de años
enfrentados entre sí en una guerra sin cuartel. En la Hungría actual, los
hombres lobo viven reducidos a refugios en las alcantarillas y viven como
alimañas mientras los vampiros se dedican a un estilo de vida hedonista
congregados en grandes mansiones. Todo cambiará cuando Selene, una de las
guerreras vampiras mas habilidosas, descubra que un humano, aparentemente
relacionado con una antigua leyenda vampírica, está siendo perseguido por los
licántropos, quienes creen que puede ser la clave para inclinar la balanza de
la guerra hacia uno u otro bando y acabar con esta de una vez por todas.
Hay quien dice que la saga entera está
plagiada prácticamente en su totalidad de los juegos de rol de Vampiro: La
Mascarada y demás, pero como yo no tengo ni puta idea de esas mierdas no
me cortaré en decir que me gusta la mitología planteada por la película y,
sobre todo, me gusta la estética tan de aquellos años, con su cuero negro, su
bullet-time y sus tiroteos imposibles, todo ello rodado en una fotografía de
tonos fríos, grises y azules principalmente, que resalta aun más toda la
frialdad y la artificialidad de ese mundo nocturno fantástico.
Si bien todo lo que es el empaque, el
universo presentado, está bien fundamentado, la trama desarrollada viene a ser
bastante predecible a pesar de los dos o tres giros de guión que tiene, e
incluso peca a veces de depender de detalles que plantean pero no terminan de
resolver, como si ya desde un primer momento estuvieran pensando en una saga de
varias películas y en una trama a desarrollar a largo plazo, algo que para una
película cuya secuela no está garantizada desde un primer es un ERROR, tenga o
no sentido todo ello tras unas cuantas entregas. Aun así, como en estos casos
lo que prima es que la estética mole y la acción no esté mal rodada (en este
caso, ni el montaje es tan videoclipero como en otras pelis similares, ni el
bullet-time tan molesto y casi todas las escenas de acción se pueden visualizar
sin volverte loco intentando ver lo que pasa, así que se le puede dar un
aprobado sin problemas), pues el que la trama desarrollada sea más o menos
simple como que da un poco igual.
Protagoniza la película la guapísima Kate
Beckinsale que, a pesar de haber trabajado también con Scorsese, Michael Bay y
unos cuantos directores de renombre más, tiene en la saga Underworld el que es,
sin duda alguna, el papel que ha marcado su carrera y por el cual va a ser
recordado en el futuro. Es sexy, se mueve con soltura en las peleas, tiene un
puntillo descarado incluso y las lentillas azules y los colmillos le sientan de
puta madre asi que, por mi parte, ningún problema con ella. El co-protagonista
es Scott Speedman, un señor sosísimo que también tiene en esta película el
papel de su vida, pero en esta ocasión, porque no ha rodado nada más que
merezca la pena reseñar. Como líder de los licántropos, uno de los personajes
más carismáticos y más empáticos de toda la saga, tenemos a Michael Sheen (que
no tiene nada que ver con Martin Sheen o el drogadicto de su hijo Charlie), ex pareja de la señorita Beckinsale y un actor que años después de
hacer Underworld ganó un prestigio que te cagas con su participación en La
Reina (el biopic de Isabel II con Helen Mirren) y en El Desafío: Frost contra
Nixon, con una nominación a los BAFTA incluida, pero que en el momento de hacer
esta peli era más bien desconocidillo. Por otro lado, Viktor, señor de los
vampiros está interpretado por un especialista en papeles grimosos, el
británico Bill Nighy, conocido por hacer de rockero viejo en Love Actually, por
su papel de Davy Jones en la saga Piratas del Caribe y por sus cameos en las
pelis de Edward Wright. El resto del plantel está compuesto por mediocres y
completos desconocidos, muchos de ellos procedentes de Europa del Este, entre
los que destaca como curiosidad el cameo
de Wentworth Miller, protagonista de Prison Break y el Capitán Frío en The
Flash, Arrow y demás series de superhéroes de la CW.
Dirige toda la fiesta Len Wiseman, el señor
por el cual Kate Beckinsale dejó a Martin Sheen hasta el año 2015 en el cual le
pidió el divorcio. Un hombre cuya filmografía se compone básicamente de las dos
primeras entregas de la saga Underworld y de dos putas mierdas como son La
Jungla 4.0 y el remake de 2012 de Desafío Total. Un auténtico currela, impersonal hasta decir basta, lo cual lo excusa bastante en lo que respecta al resultado final de sus
películas, y actualmente productor tanto de las nuevas entregas de Underworld
como de diversas series de TV. Sin duda alguna, el otro pilar fundamental de la
saga aparte de la señorita Beckinsale.
En líneas generales Underworld es una
película que en su momento me gustó mucho (aunque claro está, tenía 12 añitos
cuando la vi por primera vez) y que hoy día me entretiene pero no me dice gran
cosa más. Ni de lejos es tan impresionante y adrenalínica como la recordaba. La
película fue, en su momento, un éxito sorpresa ya que, partiendo de un
presupuesto de 22 millones de dólares consiguió recaudar casi 96, lo que le
aseguró a la misma su continuidad en toda una serie de secuelas, la primera de
las cuales fue…
Título: Underworld: Evolution
Director: Len Wiseman
Año: 2006
Guión: Danny McBride
Intérpretes: Kate Beckinsale (Selene), Scott Speedman (Michael Corvin), Tony Curran (Marcus Corvinus), Derek Jacobi (Alexander Corvinus), Steven Mackintosh (Andreas Tanis)
Underworld: Evolution. Primera secuela en la
que repiten Wiseman, Beckinsale y Speedman y en la que prácticamente nada
cambia en lo referente a la estética, la dirección y las interpretaciones de
los actores. Y sin embargo mi favorita de la saga por el momento ¿Por qué?
Simple, porque se centran más en la mitología planteada para el universo de la
saga, es un no parar de escenas de acción bastante mejor planificadas que las
de la primera entrega y tiene como villanos a un puto licántropo albino inmenso
y a un señor de los vampiros, con sus alas de murciélago y todo, curradísimos
con un maquillaje de puta madre.
La película es una continuación directa de la
primera parte y nos presenta a los protagonistas, Selene y Michael, huyendo de
los restantes vampiros y licántropos por igual. Sin embargo, sus acciones en la
anterior peli provocaron indirectamente el despertar de Marcus Corvinus, el
primer vampiro quién también se lanzará en persecución de la feliz pareja, pues
aunque estos no lo sepan, tienen la clave para despertar de su encarcelamiento
eterno a William Corvinus, el primer licántropo y hermano de Marcus, pieza
fundamental de un plan del susodicho chupasangre para lograr el dominio sobre
ambas razas de seres nocturnos.
La verdad es que es una peli de la que no se
puede decir gran cosa, menos aún después de haber comentado la que le precedió.
No ofrece prácticamente nada nuevo salvo la continuación de la trama iniciada y
la presentación de nuevos personajes, y mantiene todos los elementos de
fotografía y estética de la primera entrega, mejorando eso sí cosillas tales
como el CGI utilizado y la realización de las escenas de acción. Claro que
también contó con un presupuesto bastante mayor que el de su predecesora, casi
45 millones de dólares que rentabilizaron de sobra con una recaudación de algo
más de 113 millones.
Entre las nuevas incorporaciones al plantel
de actores tenemos como Marcus Corvinus a Tony Curran, actor irlandés que , al
margen de un papel secundario en Blade II y su interpretación como el hombre
invisible en La Liga de los hombres extraordinarios, no ha hecho nada que
merezca la pena destacar. El británico Steven Mackintosh encarna al historiador
y cronista de los clanes vampíricos Andreas Tanis y, junto a todos estos
mediocres, encontramos la participación estelar de un grande, el shakespeariano
Sir Derek Jacobi, al que habréis podido en decenas de producciones de diversa
índole, desde series B hasta pelis de prestigio, y al que recuerdo especialmente
por sus papeles de Graco en Gladiator y del emperador Claudio en la adaptación
televisiva del Yo, Claudio de Robert Graves por el que obtuvo un merecidísimo
premio BAFTA a Mejor Actor.
Y ya está, no hay más que decir. La verdad es
que en este tipo de sagas en las que se adhieren a una fórmula estética que
funciona no suele haber gran cosa que destacar salvo cuando se convierten en
una puta mierda. Eso y que, por otro lado, la preferencia de unas entregas
sobre otras suele ser puramente subjetiva y complicado de argumentar salvo con
la clásica pregunta “¿Qué tiene esta que no tengan las demás?”. Al menos así lo
veo yo. La próxima vez que afronte esta saga revisionaré la tercera entrega y
precuela de todas las demás películas, Underworld: La Rebelión de los
licántropos, y afrontaré por primera vez el visionado de la cuarta parte.
Cuídense hasta entonces…
Título: Ilsa, la loba de las SS (Ilsa, She Wolf of the SS) Director: Don Edmonds Guión: Jonah Royston Año: 1975 Intérpretes: Dyanne Thorne (Ilsa), Gregory Knoph (Wolfe), Tony Mumolo (Mario), Jo Jo Deville (Ingrid), Nicole Ridell (Kata)
La película más reconocida dentro de aquello
que se dio a conocer como Naziexploitation (ahora tomado, como tantas otras
exploitation antes tratadas con relativa seriedad, como un cachondeo gracias a
comedietas de segunda como Dead Snow
o Iron Sky), Ilsa, la loba de las SS transcurre en un ficticio Campo de
Concentración Nº9 (en la vida real, el mismo set de rodaje en el que se filmó
la comedia televisiva Los héroes de Hogan)
en el que la comandante Ilsa gobierna con puño de hierro. En este infernal
lugar, los hombres son utilizados como esclavos sexuales y castrados
posteriormente mientras que las mujeres sirven como mano de obra o como banco
de pruebas para crueles experimentos médicos. La inminente llegada de los
aliados a la Alemania nazi provocará que algunos de los internos más recientes
comiencen a planear un motín dentro de la prisión al mismo tiempo que Ilsa
intenta descubrir el enigma médico que se haya detrás de un preso americano de
portentosas dotes sexuales.
Basada (MUY vagamente) en las atrocidades
reales cometidas por la comandante alemana Ilse Koch (no en vano, la peli
comienza con un mensaje del productor anunciando que lo que se va a ver, aunque
dramatizado, fue completamente real, como si de un mondo italiano se tratara),
la película, como tantas otras exploitation es básicamente una excusa para ver
desnudos femeninos y masculinos sin censura junto a la violencia más burra que
la época podía permitir. Escenas de folleteo, abusos sexuales o simple
costumbrismo en el que las prisioneras van con escasa o ausente vestimenta se
intercalan con secuencias de “experimentos científicos” en el que se nos
muestra todo un catálogo de burradas (así a lo pronto, porras eléctricas
insertadas en la vagina de las chicas, una mujer prácticamente hervida viva o
una extracción de un globo ocular por mencionar algunas lindezas) en un estilo
que luego sería imitado por Los Hombres detrás del sol y sus secuelas
(películas ambientadas también en la Segunda Guerra Mundial y que bien podrían
ser la respuesta asiática al naziexploitation), y seguramente, también por
otras películas que, por el momento, desconozco.
Su protagonista, Dyanne Thorne, es, al igual
que el resto de sus compañeros/as de reparto (de los cuales no merece la pena
escribir ni una sucia palabra), una puta mierda de actriz (aunque he de decir
que a mí personalmente me hace cierta gracia tanto el carácter que imprime a su
personaje en versión original como la que se consigue en la versión doblada)
que muestra en cuanto se despoja de la vestimenta los atributos que la hacen
merecedora de protagonizar la película. Eso sí, a pesar de tener un par de
peras que apenas le caben en el sostén no se puede decir que su rostro sea muy
agradecido (tiene cara de vieja para que nos entendamos), pero bueno, cuestión de
gustos. Durante los años anteriores y posteriores a su participación en Ilsa,
esta mujer vivió de participar en diversas sexploitations, tanto en papees
cómicos como en roles más “serios”, así como de continuar la saga fílmica de la
komandant en Ilsa, la hiena del harén,
Ilsa, la tigresa de Siberia e Ilsa, the Wicked Warden (llamada Ilsa a secas en España y dirigida por el
prolífico Jess Franco). Con los años abandonaría el mundo del cine y obtendría
una licenciatura universitaria en Estudio Comparado de Religiones. Actualmente,
tanto ella como su marido, ordenados ambos como ministros de la iglesia,
regentan una capilla en Las Vegas desde donde ofrecen diversas ofertas de
ceremonias de casamiento a todo aquel que las desee.
El director de film, Don Edmonds, al igual
que su protagonista, tiene una carrera curiosa. Se inició igualmente en el cine
exploitation para graduarse posteriormente al soft-core y al slasher. Vió en
Ilsa y en su primera secuela el culmen de su carrera y, posteriormente, consiguió un puesto de responsabilidad dentro
de una productora, donde se encargó en parte de que películas tales como Cortocircuito o Amor a Quemarropa vieran la luz, antes de morir de un cancerazo de
hígado en el 2009.
Y si he hablado tan pronto de actriz
protagonista y director es porque la verdadera figura que merece el interés del
respetable es el productor de la cinta. Y es que detrás del pseudónimo de
Herman Traeger se encontraba ni más ni menos que David F. Friedman.
Friedman es una de esas figuras del mundo de
la exploitation que merece la pena reivindicar. Comenzó su carrera
profesional trabajando para Paramount
Pictures y otras productoras menores en la confección de cortometrajes sobre
educación sexual y buenas costumbres para la higiene íntima. Esto, no nos
engañemos, era el equivalente a la pornografía que existía en aquellos tiempos
en los que todo era tabú y censura. Así pues, no es de extrañar que en cuanto
la sociedad fue más permisiva saltara al sexploitation, en esta ocasión
asociado con una de las grandes figuras de la historia de la exploitation,
Herschell Gordon Lewis. Como productor de este buen señor llevaría a cabo films
como The Adventures of Lucky Pierre, Daughters of the Sun (algunos de los
primeros nudies de la historia) o Scum of the Earth (considerado por los
expertos en la materia como el primer roughie,
un nadie con cierto componente de violencia, de la historia). Sin embargo sería
a principios de los 60 cuando grabaría su nombre en la historia con la
producción de Blood Feast del señor
Gordon Lewis, establecida como la primera película gore de la historia (aunque
hay ejemplos anteriores que ya apuntaban en la dirección tomada a posteriori
por esta película y las que le seguirían), en una asociación que se
consolidaría como fructífera años después con la salida a la luz de otros
largometrajes como 2000 Maníacos o Color Me Blood Red. Es también a finales
de los 60 cuando surge Campo de
Concentración Nº 7, predecesora de Ilsa
en todos los sentidos (no en vano es durante el rodaje de la misma que se
escribe el guión de La loba de las SS),
primer naziexploitation como tal de la historia y la película que, junto a la
reconocida 99 Mujeres de Jess Franco,
consolidó otro subgénero exploitation (que también muy de la mano con el
naziexploitation) como es el Women In
Prison o WIP (películas en las que se muestra la dura vida de las cárceles
de mujeres con toda su violencia y sexo gratuito, abusos sexuales y lesbianismo
incluídos). Tras Ilsa, el ritmo como
productor del señor Friedman se ralentizó bastante con los años hasta el punto
de que, actualmente, apenas participa en proyectos que no tengan alguna
relación con viejos éxitos, siendo sus últimos largometrajes acreditados 2001 Maníacos y su secuela, así como Blood Feast 2: All U Can Eat. En
cualquier caso una carrera prolífica en la que nos encontramos con un señor que
ayuda en la consagración del nudie, que crea el gore junto a Herschell Gordon
Lewis y que también participa en la confección del WIP y del Naziexplotation.
Méritos más que de sobra como para nombrarlo, echando la vista atrás, como uno
de los grandes pioneros del exploitation de la historia.
Tras esta parrafada, volvamos a Ilsa para un par de líneas finales.
Vamos a ver, la película es un zurullo pero se soporta bastante bien por lo
bizarro que resulta ver algo así a día de hoy (las tetas y los chorrazos de
sangre ayudan también bastante) y, sobre todo, por el tufillo icónico que
tiene, pues no en vano ha generado todo una figura que ha inspirado desde a
grupos de punk y metal hasta a creadores de anime, pasando por directores como
Tarantino o Rob Zombie que alguna que otra referencia en sus largometrajes. En
su momento fue una película que fue creada para el circuito Grindhouse y los
Drive-In y como tal hay que verla con la actitud necesaria para afrontar un
producto de estas características y, evidentemente, no esperar encontrar algo
remotamente parecido a cualquier producto mainstream. Dicho esto, se puede
poner perfectamente de fondo mientras haces cualquier otra cosa, ya sea
trabajar, hacer los quehaceres del hogar o, por qué no, mientras te haces una
pajilla.
Intérpretes: Channing Tatum (Mike), Alex Pettyfer (Adam "El Niño"), Joe Manganiello ("Pollón" Ritchie), Matt Bomer (Ken), Kevin Nash (Tarzán), Matthew McConaughey (Dallas), Cody Horn (Brooke)
Steven
Soderbergh es un director que ni me atrae ni controlo en absoluto. Channing
Tatum es un actor que ni me gusta especialmente ni me llama la atención. Y aun
así me he tragado Magic Mike como si fuera un rabo. ¿Por qué? , porque es una
peli de tíos que se despelotan delante de mujeres y eso llama la atención. Porque, no nos engañemos, las
pollas, al igual que las tetas y los coños, venden.
La
película gira en torno al Mike que menciona el título, obrero de la construcción
por la mañana, stripper por la noche en un sucio club de Tampa y soñador a
tiempo completo, pues la ilusión de su vida es montar un negocio de venta de
muebles de diseño hechos a mano. Un día conoce a Adam, un chaval de 19 años
bastante perdido en la vida, al cual engaña para que atraiga a unas clientas al
club de striptease y, posteriormente, para que se despelote durante una de las
funciones. De esta manera, Mike y Adam entablaran una amistad mientras ambos
progresan en el atractivo pero igualmente sórdido mundo de los strippers
masculinos.
Esto
viene a ser en el fondo una historia de perdedores como tantas se han hecho
antes, de loosers que persiguen sus sueños imposibles en un mundo que es la
sordidez absoluta disfrazada de alegría y luminosidad, una dualidad que queda
perfectamente reflejada en la película en una escena en la que Mike le está
explicando a Adam lo fácil y sencillo que es el trabajo que va a realizar
mientras, en un desenfocado primer plano, el personaje de Joe Manganiello se
insufla aire en la polla con una pera para mantenerla erecta antes de salir a
dar espectáculo. Es un mundo que parece poblado de gente super cachonda y super
maja cuando en el fondo no son más que un atajo de miserables, un grupo en el
que no es un drogadicto es un borracho o un traficante o un avaricioso hijo de
la gran puta. Y como ver la miseria humana representada en la gran pantalla
siempre resulta efectivo pues esta representación del universo en el que se
mueven los personajes sea posiblemente lo mejor que tiene que ofrecer la peli.
Channing
Tatum es un actor que expresa lo mismo que una patata hervida cuando afronta un
papel serio. Y sin embargo aquí sorprende muy positivamente en los momentos de
comedia de la película, que tiene unos cuantos como, por ejemplo, la escena en
la que aparece travestido de Marilyn Monroe y le pone los huevos en la cara al
personaje de Adam para despertarle. Visto esto, entiendo perfectamente a
aquellos que destacaban sus virtudes como actor cómico en Infiltrados en clase
y su secuela y auguro que, al igual que otros actores cachas de mierda antes
que él como, por ejemplo, The Rock, va a encontrar en su vis cómica el camino a
seguir para forjar su carrera a partir de ahora. Eso sí, el cabrón sabe moverse
en la pista y se marca unas coreografías mientras se desnuda en el escenario
que molan un cojón y medio.
El
co-protagonista, Alex Pettyfer, es uno de estos chavalines jóvenes, mozos y
guapos que consiguen meter a las niñatas en las salas de cine pero que no
transmiten absolutamente nada, y menos aún cuando está rodeado de un elenco de
secundarios que se lo comen con patatas, a saber: Joe Manganiello (el próximo
Deathstroke del Universo Cinematográfico DC), Matt Bomer (un mozalbete muy
bello que se ha alzado en las últimas temporadas de American Horror Story), el
ex-wrestler Kevin Nash, el cómico latino
Gabriel Iglesias y, por encima de todos, Matthew McConaughey en la etapa post
True Detective y post El Lobo de Wall Street y justo antes de hacer Interstellar y
de llevarse el Óscar por Dallas Buyers Club (en otras palabras, los mejores
años de su carrera), interpretando al dueño del club de striptease, un
personaje que es todo carisma y para el cual se guardan los mejores speeches y
las mejores líneas del guión en un momento en el que aún no se había
re-descubierto del todo el talento de este actor. Entre tanto rabo tenemos,
poniendo el contrapunto femenino, a la casi desconocida Cody Horn
interpretando a la hermana de Adam, a la
guapilla Olivia Munn (Mariposa Mental en la última peli de la saga X-Men y uno
de los personajes principales de la serie de TV The Newsroom) como la amante de
Mike y a Riley Keough, nieta de Elvis Presley y una de las nuevas musas del
cine independiente americano encarnando a una zorrilla que se cruza en un momento
en las vidas de nuestros protagonistas.
Una
gran parte del presupuesto de la película salió del propio bolsillo de Channing
Tatum, el cual estaba especialmente interesado en sacarlo adelante pues él
mismo había trabajado de stripper de jovencito y quería ver reflejado dicho
mundo en la gran pantalla. Este, como productor que era, quería en un principio
que la cinta la dirigiera el gran Nicholas Winding Refn (discípulo del
cantamañanas y lisérgico Alejandro Jodorowsky), el cual accedió en un principio
a cambio de que el propio Tatum rodara a posteriori una película con él. Como
dicho proyecto nunca salió a la luz y además el propio Refn estaba ocupadillo
triunfando como la Coca-Cola dirigiendo a Ryan Gosling en Drive y Sólo Dios
Perdona, renunció al proyecto y le pasó el testigo a Soderbergh que acabaría
sumando también un buen puñado de dólares al presupuesto. Soderbergh, como he
dicho antes, es un señor que no me atrae en absoluto. En su faceta de cineasta
independiente me parece (al menos en lo que he visto de momento de él) un
pedante de cojones y en su faceta mainstream (en la que se incluye su, en mi
opinión, mejor película, Ocean’s Eleven y la crudísima y brutal serie de
médicos The Knick), un ser impersonal. Gracias a dios, es en esta última categoría
donde cae Magic Mike, lo que hace que el trabajo de este señor tras la cámara
no esté ni tan mal.
La
película gustó bastante tanto a crítica como a público y, partiendo de un
presupuesto de apenas 7 millones de dólares consiguió recaudar 167 millones,
algo a lo que en el mundo del cine se le llamo “petarlo a niveles extremos”.
Como era de esperar esto generó una secuela en 2015, Magic Mike XXL, y una
conversión de la película en un musical de Broadway que se encuentra
actualmente en preparación. Y es que como he dicho al principio, las pollas y
los hombres en pelotas también venden.
Por
cierto, en líneas generales, la peli esta guay, es solvente y merece la pena un
visionado o dos sin ninguna dudad. Notable.
Intérpretes: Wesley Snipes (Blade), Stephen Dorff (Deacon Frost), Kris Kristofferson (Whistler), N' Bushe Wright (Karen), Donald Logue (Quinn), Udo Kier (Dragonetti)
Si nos retrotraemos a principios de los 2000
y repasamos el listado de películas de terror que lo petaron, enseguida nos
encontraremos con algunas de esas cintas de acción mal clasificadas dentro de
dicho género. Con Resident Evil y Underworld a la cabeza, todas estas
películas compartían una estética común: cuero negro, estética videoclipera con
las secuencias de acción montadas a 50 planos por segundo, música electrónica
con alguna raperada de por medio y actores de mierda de protagonistas. Muchos
dirán que esto es una prueba más del daño que hizo a la industria el fenómeno Matrix, pero hoy vengo a recordar que ya
antes de esta había ejemplos previos de esta corriente tan curiosa como odiosa.
El cazavampiros Blade siempre ha sido un
secundario de lujo en los tebeos Marvel. Desde su aparición en las páginas de La Tumba de Drácula hasta sus
apariciones más recientes como inesperado héroe en el último volumen de Poderosos Vengadores, “El que ha visto el sol” ha tenido sus
momentos más o menos gloriosos, pero nunca ha sido una de las grandes bazas de
la editorial. Por tanto, no es de extrañar que a la hora de adaptarlo al cine,
la poderosa compañía diera luz verde a una película que tiraba más hacia la
serie B y la calificación para mayores de 18 años. No había motivos para no
hacerlo. Y he aquí que tenemos la primera entrega de la que acabaría siendo una
trilogía.
Eric Brooks, más conocido como Blade, es un
hombre mitad vampiro, mitad humano, capaz de caminar a plena luz del día pero
dependiente del plasma sanguíneo para su subsistencia, que lleva años cazando
chupasangres obsesionado con la idea de encontrar al vampiro que infectó y
acabó con la vida de su madre. Junto a un reducido grupo de aliados, su camino
le llevará a cruzarse con Deacon Frost, un líder vampiro que pretende invocar a
un antiguo dios de la sangre llamado La Magra para lograr por todas la
supremacía de su raza frente a los seres humanos.
En primer lugar, he de decir lo fascinante
que me parece todo ese universo vampírico que nos presenta la película, en el
que los chupópteros básicamente se dedican a ir a raves, matar peña y consumir
su sangre con avidez. Y es que, salvo en un par de ocasiones en las que vemos
reuniones de los vampiros más poderosos al más puro estilo club Bildeberg,
todos los encuentros de Blade con los vampiros tienen lugar en fiestas
nocturnas, ya sean en garitos subterráneos o en pisazos de lujo. El mantener a
Blade como un personaje urbano y apegado a las calles es todo un acierto, así
como todo ese origen y esos personajes secundarios que se sacan de la manga y
que ayudan a empacar un argumento que, por otro lado es tan sencillo y
predecible como podría ser un cómic de este personaje. Un trabajo decente de
David S. Goyer, que en años posteriores a esta película se mostraría como un
referente dentro del cine de superhéroes, siendo responsable de los guiones de
la trilogía de Batman de Christopher Nolan o de El Hombre de Acero de Zach Snyder entre unas cuantas otras cintas
del género.
El guión de la película estuvo circulando por
las productoras durante unos cuantos años antes del inicio de la producción, y
múltiples negros fueron barajados como posibles protagonistas. Denzel
Washington y Laurence Fishburne fueron considerados para el papel, pero por
aquel entonces Wesley Snipes se encontraba en conversaciones con Marvel para
protagonizar una posible adaptación de los tebeos de Pantera Negra y fue el que
se acabó quedando con el rol protagonista. No sé como lo habrían intepretado
otros actores, pero lo que sí sé es que Wesley Snipes aparte de ser un actor de
mierda (y, actualmente, ex-presidiario) es un señor sin carisma alguno que tira por los
suelos toda la posible gracia que pudiera tener el personaje y lo convierten en
un protagonista soso de pelotas (tampoco estoy pidiendo actorazos, joder, las
grandes figuras del cine de acción nunca han sido grandes intérpretes pero por
lo menos tenían una chispa con la que ganarse al espectador).
Originalmente se planeó que el antagonista de
la película fuera el vampiro Morbius, pero una serie de problemas con la
propiedad de los derechos cinematográficos de Spiderman (tebeo al que está
vinculado dicho personaje) hicieron esto imposible, así que una vez los
responsables de la peli se sacaron de la manga esta reinterpretación de un
villano de segunda como Deacon Frost. Para interpretarlo recurrieron a Stephen
Dorff, un cutre de tomo y lomo y un actor bastante penoso que se casca aquí la
que posiblemente sea su interpretación más
conocida hasta la fecha. Pero no es la única cara medianamente reconocida del
elenco. Acompañando a héroe y villano tenemos a Kris Kristofferson (reconocido
fundamentalmente por su participación como co-protagonista en Pat Garrett y Billy el Niño de Sam
Peckinpah) interpretando a Whistler, una especie de Van Helsing trasnochado que
es posiblemente el mejor personaje de la película. También podemos encontrar en
el reparto al eterno secundario de inquietante rostro Udo Kier, a un secundario
eterno como es Donald Logue (actualmente alzándose como Harvey Bullock en la
serie de Tv Gotham) y a la ex-actriz
porno Traci Lords haciendo un cameo de pocos minutos.
También en un principio se planteó como
posible director al señor David Fincher, pero cuando este huyó con el rabo
entre las piernas acabó dirigiendo el cotarro Stephen Norrington, un señor
prácticamente novato y que tras ser responsable del deleznable espectáculo de
cámaras y montaje de esta película volvió a cubrirse de gloria unos cuantos
años después adaptando el mítico tebeo de Alan Moore La Liga de los hombres extraordinarios, adaptación que, dicho sea
de paso, fue la causante de que no haya vuelto a sentarse en la silla de
director desde entonces.
Blade nos ofrece una adaptación de
cómic que se inmiscuye en el subgénero vampírico sin autocensura ni cortapisas.
Acción, chulería, algo de gamberrismo…una macarrada que podría tener todas las
papeletas para, por lo menos ser un divertimento decente. Y aun así, es una
película que me termina aburriendo, algo de lo que es culpable sobre todo su
protagonista y el asqueroso trabajo de dirección que ya he comentado repetidas
veces. La película partía de un presupuesto
de 45 millones de dólares y logró recaudar casi el triple de este,
llegando a coronarse como número uno en su primer fin de semana en España. En
cualquier caso, dio dinero más que de sobra para que acabara convirtiéndose en
una trilogía, y tendríamos que esperar hasta la tercera parte para encontrarnos
con un villano clásico de los tebeos del cazavampiros como es Drácula. Pero
antes, pasaríamos por el visionado de…
Título: Blade II
Director: Guillermo del Toro
Año: 2002
Guión: David S. Goyer
Intérpretes: Wesley Snipes (Blade), Kris Kristofferson (Whistler), Leonor Varela (Nyssa), Ron Perlman (Reinhardt), Norman Reedus (Scud), Luke Goss (Nomak), THoms Kretschmann (Damaskinos)
Blade II. Segunda entrega de la trilogía
con Wesley Snipes de nuevo a la cabeza y David S. Goyer a los guiones quien en
esta ocasión se curra una historia algo más original: una raza nueva de
vampiros, los Segadores, que predan sobre los propios chupasangres está
causando estragos dentro del submundo vampírico. La situación llega a tal punto
que un gran señor de los chupópteros recluta a Blade para que se ponga al mando
de una cuadrilla de guerreros vampiros de élite para atajar el problema de una
vez por todas, iniciando una cacería en la que no todo es lo que parece.
Una secuela que mejora en todos los sentidos
a la primera parte. Un Wesley Snipes al que, a pesar de seguir siendo un actor
de mierda, por fin le sacan algo de jugo en situaciones en las que muestra una
simpática química con los personajes de Whistler (interpretado una vez más por
el señor Kris Kristofferson)y Reinhardt (encarnado por uno de los feos ilustres
de Hollywood, Ron Perlman). Un reparto repleto de caras conocidas: el
mencionado Ron Perlman, Norman Reedus (Daryl en The Walking Dead y co-protagonista de uno de mis placeres culpables
favorito, Los Elegidos), Karel Roden
(Rasputín en Hellboy),Luke Goss (que
interpretaría al villano de Hellboy II
y al piloto de carreras Frankenstein en dos de las tres entregas de la
saga-reboot Death Race de Paul W.S.
Anderson), el ahora archiconocido Donnie Yen en uno de sus primeros papeles en
Hollywood (quien también ejerce las labores de coreógrafo en alguna de las
mejores escenas de acción del film), el alemán Thomas Kretschmann (conocido por
su papel de oficial nazi en El Pianista
y también por su breve paseo por el Universo cinematográfico Marvel encarnando
al Barón Strucker) y un cameo del caricato persona, Santiago Segura. Junto a
tanto rabo, un papel femenino secundario que pasó por las manos de pibones como
Asia Argento, Kristanna Loken o Elena Anaya y que acabó recayendo en la chilena
Leonor Varela, que ni está tan buena ni queda tan resultona como lo habría
hecho cualquiera de las otras candidatas.
Al mando del barco, un señor que ganó el
prestigio para, en los últimos años, ser ninguneado: Guillermo del Toro. Por aquel entonces
Guille (su madre le llama Guille y yo le llamo Guille) ya había dirigido un
encargo para Hollywood, Mimic, y una
cinta de prestigio, El espinazo del
diablo. Con Blade II detecto que
Del Toro está ensayando para la que fue su gran catapulta al estrellato dos
años después: Hellboy. Aunque copia
en parte el estilo videoclipero de Stephen Norrington si que se asegura de que
el montaje de las escenas de acción no sea tan atroz y alocado como en la
primera entrega e incluso llega a dejar quieta la cámara en ciertos momentos y
a introducir puntualmente el bullet-time, consecuencia inevitable de la cátedra
sentada por Matrix, en un estilo que
es muy similar al que utilizaría luego más depurado en la ya mencionada Hellboy. Pero no acaban las similitudes
con su carrera posterior aquí. Y es que ya empieza a asomar la cabeza el
verdadero talento de Guillermo del Toro que no es estar tras la cámara, sino
coordinar la creación de monstruitos y ambientes fantásticos. Así tenemos por
ejemplo a unos vampiros embozados en un “traje de infiltración” que recuerdan
poderosamente al Kroenen de la ya mentada Hellboy
(cosa que no es de extrañar, pues el propio Mike Mignola, creador de los tebeos
del demonio de la mano de piedra, aparece acreditado como artista conceptual) y
unos vampiros Segadores que son prácticamente un calco de los que aparecerían
más de diez años después en la serie de TV The
Strain (la de los vampiros con la lengua-aguijón retráctil y que transmitían
la infección a través de unos asquerosos gusanos), adaptación de una trilogía
de novelas escritas a pachas entre el propio Del Toro y el escritor
norteamericano Chuck Dixon.
Y tampoco tiene mucho más que contar. Una
secuela más divertida, menos pesada, con un casting más acertado y simpático,
un protagonista ligeramente mejor respecto a la primera entrega, un guión más
trabajado y una dirección y una estética que, aunque tira repetidas veces de un
CGI ya cantoso aunque no doloroso, está mucho más cuidada que en su
predecesora. El resultado, la entrega de la trilogía mejor valorada por crítica
y pública y una película que, costando poco más que la primera, lo petó en todo
el mundo recaudando más de 150 millones de dólares, dinero más que suficiente para,
como he mencionado anteriormente, asegurar una tercera entrega que acabaría
siendo la tapa del sarcófago para el cazavampiros al menos hasta que a Marvel
se le ocurra rescatarlo de nuevo del ostracismo. Y es que no son pocos los
rumores que apuntan a que a no mucho tardar volveremos a oír hablar de “El que
ha visto el sol” en el terreno audiovisual. Si tendrán en consideración esta
trilogía de pelis o recurrirán de nuevo al señor Wesley Snipes es algo que sólo
el tiempo podrá revelar.
Intérpretes: Bernabé Meléndrez (Raúl Muriño), John Solis (Mario Muriño), Eleazar García Jr. (Demetrio Camacho), Roberto Carbajal (El Gato), Margarito Barajas "El Centenario" (El Centenario), Felix Rosales (El Buitre), Roberto López (Comandante Serrano)
A día
de hoy se puede que una de las grandes exportaciones al extranjero de
latinoamerica es, sin duda, la narcocultura: música y, especialmente, películas
y series relacionadas con el mundo del narcotráfico. Un fenómeno popularizado
en gran medida por la serie de Netflix Narcos, hasta el punto de que hay menos
tres producciones de Hollywood en preparación que tocaran de una manera u otra
el entorno del jefe de jefes Pablo Escobar. Pero esto no es algo nuevo, sino
una realidad que lleva existiendo años…pero claro, de manera marginal. La
explotación del narcotráfico en producciones low-cost (por llamarlas de alguna
forma) directas a DVD es algo que lleva ocurriendo desde hace más de una década
especialmente en México, donde se fabrican a toneladas y constituyen uno de los
principales motores de la industria audiovisual del país. Son pelis duras de
ver, eso no se puede negar, pero, aquellas que cuentan con algún actor medio
decente, con un guión que no ha sido improvisado en el momento y con algo de
ritmo pueden llegar a entretener al espectador. No es el caso de lo que hoy se
va a comentar.
El Papá
de los Pollitos es una película inspirada, como tantas otras, en un
narcocorrido, en este caso, de Los Tucanes de Tijuana. Narra la historia de un
narco poderoso, dueño absoluto de su plaza, que se carga a todo aquel que no se
arregla con él antes de introducirse en sus dominios. Cuando su hijo interviene
un gran cargamento de cocaína a Demetrio Camacho, un narco rival, este último
iniciará una sangrienta campaña contra el Papá de los Pollitos para arrebatarle
su territorio.
Igual
contada no pinta ni tan mal, pero tras hora y tres cuartos de conversaciones en
bares, rancheras y salones intercaladas con algún tiroteo rodado al más puro
estilo narco (es decir, con armas que disparan aire, actores que no saben ni
caerse muertos y los mínimos o, como en este caso, ausentes efectos digitales)
y, por supuesto, en el argot propio de los traficantes (ya saben ustedes:
“quebrarle”, “darles piso”, “partirles su madre”, “hacerle un levantón”, etc),
uno no puede hacer otra cosa que aburrirse más que viendo crecer a las plantas,
incluso en los momentos musicales, que suelen ser lo mejor de este tipo de
productos y que pocas veces han estado peor grabados que en esta ocasión.
Protagoniza
la cinta Bernabé Meléndrez, que ha participado en decenas de estas putas
mierdas, junto a otro que también ha hecho su porrón de narco películas, John
Solis. Como villano, tenemos al grandísimo (no es coña) Eleazar García Jr. , un
actor que si yo fuera Tarantino, Robert Rodríguez o cualquiera de estos
supuestos consumidores de cine marginal y extravagante ya me habría llevado a
una gran producción, porque desde luego muestra tablas suficientes como para
componer un personaje serio y una actuación decente (sin duda alguna, la única
decente de la película).
Dirige
el subproducto Alonso O. Lara, que ignoro si tendrá algún parentesco con Mario
Quintero Lara (líder y fundador de Los Tucanes de Tijuana, como he dicho antes,
el grupo creador del corrido que inspiró la peli), el cual debe ser una especie
de experto en adaptar este tipo de canciones al vídeo doméstico, ya que en su
reducida filmografía tiene al menos otras dos cintas inspiradas en narcorridos:
El Centenario (que toma su nombre una vez más de un corrido de Los Tucanes) y,
más recientemente, Sanguinarios del M1 (inspirada en esta ocasión en un tema
del Movimiento Alterado, una suerte de agrupación de distintos narco cantantes
bajo una misma bandera).
Y
hablando de música, como toda peli de narcos que se precie, la cinta incluye
colaboraciones musicales (que no son otra cosa que canciones de artistas
invitados, los cuales normalmente cuentan además con un pequeño papel en la
peli, que son metidas a capón en el metraje y utilizadas por lo general como
reclamo para las masas). En esta ocasión contamos con la presencia de Los
Incomparables de Tijuana y también de El Halcón de la Sierra, el cual sería
tiroteado poco después de hacer la peli por unos narcos, ingresando ya cadáver
en urgencias.
Y ya está, que bastante le he dedicado a esta puta mierda que dudo que muchos se atrevan a
visionar. Infame, infame y aburridísima.
PD: No hay trailer pero os dejo el tema inspirador, que es bastante mejor que la totalidad del metraje visionado.