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sábado, 21 de marzo de 2020

Dobles Programas Bizarros (VIII): THE RUNAWAYS de Floria Sigismondi + CATS de Tom Hooper


Título: The Runaways
Director: Flora Sigismondi
Año: 2010
Guión: Flora Sigismondi
Intérpretes: Dakota Fanning (Cherie Currie), Kristen Stewart (Joan Jett), Michael Shannon (Kim Fowley), Stella Maeve (Sandy West), Scout Taylor-Compton (Lita Ford), Riley Keough (Marie Currie)

¿Recordáis cuando el estreno de un biopic sobre un grupo de rock era un acontecimiento al que prestar atención y no algo a punto de convertirse en una rutina anual?
Han tenido que pasar años para que peña de la talla de Elton John o Queen a la que todo dios conoce tengan su propio biopic, pero desde que a algún iluminado se le ocurrió trasladar la vida de una afamada estrella del rock a la gran pantalla (que ignoro quien sería y no tengo ganas de buscarlo) hasta el día de hoy hemos tenido de todo pululando en cines con mayor o menor revuelo, desde el biopic de The Doors de Oliver Stone hasta la interpretación de la vida de Johnny Cash que protagonizó Joaquin Phoenix en En la cuerda floja, pasando por, por ejemplo, Sid y Nancy, centrada en la turbia vida del cantante de los Sex Pistols. Muchas de estos productos ni los he visto ni tengo prisa por hacerlo, pero en mi afán por indagar en cosillas que el público pasó por alto, si que saqué unos minutos para tragarme la película que le dedicaron en su momento a las Runaways.
Yo no he tenido contacto con este grupo más allá de los temazos que cualquiera puede llegar a escuchar en algún momento de su vida pero si que tenía el concepto de que, dentro del rock y el punk, fueron todo un pilar fundamental para todo grupo femenino que surgiera en los 80 así como de la categoría de diosas del género de la que gozan tanto Joan Jett como Cherie Currie, las que fueran cantante y guitarrista del grupo respectivamente.
El biopic toma como referencia las memorias de esta última para construir que nos narra la breve vida del grupo desde sus inicios hasta su disolución, centrándose fundamentalmente en el trasfondo y las relaciones interpersonales de sus figuras centrales, Jett y Currie.
Sobre el grupo se ha dicho de todo con el paso de los años, desde que eran una especie de mini comuna lésbica que estaban liadas todas con todas hasta que esta afirmación fue poco menos que un montaje para atraer controversia y atención sobre la banda. La peli abraza sin complejos la corriente de que entre Jett y Currie hubo más que palabras. Si tenemos en cuenta que la peli cuenta con la bendición y apoyo de ambas músicas y que ninguna confirma ni desmiente nada de esto, digo yo que habrá que creerselo, ¿no? 
El proyecto fue, desde un principio, idea de la que acabaría siendo su directora Flora Sigismondi, la cual también se encargó del guión de la peli y de buscar financiación, logrando convencer tanto a Joan Jett como a su manager de por aquel entonces para que inyectaran algo de pasta al presupuesto. Sigismondi tenía una larga carrera como directora de videoclips musicales pero este fue su debut cinematográfico, lo que quizá explique las virtudes y defectos del mismo.
The Runaways logra su cometido a la hora de reconstruir la época en la que el grupo estuvo de gira petándolo a más no poder, logra componer unas escenas de directos verdaderamente estimulantes y, a grandes rasgos, transmitirte el buen rollo y la fuerza de la música que estas muchachas hacían. Por otro lado, fracasa estrepitosamente al adaptar la historia del grupo a un ritmo cinematográfico. Para cuando hemos alcanzado el nudo de la trama, esta empieza a avanzar a trompicones. Pasamos de ver al grupo prácticamente aprendiendo a desenvolverse encima de un escenario a comprobar como Currie y Jett compartían rayas de cocaína. No existe una curva bien definida en el guión y eso que básicamente conseguir el tópico y hacer un calco de cualquier otra peli sobre rockstars (parece mentira, pero es que todas siguen el mismo modelo de auge, caída en desgracia y remontada) lo tenía hecho. Vamos, que la peli destaca en todo lo musical y cojea en todo lo cinematográfico.
Y si esta se aguanta es porque sus dos protagonistas, para mi sorpresa, están las dos estupendas en sus respectivos roles. Kristen Stewart, esa actriz que en la mayoría de sus interpretaciones parece estar bajo los efectos del Diazepam, encuentra en Joan Jett un personaje que le sienta como anillo al dedo y en el que resulta verdaderamente creíble (algo increíble teniendo en cuenta que en esa misma época estaba demostrando en la saga Crepúsculo la cota máxima de inutilidad a la que era capaz de llegar). De la misma forma Dakota Fanning, jovencita con practicamente los mismos años de carrera que Stewart a sus espaldas y a la que no he seguido nunca la pista con atención, resulta igualmente convincente en la peli tanto como chica rural a cargo de un padre como subida al escenario vestida con un corsé en plan trabajadora de la noche cantando Cherry Bomb
La acompañan en el casting un par de chavalitas que no han tenido tanta suerte como ellas con sus carreras cinematográficas, el siempre funcional Michael Shannon justo antes de que Boardwalk Empire practicamente le encasillara en papeles de tío chungo y, en roles más secundarios, la veterana Tatum O'Neal y la actual musa del cine indie Riley Keough, que debutaba en el mundo del cine con esta película.
The Runaways fue un proyecto pequeñito y humilde con el que sus productores tampoco se jugaban demasiado, y menos mal, porque fue un absoluto fracaso en taquilla, recaudando 4,6 millones de dolares en todo el mundo partiendo de un presupuesto de 10. En nuestro país la película sentó a poco más de 12.000 espectadores en las butacas, o lo que es lo mismo, prácticamente a nadie. Para más inri, la única edición de la peli que se editó en formato físico aquí murió junto a la distribuidora Aurum y se encuentra actualmente descatalogadísima y sin perspectiva alguna de que vaya a reeditarse.
Y así, al final, la película se revela como un proyecto fallido que, aunque contó con el beneplácito de la crítica en su momento, pasó sin pena ni gloria y ha quedado completamente en el olvido. Gracias a Dios las carreras de Stewart y Fanning estaban ya bien encaminadas en aquellos años y el fracaso que fue The Runaways no pudo enterrarlas, cosa que no se puede decir de Flora Sigismondi, que tuvo que volver al mundo del videoclip y la TV, donde ha pasado la última década hasta que, el año pasado, consiguió recibir el encargo de una nueva adaptación de la novela Otra vuelta de tuerca de Henry James que, si Dios quiere, veremos estrenada por estos lares este año.
Personalmente opino que la falta de épica y ritmo (algo que si han conseguido lograr los biopics musicales que estamos viendo en cines en los últimos tiempos) es lo que condena a la peli a formar parte de la pila de las cintas poco memorables y mediocres, la cual crece a cada día en tamaño inevitablemente. Bien, pero sin más.




Título: Cats
Director: Tom Hooper
Año: 2019
Guión: Lee Hall y Tom Hooper
Intérpretes: Francesca Hayward (Victoria, la gata blanca), Judi Dench (Old Deuteronomy), Idris Elba (Macavity), Jason Derulo (The Rum Tum Tugger), Jennifer Hudson (Grizabella), James Corden (Bustopher Jones), Rebel Wilson (Jennyanydots), Ian McKellen (Gus, el gato del teatro), Taylor Swift (Bombalurina), Laurie Davidson (Mr. Mistoffeles), Robbie Fairchild (Munkustrap)

Si partimos del hecho de que Cats es uno de esos musicales de Broadway que siempre me han dado puñetero asco, el camino que la adaptación en plan superproducción que se estrenó el año pasado debía seguir para que me entrara bien era complicado. Inevitablemente he caído en la tentación de tragármela porque era incapaz de creer que lo que se decía de la peli fuera cierto del todo. Se comentaba de todo y nada bueno, que si era una atrocidad, la peor película del pasado año, incluso una de las peores de la historia. Son comentarios que le llegan a uno y le hacen babear de la expectación.
Vista de un tirón y de madrugada, que siempre cuesta más, he de decir que ver Cats no hará daño a nadie pero que entiendo perfectamente el rechazo exacerbado que genera en el público.
Antes de nada, demos un pequeño repaso a la pedante premisa del musical que Andrew Lloyd Webber compuso por los años 70 tomando como base una colección de poemas que el célebre T.S. Eliot le dedicó a los simpáticos felinos. La trama de la obra gira en torno a una festividad anual, el baile Jelical (notese mi torpe intento de traducción), en la que los gatos Jélicos se reúnen para esperar a su patriarca, Old Deuteronomy, que escogerá a uno de ellos para que trascienda al más allá y se reencarne en una nueva vida gatuna. De la mano de Victoria, la gata blanca, una recien llegada al grupo conoceremos a todos los candidatos a la esperada elección y también a la terrible amenaza que es el maligno gato Macavity, que espera hacerse con el premio valiéndose de  malas artes.
Dejando de lado las opiniones que las composiciones de Lloyd Webber me generan y centrándome en la traslación de estas a la gran pantalla, lo primero que a uno le llama la atención es por que, pudiendo elegir entre maquillar a los actores y meterles en disfraces gatunos o generar a todas las criaturas por ordenador, eligieron la opción intermedia que, vista a posteriori, puede ser fácilmente la peor de todas las posibles. 
Los gatos de la película ponen a prueba el concepto del uncanny valley como pocas cosas lo han hecho antes en el cine. El cuerpo de los animales es generado por ordenador mediante captura de movimiento sobre el que el rostro de los actores y actrices es superpuesto después también mediante CGI. El resultado es atroz, no sólo porque el efecto canta una barbaridad cuando los gatos empiezan a hacer movimientos ajenos a los humanos, como trepar por las paredes, sino porque en más de una ocasión el efecto parece no estar del todo conseguido, dando la sensación de que la boca y ojos de los actores está flotando por encima de su cara, algo idóneo para transmitir mal rollo en lugar de ternura. Hay actores en los que los efectos no resultan tan horrendos, como Ian McKellen o Judi Dench, que de tan viejos que están y tantas arrugas que tienen parecen ya muñecos de por si; y otros en lo que lo nefasto de estos está especialmente acentuados, como es el caso de Jennifer Hudson, que juro por Dios que no parece tener en ningún momento sus facciones donde deberían estar, o Idris Elba, al que por alguna razón han decidido generarle menos pelo infográfico que al resto de felinos, con la desagradable consecuencia que es que parezca que el actor está completamente desnudo en escena y a punto de mostrarnos un pene penduleando en el peor momento posible. Para más inri, cuando uno investiga un poco enseguida descubre que, tras los primeros pases de prueba, la peli entera tuvo que pasar por post-producción de nuevo para arreglar los efectos especiales que, según se dice, eran aún más horribles que los que se vieron en el resultado final. Esta tarea se tuvo que hacer a toda pastilla para lograr cumplir con las fechas del calendario previstas, hasta el punto de que, literalmente, se estuvo rehaciendo efectos en CGI hasta el día antes de mandar las copias a los cines. Como perla final al tema, se comenta por las redes sociales, con aparentes pruebas gráficas, que en la versión que se vio en cines había más de un "Glitch" en las infografías, apareciendo gatos con manos humanas con anillos y todo en la gran pantalla. De traca.
Lo peor es que tanto efecto chapucero oculta las interpretaciones del reparto bajo capas y capas de estorbos. Vale que está metida en esto gente como Rebel Wilson, que lleva haciendo el mismo personaje en la gran pantalla desde que la conozco, o una neófita, la bailarina Francesca Hayward, que hace sus coreografías de puta madre aunque lo suyo no sea actuar, pero es que peña como el mencionado Idris Elba o Ray Winstone que ya solo con aparecer en pantalla molan por si solos ven aquí sus capacidades tiradas por el cubo de la basura a causa del espantoso envoltorio que las rodean. Al final resulta que son Jason Derulo o Taylor Swift, dos estrellas de la música con mil y un bolos a sus espaldas, los únicos que no desentonan entre tanto exceso y parecen desenvolverse estupendamente entre música y bailarines.
La cosa es que la mítica productora Amblin iba totalmente en serio con hacer Cats a lo grande. No sólo eso, sino que llevaba años detrás de ello y barajando todo tipo de propuestas para ello. El contar con el nombre de Tom Hooper, director del que posiblemente sea uno de los más exitosos musicales cinematográficos modernos , Los Miserables (que, por cierto, abandona todas las atrevidas decisiones de las que hizo despliegue en dicha cinta para cascarse un trabajo super rutinario), y también con el del propio Lloyd Webber, que se saca una nueva canción de la manga para la ocasión (una pedazo de bosta maloliente dicho sea de paso), por no mencionar el reparto de campanillas al que hemos pegado un repaso en las anteriores líneas, habla por sí sólo de las ambiciones que tenía puestas la productora en el tema. Querían hacer otro gran musical moderno. Querían comerse el mundo y se comieron un mojón.
Entre producción y marketing se calcula que la peli habrá venido a costar unos 200-250 millones de dólares. En taquillas de todo el mundo ha llegado a duras penas a recaudar 76 y, concretamente, en nuestro país, ha sentado a poco más de 100.000 espectadores en las butacas, lo que para una superproducción como esta, estrenada además en fechas navideñas, es una mierda pinchada en un palo. La crítica ha destrozado la película tachándola de basura y de ser un film que expulsa al espectador con sus nefastas decisiones estéticas. El clavo final lo han puesto los últimos Razzies (que son una patraña pero no se puede negar que influyen en el público estándar) que la han premiado en seis de las siete categorías en las que estaba nominada.
Cats va a pasar a la historia como uno de los grandes batacazos de los tiempos recientes y lo penoso es que ni siquiera tiene tantos méritos en contra como para que pueda llegar a ser considerada en un futuro como un clásico de la caspa. Quedará enterrada en el olvido esperando a que alguien la reivindique dentro de unos años. Al menos podemos alegrarnos de que la mayoría del reparto tiene las carreras más que asentadas, porque esta es la típica película que condena el futuro laboral de sus participantes al ostracismo (algo que digo yo que le pasará a la debutante Francesca Hayward, que espero que no pensara en seguir medrando en esto del cine).
Como contraposición final mencionar que, a fecha de hoy, Cats es el cuarto musical con más representaciones de la historia de Broadway, lo que demuestra una vez más que hay cosas que es mejor dejar quietas en su sitio y no tocarlas si no se tienen las cosas claritas.
Todo lo que se ha dicho de la peli esta más que fundamentado visto lo visto. Yo he dicho que a mi, personalmente, no me ha hecho ningún daño. Ahora, no puedo asegurar que no se lo haga a usted.



domingo, 16 de febrero de 2020

Dobles Programas Bizarros (VII): LA MOMIA de Alex Kurtzman + DRÁCULA: LA LEYENDA JAMÁS CONTADA de Gary Shore


Título: La Momia (The Mummy)
Director: Alex Kurtzman
Guión: David Koepp, Christopher McQuarrie y Dylan Kussman
Año: 2017
Intérpretes: Tom Cruise (Nick Morton), Sofia Boutella (Ahmanet/ La Momia), Annabelle Wallis (Jenny Halsey), Russell Crowe (Henry Jekylll), Jake Johnson (Sargento Vail)

En un intento de sobreexplotar la moda del Universo Cinematográfico compartido que tanto dinerito le estaba dando a Marvel y, como consecuencia a Disney, los estudios Universal pusieron la vista en su amplio catálogo de pelis de monstruos clásicos con la idea de, una vez más, exprimir hasta el tuétano el legado cinematográfico de esas historias que con tanta pasión escribieron Mary Shelley, Bram Stoker y H.G. Wells ya siglos atrás. Aunque unos años antes ya habían hecho una intentona de reboot con Drácula: la leyenda jamás contada (mirad un poquito más abajo), sería en 2017 donde, con el pintón nombre de Dark Universe, pondrían en marcha su particular versión de Universo Cinematográfico compartido en el que incluir a todas sus criaturas de pesadilla.
Bien es cierto que la idea de juntar varios de estos seres en una misma no era nueva ni siquiera para la propia Universal, quien puede presumir de haberle sacado partido a esa mentalidad exploit desde los años 40 con Frankenstein y el Hombre Lobo hasta la actualidad, pasando por cosas guardadas en el cajón de la infamia como el Van Helsing de 2004 que protagonizó el ídolo de masas Hugh Jackman, pero con el Dark Universe pusieron todas las cartas sobre la mesa. Iban a montar un proyecto descomunal que iba a cumplir a rajatabla todo lo que había hecho grande al Universo Cinematográfico Marvel: interconexión entre todas las películas producidas, grandes reparto, grandes diseños de producción y espectaculares efectos especiales. El punto de partida iba a ser La Momia, personaje que, para todos los que fuimos chavales en los 90, tiene un especial significado al retrotraernos a esas pelis de aventuras protagonizadas por Brendan Fraser que tan buenos ratos nos hizo pasar de peques y que, en esta nueva versión iba a tener de prota nada más y nada menos que a una de las más grandes superestrellas del Hollywood actual, Tom Cruise . Teniendo ya visualizado algo grande y ambicioso, los ejecutivos empezaron a tantear proyectos. Se anunció una nueva versión de El Hombre Invisible que protagonizaría Johnny Depp, que Javier Bardem encarnaría al mostruo de Frankenstein, que la Criatura de la laguna negra y el hombre lobo iban a estar de vueltas, e incluso plantaron en nuestras cabezas la idea de que todos esos personajes, de alguna manera, iban a acabar envueltos en una suerte de gran conflicto con el más terrible de todos los monstruos, Drácula. Estaban convencidos de que se avecinaban buenos años para la Universal.
La aventura no les duró ni un año.
Y ahora, hablemos de la peli que fue el pistoletazo de salida y, a la vez, el clavo del ataúd de un Universo Cinematográfico que ya nació muerto.
En La Momia, Tom Cruise despierta por accidente a una princesa egipcia maldita que irá sembrando el caos y la destrucción por Londres mientras busca una daga mágica que le permitirá traer a un antiguo dios de la muerte a nuestro mundo. La película comienza con un tono de aventura con breves toques de terror para, poco a poco y de manera completamente perceptible, convertirse en poco menos que una peli de superheroes en la que Cruise hace las veces de héroe torpe que prácticamente huye de aquí para allá como pollo sin cabeza recibiendo hostias de los diversos engendros momificados que aparecen cada dos por tres. La villana que da nombre al film se encuentra interpretada en esta ocasión por Sofía Boutella, actriz y modelo argelina que, tras debutar en Hollywood en Kingsman: Servicio Secreto tuvo en La Momia su primer rol importante. Sin ser una gran actriz, su construcción facial y su mirada la aportan un matiz expresivo interesante que el guión intenta explotar intentando darle un cierto aire de sensualidad al personaje que se queda a medio gas. Al menos este se beneficia de tener un diseño muy chulo, especialmente al inicio de la peli cuando apenas es un vulgar cadáver cubierto de harapos, cosa que no se puede decir del otro gran secundario que hace aparición en la cinta. Russell Crowe en su camino al sobrepeso más exagerado se enfunda en un estiloso traje para encarnar al Dr. Jekyll y a su nemesis Edward Hyde poniéndole ciertas ganas al asunto pero quedando lastrado por sus escasos momentos en pantalla y por un diseño perezoso que aun así, gracias a Dios, no repite nefastos errores que el cine tomó en el pasado con el personaje. Cierra el casting la partenaire femenina del protagonista, Annabelle Wallis, actriz conocida principalmente por su participación en las series de Tv Los Tudor y Peaky Blinders a la cual no tengo para nada vista y que recibió una oportunidad de audición para la peli porque el propio Cruise, como fan de dichos programas, lo exigió, por lo que no es de extraño que uno acabe pensando que si acabo en la peli al final fue por la poderosa influencia del actor, y es que no pocas fuentes afirman que Cruise, aparte de aceptar el papel a cambio de que se cumpliera un muy exigente contrato, ejercía prácticamente de déspota cambiando escenas para su lucimiento y corrigiendo decisiones de la productora a voluntad, algo que niegan tanto esta última como el director de la peli, Alex Kurtzman, aunque eso no ha impedido que los conspiranoicos del fandom lo utilicen para explicar el resultado final de la película. Y es que bien es verdad que La Momia, como peli de terror, fracasa estrepitosamente, pero como peli de acción fantástica que intenta copiar el modelo superheroica sale bastante bien parada. De hecho, gana enteros en ritmo y en entretenimiento en cuanto se convierte en una peli de Marvel. Si esto fue debido a la influencia de Cruise, pues bievenida sea.
El director de la cinta, Alex Kurtzman, hace uno de esos trabajos tan planos como solventes tan comunes en el Hollywood actual, aunque bien es verdad que las labores que se le exigían a Kurtzman pasaban más por la coordinación del futuro universo compartido (para lo cual contaba en su currículum con experiencia como showrunner tanto junto a J.J.Abrams en Fringe como a cargo de esa mina de oro que es Hawaii 5.0.) que como director. A cargo del guión encontramos por un lado a Christopher McQuarrie (guionista de Sospechosos habituales y escritor y director de las últimas entregas de la saga Misión Imposible) y por otro a David Koepp, prolífico escritor que ha trabajado mano a mano con grandes de la industria como Spielberg, De Palma o David Fincher. Que semejantes profesionales hayan ido a encontrarse en un proyecto así dice mucho tanto de la pasta invertida en el mismo como de lo que esta gente considera un trabajo de escritura mercenario y puramente alimenticio.
Y así, a lo tonto entre producción, post-producción y marketing, la Universal le había inyectado casi 400 millones de dólares al lanzamiento de su Dark Universe. Una vez La Momia terminó su andadura en taquilla con 410 millones recaudados, cifra ajustada en comparación que acabó traduciéndose en casi 100 millones de pérdidas para el estudio, ya que mucha de esa pasta recaudada, por unas y otras razones, no acabó directamente en los bolsillos de la compañía. Aquí en nuestra patria, la peli metió a casi 1.400.000 espectadores en las butacas, una cifra buena para los tiempos que corren pero que palidece ante los casi 4 millones de culos que sentó la versión de 1999 en los cines.
El público respondió mal ante la cinta. Al ya odio natural que suscita en muchos la persona de Tom Cruise se sumó el que la mezcla de tonos no dejó contentos ni a los fans del cine de terror ni a los del cine de acción y aventura. La crítica directamente la tachó de bodrio falto de originalidad y de estar más pendiente de plantear escenarios futuros que de darle algo de chicha a la película. Bien sabe Dios que esto último es verdad y que, entre guiños y tramas dejadas abiertas a propósito, se ve clara la preocupación del estudio por darse prisa en que quedara claro que esto iba a ser el principio de un plan cinematográfico a gran escala pero, joder, hay pelis de Marvel que son igual de vistosas y están peor construidas y la crítica y el público se deshacen en halagos con ellas.
Y ya digo que, si bien le cuesta arrancar, en cuanto se transforma en una peli de "supers" se convierte también en un entretenimiento puro y duro. No creo ni que sea una peli que merezca 7 nominaciones a los Razzies como tuvo (aunque todos sabemos la puta mierda que son esos premios en realidad) ni tampoco que sea una obra maestra del género pero está chula, hombre ya.
En cuanto al fracasado Dark Universe, parece que se resiste a morir del todo. La Universal no escarmienta y continúa intentando sacar rédito a sus monstruos clásicos. En breves tendremos por las pantallas una nueva versión de El Hombre Invisible que protagonizará Elizabeth Moss y que parece que va ser más una especie de lectura sobre la violencia de género que una peli de terror. ¿Se habrá olvidado ya el estudio del cine espectáculo e intentará ahora conquistar al fan intelectualoide del género? ¿Son los "ultras" de los Ari Aster y los Robert Eggers que pueblan el cine de terror actual el nuevo objetivo de la Universal?
Ya veremos que pasa.




Título: Drácula: La Leyenda jamás contada (Dracula Untold)
Director: Gary Shore
Año: 2014
Guión: Mark Sazama y Burk Sharpless
Intérpretes: Luke Evans (Vlad "El Empalador"/ Drácula), Sarah Gadon (Mirena), Dominic Cooper (Sultán Mehmed ), Art Parkinson (Ingeras), Charles Dance (el Vampiro)

Mencionaba hace unas líneas que antes de La Momia y el fracasado Dark Universe, la Universal ya había tenido un intento previo muy reciente de intentar sacar nueva tajada de sus monstruos.
Es fascinante como con el transcurso de los años Drácula ha pasado de ser un malvado hijo de satanás al que matar a una figura trágica o, como en este caso, directamente un superheroe.
La leyenda jamás contada incorpora la estructura de una peli de orígenes superheroicos y la mezcla con un poco de distorsión histórica para darnos algo más en la línea de Gladiator que de una peli de terror. En ella, Vlad "El Empalador" gobierna Transilvania y mantiene una frágil paz con el imperio otomano. Pero cuando el sultán turco exige que le sea entregado el primogénito de Vlad como rehén, este no dudará no sólo en plantar cara al poderoso enemigo con un puñado de endebles soldados sino también en pactar con un vampiro que mora en unas cuevas cercanas a su castillo para obtener las habilidades sobrenaturales con las que derrotar a los turcos.
Siete años estuvo dando vueltas el proyecto hasta hacerse realidad en los que supongo que habría mil cambios desde la idea original, un "Drácula: Año Cero" dirigida por Alex Proyas, a lo que finalmente salió. El cóctel que nos presenta la Universal en esta ocasión ignora por completo al género del terror y abraza todos los tópicos posibles del cine superheroico más perezoso: personajes maniqueos, la ausencia de una curva de aprendizaje para el héroe e incluso un final abierto que prácticamente anuncia con letras de neón las secuelas por venir. Todo ello narrado por un guión deslavazado, firmado por los autores del libreto de esa magnífica mierda que es Dioses de Egipto, en el que el prólogo y el desenlace son torpes y apresurados mientras que el nudo parece extenderse hasta dar la sensación de que no va a acabar nunca.
Protagoniza la cinta Luke Evans, uno de esos actores que generan simpatía por encima de sus habilidades interpretativas y que habría dado el pego perfectamente como seductor si la peli no hubiese prescindido también de este aspecto del personaje. En su lugar se ve en la labor de encarnar a un líder inspirador, cosa para la que, se ve a la legua, no está tan bien capacitado. Su antagonista es Dominic Cooper, otro de esos actores que caen en gracia y que sufre de tres cuartas partes del mismo problema. Porque para hacer de canallita en Capitán América: El Primer Vengador o en la serie de TV Preacher viene de lujo, pero para hacer de monarca hijoputa y despiadado pues no da la talla aunque lo intente. Redondean el casting Sarah Gadon, mediocre actriz completamente desconocida para mi persona que encarna a la esposa del Empalador; Zach McGowan, uno de los carismáticos piratas de la serie de TV Black Sails al que vemos medio minuto en pantalla haciendo las veces de un Renfield medieval y el veterano Charles Dance, que después de la saga Underworld vuelve a un rol vampiresco metiéndose en la piel de la criatura que otorga los poderes de la noche a Drácula.
Dirige el producto Gary Shore, director venido del mundo de la publicidad y que no ha vuelto a dirigir nada para cines tras La Leyenda Jamás Contada, el cual consigue dar a la peli el lustroso y prístino aspecto del que cualquier producción mainstream a la que un estudio inyecta toneladas de pasta puede presumir, a pesar de que tengamos más de un momento de CGI que de bastante vergüencita ajena.
70 millones de dólares se gastó la Universal en este reboot, triplicando esas cifras en taquillas internacionales. Por nuestras salas, más de 1.120.000 espectadores pasaron para ver las nuevas andanzas del vampiro. Vamos, que fue un éxito en todo regla.
Y sin embargo, la Universal ninguneó a la peli, cerró las puertas a futuras secuelas y aparcó al personaje para centrarse en el naciente Dark Universe y obtener los maravillosos resultados con este que he comentado más arriba.
Drácula: La Leyenda Jamás Contada es aún demasiado reciente para que haya quedado olvidada por el espectador medio, pero no me cabe la menor duda que en futuros años va a seguir ese sendero. Y es que es una peli que, a pesar de tener todos los ingredientes para resultar mínimamente entretenida, fracasa en el intento convirtiéndose en un producto tan poco memorable como aburrido. Sólo hace falta ver la reseña que me ha quedado para darse cuenta de lo poco que da de sí la peli. Una penita.


lunes, 14 de enero de 2019

Dobles programas bizarros (VI): EL PERFUME: HISTORIA DE UN ASESINO de Tom Tykwer + CASANOVA de Lasse Hallström


Título: El Perfume: Historia de un asesino (Perfume: The Story of a murderer)
Director: Tom Tykwe
Año: 2006
Guión: Andrew Birkin, Bernd Eichinger y Tom Tykwer
Intérpretes: Ben Whishaw (Jean Baptiste Grenouille), Dustin Hoffman (Giuseppe Baldini), Alan Rickman (Antoine Richis), Rachel Hurd-Wood (Laura Richis), John Hurt (Narrador)

El rifi rafe entre autores y estudios cinematográficos cuando estos últimos pretenden adaptar una obra literaria al cine no es algo fuera de lo común, y desde luego Patrick Süskind, autor del pepinazo novelesco que fue El Perfume (si atendemos a las cifras, traducido a 49 idiomas y con más de 20 millones de copias vendidas hasta el momento), también tuvo que dar cuentas al respecto.
Más de una y de dos veces tuvo que insistir el productor alemán Bernd Eichinger al escritor para que este le cediera los derechos de la novela. Y es que este último, al parecer humilde como él sólo, consideraba que únicamente un director de la talla de Kubrick o de Milos Forman podrían estar a la altura de una adaptación tan exigente. Ya con los derechos en la mano, y a pesar de que un semi-desconocido Julian Schnabel se había presentado ya en un despacho con un guión escrito (director que, al parecer, le caía al productor como una patada en la boca y guión que, una vez rechazado por este, acabo transformándose en La Escafandra y la mariposa, la peli más reconocida de Schnabel), el productor se juntó con Andrew Birkin (guionista de Juana de Arco, El Nombre de la Rosa y La Profecía III: El final de Damien) y el que finalmente acabaría siendo el director de la peli, Tom Tykwer, para acotar bien el camino para una adaptación que pronto se descubriría como un proyecto que iba a ser particularmente exigente en lo económico.
Consciente de esto, el buen señor echó mano de todas las posibles subvenciones habidas y por haber en su país y de productoras que se asociaran a la alemana Constantin Films (de la que Eichinger había sido CEO años antes) en la producción. NEF Productions en Francia y nuestra difunta Filmax serían las compañeras de viaje del productor en una peripecia que no estuvo exenta de tragedia. Y es que al poco resultó que VIP Medienfonds, una de las productoras alemanas que había invertido en el proyecto, había utilizado este como medio para intentar tangar a Hacienda mediante un fraude fiscal de tres pares, por el cual afirmaba haber invertido casi 20 millones de Euros más de los que venían en los libros de cuentas. Esto acabaría con la producción puesta en riesgo por momentos (no en vano más de una de las subvenciones otorgadas por el gobierno alemán se basaban en la multimillonaria inversión) y una serie de juicios que acabarían salvando a la peli y metiendo entre rejas a Andreas Schmid, el CEO de VIP Medienfonds, por unos seis añitos.
Así, y tras un extenso rodaje en Barcelona, Girona y Figueres, reconvertidas gracias a la magia del cine en el París del siglo XVIII, y la consabida post-producción, El Perfume: Historia de un asesino se estrenó con las esperanzas de conquistar el mercado internacional.
La trama de la peli gira en torno a un auténtico psicópata, Jean Baptiste Greouille, nacido sin emociones pero con unas habilidades olfativas sobrehumanas y su cruzada personal por intentar destilar un perfume que contenga la esencia de la belleza femenina y su capacidad para incitar el amor en los hombres.
Es un thriller de psychokillers en toda regla, en la que la cámara sigue desde el primer minuto las andanzas del protagonista y los sórdidos ambientes en los que se mueve, desde que es parido encima de tripas pescado en una lonja hasta que, ya crecidito, se dispone a masacrar a unas cuantas doncellas. Este personaje se nos muestra también desde el principio como una figura casi sobrenatural, que se mueve casi fantasmalmente por las nocturnas calles parisinas y parece atraer la muerte y la desgracia a todo el que se acerca minimamente a su persona. Encarnando al susodicho tenemos a un por entonces desconocido Ben Whishaw presente en prácticamente todas las secuencias del film y haciendo un buen papel de retraído (sin llegar al caricato en que se convierte hoy día cada actor que intenta meterse en la piel de un autista o similar) que le valió el reconocimiento de la crítica y público y que supuso su trampolín a un Hollywood en el que se afincaría años después tras su debut en el cine puramente palomitero con Skyfall y El Atlas de las Nubes. Acompañándole tenemos a dos pesos pesados de la interpretación en papeles secundarios y que, sin embargo, no brillan especialmente, quizá porque firmaron el contrato ya con la intención de no esforzarse demasiado, dado que no eran roles protagónicos y nos encontramos, a fin de cuentas, ante una película de factura alemana. Por un lado, Dustin Hoffman, de quien no hace falta contar nada más, interpretando al perfumista que enseñará a Grenouille los misterios de la profesión, y por otro, el difunto Alan Rickman en su registro habitual encarnando a un noble de la ciudad francesa de Grasse que sufre un encontronazo con el asesino. Aunque son muchas las mujeres que aparecen en la peli, únicamente una, Rachel Hurd-Wood, tiene un papel lo suficientemente importante como para que su nombre aparezca en el póster que también protagoniza. Áctriz británica, debutó en el papel de Wendy Darling en Peter Pan: la gran aventura, la enésima adaptación de las aventuras del personaje de J.M. Barrie , y se prodigaría poco en el cine después del perfume, pasando por un papel secundario en una de las más recientes adaptaciones de El Retrato de Dorian Gray, interpretando a la doncella en apuros de Solomon Kane y, finalmente, recayendo en el cine regional catalán con un papel protagonista en Segon Origen (adaptación de El Mecanoscrit del Segon Origen, una reconocida novela de ciencia ficción catalana, con guión del difunto Bigas Luna) y, posteriormente, refugiarse en la televisión de su país natal, donde aún permanece. Completa el reparto, en su versión original y en la forma de voz en off que narra ciertos pasajes del film, el también difunto John Hurt, que nunca llega a aparecer físicamente en la historia.
Dirige la cinta sin grandes alardes pero aprovechando muy eficientemente el presupuesto el ya mentado Tom Tykwer, el cual contaba ya con un film de éxito entre la crítica, Lola, corre, Lola, y para el que El Perfume supuso su trampolín a Hollywood, terreno en del que, tras The International: Dinero en la sombra y El Atlas de las Nubes, su colaboración con las hermanas Wachowski (dos pelis que tuvieron un tibio recibimiento de la crítica y que no supusieron tampoco grandes éxitos económicos), se retiró para volver a su Alemania natal, donde, tras filmar un par de pelis de escasa repercusión se refugió en la televisión nacional e internacional donde, de nuevo, lo ha vuelto a petar como creador de una especie de Boardwalk Empire alemán, Babylon Berlin, y con Sense8, la aclamadísima serie de Netflix donde nuevamente colaboró con las Wachowski.
Y es que, entre subevenciones y asocicaciones con otras productoras, el presupuesto de la película llegó a elevarse hasta los 60 millones de dólares, lo que se tradujo en un diseño de producción cojonudo, digno de una superproducción americana de las grandes, con cientos de piezas de vestuario y extras, preciosos decorados y la contratación de grandes profesionales del gremio para sacarlo todo adelante, entre los cuales encontramos a La Fura Dels Baus, la reconocida compañía de teatro patria, a la cual se le encargó diseñar y coreografiar una escena clave del desenlace de la película.
La conjunción de elementos y el prestigio que ya arrastraba la novela de Süskind funcionó entre el público internacional. El Perfume recaudó en todo el mundo unos 135 millones de dólares y, aquí en España, sentó en las butacas a algo más de 1.419.000 espectadores, lo que para los canones de la década pasada es un triunfo absoluto. A esto último seguramente ayudaría la presión publicitaria ejercida por la cadena Antena 3 en su momento, cosa que nos recuerda el DVD que editó Filmax en su momento (aunque actualmente los derechos de distribución estén en manos de Divisa tras la caída de la productora de Julio Fernández) y del que llegó a haber hasta seis versiones distintas entre combos, packs con otras películas y ediciones de coleccionista. Este último hecho sea el que, lamentablemente haya conducido que, a día de hoy, cientos de ejemplares estén dando vueltas por almacenes de toda España, por lo que no es raro encontrarse la peli de segunda mano e incluso precintada saldada por 1 euro en una de las múltiples tiendas de DVDs "de ocasión" que se pueden encontrar en las grandes ciudades de nuestro país.
Y es que, si uno se para a pensarlo, El Perfume es una peli que entra muy bien por los ojos por su espectacular diseño de producción y fascina por la conjunción del mundo lujoso del perfumista y la sordidez del psychokiller. Pero, a la hora de la verdad, tampoco deja especialmente huella. Es una peli que puede gustar sin problemas y que incluso puede motivar a alguno a visionarla repetidamente o incluso a acercarse a pillarse el DVD saldado...pero no es lo suficientemente grandiosa como para llegar a más, lo cual no deja de ser irónico tratándose de una peli que narra el afán de un hombre por preservar la esencia de las cosas.
Por tanto, entra en esa categoría a la que pertenecen casi todas las pelis que he visto en mi puñetera vida, que tan poco se prodiga entre el fandom actual y a la que ya tradicionalmente defino como "Bien, sin más".







Título: Casanova (Casanova)
Director: Lasse Hallström
Año: 2005
Guión: Jeffrey Hatcher y Kimberly Simi
Intérpretes: Heath Ledger (Casanova), Sienna Miller (Francesca), Jeremy Irons (Pucci), Oliver Platt (Paprizzio), Charlie Cox (Giovanni Bruni), Natalie Dormer (Victoria Donato)

Compartiendo contexto pero trasladándonos a la Italia post- renacentista, tenemos una película opuesta en tono e intenciones a la que acabamos de comentar. Casanova parte de un guión comprado por Disney y pulido por Jeffrey Hatcher, principal guionista figurante en los créditos, que formaba toda una comedia alrededor de la figura de un Giacomo Casanova deseoso de retirarse de su libidinosa vida. Una premisa que llamó poderosamente la atención al director sueco Lasse Hallström, autor de Chocolat, Las Normas de la casa de la sidra y la práctica totalidad de los videoclips de ABBA, el cual se lanzó de cabeza al proyecto sin dudarlo. La peli fue vendida cojonudamente a las autoridades pertinentes y tuvo la fortuna de ser una de las pocas películas en ser rodada íntegramente en Venecia y la primera en la historia a la que se le permitió filmar una escena del legendario carnaval veneciano en plena plaza San Marcos, hechos que, para bien o para mal, encarecieron soberanamente la producción de la cinta, pues todos los materiales necesarios para el rodaje tenían que ser transportados por mar y el espacio ocupado por los sets suponía una molestia considerable para la localidad italiana (el cuanto llegó a suponer esto para los bolsillos nunca lo sabremos pues, por mucho que he indagado, no he sido capaz de encontrar una cifra aproximada del presupuesto que alcanzó la peli).
Porque igual nos reímos de como el término "Casanova" (o su equivalente castellano, "Don Juan") ha acabado con el paso de los siglos siendo un sinónimo de vividor y conquistador o, ya en los tiempos que corren, de fantasma y aguililla (así en tono irónico), pero para los expertos historiadores en la Italia de aquellos tiempos, la figura de Giacomo Casanova  tiene una importancia manifiesta, pues no en vano su posición social le permitió codearse con figuras de la talla de Mozart, Rousseau, Voltaire, Goethe o Catalina la Grande, zarina de todas las Rusias, hasta el punto de que sus memorias son consideradas una de las fuentes más fidedignas y valoradas sobre las costumbres de las clases altas de la Europa del XVIII.
Lasse Hallström sin embargo lo tenía claro, la película no iba a tratar a la figura histórica, sino a la exaltada figura literaria que el personaje supuso en su momento.
Así, la trama de la película nos narra como Casanova, perseguido fieramente por la Inquisición, es forzado por el Dux de Venecia a contraer matrimonio con una joven, sentar la cabeza y dejar de una vez la agitada vida que profesa. De entre todas las jóvenes de Venecia, el joven escoge a Victoria Donato, una doncella cuya virginidad ha sido preservada celosamente por su padre y que ha ocasionado que la susodicha se pase cachonda perdida las veinticuatro horas del día. Pero una vez cerrado el compromiso, Casanova cae, casi por accidente, locamente enamorado de Francesca Bruni, hija de unos nobles venidos a menos que ha sido prometida, a su vez, a un rico comerciante genovés y que escribo incendiarios panfletos feministas bajo un seudónimo masculino. Jugando a dos bandas, el amante de amantes intentará conquistar el corazón de su nuevo amorío al mismo tiempo que el Inquisidor más chungo del Vaticano es despachado a Venecia para lograr, de una vez por todas, apresar a Casanova y colgarlo de una soga,
Hallström y Hatcher compusieron una comedia alrededor del protagonista, pero yo antes que todo eso veo en Casanova una ópera sin cantos en toda regla. Desde esa trama cómica de enredos con muchos personajes que entran y salen de escena constantemente y con un número equivalente de subtramas y líos, perfectamente extrapolable a, por ejemplo, el argumento de Las bodas de Fígaro de Mozart; a las relaciones entre personajes en las que podemos encontrar paralelismos claros en el género operística (sin ir más lejos, la relación entre el criado de Casanova y su señor es prácticamente un calco de la que podemos ver entre Don Giovanni y Leporello en Don Giovanni o entre Fígaro y el conde de Almaviva, por seguir con la corriente "Mozartiana"), pasando por esos decorados súper artificiales y esos cromas digitales que hoy, en pleno 2018, cantan una barbaridad, pero que curiosamente ejercen un efecto positivo en el conjunto, en el sentido de que hay momentos en que casi parece que estás viendo un fondo de papel pintado y un escenario teatral. Todo ello redondeado por un elemento importantísimo a la hora de meter en situación y contexto al espectador y que refuerza la idea del símil operístico: una banda sonora compuesta de extractos de obras de compositores que desarrollaron su actividad en la Italia del XVIII (Haendel, Vivaldi, Durante, Albinoni, Rameau...) y de temas originales para los cuales el encargado de la misma, Alexander Desplat, realiza una genial labor al utilizar exclusivamente una orquesta conformado solamente por instrumentos utilizados en la orquesta de cámara  barroca. El resultado es una banda sonora en la que los temas son unen unos a otros de principio a fin, de manera muy continuista, acompañando a las imágenes casi en todo momento (apenas hay minutos de metraje en silencio musical). Junten todos elementos que he comentado y díganme ustedes si no estamos ante una ópera cómica hecha cine.
Y encarnando los distintos papeles de este circo tenemos a un grupo muy simpático en el que caras muy jóvenes se codean con veteranos de mil batallas. Y aunque estos últimos sean los que más respeto  merecen seguramente, las circunstancias que rodean a los menos curtidos son más interesantes.
En primer lugar encontramos a Heath Ledger como protagonista, una cara bien bonita y un tío bien buenorro para vender la peli a los jóvenes (Hallström desde luego, no era tonto), el cual se encontraba en aquel momento en la cúspide de su carrera, con Brokeback Mountain recien estrenada y Destino de Caballero, Monster's Ball y unos cuantos largometrajes de cierta consideración a sus espaldas. Eran años en los que el actor buscaba a toda costa un reconocimiento de su talento por parte de la crítica y la industria, y seguramente esta fue una de las "otras" producciones que el actor hizo, no sólo para sacar pasta sino para mantenerse en el estrellato, porque en cuanto al despliegue actoral tampoco es que esté especialmente brillante. Tres años más tarde el buscado elogio le llegaría tras su genial encarnación del Joker en El Caballero Oscuro pero, como todo el mundo sabe, ya póstumamente.
La comparsa femenina de Casanova esta interpretada por Sienna Miller, quien encaraba aquí uno de sus primeros papeles de importancia. A posteriori, su carrera ha combinado pelis indies, con cine mainstream de Hollywood, auténticos blockbuster veraniegos e inclusos pelis que han estado en primera línea en los Óscar, pero, al menos para mi parecer, nunca ha llegado a alcanzar un estatus de superestrella como otras actrices de su generación. Eso sí, su solvencia le ha permitido que, desde esta película, no le haya faltado trabajo en ningún momento, hasta el punto de llevar un ritmo de dos o tres pelis realizadas en un sólo año, lo que sin duda se puede llamar un triunfo profesional absoluto, ¿no les parece?.
Y para terminar con los yogurines, ya en papeles secundarios, tenemos a dos caritas muy jóvenes a las que hemos visto crecer y medrar en la última década. Con 23 añitos que tenían cada uno por aquel entonces tenemos, por un lado, al londinense Charlie Cox, el cual comenzaba por aquellos años a hacer sus pinitos como secundario en el cine y que tardaría unos cuantos más en obtener su primer papel protagonista en una adaptación a la gran pantalla de una obra de Neil Gaiman, Stardust. Años después continuaría apareciendo aquí y allá en cine y televisión hasta que ya en años recientes y gracias al boom de las series saltaría a primera plana en primer lugar por un papel principal en dos temporadas de Boardwalk Empire y en segundo, como no, por su interpretación del abogado ciego Matt Murdock y su alter ego superheroico Daredevil en las series de superhéroes Marvel producidas por Netflix. Por otro lado tenemos a la también británica Natalie Dormer debutando en el cine y encarnando a la vírgen veneciana Victoria Donato, un papel muy simpático y cachondo y una interpretación muy carismática que mostraba que la actriz apuntaba maneras. Al igual que a Cox, el ascenso a primera división le llegaría de mano de la proliferación seriéfila de los últimos años, gracias a su papel de Ana Bolena en Los Tudor y, sobre todo, por su participación en esa auténtica catapulta al estrellato que ha sido y es el Juego de Tronos de la HBO.
Como contrapartida a tanto intérprete con la pubertad recién pasada tenemos a un puñado de veteranos. El doblaje que hizo para el personaje de Scar en El Rey León fue lo que llamó la atención de Lasse Hallström para escoger a Jeremy Irons como villano de la función, ya que necesitaba de las dotes de un actor con la suficiente presencia como para resultar creíble como malo maloso y con las dosis de vis cómica requeridas para que no desentonara en el cachondeo que la peli pretendía ser. Lena Olin, actriz habitual del difunto Ingmar Bergman y esposa del propio Hallström interpreta a la madre de Francesca, mientras que Oliver Platt , actor con un poco de todo en su filmografía (sin ir mal lejos, la última vez que le vi fue encarnando a uno de los ridículos protagonistas de Mandíbulas), es el que se calza las vestiduras como el auténtico prometido de la doncella, cuya identidad es usurpada por Casanova. Cierra el plantel de secundarios conocidos Helen McRory, que así a lo pronto igual no dice mucho a la gente de mi edad, pero que ha sido una presencia recurrente a lo largo de la saga Harry Potter encarnando a Narcissa Malfoy y, actualmente, se encuentra rondando los ambientes televisivos con papeles recurrentes en la ya finalizada Penny Dreadful y en Peaky Blinders.
A pesar de que fue acogida bastante bien en su premiere en, como no podría ser de otra forma, Venecia, la buena fama de Casanova duró más bien poco. La crítica, si bien no se cebó excesivamente con ella, la calificó como algo mediocre siendo lo más positivo posible.
El público tampoco respondió como debería a la fama incipiente de su protagonista. La peli reacudó algo más de 36 millones de dólares en todo el mundo, cifra que se me antoja escasa para una producción de estas características. En España logró sentar a algo más de 433.000 espectadores en las butacas.
Haciendo la comparativa con la previamente comentada El Perfume, esta última le sacó, tan sólo un año después, 100 millones de dólares de ventaja en taquilla y casi un millón en número de espectadores españoles. Contando con esto, creo que aun desconociendo las cifras presupuestarias que manejó Casanova, se puede considerar esta como un fracaso en toda regla.
Y, sin embargo, cuando me paro a pensar en ella, mis sensaciones se resumen en que, al igual que El Perfume, es una película que metería sin problemas en la categoría del "Bien, sin más" (no es una mala película ni de coña) , pero a diferencia de esta, si revisioné Casanova pensando en lo que me sorprendió y gustó para bien en su primer visionado, y no por mera curiosidad para comprobar como le habían pasado factura los años. Teniendo en cuenta esto y sumándolo al entretenimiento y diversión proporcionados...pues sinceramente, creo que en el choque entre ambos films, gana la peli de Hallström de calle. Super divertida y recomendable.


sábado, 5 de agosto de 2017

Dobles programas bizarros (V): UNDERWORLD de Len Wiseman + UNDERWORLD: EVOLUTION de Len Wiseman


Título: Underworld
Director: Len Wiseman
Año: 2003
Guión: Danny McBride
Intérpretes: Kate Beckinsale (Selene); Scott Speedman (Michael Corvin), Bill Nighy (Viktor), Michael Sheen (Lucian), Shane Brolly (Kraven), Kevin Grievoux (Raze)

De todas las sagas de acción con monstruitos y criaturas varias que nacieron a finales de los 90 y principios de los 2000, posiblemente mi preferida sea la saga de Underworld. No sé si será por los vampiros, por los hombres lobo, porque es la única que me llevó al cine en algún momento o porque me pilló en mis efervescentes 12 añitos cuando estaba en su plenitud. En cualquier caso llevaba como cinco o seis años sin verme ninguna película de la saga (y eso que me quedé en la tercera la última vez) y ya tocaba pegarle un repaso para ver que tal ha envejecido, si sigue siendo tan entretenida y todas esas cosas. Así que empecemos por el principio de todo.
Underworld nos presenta un mundo en el que los vampiros y los licántropos no sólo existen sino que llevan cientos de años enfrentados entre sí en una guerra sin cuartel. En la Hungría actual, los hombres lobo viven reducidos a refugios en las alcantarillas y viven como alimañas mientras los vampiros se dedican a un estilo de vida hedonista congregados en grandes mansiones. Todo cambiará cuando Selene, una de las guerreras vampiras mas habilidosas, descubra que un humano, aparentemente relacionado con una antigua leyenda vampírica, está siendo perseguido por los licántropos, quienes creen que puede ser la clave para inclinar la balanza de la guerra hacia uno u otro bando y acabar con esta de una vez por todas.

Hay quien dice que la saga entera está plagiada prácticamente en su totalidad de los juegos de rol de Vampiro: La Mascarada y demás, pero como yo no tengo ni puta idea de esas mierdas no me cortaré en decir que me gusta la mitología planteada por la película y, sobre todo, me gusta la estética tan de aquellos años, con su cuero negro, su bullet-time y sus tiroteos imposibles, todo ello rodado en una fotografía de tonos fríos, grises y azules principalmente, que resalta aun más toda la frialdad y la artificialidad de ese mundo nocturno fantástico.
Si bien todo lo que es el empaque, el universo presentado, está bien fundamentado, la trama desarrollada viene a ser bastante predecible a pesar de los dos o tres giros de guión que tiene, e incluso peca a veces de depender de detalles que plantean pero no terminan de resolver, como si ya desde un primer momento estuvieran pensando en una saga de varias películas y en una trama a desarrollar a largo plazo, algo que para una película cuya secuela no está garantizada desde un primer es un ERROR, tenga o no sentido todo ello tras unas cuantas entregas. Aun así, como en estos casos lo que prima es que la estética mole y la acción no esté mal rodada (en este caso, ni el montaje es tan videoclipero como en otras pelis similares, ni el bullet-time tan molesto y casi todas las escenas de acción se pueden visualizar sin volverte loco intentando ver lo que pasa, así que se le puede dar un aprobado sin problemas), pues el que la trama desarrollada sea más o menos simple como que da un poco igual.

Protagoniza la película la guapísima Kate Beckinsale que, a pesar de haber trabajado también con Scorsese, Michael Bay y unos cuantos directores de renombre más, tiene en la saga Underworld el que es, sin duda alguna, el papel que ha marcado su carrera y por el cual va a ser recordado en el futuro. Es sexy, se mueve con soltura en las peleas, tiene un puntillo descarado incluso y las lentillas azules y los colmillos le sientan de puta madre asi que, por mi parte, ningún problema con ella. El co-protagonista es Scott Speedman, un señor sosísimo que también tiene en esta película el papel de su vida, pero en esta ocasión, porque no ha rodado nada más que merezca la pena reseñar. Como líder de los licántropos, uno de los personajes más carismáticos y más empáticos de toda la saga, tenemos a Michael Sheen (que no tiene nada que ver con Martin Sheen o el drogadicto de su hijo Charlie), ex pareja de la señorita Beckinsale y un actor que años después de hacer Underworld ganó un prestigio que te cagas con su participación en La Reina (el biopic de Isabel II con Helen Mirren) y en El Desafío: Frost contra Nixon, con una nominación a los BAFTA incluida, pero que en el momento de hacer esta peli era más bien desconocidillo. Por otro lado, Viktor, señor de los vampiros está interpretado por un especialista en papeles grimosos, el británico Bill Nighy, conocido por hacer de rockero viejo en Love Actually, por su papel de Davy Jones en la saga Piratas del Caribe y por sus cameos en las pelis de Edward Wright. El resto del plantel está compuesto por mediocres y completos desconocidos, muchos de ellos procedentes de Europa del Este, entre los que destaca como curiosidad  el cameo de Wentworth Miller, protagonista de Prison Break y el Capitán Frío en The Flash, Arrow y demás series de superhéroes de la CW.
Dirige toda la fiesta Len Wiseman, el señor por el cual Kate Beckinsale dejó a Martin Sheen hasta el año 2015 en el cual le pidió el divorcio. Un hombre cuya filmografía se compone básicamente de las dos primeras entregas de la saga Underworld y de dos putas mierdas como son La Jungla 4.0 y el remake de 2012 de Desafío Total. Un auténtico currela, impersonal hasta decir basta, lo cual lo excusa bastante en lo que respecta al resultado final de sus películas, y actualmente productor tanto de las nuevas entregas de Underworld como de diversas series de TV. Sin duda alguna, el otro pilar fundamental de la saga aparte de la señorita Beckinsale.
En líneas generales Underworld es una película que en su momento me gustó mucho (aunque claro está, tenía 12 añitos cuando la vi por primera vez) y que hoy día me entretiene pero no me dice gran cosa más. Ni de lejos es tan impresionante y adrenalínica como la recordaba. La película fue, en su momento, un éxito sorpresa ya que, partiendo de un presupuesto de 22 millones de dólares consiguió recaudar casi 96, lo que le aseguró a la misma su continuidad en toda una serie de secuelas, la primera de las cuales fue…





Título: Underworld: Evolution
Director: Len Wiseman
Año: 2006
Guión: Danny McBride
Intérpretes: Kate Beckinsale (Selene), Scott Speedman (Michael Corvin), Tony Curran (Marcus Corvinus), Derek Jacobi (Alexander Corvinus), Steven Mackintosh (Andreas Tanis)

Underworld: Evolution. Primera secuela en la que repiten Wiseman, Beckinsale y Speedman y en la que prácticamente nada cambia en lo referente a la estética, la dirección y las interpretaciones de los actores. Y sin embargo mi favorita de la saga por el momento ¿Por qué? Simple, porque se centran más en la mitología planteada para el universo de la saga, es un no parar de escenas de acción bastante mejor planificadas que las de la primera entrega y tiene como villanos a un puto licántropo albino inmenso y a un señor de los vampiros, con sus alas de murciélago y todo, curradísimos con un maquillaje de puta madre.

La película es una continuación directa de la primera parte y nos presenta a los protagonistas, Selene y Michael, huyendo de los restantes vampiros y licántropos por igual. Sin embargo, sus acciones en la anterior peli provocaron indirectamente el despertar de Marcus Corvinus, el primer vampiro quién también se lanzará en persecución de la feliz pareja, pues aunque estos no lo sepan, tienen la clave para despertar de su encarcelamiento eterno a William Corvinus, el primer licántropo y hermano de Marcus, pieza fundamental de un plan del susodicho chupasangre para lograr el dominio sobre ambas razas de seres nocturnos.
La verdad es que es una peli de la que no se puede decir gran cosa, menos aún después de haber comentado la que le precedió. No ofrece prácticamente nada nuevo salvo la continuación de la trama iniciada y la presentación de nuevos personajes, y mantiene todos los elementos de fotografía y estética de la primera entrega, mejorando eso sí cosillas tales como el CGI utilizado y la realización de las escenas de acción. Claro que también contó con un presupuesto bastante mayor que el de su predecesora, casi 45 millones de dólares que rentabilizaron de sobra con una recaudación de algo más de 113 millones.
Entre las nuevas incorporaciones al plantel de actores tenemos como Marcus Corvinus a Tony Curran, actor irlandés que , al margen de un papel secundario en Blade II y su interpretación como el hombre invisible en La Liga de los hombres extraordinarios, no ha hecho nada que merezca la pena destacar. El británico Steven Mackintosh encarna al historiador y cronista de los clanes vampíricos Andreas Tanis y, junto a todos estos mediocres, encontramos la participación estelar de un grande, el shakespeariano Sir Derek Jacobi, al que habréis podido en decenas de producciones de diversa índole, desde series B hasta pelis de prestigio, y al que recuerdo especialmente por sus papeles de Graco en Gladiator y del emperador Claudio en la adaptación televisiva del Yo, Claudio de Robert Graves por el que obtuvo un merecidísimo premio BAFTA a Mejor Actor.

Y ya está, no hay más que decir. La verdad es que en este tipo de sagas en las que se adhieren a una fórmula estética que funciona no suele haber gran cosa que destacar salvo cuando se convierten en una puta mierda. Eso y que, por otro lado, la preferencia de unas entregas sobre otras suele ser puramente subjetiva y complicado de argumentar salvo con la clásica pregunta “¿Qué tiene esta que no tengan las demás?”. Al menos así lo veo yo. La próxima vez que afronte esta saga revisionaré la tercera entrega y precuela de todas las demás películas, Underworld: La Rebelión de los licántropos, y afrontaré por primera vez el visionado de la cuarta parte. Cuídense hasta entonces…


martes, 27 de junio de 2017

Dobles Programas bizarros (IV): BLADE de Stephen Norrington + BLADE II de Guillermo del Toro


Título: Blade
Director: Stephen Norrington
Año: 1998
Guión: David S. Goyer
Intérpretes: Wesley Snipes (Blade), Stephen Dorff (Deacon Frost), Kris Kristofferson (Whistler), N' Bushe Wright (Karen), Donald Logue (Quinn), Udo Kier (Dragonetti)

Si nos retrotraemos a principios de los 2000 y repasamos el listado de películas de terror que lo petaron, enseguida nos encontraremos con algunas de esas cintas de acción mal clasificadas dentro de dicho género. Con Resident Evil y Underworld a la cabeza, todas estas películas compartían una estética común: cuero negro, estética videoclipera con las secuencias de acción montadas a 50 planos por segundo, música electrónica con alguna raperada de por medio y actores de mierda de protagonistas. Muchos dirán que esto es una prueba más del daño que hizo a la industria el fenómeno Matrix, pero hoy vengo a recordar que ya antes de esta había ejemplos previos de esta corriente tan curiosa como odiosa.
El cazavampiros Blade siempre ha sido un secundario de lujo en los tebeos Marvel. Desde su aparición en las páginas de La Tumba de Drácula hasta sus apariciones más recientes como inesperado héroe en el último volumen de Poderosos Vengadores,  “El que ha visto el sol” ha tenido sus momentos más o menos gloriosos, pero nunca ha sido una de las grandes bazas de la editorial. Por tanto, no es de extrañar que a la hora de adaptarlo al cine, la poderosa compañía diera luz verde a una película que tiraba más hacia la serie B y la calificación para mayores de 18 años. No había motivos para no hacerlo. Y he aquí que tenemos la primera entrega de la que acabaría siendo una trilogía.

Eric Brooks, más conocido como Blade, es un hombre mitad vampiro, mitad humano, capaz de caminar a plena luz del día pero dependiente del plasma sanguíneo para su subsistencia, que lleva años cazando chupasangres obsesionado con la idea de encontrar al vampiro que infectó y acabó con la vida de su madre. Junto a un reducido grupo de aliados, su camino le llevará a cruzarse con Deacon Frost, un líder vampiro que pretende invocar a un antiguo dios de la sangre llamado La Magra para lograr por todas la supremacía de su raza frente a los seres humanos.
En primer lugar, he de decir lo fascinante que me parece todo ese universo vampírico que nos presenta la película, en el que los chupópteros básicamente se dedican a ir a raves, matar peña y consumir su sangre con avidez. Y es que, salvo en un par de ocasiones en las que vemos reuniones de los vampiros más poderosos al más puro estilo club Bildeberg, todos los encuentros de Blade con los vampiros tienen lugar en fiestas nocturnas, ya sean en garitos subterráneos o en pisazos de lujo. El mantener a Blade como un personaje urbano y apegado a las calles es todo un acierto, así como todo ese origen y esos personajes secundarios que se sacan de la manga y que ayudan a empacar un argumento que, por otro lado es tan sencillo y predecible como podría ser un cómic de este personaje. Un trabajo decente de David S. Goyer, que en años posteriores a esta película se mostraría como un referente dentro del cine de superhéroes, siendo responsable de los guiones de la trilogía de Batman de Christopher Nolan o de El Hombre de Acero de Zach Snyder entre unas cuantas otras cintas del género.
El guión de la película estuvo circulando por las productoras durante unos cuantos años antes del inicio de la producción, y múltiples negros fueron barajados como posibles protagonistas. Denzel Washington y Laurence Fishburne fueron considerados para el papel, pero por aquel entonces Wesley Snipes se encontraba en conversaciones con Marvel para protagonizar una posible adaptación de los tebeos de Pantera Negra y fue el que se acabó quedando con el rol protagonista. No sé como lo habrían intepretado otros actores, pero lo que sí sé es que Wesley Snipes aparte de ser un actor de mierda (y, actualmente, ex-presidiario)  es un señor sin carisma alguno que tira por los suelos toda la posible gracia que pudiera tener el personaje y lo convierten en un protagonista soso de pelotas (tampoco estoy pidiendo actorazos, joder, las grandes figuras del cine de acción nunca han sido grandes intérpretes pero por lo menos tenían una chispa con la que ganarse al espectador).

Originalmente se planeó que el antagonista de la película fuera el vampiro Morbius, pero una serie de problemas con la propiedad de los derechos cinematográficos de Spiderman (tebeo al que está vinculado dicho personaje) hicieron esto imposible, así que una vez los responsables de la peli se sacaron de la manga esta reinterpretación de un villano de segunda como Deacon Frost. Para interpretarlo recurrieron a Stephen Dorff, un cutre de tomo y lomo y un actor bastante penoso que se casca aquí la que posiblemente sea su interpretación  más conocida hasta la fecha. Pero no es la única cara medianamente reconocida del elenco. Acompañando a héroe y villano tenemos a Kris Kristofferson (reconocido fundamentalmente por su participación como co-protagonista en Pat Garrett y Billy el Niño de Sam Peckinpah) interpretando a Whistler, una especie de Van Helsing trasnochado que es posiblemente el mejor personaje de la película. También podemos encontrar en el reparto al eterno secundario de inquietante rostro Udo Kier, a un secundario eterno como es Donald Logue (actualmente alzándose como Harvey Bullock en la serie de Tv Gotham) y a la ex-actriz porno Traci Lords haciendo un cameo de pocos minutos.
También en un principio se planteó como posible director al señor David Fincher, pero cuando este huyó con el rabo entre las piernas acabó dirigiendo el cotarro Stephen Norrington, un señor prácticamente novato y que tras ser responsable del deleznable espectáculo de cámaras y montaje de esta película volvió a cubrirse de gloria unos cuantos años después adaptando el mítico tebeo de Alan Moore La Liga de los hombres extraordinarios, adaptación que, dicho sea de paso, fue la causante de que no haya vuelto a sentarse en la silla de director desde entonces.

Blade nos ofrece una adaptación de cómic que se inmiscuye en el subgénero vampírico sin autocensura ni cortapisas. Acción, chulería, algo de gamberrismo…una macarrada que podría tener todas las papeletas para, por lo menos ser un divertimento decente. Y aun así, es una película que me termina aburriendo, algo de lo que es culpable sobre todo su protagonista y el asqueroso trabajo de dirección que ya he comentado repetidas veces. La película partía de un presupuesto  de 45 millones de dólares y logró recaudar casi el triple de este, llegando a coronarse como número uno en su primer fin de semana en España. En cualquier caso, dio dinero más que de sobra para que acabara convirtiéndose en una trilogía, y tendríamos que esperar hasta la tercera parte para encontrarnos con un villano clásico de los tebeos del cazavampiros como es Drácula. Pero antes, pasaríamos por el visionado de…




Título: Blade II
Director: Guillermo del Toro
Año: 2002
Guión: David S. Goyer
Intérpretes: Wesley Snipes (Blade), Kris Kristofferson (Whistler), Leonor Varela (Nyssa), Ron Perlman (Reinhardt), Norman Reedus (Scud), Luke Goss (Nomak), THoms Kretschmann (Damaskinos)

Blade II. Segunda entrega de la trilogía con Wesley Snipes de nuevo a la cabeza y David S. Goyer a los guiones quien en esta ocasión se curra una historia algo más original: una raza nueva de vampiros, los Segadores, que predan sobre los propios chupasangres está causando estragos dentro del submundo vampírico. La situación llega a tal punto que un gran señor de los chupópteros recluta a Blade para que se ponga al mando de una cuadrilla de guerreros vampiros de élite para atajar el problema de una vez por todas, iniciando una cacería en la que no todo es lo que parece.
Una secuela que mejora en todos los sentidos a la primera parte. Un Wesley Snipes al que, a pesar de seguir siendo un actor de mierda, por fin le sacan algo de jugo en situaciones en las que muestra una simpática química con los personajes de Whistler (interpretado una vez más por el señor Kris Kristofferson)y Reinhardt (encarnado por uno de los feos ilustres de Hollywood, Ron Perlman). Un reparto repleto de caras conocidas: el mencionado Ron Perlman, Norman Reedus (Daryl en The Walking Dead y co-protagonista de uno de mis placeres culpables favorito, Los Elegidos), Karel Roden (Rasputín en Hellboy),Luke Goss (que interpretaría al villano de Hellboy II y al piloto de carreras Frankenstein en dos de las tres entregas de la saga-reboot Death Race de Paul W.S. Anderson), el ahora archiconocido Donnie Yen en uno de sus primeros papeles en Hollywood (quien también ejerce las labores de coreógrafo en alguna de las mejores escenas de acción del film), el alemán Thomas Kretschmann (conocido por su papel de oficial nazi en El Pianista y también por su breve paseo por el Universo cinematográfico Marvel encarnando al Barón Strucker) y un cameo del caricato persona, Santiago Segura. Junto a tanto rabo, un papel femenino secundario que pasó por las manos de pibones como Asia Argento, Kristanna Loken o Elena Anaya y que acabó recayendo en la chilena Leonor Varela, que ni está tan buena ni queda tan resultona como lo habría hecho cualquiera de las otras candidatas.

Al mando del barco, un señor que ganó el prestigio para, en los últimos años, ser ninguneado: Guillermo del Toro. Por aquel entonces Guille (su madre le llama Guille y yo le llamo Guille) ya había dirigido un encargo para Hollywood, Mimic, y una cinta de prestigio, El espinazo del diablo. Con Blade II detecto que Del Toro está ensayando para la que fue su gran catapulta al estrellato dos años después: Hellboy. Aunque copia en parte el estilo videoclipero de Stephen Norrington si que se asegura de que el montaje de las escenas de acción no sea tan atroz y alocado como en la primera entrega e incluso llega a dejar quieta la cámara en ciertos momentos y a introducir puntualmente el bullet-time, consecuencia inevitable de la cátedra sentada por Matrix, en un estilo que es muy similar al que utilizaría luego más depurado en la ya mencionada Hellboy. Pero no acaban las similitudes con su carrera posterior aquí. Y es que ya empieza a asomar la cabeza el verdadero talento de Guillermo del Toro que no es estar tras la cámara, sino coordinar la creación de monstruitos y ambientes fantásticos. Así tenemos por ejemplo a unos vampiros embozados en un “traje de infiltración” que recuerdan poderosamente al Kroenen de la ya mentada Hellboy (cosa que no es de extrañar, pues el propio Mike Mignola, creador de los tebeos del demonio de la mano de piedra, aparece acreditado como artista conceptual) y unos vampiros Segadores que son prácticamente un calco de los que aparecerían más de diez años después en la serie de TV The Strain (la de los vampiros con la lengua-aguijón retráctil y que transmitían la infección a través de unos asquerosos gusanos), adaptación de una trilogía de novelas escritas a pachas entre el propio Del Toro y el escritor norteamericano Chuck Dixon.


Y tampoco tiene mucho más que contar. Una secuela más divertida, menos pesada, con un casting más acertado y simpático, un protagonista ligeramente mejor respecto a la primera entrega, un guión más trabajado y una dirección y una estética que, aunque tira repetidas veces de un CGI ya cantoso aunque no doloroso, está mucho más cuidada que en su predecesora. El resultado, la entrega de la trilogía mejor valorada por crítica y pública y una película que, costando poco más que la primera, lo petó en todo el mundo recaudando más de 150 millones de dólares, dinero más que suficiente para, como he mencionado anteriormente, asegurar una tercera entrega que acabaría siendo la tapa del sarcófago para el cazavampiros al menos hasta que a Marvel se le ocurra rescatarlo de nuevo del ostracismo. Y es que no son pocos los rumores que apuntan a que a no mucho tardar volveremos a oír hablar de “El que ha visto el sol” en el terreno audiovisual. Si tendrán en consideración esta trilogía de pelis o recurrirán de nuevo al señor Wesley Snipes es algo que sólo el tiempo podrá revelar.


jueves, 13 de abril de 2017

Dobles programas bizarros (III): EXISTS de Eduardo Sánchez + LA CASA DE CERA de Jaume Collet-Serra


Título: Exists
Director: Eduardo Sánchez
Año: 2014
Guión: Jamie Nash
Intérpretes: Chris Osborn (Brian), Dora Madison (Dora), Roger Edwards (Todd), Denise Williamson (Elizabeth), Samuel Davis (Matt), Brian Steele (Bigfoot)

Hace algunos años surgió una extraña corriente  dentro del subgénero del found footage por la cual aparecieron en un corto período de tiempo una serie de películas que tenían como eje central al mítico monstruo norteamericano también conocido como Bigfoot. De esta efímera moda surgieron cintas como Bigfoot: The Lost Coast Tapes, Bigfoot County, Willow Creek (posiblemente el film que más reconocimiento se llevó en su momento) o la peli que toca comentar hoy, Exists. En todas ellas el argumento era más bien clónico: una serie de jóvenes acababan de una forma u otra en lo más profundo de los bosques americanos y eran atacados por Piegrande, quedando todos los acontecimientos preservados en cámara. Exists no muestra grandes diferencias en estructura u originalidad en el guión respecto a otros found footage, pero si se encuentra rodeada de una atmósfera y una estética que le dan un aspecto mucho más cutre que muchas otras pelis similares.
En primer lugar, nos encontramos con un found footage que no es “puro”: hay planos imposibles de tomar con una cámara (ni siquiera con una de esas go-pro de las que tanto alardean los protagonistas durante el film), existe edición y montaje de las imágenes (estas se rebobinan adelante y atrás, se producen cortes entre un plano y otro, etc) y hasta banda sonora acompañando a las secuencias. Aún pasando esto por encima, la película sigue resultando muy pobre: los actores son muy malos, muy poco creíbles; la alta definición de las cámaras resulta contraproducente y enfatiza la falsedad del bigfoot (cuando este no está en primeros planos) y de las diversas heridas que los personajes sufren a lo largo de la trama, etc. Posiblemente el uso de otro tipo de cámaras más “cutres” habría mejorado el resultado, dando un aspecto más casero e inquietante al metraje, e incluso habría resultado hasta gracioso, pues podría haberse vendido como una especie de homenaje a esos vídeos infectos de supuestas grabaciones de bigfoot tan míticos que han poblado internet desde sus comienzos. Eso sí, a diferencia de otros found footage, aquí el monstruo aparece mucho y muy frecuentemente y cuando se le graba en planos cercanos, especialmente en el desenlace del film, este está hecho cojonudamente bien (no es para menos, pues las labores de efectos especiales y maquillaje corren a cargo de la mítica WETA Workshop,  la compañía que se cascó todos los efectos físicos de la trilogía de El Señor de los Anillos de Peter Jackson).
El reparto está compuesto por una serie de desconocidos y ninguneados entre los que destaca por encima del resto un tal Brian Steele, encargado de meterse en el traje de Bigfoot, el cual, según la IMDB ya había interpretado al monstruo en la serie de TV que surgió a raíz de la película Bigfoot y los Henderson. Curiosamente, el director de la cinta no es otro que Eduardo Sánchez, norteamericano de ascendencia cubana y uno de los responsables de, atención, El proyecto de la bruja de Blair. Resulta muy triste ver como uno de los responsables de una de las películas clave de la historia del género de los found footage realiza un trabajo en el que no sólo traiciona las normas del género que él mismo ayudó a construir sino que también denota su incapacidad como director. De aquí se extraen dos conclusiones: o bien El proyecto de la bruja de Blair fue una casualidad, una rara avis irrepetible y fruto de su tiempo; o bien el verdadero talento dentro de esta era el compañero del señor Sánchez, Daniel Myrick. Hasta donde tengo entendido, esto segundo es más bien una falacia, pero como no tengo conocimiento de las filmografías de estos caballeros, dejaremos el misterio en el aire.
También tengo entendido que el resto de found footage relativos al Bigfoot no son muy distintos a Exists. O, en otras palabras, son la misma mierda pobretona. No creo que me atreva con otra de estas hasta dentro de mucho pero, aun así, son 80 minutos de largometraje llevados con un ritmo decente, por lo que, hasta cierto punto, Exists puede llegar a entretener al espectador. Realmente es una mierdecilla pero es el tipo de film que puede llegar a llamar la atención de unos y no de otros, así que, ustedes verán si quieren jugársela. 





Título: La Casa de Cera (House of Wax)
Director: Jaume Collet-Serra
Año: 2005
Guión: Chad Hayes y Carey Hayes
Intérpretes: Elisa Cuthbert (Carly), Chad Michael Murray (Nick), Brian van Holt (Bo/Vincent), Paris Hilton (Paige), Jared Paladecki (Wade), John Abrahams (Dalton), Robert Ri'chard (Blake)

De todos los directores españoles que han intentado cruzar el charco y hacer las Américas, posiblemente uno de los que más respete sea el catalán Jaume Collet-Serra. Para empezar, el buen señor estudió cine en tierras yanquis,lo que probablemente influyera en el hecho de que a la hora de llegarle la oportunidad de dirigir un proyecto grande en los USA no se andara con remilgos como otros nombres del cine patrio y aceptara el encargo sin más dilación. A día de hoy, no me equivocaría demasiado al decir que es, posiblemente, el director español más requerido en tierras yanquis por una pura y simple razón: es un director de estudio.  En su filmografía encontramos películas francamente potentes como La Huérfana junto a cintas como Non-Stop o Sin Identidad (por lo que también podemos contarle entre los responsables de haber convertido a Liam Neeson en esa especie de héroe de acción maduro/ padre justiciero que es ahora en el cine). La Casa de Cera fue su debut como director, un proyecto de cine de terror a caballo entre los rescoldos del asqueroso terror para adolescentes de finales de los 90 y el género más serio que empezaríamos a recuperar conforme terminamos la primera década de los 2000. Sin llegar a ser, como así se vendió, un remake de la añeja Los Crímenes del Museo de Cera y cortada más por el patrón del thriller de terror  que del slasher, la película nos cuenta como unos jóvenes, de camino a la Superbowl, tienen una avería que les obliga a detenerse en un pueblo donde el único atractivo es un museo de cera local que alberga a un par de asesinos hijos de puta que les darán caza a lo largo de toda una noche.
Como he dicho, sin llegar a ser un slasher al estilo más clásico (Viernes 13 y demás ejemplos similares), sí que pone énfasis en los asesinatos cometidos durante el film y, sobre todo, en que estos sean brutotes sin que haya chorretones de sangre a diestro y siniestro (personalmente me quedo con el momento en que el asesino, tras haber atravesado la cabeza de uno de los personajes con un palo afilado, agarra una cámara de video y nos regala un primer plano de la herida abierta y gorgoteante como si de un director de películas snuff se tratara). Estos crímenes se combinan con el mal rollo que inspiran los muñecos de cera para montar un escenario que, si bien no es tan atmosférico ni tan terrorífico como pretende, si que funciona muy bien para la historia que se quiere contar. Si acompañamos esto con cierta complicación técnica en la dirección de Collet-Serra (que se puede ver en ciertos movimientos de cámara puntuales a lo largo del metraje), pues tenemos un producto con un envoltorio bien majo.
Protagoniza la película Elisa Cuthbert, relativamente conocida por interpretar a una actriz porno en La chica de al lado y a la hija de Jack Bauer en la serie de TV 24. Esta acompañada de una serie de chavales sin nada interesante que reseñar que solían pasearse por productos de videoclub en aquellos años y por el principal atractivo del casting, la heredera del millón de dólares Paris Hilton en uno de sus pocos papeles en el cine en  el que no se interpreta a sí misma. En La Casa de Cera, Paris nos deleita con un striptease, le chupa el rabo a un negro y sufre, además, una truculenta muerte, por lo que no es tontería afirmar que esta es, junto a 1 Night in Paris, la mayor contribución al universo que va a dejar esta mujer en vida.
De Collet-Serra ya está todo dicho y desde luego con este debut nos entregó uno de los pocos slashers de aquella etapa de los 2000 que no da puto asco. Bastante recomendable.