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miércoles, 27 de mayo de 2020

I SPIT ON YOUR GRAVE: DEJA VU de Meir Zachi



Título: I Spit on your grave: Deja Vu
Director: Meir Zachi
Año: 2019
Guión: Meir Zachi
Intérpretes: Camille Keaton (Jennifer Hills), Jamie Bernadette (Christina Hills), Maria Olsen (Becky), Jonathan Peacy (Kevin), Jim Tavare (Herman), Jeremy Ferdman (Scotty)

Cuando uno habla del infame subgénero del rape and revenge, es inevitable que salga a relucir la saga de I spit on your grave como uno de los ejemplos fundamentales, sino el más relevante, del mismo. La violencia del sexo (como se la conoció cuando se estrenó aquí en España) fue una peli que costó poco y funcionó regular en el circuito grindhouse americano, pero su caracter de largometraje extremo y las escandalosas reacciones la dotaron de inmediato de una pátina que con el tiempo acabaría derivando en una consideración como película de culto. Es esto último lo que llevó al director, productor y guionista de la película, el israelí Meir Zarchi, a involucrarse produciendo un remake de su ópera prima. Si bien el I spit on your grave original es un film que no he visto (y que me da una pereza extrema visionar), si que tengo el concepto de él como un producto que, más allá del efecto escándalo que pudo tener en su tiempo, es aburrido y torpe, hasta el punto de rozar la vergüenza ajena visto a día de hoy. Lo que sí he hecho en estos últimos años es comerme una tras otra toda la tanda de pelis que esputó el mencionado remake.
No se como será La violencia del sexo, pero su sucesora es un film con un par de cojones que consigue ser extremadamente crudo y desagradable en base a tener a unos intérpretes capaces delante de las cámaras y a alguien que no es un completo negado detrás. Fue una peli que, una vez más, no funcionó de cara a la crítica ni excesivamente bien en lo económico, pero que debió calar lo suficiente entre el fan del cine de terror, siempre en busca de lo último en lo referente a violencia extrema y casquería, para que los productores se dieran a continuar con lo que era una franquicia emergente. Así, la secuela del remake, I Spit on your grave 2, trasladaba la acción a Europa del este con mucho menos presupuesto de por medio y un elenco infinitamente menos capaz que los involucrados en su predecesora, lo que la convirtió en una cinta aburrida que destilaba cutrerío por todos sus poros a pesar de las cafrerías que mostraba en pantalla. Esa misma cutreza y zetosidad quedaba patente en la tercera parte, I spit on your grave III: Vengeance is mine, que salió un par de años después con un despliegue de medios y una factura idéntica a su predecesora, solo que esta conseguía solventar esos defectos y convertirse en algo decente a base de una mala leche inexistente en la segunda parte y subvirtiendo el personaje de la protagonista, la cual, a raíz de su traumática experiencia acababa llevando su venganza un paso más allá, convirtiéndose en una asesina misándrica que veía en cualquier hombre, desde un vagabundo de la calle hasta un compañero de la oficina, en un potencial violador al que matar. Eso sí, esta última supuso el fin de la asociación entre Meir Zachi y la compañía Anchor Bay, su distribuidora hasta el momento, que supongo que se hartó de perder dinero.
Claro que el israelí no podía dejar las cosas quietas, pues a lo tonto llevaba desde los años 70 viviendo de la asociación de su nombre a la marca I spit on your grave y el subgénero que representaba. Y así, en 2015 (el mismo del estreno de I spit on your grave III), el susodicho decide marcarse un "Juan Palomo" dirigiendo, guionizando, montando, produciendo y distribuyendo el solito una nueva entrega de su saga. Para ello se amolda a las circunstancias del género de terror apuntándose a dos tendencias muy habituales en la actualidad. Así, I Spit in your grave: Deja Vu es, por un lado una secuela directa tardía que ignora toda la tanda de remakes y secuelas de la pasada década, y por otro un intento de recuperar al personaje original, contando para ello con Camille Keaton, la señora que protagonizó La Violencia del sexo allá por 1978. Ni que decir tiene que los medios con los que contaba eran más ínfimos que nunca y que no existía la más mínima posibilidad de que eso se pudiera estrenar en cines, por lo que, tras tenerla tres años en post-producción cogiendo polvo, tuvo que lanzarla directamente en DVD/Blu-Ray y en aquellas plataformas de streaming que se dignaron a comprarla.
La trama de la peli nos muestra como cuarenta años depues de habers vengado de sus violadores, Jennifer Hills se ha convertido en una escritora de éxito a base de explotar en papel sus desventuras. A consecuencia de esto, los familiares de los violadores muertos deciden, tras todo ese tiempo, ir a buscar a la susodicha y cargarsela para vengar a sus difuntos, secuestrando de paso a la hija de la susodicha a la cual, para más inri, violan y abandonan en el bosque, lo que provocará el reinicio del ciclo de retribución y muerte cuando esta última, seguidamente, tome las armas.
Cual fue mi incredulidad cuando, a los pocos minutos de empezar el visionado, me doy cuenta de que lo tengo delante de mis ojos es una puta peli amateur en toda regla. Rodada torpemente en el video digital más cantoso de todos los que puede haber en el mercado, casi diría que directamente en el puto campo sin permisos de ningún tipo ni nada (hay una escena en la que los malos le pegan una paliza a una de las protas mientras pasan coches sin parar por la carretera que hay justo detrás suya que pone de manifiesto esto último). Con un elenco que es un auténtico festival de sobreactuaciones, empezando por la pobre Camille Keaton, más mala actriz que su puta madre, cuya carrera quedó condicionada tras La Violencia del sexo, viéndose obligada a aceptar papeles similares al que la hizo conocida y, ya en tiempos recientes, reducida a vulgares cameos en pelis de terror y a malvivir profesionalmente a costa del fandom, y terminando por Jamie Bernadette, una actriz de tres al cuarto feucha, bajita, cabezona y sin cuello que el guión de la peli nos quiere colar como una supermodelo de fama mundial, cosa que no resulta creíble en ningún momento. Y si las protas son malas intérpretes, los secundarios ya son para darles de comer aparte, destacando por encima de todos Jonathan Peacy, un barbudo que parece sacado de una peli de Rob Zombie y que parece sufrir de epilepsia de lo exagerado que está en su interpretación de redneck, y Jim Tavare, un grandote calvo que acomete una de las peores interpretaciones de retrasado mental que he tenido la desgracia de echarme a la cara. Incluso el propio Meir Zachi se reserva un papel minúsculo dentro de su propia película, ahorrándose de paso el contratar a un secundario más.
La posible violencia de la que pudiera haber hecho gala la peli queda reducida al mínimo, ya no se si por carencia de medios, de talento o de ideas. Lo más chungo que se llega a ver es una decapitación que ocurre casi íntegramente fuera de cámara. La escena de la violación, momento recurrente de la saga que tan mal cuerpo dejaba en el remake de la original, aquí es tan falsa y ridícula que más que desagrado provoca risa. Vamos, que toda la capacidad de escandalizar de la que podía presumir la peli original brilla aquí por su ausencia.
Es un suma y sigue constante de palpables carencias. Por no tener la peli no tiene ni banda sonora. Y si por lo menos hubiera sido entretenida pues podría haber tenido un pase, pero es que ni eso consigue. 
Veamos, cualquiera de sus predecesoras en la saga tiene una duración de, a lo sumo, 90 minutos. I spit in your grave: Deja Vu, sin embargo, se alarga hasta unas insoportables dos horas y media en la que los breves momentos de violencia y acción están intercalados por minutos y minutos de chapa de los personajes, monólogos eternos de los villanos justificando sus acciones y contándonos a viva voz la peli original (momento que aprovecha el director para insertar con calzador planos y secuencias sacados directamente del metraje de esta) y larguísimas tomas de la prota corriendo en bolas por el bosque y de los malos conduciendo quads y furgonetas mientras la persiguen. Recursos que podemos ver una y mil veces en chungueces zetosas por el estilo y que hasta cierto punto son excusables cuando tienes que rellenar metraje como sea para que la peli llegue a la duración mínima, pero que resultan inexplicables en una cinta de 150 minutazos. Es que para mi que el director directamente cogió todo el metraje grabado, lo montó sin recortar escena alguna, le metió las cuatro o cinco secuencias extraídas de la original y se quedó con lo que salió como resultado final. 
Un coñazo de los de sufrir que me tuve que ver en cuatro cachos para poder terminarla y que, esta vez, ni el fandom ha respaldado, destruyéndola sin piedad. Entre ventas en formato físico y en streaming, la peli dejo a la producción algo más de 74.000 dólares en recaudación. Viendo la precariedad y los ínfimos medios de los que dispone yo diría que hasta les salió rentable la jugada.
Mira que la saga ha tenido momentos bajos, pero nunca nada tan terrible como esto. Debería ser el punto y final de la explotación de la misma, pero viendo el caracter exploiter de su director, que a lo tonto lleva viviendo, al igual que su protagonista, cuarenta años de la fama, o infamia según se mire, de una única película, yo no las tendría todas conmigo. Lo que está claro es que si en algún momento decide continuarla será en los mismos términos baratos y amateuroides. Y yo ya no se si caeré, porque la verdad, hay formas muchos más sencillas de aburrirse como una ostra. 



domingo, 15 de marzo de 2020

El HOMBRE LOBO de Joe Johnston


Título: El Hombre Lobo (The Wolfman)
Director: Joe Johnston
Año: 2010
Guión: Andrew Kevin Walker y David Self
Intérpretes: Benicio del Toro (Lawrence Talbot), Anthony Hopkins (Sir John Talbot), Emily Blunt (Gwen Conliffe), Hugo Weaving (Inspector Francis Aberline), Geraldine Chaplin (Maleva)

En ocasiones anteriores he revisado un par de los intentos de la Universal por traer de vuelta a la palestra a sus monstruos clásicos en tiempos recientes. Y aunque todo el mundo tiene presente la trilogía de pelis de La Momia que protagonizó Brendan Fraser y los recientes intentos por montar un universo compartido con La Momia y Drácula: la leyenda jamás contada, ya los hay que se olvidan de los productos que vieron la luz entre medias de ambos. Mucha pereza me entró cuando intenté reseñar el Van Helsing que protagonizó Hugh Jackman cuando más en la cresta de la ola estaba, pero sin embargo si que puedo prescindir de unos minutos para dedicarle unas palabras al reboot de El Hombre Lobo que la Universal produjo en 2010.
Tomando como referencia la película original de los años 40 que protagonizó Lon Chaney, esta nueva versión nos narra como Lawrence Talbot vuelve a su hogar natal en los páramos ingleses para reencontrarse con su distanciado padre e investigar la muerte de su hermano, al que se encuentran hecho pedacitos en medio de la campiña. Durante el transcurso de esta se verá atraído irremediablemente hacia la viuda de su difunto hermano y tendrá que enfrentarse a las consecuencias que todos conocemos tras ser mordido por un hombre lobo una noche de luna llena.
Este es uno de esos proyectos que estuvo dando vueltas y vueltas hasta ver la luz. Si bien en los cuatro o cinco años que  el guión estuvo danzando por ahí, el baile de directores puestos al frente fue considerable (se llegó a tantear como directores a Brett Ratner, Frank Darabont, James Mangold o Martin Campbell entre otros antes de que Joe Johnston se hiciera con los honores), se concibió en todo momento como un producto que iba a contar con Benicio del Toro al frente como protagonista, quien no sólo se considera fan de la cinta original, sino que además afirma ser un ávido coleccionista de material original y/o creado a partir de dicha película. 
Del Toro podrá ser todo lo fan que quiera del Hombre Lobo de la Universal, pero eso no quita que el difícil físico que posee (esa carucha de borrachín trasnochado...) haga complicado el que te lo creas encarnando a un lord inglés, algo que el guión solventa de manera acertada presentándolo como la oveja negra de la familia, quién no sólo frecuenta los círculos dela farándula sino que tiene antecedentes de problemas mentales e ingresos en psiquiátricos. Teniendo en cuenta esto, se nota que el señor le pone muchas ganas, especialmente en las transformaciones, momentos de máximo sufrimiento físico, pero eso no quita que peque de sobreactuar por encima de lo exigido por el guión, algo a lo que, por fortuna o por desgracia, ya estamos acostumbrados cualquiera que henos tenido más de un contacto con sus performances, especialmente en el terreno más mainstream. 
Le acompañan en el reparto un Anthony Hopkins con un registro completamente agotado y en su momento de mayor zozobra profesional, justo antes de que la Marvel lo reflotara un poco con Thor; una solvente Emily Blunt cuya carrera aún estaba despegando hace las veces de interés amoroso del protagonista, mientras que un Hugo Weaving en la línea que suele mostrar cada vez que se mete en algo mínimamente relacionado con el género fantástico encarna a un poli de Scotland Yard que investiga las misteriosas desapariciones que se dan por la zona donde transcurren los hechos, el cual, que para más inri, estuvo involucrado en el caso de Jack el Destripador años antes de los acontecimientos de la peli (¡¡¡Universo Compartido!!!). A lo largo del metraje encontramos también sendos cameos de Geraldine Chaplin encarnando a una vieja gitana y de Max Von Sydow, este último borrado de la versión cinematográfica, que encarna a un transeúnte que le regala un bastón con cabeza de lobo al personaje de Del Toro en una referencia directa al clásico original.
Dirige la cinta, como he mencionado antes, Joe Johnston, director de estudio con todas las de la ley que, en esta ocasión, tira de los mismos recursos que ya nos dio en Rocketeer o en Capitán América: El Primer Vengador, cultivando el uso de una estética tan artificial y recargada como consciente de si misma que, en esta ocasión, le viene que ni pintada a una peli que intenta por todos los medios lograr una especie de traslación de esa ambientación de terror gótico clásico  a los tiempos modernos del cine digital, aderezándola además con buenas dosis  de una exageradísima violencia "grand guignolesca". 
Entre bambalinas destaca, como no podía ser de otra forma, el magistral trabajo de maquillaje de Rick Baker que se casca una reinterpretación de la estética clásica del Hombre Lobo acojonante de buena, a pesar de que queda ensuciada un poco por la introducción de un CGI ya inevitable en los tiempos en los que se hizo la peli. El reconocimiento absoluto al meritorio curro del susodicho fue un merecido Óscar a Mejor Maquillaje en la edición de ese año que se convirtió, además, en la segunda ocasión en que los licántropos le hacían merecedor de semejante galardón, años después de su labor en Un Hombre Lobo americano en Londres de John Landis.
La banda sonora de la peli, por otro lado, fue la gran damnificada de las idas y venidas del proyecto. Originalmente se encargó al afamado Danny Elfman la composición de una partitura original para la cinta, trabajo que, una vez presentado a la productora, no gustó en absoluto y fue descartado en un primer momento. Elfman, quién contractualmente no estaba obligado a currarse una reescritura y, de hecho, estaba atado de pies y manos por Disney a la Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton, se desligó del proyecto. La Universal tanteó entonces a Paul Haslinger, compositor de la banda sonora de Underworld, para que hiciera algo más cercano a la música electrónica y al "rollo" que los ejecutivos de la productora decían querer. 
Cual fue la sorpresa de estos cuando, al poner el trabajo de Haslinger al lado de las primeras secuencias finiquitadas por Johnston, vieron que ambas no pegaban ni con cola. La solución, echar a toda pastilla a Haslinger y contratar a cuatro o cinco arreglistas para que montaran una banda sonora decente a partir de los fragmentos que Elfman había dejado atrás y que, oficialmente, pertenecían a la productora. El resultado fue que el susodicho compositor aparece acreditado como autor de la banda sonora original y tuvo también la oportunidad de lanzar una versión sin alterar de esta en CD el mismo año del estreno de la peli. Por esos mismos tiempos comenzó a circular por Internet una supuesta versión de la BSO electrónica que había compuesto Haslinger y que, con el tiempo, demostró ser un fake como una catedral de grande, lo que puso por fin el punto y final al culebrón musical que acompañó a El Hombre Lobo durante su producción.
Como buena película maldita, tardó casi dos años en estrenarse desde que se completó la producción, algo que parecía ya anticipar lo que luego aconteció. Y es que el intento de reintroducir de nuevo al licántropo clásico en el colectivo popular fue todo un fracaso para la Universal que, partiendo de un presupuesto de 150 millones de dólares apenas llegó a recaudar 139 en taquillas de todo el mundo. En nuestro país sentó a algo más de 687.000 espectadores, cifra que considero que no está mal para los tiempos en los que se estrenó la peli y para el tipo de producto que es y que probablemente se deba agradecer al atractivo casting que anunciaba el poster. En cualquier caso, esto echó por tierra los planes de la Universal de continuar la historia de El Hombre Lobo con sendas secuelas. Ya en estos últimos años, con todo el asunto del Dark Universe, se rumoreó un  posible nuevo relanzamiento del personaje que, en esta ocasión, interpretaría Dwayne "The Rock" Johnson, pero, como todos sabemos, todo quedó en agua de borrajas.
En su momento yo me comí esta peli en cines y salí echando pestes de ella, diciendo que era un producto más bien vago que se apoyaba en la violencia por la violencia para suplir sus carencias. Hoy día podría decir que la peli ha quedado completamente redimida ante mis ojos. Tampoco voy a ponerme a cantar maravillas sobre ella, pero si que reconozco ahora la honestidad de la misma, el entusiasmo de algunos de los profesionales que había detrás de ella y, sobre todo, lo deliciosamente entretenida que es, especialmente si se compara con otros productos nacidos a raíz de los monstruos de la Univesal que vieron la luz aquellos años. Seguramente sea lo mejor que salió en la década pasada de todos aquellos intentos, por muy olvidada que hoy esté.


domingo, 16 de febrero de 2020

Dobles Programas Bizarros (VII): LA MOMIA de Alex Kurtzman + DRÁCULA: LA LEYENDA JAMÁS CONTADA de Gary Shore


Título: La Momia (The Mummy)
Director: Alex Kurtzman
Guión: David Koepp, Christopher McQuarrie y Dylan Kussman
Año: 2017
Intérpretes: Tom Cruise (Nick Morton), Sofia Boutella (Ahmanet/ La Momia), Annabelle Wallis (Jenny Halsey), Russell Crowe (Henry Jekylll), Jake Johnson (Sargento Vail)

En un intento de sobreexplotar la moda del Universo Cinematográfico compartido que tanto dinerito le estaba dando a Marvel y, como consecuencia a Disney, los estudios Universal pusieron la vista en su amplio catálogo de pelis de monstruos clásicos con la idea de, una vez más, exprimir hasta el tuétano el legado cinematográfico de esas historias que con tanta pasión escribieron Mary Shelley, Bram Stoker y H.G. Wells ya siglos atrás. Aunque unos años antes ya habían hecho una intentona de reboot con Drácula: la leyenda jamás contada (mirad un poquito más abajo), sería en 2017 donde, con el pintón nombre de Dark Universe, pondrían en marcha su particular versión de Universo Cinematográfico compartido en el que incluir a todas sus criaturas de pesadilla.
Bien es cierto que la idea de juntar varios de estos seres en una misma no era nueva ni siquiera para la propia Universal, quien puede presumir de haberle sacado partido a esa mentalidad exploit desde los años 40 con Frankenstein y el Hombre Lobo hasta la actualidad, pasando por cosas guardadas en el cajón de la infamia como el Van Helsing de 2004 que protagonizó el ídolo de masas Hugh Jackman, pero con el Dark Universe pusieron todas las cartas sobre la mesa. Iban a montar un proyecto descomunal que iba a cumplir a rajatabla todo lo que había hecho grande al Universo Cinematográfico Marvel: interconexión entre todas las películas producidas, grandes reparto, grandes diseños de producción y espectaculares efectos especiales. El punto de partida iba a ser La Momia, personaje que, para todos los que fuimos chavales en los 90, tiene un especial significado al retrotraernos a esas pelis de aventuras protagonizadas por Brendan Fraser que tan buenos ratos nos hizo pasar de peques y que, en esta nueva versión iba a tener de prota nada más y nada menos que a una de las más grandes superestrellas del Hollywood actual, Tom Cruise . Teniendo ya visualizado algo grande y ambicioso, los ejecutivos empezaron a tantear proyectos. Se anunció una nueva versión de El Hombre Invisible que protagonizaría Johnny Depp, que Javier Bardem encarnaría al mostruo de Frankenstein, que la Criatura de la laguna negra y el hombre lobo iban a estar de vueltas, e incluso plantaron en nuestras cabezas la idea de que todos esos personajes, de alguna manera, iban a acabar envueltos en una suerte de gran conflicto con el más terrible de todos los monstruos, Drácula. Estaban convencidos de que se avecinaban buenos años para la Universal.
La aventura no les duró ni un año.
Y ahora, hablemos de la peli que fue el pistoletazo de salida y, a la vez, el clavo del ataúd de un Universo Cinematográfico que ya nació muerto.
En La Momia, Tom Cruise despierta por accidente a una princesa egipcia maldita que irá sembrando el caos y la destrucción por Londres mientras busca una daga mágica que le permitirá traer a un antiguo dios de la muerte a nuestro mundo. La película comienza con un tono de aventura con breves toques de terror para, poco a poco y de manera completamente perceptible, convertirse en poco menos que una peli de superheroes en la que Cruise hace las veces de héroe torpe que prácticamente huye de aquí para allá como pollo sin cabeza recibiendo hostias de los diversos engendros momificados que aparecen cada dos por tres. La villana que da nombre al film se encuentra interpretada en esta ocasión por Sofía Boutella, actriz y modelo argelina que, tras debutar en Hollywood en Kingsman: Servicio Secreto tuvo en La Momia su primer rol importante. Sin ser una gran actriz, su construcción facial y su mirada la aportan un matiz expresivo interesante que el guión intenta explotar intentando darle un cierto aire de sensualidad al personaje que se queda a medio gas. Al menos este se beneficia de tener un diseño muy chulo, especialmente al inicio de la peli cuando apenas es un vulgar cadáver cubierto de harapos, cosa que no se puede decir del otro gran secundario que hace aparición en la cinta. Russell Crowe en su camino al sobrepeso más exagerado se enfunda en un estiloso traje para encarnar al Dr. Jekyll y a su nemesis Edward Hyde poniéndole ciertas ganas al asunto pero quedando lastrado por sus escasos momentos en pantalla y por un diseño perezoso que aun así, gracias a Dios, no repite nefastos errores que el cine tomó en el pasado con el personaje. Cierra el casting la partenaire femenina del protagonista, Annabelle Wallis, actriz conocida principalmente por su participación en las series de Tv Los Tudor y Peaky Blinders a la cual no tengo para nada vista y que recibió una oportunidad de audición para la peli porque el propio Cruise, como fan de dichos programas, lo exigió, por lo que no es de extraño que uno acabe pensando que si acabo en la peli al final fue por la poderosa influencia del actor, y es que no pocas fuentes afirman que Cruise, aparte de aceptar el papel a cambio de que se cumpliera un muy exigente contrato, ejercía prácticamente de déspota cambiando escenas para su lucimiento y corrigiendo decisiones de la productora a voluntad, algo que niegan tanto esta última como el director de la peli, Alex Kurtzman, aunque eso no ha impedido que los conspiranoicos del fandom lo utilicen para explicar el resultado final de la película. Y es que bien es verdad que La Momia, como peli de terror, fracasa estrepitosamente, pero como peli de acción fantástica que intenta copiar el modelo superheroica sale bastante bien parada. De hecho, gana enteros en ritmo y en entretenimiento en cuanto se convierte en una peli de Marvel. Si esto fue debido a la influencia de Cruise, pues bievenida sea.
El director de la cinta, Alex Kurtzman, hace uno de esos trabajos tan planos como solventes tan comunes en el Hollywood actual, aunque bien es verdad que las labores que se le exigían a Kurtzman pasaban más por la coordinación del futuro universo compartido (para lo cual contaba en su currículum con experiencia como showrunner tanto junto a J.J.Abrams en Fringe como a cargo de esa mina de oro que es Hawaii 5.0.) que como director. A cargo del guión encontramos por un lado a Christopher McQuarrie (guionista de Sospechosos habituales y escritor y director de las últimas entregas de la saga Misión Imposible) y por otro a David Koepp, prolífico escritor que ha trabajado mano a mano con grandes de la industria como Spielberg, De Palma o David Fincher. Que semejantes profesionales hayan ido a encontrarse en un proyecto así dice mucho tanto de la pasta invertida en el mismo como de lo que esta gente considera un trabajo de escritura mercenario y puramente alimenticio.
Y así, a lo tonto entre producción, post-producción y marketing, la Universal le había inyectado casi 400 millones de dólares al lanzamiento de su Dark Universe. Una vez La Momia terminó su andadura en taquilla con 410 millones recaudados, cifra ajustada en comparación que acabó traduciéndose en casi 100 millones de pérdidas para el estudio, ya que mucha de esa pasta recaudada, por unas y otras razones, no acabó directamente en los bolsillos de la compañía. Aquí en nuestra patria, la peli metió a casi 1.400.000 espectadores en las butacas, una cifra buena para los tiempos que corren pero que palidece ante los casi 4 millones de culos que sentó la versión de 1999 en los cines.
El público respondió mal ante la cinta. Al ya odio natural que suscita en muchos la persona de Tom Cruise se sumó el que la mezcla de tonos no dejó contentos ni a los fans del cine de terror ni a los del cine de acción y aventura. La crítica directamente la tachó de bodrio falto de originalidad y de estar más pendiente de plantear escenarios futuros que de darle algo de chicha a la película. Bien sabe Dios que esto último es verdad y que, entre guiños y tramas dejadas abiertas a propósito, se ve clara la preocupación del estudio por darse prisa en que quedara claro que esto iba a ser el principio de un plan cinematográfico a gran escala pero, joder, hay pelis de Marvel que son igual de vistosas y están peor construidas y la crítica y el público se deshacen en halagos con ellas.
Y ya digo que, si bien le cuesta arrancar, en cuanto se transforma en una peli de "supers" se convierte también en un entretenimiento puro y duro. No creo ni que sea una peli que merezca 7 nominaciones a los Razzies como tuvo (aunque todos sabemos la puta mierda que son esos premios en realidad) ni tampoco que sea una obra maestra del género pero está chula, hombre ya.
En cuanto al fracasado Dark Universe, parece que se resiste a morir del todo. La Universal no escarmienta y continúa intentando sacar rédito a sus monstruos clásicos. En breves tendremos por las pantallas una nueva versión de El Hombre Invisible que protagonizará Elizabeth Moss y que parece que va ser más una especie de lectura sobre la violencia de género que una peli de terror. ¿Se habrá olvidado ya el estudio del cine espectáculo e intentará ahora conquistar al fan intelectualoide del género? ¿Son los "ultras" de los Ari Aster y los Robert Eggers que pueblan el cine de terror actual el nuevo objetivo de la Universal?
Ya veremos que pasa.




Título: Drácula: La Leyenda jamás contada (Dracula Untold)
Director: Gary Shore
Año: 2014
Guión: Mark Sazama y Burk Sharpless
Intérpretes: Luke Evans (Vlad "El Empalador"/ Drácula), Sarah Gadon (Mirena), Dominic Cooper (Sultán Mehmed ), Art Parkinson (Ingeras), Charles Dance (el Vampiro)

Mencionaba hace unas líneas que antes de La Momia y el fracasado Dark Universe, la Universal ya había tenido un intento previo muy reciente de intentar sacar nueva tajada de sus monstruos.
Es fascinante como con el transcurso de los años Drácula ha pasado de ser un malvado hijo de satanás al que matar a una figura trágica o, como en este caso, directamente un superheroe.
La leyenda jamás contada incorpora la estructura de una peli de orígenes superheroicos y la mezcla con un poco de distorsión histórica para darnos algo más en la línea de Gladiator que de una peli de terror. En ella, Vlad "El Empalador" gobierna Transilvania y mantiene una frágil paz con el imperio otomano. Pero cuando el sultán turco exige que le sea entregado el primogénito de Vlad como rehén, este no dudará no sólo en plantar cara al poderoso enemigo con un puñado de endebles soldados sino también en pactar con un vampiro que mora en unas cuevas cercanas a su castillo para obtener las habilidades sobrenaturales con las que derrotar a los turcos.
Siete años estuvo dando vueltas el proyecto hasta hacerse realidad en los que supongo que habría mil cambios desde la idea original, un "Drácula: Año Cero" dirigida por Alex Proyas, a lo que finalmente salió. El cóctel que nos presenta la Universal en esta ocasión ignora por completo al género del terror y abraza todos los tópicos posibles del cine superheroico más perezoso: personajes maniqueos, la ausencia de una curva de aprendizaje para el héroe e incluso un final abierto que prácticamente anuncia con letras de neón las secuelas por venir. Todo ello narrado por un guión deslavazado, firmado por los autores del libreto de esa magnífica mierda que es Dioses de Egipto, en el que el prólogo y el desenlace son torpes y apresurados mientras que el nudo parece extenderse hasta dar la sensación de que no va a acabar nunca.
Protagoniza la cinta Luke Evans, uno de esos actores que generan simpatía por encima de sus habilidades interpretativas y que habría dado el pego perfectamente como seductor si la peli no hubiese prescindido también de este aspecto del personaje. En su lugar se ve en la labor de encarnar a un líder inspirador, cosa para la que, se ve a la legua, no está tan bien capacitado. Su antagonista es Dominic Cooper, otro de esos actores que caen en gracia y que sufre de tres cuartas partes del mismo problema. Porque para hacer de canallita en Capitán América: El Primer Vengador o en la serie de TV Preacher viene de lujo, pero para hacer de monarca hijoputa y despiadado pues no da la talla aunque lo intente. Redondean el casting Sarah Gadon, mediocre actriz completamente desconocida para mi persona que encarna a la esposa del Empalador; Zach McGowan, uno de los carismáticos piratas de la serie de TV Black Sails al que vemos medio minuto en pantalla haciendo las veces de un Renfield medieval y el veterano Charles Dance, que después de la saga Underworld vuelve a un rol vampiresco metiéndose en la piel de la criatura que otorga los poderes de la noche a Drácula.
Dirige el producto Gary Shore, director venido del mundo de la publicidad y que no ha vuelto a dirigir nada para cines tras La Leyenda Jamás Contada, el cual consigue dar a la peli el lustroso y prístino aspecto del que cualquier producción mainstream a la que un estudio inyecta toneladas de pasta puede presumir, a pesar de que tengamos más de un momento de CGI que de bastante vergüencita ajena.
70 millones de dólares se gastó la Universal en este reboot, triplicando esas cifras en taquillas internacionales. Por nuestras salas, más de 1.120.000 espectadores pasaron para ver las nuevas andanzas del vampiro. Vamos, que fue un éxito en todo regla.
Y sin embargo, la Universal ninguneó a la peli, cerró las puertas a futuras secuelas y aparcó al personaje para centrarse en el naciente Dark Universe y obtener los maravillosos resultados con este que he comentado más arriba.
Drácula: La Leyenda Jamás Contada es aún demasiado reciente para que haya quedado olvidada por el espectador medio, pero no me cabe la menor duda que en futuros años va a seguir ese sendero. Y es que es una peli que, a pesar de tener todos los ingredientes para resultar mínimamente entretenida, fracasa en el intento convirtiéndose en un producto tan poco memorable como aburrido. Sólo hace falta ver la reseña que me ha quedado para darse cuenta de lo poco que da de sí la peli. Una penita.


martes, 7 de enero de 2020

NURSE 3D de Doug Aarniokoski


Título: Nurse 3D
Director: Doug Aarniokoski
Año: 2013
Guión: David Loughery y Doug Aarniokoski
Intérpretes: Paz de la Huerta (Abigail Russell), Katrina Bowden (Danni Rogers), Corbin Bleu (Steve), Judd Nelson (Dr. Robert Morris), Martin Donovan (Dr. Larry Cook)

A lo mejor a la gente se le ha olvidado ya, pero después de la moda absurda del 3D que impuso el pepinazo que fue el Avatar de James Cameron, hubo toda una avalancha de títulos que vieron su estreno asegurado con sólo ponerle la etiqueta de las tres dimensiones en el póster y añadir un puñado de escenas que justificara esto. Particularmente, en el cine de terror y fantástico de serie B, esto fue una práctica común que permitió que salieran a la luz pelis infames que quizá habría sido mejor que permanecieran en el oscurantismo. Esta es una de ellas.
Nurse 3D es un proyecto encargado por la productora Lionsgate que fue rodado en 2011 y rescatado a posteriori para aprovecharse de la moda del 3D de la manera antes mencionada. El film, que gira en torno a una enfermera que asesina a maridos infieles y que le hace la vida imposible a una compañera de trabajo que rechaza sus avances amorosos, se presenta, por un lado, como una especie de relevo de los thrillers eróticos que tan populares fueron en los 90 y, por otro, como una vil explotación del "falso Grindhouse" que Robert Rodríguez y acólitos popularizaron hace no tanto. Aunque conceptualmente pretende colgarse también esa medalla de feminismo mal entendido que esgrimen las pelis protagonizadas por "mujeres vengadoras" (siendo el subgénero rape and revenge la máxima expresión de esta tendencia), la peli acaba mostrándose como tremendamente machista, aprovechando cualquier mínima excusa para que su protagonista enseñe el culo, las tetas, el coño depilado o todo al completo y para que sus compañeras de reparto se paseen en braguitas, tanguita o minifalda delante de la cámara. Un guión pésimo, unas escenas en 3D extremadamente cutres (de las de arrojar cosas a la pantalla) añadidas en el último momento y una alargada secuencia plagada de gore en CGI y que, a todas luces, parece incluida en la trama únicamente para contentar al fan estúpido de la casquería de turno completan los desastrosos cimientos sobre los que se construye esta puta mierda.
La protagonista absoluta es Paz de la Huerta, actriz que se ha movido a lo largo de su carrera desde el cine de autor más cultureta a la serie Z más costrosa posible. Con un estilo de interpretación que en nada desmerece al cultivado en la mayoría de pelis porno que uno puede encontrar en la red, de la Huerta parece más empeñada, por lo que he podido comprobar en otros papeles suyos, en quitarse las bragas a petición del director de turno que en cultivarse como actriz. Todos los roles en los que la he visto  (incluyendo su papel secundario en Boardwalk Empire, donde interpretaba a un personaje que le venía como anillo al dedo, el de putón verbenero de pocas luces), son ejecutados de la misma forma con total y absoluta desgana. Pésima actriz que, para más inri, exhibe un físico más desagradable que atractivo en el que queda patente su paso por quirófanos de clínicas de cirugía estética (la cantidad de goma que tiene en labios y pómulos da hasta grima). Durante el rodaje, la susodicha recibió un golpetazo por parte de una de las ambulancias de pega que tenían por el set, por lo que la productora la tuvo que soltar un buen fajo de billetes en concepto de daños y perjuicios. Posteriormente grabaría una serie de diálogos "en off" que narrarían algunas de las secuencias de la película. El resultado obtenido fue tan nefasto que el equipo de la misma decidió eliminar esas líneas de diálogo y sustituirlas por otras dobladas por otra actriz distinta que imitaba el tono y la dicción de De la Huerta, lo que ocasionó que la susodicha llevara a los productores a juicio por los daños infringidos a su persona, exigiendo una compensación de 55 millones de dólares que nunca llegó a recibir porque la demanda no salió adelante. Por si todo esto fuera poco, la actriz puso el remate final en unas declaraciones a la prensa en las que culpó a la película  de arruinar su carrera, pues pasó de facturar 2 millones de dólares anuales a tener que refugiarse en la serie B más subterránea e ignota. Hoy día, la tipa vuelve a estar en el candelero a raíz del movimiento #MeToo y su afirmación de que Harvey Weinstein la violó en repetidas ocasiones en algún momento del pasado, pero sus colaboraciones cinematográficas desde el 2015 se pueden contar con los dedos de una mano.
La acompañan en el reparto la co-protagonista Katrina Bowden, actriz con algo más de soltura pero de escasa y televisiva filmografía que se pasea en bragas por los distintos escenarios de la peli (incluso en las risivas escenas en las que se ducha con la ropa interior puesta y procurando no enseñar ni medio pecho al espectador); Corbin Bleu, el olvidadísimo "negro de High School Musical", que también enseña el culete en un par de escenas; Judd Nelson, uno de los jóvenes protagonistas de El Club de los Cinco que, ya avejentado, interpreta a un doctor del hospital que acosa sexualmente a las enfermeras y, de hecho, consigue pasarse por la piedra a más de una (otras dos tacitas de machismo a la mezcla) y, en un cameo tan corto que si parpadeas te lo pierdes, una Kathleen Turner hechísima polvo que uno no sabe muy bien que hace participando en un ñordo como este.
Dirige como puede Douglas Aarniokoski, que antes de esto había trabajado en un buen puñado de ocasiones como asistente de director y director de segunda unidad para Robert Rodríguez (al que plagia toda la impostada estética de la peli, como ya he mencionado), se había currado parte del guión de Puppet Master 4 y 5 y, además, tenía dos o tres ñordos más en su filmografía incluyendo Los Inmortales: Juego Final y Animals, cinta de terror alemana con pinta de serie Z infame que, para más inri, firmó con el molón pseudónimo de Arnold Cassius. Después de Nurse 3D, el tipo se refugió en la Tv, donde van todos aquellos que no triunfan en el cine. Y así, entre Mentes Criminales, las series de superheroes de la CW y Star Trek, no le ha faltado trabajo desde entonces.
En USA la peli desbloqueó un logro histórico al convertirse en la primera peli producida por un gran estudio en ser estrenada en cines y en Video On Demand al mismo tiempo. Costó aproximadamente diez millones de dólares y se estima que, entre salas y ventas domésticas logró recaudar en su primer año de vida poco más de 300.000. Ni siquiera a los trajes de la cinta consiguieron sacarles rentabilidad, que fueron subastados en repetidas ocasiones en 2018 y 2019 con nulo resultado, pues nadie osó pujar por ellos. 
Y así, a día de hoy, los únicos sitios en el que alguien guarda un recuerdo positivo de Nurse 3D  son los grandes portales de pornografía de Internet, donde cualquiera de las nudistas intervenciones de su protagonista acumula miles y miles de visitas, números que, con el tiempo, continuaran creciendo. Un poético final para una peli de mierda que supongo que, al menos en un principio, tendría alguna expectativa más que acabar convertida en una mera inspiración para la liberación de esperma por parte de onanistas de todo el mundo.


lunes, 3 de junio de 2019

MAN-THING: LA NATURALEZA DEL MIEDO de Brett Leonard


Título: Man-Thing: La Naturaleza del Miedo (Man-Thing)
Director: Brett Leonard
Año: 2005
Guión: Hans Rodionoff
Intérpretes: Matthew Le Nevez ( Kyle Williams), Rachael Taylor (Teri Richards), Jack Thompson (Frederick Schist), Alex O'Loughlin ( Eric Fraser), Steve Bastoni (René LaRoque), Rawiri Paratene (Peter Horn)

Esta es una de esas pelis que me encantaría restregar por la cara a cualquiera que me venga a decir que cualquier peli de superheroes Marvel de los últimos años es una mierda pinchada en un palo. Que parece que se nos ha olvidado de donde venimos.
El Hombre Cosa es uno de esos personajes cuyo origen, circunstancias y trayectoria editorial daría para toda una tanda de artículos por controvertida, rara y singular. En cualquier caso, nunca ha sido uno de los personajes más populares ni explotados de la editorial, en contraposición a su homónimo "DeCeita" más popular, La Cosa del Pantano (que no nos engañemos, si no hubiera sido por el paso de Alan Moore por su cabecera habría corrido la misma suerte que el monstruo marvelita).
Hace quince años, tras el boom que se había desatado con los pepinazos de las sagas de Spider-Man y X-Men, todas las productoras que habían agarrado derechos para la explotación cinematográfica de algunas de las propiedades de la editorial estaban como locas por subirse al carro del éxito. Una productora independiente llamada Artisan Enterprises tenía por entonces los derechos de un puñado de los personajes más urbanos del universo marvelita (Luke Cage, Puño de Hierro, El Castigador, la Viuda Negra, etc), y se había lanzado a la aventura de producir pelis más pequeñitas, alejadas de las grandes superproducciones de superheroes del momento. Su primer intento fue The Punisher en 2004 (aquella en la que salía John Travolta interpretando al villano, por si os falla la memoria), y aunque esta tuvo un éxito moderado entre el público, las cosas no fueron especialmente boyantes para la compañía, que cerraría ese mismo año, siendo absorbida por Lions Gate Entertainment, que se haría con todas las propiedades, incluyendo el proyecto que ya había puesto en marcha Artisan antes de la compra, este Man-Thing que hoy nos ocupa.

La empresa le había inyectado 30 millones de dólares a la producción y había mandado al equipo de rodaje a Australia en vez de a la localización planteada inicialmente, Nueva Orleans, para abaratar costes. Las intenciones fueron desde un principio el hacer honor a los tebeos de horror en los que nació el personaje con una película que perteneciera eminentemente al género de terror, aunque viendo el resultado, parece que este fue el único detalle de respeto hacia el personaje que guionistas y productores tuvieron, pues pronto reinventaron al personaje dentro de una trama de serie B en la que este pasaba a ser un espíritu indio que se cargaba a gente en un pantano del sur de los Estados Unidos siguiendo una venganza ancestral.
El jefazo de Marvel Studios por aquel entonces, Avi Arad, confesó a posteriori que la cúpula de la empresa sudó polla y media de Man Thing en la época por tratarse de un film pequeño y con el que apenas se arriesgaban que, aparte, se estaba rodando en la otra punta del mundo. Esto explica, que no excusa la cascada de decisiones cuestionables que se tomaron durante la producción de la película.

Man-Thing es, ante todo, una peli que destila cutreza por todos sus poros. Empezamos por unos escenarios pobretones que se revelan, cuando uno indaga un poco, como unos decorados a los que habían adecentado para que se asemejaran a un manglar los cuales se encontraban en una zona costera completamente diferente a lo que uno podría esperar de un pantano norteamericano, lo que a su vez explica el abusivo uso de las máquinas de humo a lo largo de la peli, seguramente utilizadas como recurso para generar una falsa bruma que desimulara lo cantoso del escenario. El propio diseño del monstruo que da nombre al film (que, dicho sea de paso, parece fijarse más en La Cosa del Pantano de la DC que en el personaje marvelita) fue un intento de combinar prótesis, maquillaje y CGI que ya en la época era bastante lamentable, no digamos ya visto hoy día. Cuando digo lamentable me refiero a que se nota una barbaridad que es una especie de señor alto al que han recubierto con una especie de césped y ramaje artificial y le han incrustado dos bombillas rojas de navidad por ojos, todo ello retocado a su vez con el ordenador. Peligrosamente cercano a zetosidades como The Wild Man of the Navidad y semejantes. En contrapartida, y arrojando algo de luz entre tantas tinieblas, a lo largo de la peli aparecen toda una serie de cadáveres grotescos, víctimas del Hombre Cosa, en los que el látex y los efectos prácticos se muestran bastante bien conseguidos, sobre todo teniendo en cuenta el resto de efectos especiales del film. Obviamente el monstruo de turno no se encuentra sólo, aunque casi mejor que asi fuera, pues va acompañado de una serie de actores y actrices bastante penosos. Entre el reparto, casi completamente conformado por intérpretes australianos, ninguno destaca por su talento, pero si que encontramos a unas cuantas figuras minimamente reconocibles. Entre los secundarios encontramos a Alex O'Loughlin, al que los que esten algo puestos en el panorama seriéfilo actual reconocerán por su papel protagonista en la versión más moderna de Hawai 5.0. Igualmente, los aficionados al universo televisivo Marvel reconocerán en el interés romántico del protagonista a Rachael Taylor, una de las cabezas de cartel de la exitosa adaptación de Jessica Jones perpetrada por Netflix en tiempos recientes (que en esta ocasión está para encerrarla en un sótano y tirar la llave de lo mierdosa que es su interpretación). Cierra este breve desfile de caras simpáticas Jack Thompson, el villano humano del film, toda una institución del cine australiano con decenas de papeles a sus espaldas (con colaboraciones en Hollywood de todo tipo, desde con Paul Verhoeven hasta con George Lucas), que aún se debe estar preguntando por qué aceptó salir en esta mierda. Dirige la peli el americano Brett Leonard, director de escasa fortuna cuyo trabajo más valorado sería una peli de terror, El cortador de césped, y su más visionado sería T-Rex: De vuelta al Cretácico, película en clave de documental para su exhibición en cines IMAX que todos los que hemos ido de excursión con el cole a dicho recinto nos hemos comido en algún momento. Tras su fracasado paso por Man Thing, pasó a encargarse de la quinta parte de la saga de Los Inmortales, tras lo cual estuvo alejado de las cámaras por mas de diez años hasta que se le reclamó para que dirigiera Triumph, un drama australiano low cost de superación personal en torno a la figura de un paralítico cerebral. Una carrera de mierda para un director cuyo talento queda probado en Man Thing, donde rueda unas transiciones videocliperas entre escenas y unas secuencias del monstruo en primera persona para las cuales nos coloca una lente de ojo de pez, un filtro sepia y una cámara acelerada (todo a la vez), que son un auténtico despropósito.
Aun con todos sus defectos, la peli no se lleva del todo mal hasta que llegamos al tramo final, donde esta se precipita definitivamente hacia la infamia en un anticlímax donde se conjugan la esperpéntica dirección, la torpeza del CGI, la pobreza de los escenarios, el cutre diseño del monstruo y las actuaciones de mierda. El sabor que nos deja al acabar debe ser más o menos similar al que resulte de meterse un puñado de barro del pantano en la boca.
En cualquier caso, ya rodado y cerrado el proyecto, llegó la hora de los consabidos pases de prensa previos a cualquier distribución en salas. La calidad de la peli quedó demostrada cuando más de la mitad de los periodistas de la sala se levantaron y se marcharon de la misma antes de que pasara una hora de metraje. En este momento la productora, ya tarde, tomó cartas en el asunto y, viendo que eso era totalmente invendible para las salas de cine norteamericanas, decidió estrenarla directamente en TV en su país de origen. El canal Sci-Fi, hogar de tanta y tan variada mierda, se hizo con el privilegio de estrenarla en exclusiva con escaso éxito.
Internacionalmente, Lions Gate consiguió colarsela a una reducida lista de países para que se estrenara en cines, entre los cuales se encontraron Rusia, Armenia, Moldavia, Kazakhstan, Bielorrusia, los Emiratos Árabes, Singapur y, como no, nuestra querida España, donde se estrenó con el mierdoso subtítulo de La naturaleza del miedo y congregó la patética cifra de 163.000 espectadores. Juntando todos estos estrenos la peli consiguió recaudar algó más de 1,2 millones de dólares confirmándose el fracaso total de la propuesta y marcando el inicio del camino que, con el tiempo, acabaría devolviendo todos los derechos de personajes que adquirió Artisan en su momento de vuelta a Marvel. En cuanto al mercado del formato doméstico, la peli fue editada en su momento por Paramount en nuestro país, con el objetivo puesto aún en los ya agonizantes videoclubs, pero desde entonces, ni siquiera en los propios USA, nadie ha pensado en una reedición en DVD, ya no digamos en un formato de alta definición.
Man-Thing es una mierda bastante gorda, una seria candidata a peor película comiquera en tiempos recientes, pero al menos tiene esa pátina de entrañable que ya rodea a todas esas adaptaciones de tebeos de la década pasada, tan caracterizadas por ser cada una de su padre y de su madre y por tener como referencia a los grandes éxitos de los últimos años de los 90.
Tres años después llegaría Iron Man y haría historia marcando el comienzo del MCU y del hallazgo, por fin, por parte de Marvel Studios de una identidad cinematográfica propia. Atrás quedarían nombres como el Daredevil de Ben Affleck, la trilogía de Blade, el Ghost Rider de Nicolas Cage, las dos adaptaciones de Punisher o el subproducto comentado hoy. 

¿Llegará algún momento en que alguien decida reivindicarlas? Sólo el tiempo lo dirá.


domingo, 3 de junio de 2018

MÉXICO BÁRBARO de Isaac Ezban, Laurette Flores Bornn, Jorge Michel Grau et al.


Título: México Bárbaro
Directores: Isaac Ezban, Laurette Flores Bornn, Jorge Michel Grau, Edgar Nito, Lex Ortega, Ulises Guzmán, Gigi Saul Guerrero y Aaron Soto
Año: 2014
Guión: Isaac Ezban, Laurette Flores Bornn, Jorge Michel Grau, Edgar Nito, Lex Ortega, Alfredo Mendoza, Paulo Riqué, Gigi Saul Guerrero y Aaron Soto
Intérpretes: Dulce  Alexa (Laura), Sara Camacho (Valeria), Ramón Medina (Conejo), Anuar Zuñiga Naime (Pepe), Harold Torres (José)

Películas antológicas (osease, pelis compuestas de varios cortometrajes unidos para llegar a una duración de peli estándar, a veces con un hilo conductor que enlaza unos otros, a veces sin el) tienen su protagonismo en el género de terror al menos desde los años 80 y Creepshow,y seguramente existan precedentes a esta aunque yo los desconozca. Sin embargo, en los últimos años, una serie de pequeños éxitos han supuesto lo que se podría considerar una revitalización de este tipo de films, que en algunos casos ha salido bastante bien (V/H/S y V/H/S 2) y en otros no tanto (The ABC's of Death y V/H/S: Viral), habiendo también unos cuantos casos que no he tenido el placer de desgustar pero que han cultivado críticas de todo tipo, tanto positivas como negativas, entre críticos y público especializado (Truco o Trato y The Poughkeepsie Tapes). Era cuestión de tiempo que cinematografías ajenas a la americana.
México tiene la sana costumbre de intentar costumbre de copiar al vecino del norte siempre que puede en el tema del cine de género. Desde, por lo menos, los años 90, este ha sido un país con una producción cinematográfico colosal en lo referente al mercado del home-video, habiendo cobrado protagonismo en los últimos años las narco películas, que se producen a toneladas y se venden en cantidades ingentes. Así, en 2014, el director de cortometrajes Lex Ortega juntó a unos cuantos de sus colegas para dar luz a su propio proyecto antológico de terror, el cual tendría un leitmotiv claro: basar todos los cortometrajes incluidos en las leyendas populares y las tradiciones de su país de orígen. De entre estos compadres, algunos tenían ya experiencia en largometrajes (como puede ser Jorge Michel Grau, director de la peli de caníbales Somos lo que hay, o Isaac Ezban, que con El Incidente hizo sus pinitos en la ciencia ficción), pero la mayoría no habían pasado de ponerse tras las cámaras en algunos cortos. Con esto quiero decir que no es de extrañar de que casi todos los cortos están rodados siguiendo lo que podría considerarse una plantilla que un estudiante de cine seguiría para aprender a rodar un corto, con todos los tópicos habidos y por haber, como el meter un filtro en blanco y negro para que el resultado sea más "artístico" o introducir digitalmente un grano falso y esos efectos de celuloide añejo que tan desafortunadamente popularizaron Rodríguez y Tarantino con su Grindhouse. Todo esto unido al consabido HD de cualquier cámara de vídeo actual, que hace que todo quede lustroso y hace pasar por un profesional decente a alguien que si le quitaras todo el artificio quedaría como un manazas.
México Bárbaro sufre además del talón de Aquiles de cualquier película construida a partir de fragmentos: que algunos son mejores y otros peores, que unos funcionan bien y otros no lo hacen tanto. Los cortos de la peli incluyen historias de fantasmas, brujería pagana, una reinterpretación del Coco y de algunos otros monstruos populares de la cultura mexicana entre otras cosillas. De todos ellos, únicamente uno me ha parecido verdaderamente destacable siendo, por el contrario, los más largos de todos ellos, aparte de una muestra de ineptitud palpable, mortalmente aburridos. No obstante, a nivel de efectos prácticos y maquillaje, hay que romper una lanza a favor de los responsables porque, sinceramente, para los medios con los cuentan, son francamente memorables y están, en su mayoría, bastante bien resueltos. Adicionalmente, se podría decir también que pecan un pelín  de guarretes, metiendo tetas y mujeres en paños menores a la mínima que pueden, y de innecesariamente provocadores (vemos cosas tales como una violación al cadáver de un niño, un monstruo que viola a una chica mientras vemos explícitamente la polla de goma de este y como le entra en la boca a la víctima o una tía que tiene que beberse la sangre menstrual de  su hermana para evitar que un espíritu le absorba el alma a través del ojete), en lo que supongo que será una pura maniobra de marketing para llamar aún más la atención del fan del cine de terror medio, que en muchos casos busca desesperadamente la siguiente muestra de mal gusto y depravación que se pueda ver en una pantalla (cosa que no condeno, pero que es preferible verla cuando viene a cuento). El resultado final que obtenemos es una peli que entra bastante bien por los ojos pero que demuestra ser pura fachada y envoltorio dorado una vez traspasamos lo que vemos a primera vista. Un producto irregular y fallido que, sinceramente, no podría recomendar a ningún fan del género o de este tipo de películas que se precie.
Fuera de su país de orígen, la peli no hizo mucho ruido, pasándose con más pena que gloria por algún que otro festival. Ahora, entre el selecto público mexicano, la cinta fue un auténtico boom, esputando una secuela en 2017, una explotación bajo el nombre de Aztech, suponiendo la consagración de de  los responsables de la misma como "jóvenes promesas" (lo cual les vino muy bien para que algunos sacaran por fin adelante sus proyectos de largometraje gracias a esa moderna forma de mendicidad llamada crowdfunding) y el que incluso cierta gente comience a hablar de una "Nueva ola de cine de terror mexicano" como ya ocurriera años atrás, aunque con kilómetros de diferencia en cuanto a calidad, con sus homónimos franceses. Ver para creer.


lunes, 8 de enero de 2018

MIEDO EN LA CIUDAD DE LOS MUERTOS VIVIENTES de Lucio Fulci


Título: Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (Paura nella citá dei morti viventi)
Director: Lucio Fulci
Año: 1980
Guión: Dardano Sacchetti
Intérpretes:  Catriona MacColl (Mary Woodhouse), Christopher George (Peter Bell), Carlo de Mejo (Gerry), Janet Agren (Sandra),  Antonella Interlenghi (Emily Robbins), Giovanni Lombardo Radice (Bob), Fabrizi Jovine (Padre William Thomas)

Mi experiencia con  los directores míticos del cine de terror italiano de los 80 es extremadamente limitado, tanto en lo referente a exploiters sinvergüenzas y manazas excesivamente reivindicados por fans gilipollas (que los hay a patadas) como a directores buenos de verdad  (un círculo que prácticamente se reduce a Argento y Mario Bava). Uno de los personajes más reconocidos de este mundillo es Lucio Fulci, del que ya hablé algo en su momento en la reseña que hice de la única peli suya que había visto hasta el momento, El destripador de Nueva York. Este señor, como tantos otros directores italianos, se curte en el spaghetti western, la comedia y en exploitations de distinta naturaleza, tonteando un poco con el giallo incluso, antes de saltar al cine de terror, donde ya se asentó definitivamente en los años dorados de su carrera consagrándose como uno de los más míticos de este grupúsculo de autores.
Miedo en la ciudad de los muertos vivientes surge como una consecuencia directa del debut de Fulci en el cine de terror, Nueva York bajo el terror zombies (o, como se la conoció en USA y otros mercados extranjeros en un claro ejemplo de oportunismo aprovechando el tirón de las pelis de George A. Romero,  Zombi 2), y al igual que esta, intento aprovecharse de la moda zombi de la época lanzándose en territorio americano como Twilight of the Dead (acaso un intento de hacerse pasar por una secuela de Dawn of the Dead , aka Zombi para los españoles). Para disgusto de aquellos que pusieron pasta para el proyecto, la distribuidora de la susodicha peli de Romero les puso sobre aviso con una amenaza de pleito (que llegó en un momento en el cual ya se habían fabricado posters y demás material publicitario con el título original, el cual se dice que directamente fusilaba el arte original de Zombi) y tuvieron que dar marcha atrás lanzando la peli en  USA como City of the Living Dead (aunque dependiendo de donde uno busque también se la puede encontrar como Fear in the city of the Living Dead o Gates of Hell).
El film nos cuenta como en un pueblecito norteamericano un párroco se suicida colgándose de un árbol del cementerio local, hecho que provoca que en ese lugar se abra un portal al infierno, lo que desencadena fenómenos extraños, apariciones espectrales y el alzamiento de los muertos desde sus tumbas. Así, una médium que tiene una visión de todo el percal durante una sesión de espiritismo y un periodista que tropieza accidentalmente con la historia se lanzarán en una carrera contrarreloj para detener el inminente apocalipsis.
Hay quien dice ver referencias a Edgar Allan Poe en la película, otros afirman que es una trama muy Lovecraftiana (una sucia mentira, las referencias al escritor de Providence comienzan y acaban con el guiño que supone el nombre del pueblo donde transcurre la acción, Dunwich). Yo lo que veo es un argumento muy simple que es una mera excusa para mostrar lo que verdaderamente interesante de estas pelis y por lo que son reconocidas al final, la casquería, intercalando burradas con escenas de personajes elucubrando sobre los hechos acaecidos y unos protagonistas que se toman la tarea de salvar con total y absoluta parsimonia, todo hecho de una manera bastante torpe e inconexa (las transiciones entre escena y escena no es que sean cortes, es que directamente mutilan el metraje).
Si bien considero que El destripador de Nueva York es más bruta, Miedo en la ciudad de los muertos vivientes tampoco se queda demasiado rezagada al respecto. De los momentos particularmente gore que tiene la cinta destaca  por asqueroso y efectivo aquel en el que una de las actrices vomita sus propias vísceras, escena para la cual Fulci instó a la pobre infeliz a ingerir tripas de cerdo para posteriormente deglutirlas, en una de esas decisiones que hizo que el italiano no acabara cayendo demasiado bien a los miembros del reparto. Junto a esta  han quedado en la memoria del fandom la escena de la lluvia de gusanos (para la cual se utilizaron dos máquinas de viento y 10 kg de gusanos reales), la perforación craneal realizada a uno de los personajes con un taladro eléctrico y la secuencia final que te deja con una sensación de incertidumbre absoluta por no decir de “What the fuck!”. Sobre esta última escena corren toda una serie de teorías que intentan explicar el resultado visto en el montaje final. Hay quién dice que este fue totalmente intencionado y que la versión vista es la única que se rodó, hay quien dice que parte del celuloide correspondiente a las tomas finales se dañó durante el montaje y que se tuvo que improvisar una solución apresurada con el material que se pudo rescatar, y hay quien directamente afirma que el propio Fulci, con todo el metraje rodado ya, cambió de idea sobre cómo debía ser el final de la cinta en la sala de montaje haciendo que el equipo tuviera que improvisar dicho final utilizando los planos rodados intencionadamente para otro totalmente distinto. Todas estas teorías no hacen sino confirmar un hecho que ya me ha quedado claro tras visionar más de una peli de este señor: puede que no sea tan desastroso tras la cámara como otros italianos infames como Umberto Lenzi o Bruno Mattei, pero desde luego que es un manazas en toda regla. Las técnicas visuales utilizadas en esta peli podrían valer perfectamente para un giallo, un spaghetti western o cualquier otra exploitation italiana, al final todo se reduce a la misma mierda y a los mismos recursos repetidos una y otra vez (zooms salvajes, planos intercalados de los ojos de los distintos miembros del reparto en las secuencias, montaje plano-contraplano en las conversaciones…). Si sumamos a esto el inconexo y simplón guión, y el desastroso montaje ya comentado, resulta casi insultante ver como se habla en el fandom de Fulci como un cineasta bueno de verdad e incluso se le pone por encima de compatriotas suyos que le dan mil patadas sin problemas ya sólo por la complejidad técnica que incluyen en sus largometrajes. Lo único que mola de este señor es la atmósfera que es capaz de conjurar en ciertos momentos del film y las escenas truculentas con las que nos deleita, y estos son méritos que tiene que compartir con escenógrafos, maquilladores y responsables de efectos especiales. Fulci, en el fondo, es, hasta que alguien me demuestre lo contrario, un patán como tantos otros italianos que se pusieron tras una cámara en esos años y debería ser reconocido como tal. Te pueden gustar más o menos ciertas cosas suyas, pero esto es un hecho. Y es que así debe de ser, porque esa es la gracia que tienen estos exploiters.
Y ahora, después de haber despotricado un poco sobre Fulci, llega el momento de comentar algo sobre la gente que le acompañó en la confección de esta obra.
El guión corre a cargo de Dardano Sacchetti, colaborador habitual de Fulci  (El más allá; Aquella casa al lado del cementerio; El destripador de Nueva York o Roma, año 2072: Los gladiadores) pero que también hizo sus pinitos con otros tantos italianoides de la época, tales como Lamberto Bava (Demons y Demons 2), Sergio Martino (Destroyer, brazo de acero, El asesino del cementerio etrusco), Enzo G. Castellari (Los guerreros del Bronx) o  Alberto De Martino (El hombre puma) y que además, en sus primeros trabajos, colaboro en el desarrollo del argumento de dos películas con bastante reconocimiento entre los entendidos del género, El gato de las nueve colas de Dario Argento y Bahía de Sangre de Mario Bava.
El responsable del montaje, Vincenzo Tomassi es uno de esos currantes involucrado en mil y una italianadas de la época, entre las cuales, aparte de muchas de las pelis ya mencionadas (El más allá; El destripador de Nueva York; Roma, año 2072: Los gladiadores…), destacan, por mítica, Holocausto Caníbal de Ruggero Deodato y, por asquerosa, Emmanuelle en América de Joe D’Amato, posiblemente una de las películas de líne erótica más repugnantes y sórdidas jamás creadas.
Entre la caterva de nefastos actores que pululan por el film destaca Catriona MacColl, tanto por realizar una interpretación bastante decente teniendo en cuenta lo que le rodea como porque con el tiempo acabaría convertida en actriz de culto al haber colaborado con Fulci en las tres pelis que conforman la denominada “Trilogía de la Muerte” (que vienen a ser la peli que nos ocupa hoy, El más allá y Aquella casa al lado del cementerio).  También resulta curioso ver cameos tanto del propio Fulci, interpretando a un médico forense, como de un joven Michelle Soavi (otro director de género de la época y responsable de películas como Aquarius y El engendro del diablo), el cual inicialmente iba a tener un papel más importante que posteriomente sería interpretado por Giovanni Lombardo Radice, quedando su participación en la película reducida a unos escasos minutos.
Merece una mención especial la banda sonora, obra de Fabio Frizzi (otro colaborador habitual de Fulci) que si bien es bastante intrascendente en su mayor parte, tiene un tema que me fascina (aquel que suena en el momento en que los muertos comienzan a levantarse de sus tumbas y cuando los protagonistas se adentran en las catacumbas al final de la peli) por como enlaza unos coros malrolleros de ultratumba con unos sintetizadores y unos ritmos de percusión que parecen preceder a un videoclip de Michael Jackson.
Y, como siempre que uno se pone a indagar en esta clase de productos, es inevitable toparse con  datos que rayan en la leyenda urbana.. Se rumorea que el equipo fue echado a patadas del cementerio real en el cual grabaron la secuencia inicial del suicidio del cura porque desenterraron algunos de los ataúdes para darle más realismo a la escena. Más chungas aún son las afirmaciones que dicen que un miembro del reparto (los dedos acusadores señalan a uno de los protagonistas, Christopher George) acabó tan hasta los huevos del carácter del director que, tras el rodaje de la secuencia de la lluvia de gusanos, cogió un buen puñado de estos anélidos y los introdujo en la bolsa de tabaco del propio Fulci quien, según esos mismos rumores, llegó a fumarse esa repugnante mezcla en días posteriores.
Dicho esto, el colofón final. Miedo en la ciudad de los muertos vivientes se estrenó en España en 1980 y llevó a las salas a algo más de 185.000 espectadores. Con el tiempo se editó en VHS con el mismo título (aunque por Internet corren fotos de una supuesta edición chusquera en vídeo de la peli editada bajo el título de Entrada al Infierno) y, con los años, vería también la luz en DVD editada por Manga Films y, cuando está cerró, reeditada de manera no demasiado lícita por una de esas compañías de dudosa reputación que tanto abundan hoy día.
Con algo más de experiencia ganada en torno a la filmografía de Lucio Fulci y el microuniverso del fantaterror italiano me quedan claras diversas cosas. Por un lado, personalmente, me parece que Miedo en la ciudad de los muertos vivientes es claramente superior a El destripador de Nueva York por una sencilla razón: he podido verla casi completamente del tirón sin aburrirme demasiado, cosa que no conseguí con la segunda. Por otro, he llegado a la conclusión que la mayoría de estas italianadas son un coñazo que te cagas e irregulares como ellas solas, pero también son el tipo de pelis que te ves cuando eres adolescente y estás entrando en el mundo del cine de terror y te flipas con ellas. Quizá sea eso lo que hace que todo un sector del público atraído por estas pelis las venere tanto. Yo, por mi parte, me remito a lo que he dicho anteriormente. Se puede decir que las pelis de Fulci tienen algún momento impactante, incluso aspectos buenos, pero de ahí a decir que es uno de los grandes cineastas del género de terror italiano, vamos….ni de puta broma.



jueves, 13 de abril de 2017

Dobles programas bizarros (III): EXISTS de Eduardo Sánchez + LA CASA DE CERA de Jaume Collet-Serra


Título: Exists
Director: Eduardo Sánchez
Año: 2014
Guión: Jamie Nash
Intérpretes: Chris Osborn (Brian), Dora Madison (Dora), Roger Edwards (Todd), Denise Williamson (Elizabeth), Samuel Davis (Matt), Brian Steele (Bigfoot)

Hace algunos años surgió una extraña corriente  dentro del subgénero del found footage por la cual aparecieron en un corto período de tiempo una serie de películas que tenían como eje central al mítico monstruo norteamericano también conocido como Bigfoot. De esta efímera moda surgieron cintas como Bigfoot: The Lost Coast Tapes, Bigfoot County, Willow Creek (posiblemente el film que más reconocimiento se llevó en su momento) o la peli que toca comentar hoy, Exists. En todas ellas el argumento era más bien clónico: una serie de jóvenes acababan de una forma u otra en lo más profundo de los bosques americanos y eran atacados por Piegrande, quedando todos los acontecimientos preservados en cámara. Exists no muestra grandes diferencias en estructura u originalidad en el guión respecto a otros found footage, pero si se encuentra rodeada de una atmósfera y una estética que le dan un aspecto mucho más cutre que muchas otras pelis similares.
En primer lugar, nos encontramos con un found footage que no es “puro”: hay planos imposibles de tomar con una cámara (ni siquiera con una de esas go-pro de las que tanto alardean los protagonistas durante el film), existe edición y montaje de las imágenes (estas se rebobinan adelante y atrás, se producen cortes entre un plano y otro, etc) y hasta banda sonora acompañando a las secuencias. Aún pasando esto por encima, la película sigue resultando muy pobre: los actores son muy malos, muy poco creíbles; la alta definición de las cámaras resulta contraproducente y enfatiza la falsedad del bigfoot (cuando este no está en primeros planos) y de las diversas heridas que los personajes sufren a lo largo de la trama, etc. Posiblemente el uso de otro tipo de cámaras más “cutres” habría mejorado el resultado, dando un aspecto más casero e inquietante al metraje, e incluso habría resultado hasta gracioso, pues podría haberse vendido como una especie de homenaje a esos vídeos infectos de supuestas grabaciones de bigfoot tan míticos que han poblado internet desde sus comienzos. Eso sí, a diferencia de otros found footage, aquí el monstruo aparece mucho y muy frecuentemente y cuando se le graba en planos cercanos, especialmente en el desenlace del film, este está hecho cojonudamente bien (no es para menos, pues las labores de efectos especiales y maquillaje corren a cargo de la mítica WETA Workshop,  la compañía que se cascó todos los efectos físicos de la trilogía de El Señor de los Anillos de Peter Jackson).
El reparto está compuesto por una serie de desconocidos y ninguneados entre los que destaca por encima del resto un tal Brian Steele, encargado de meterse en el traje de Bigfoot, el cual, según la IMDB ya había interpretado al monstruo en la serie de TV que surgió a raíz de la película Bigfoot y los Henderson. Curiosamente, el director de la cinta no es otro que Eduardo Sánchez, norteamericano de ascendencia cubana y uno de los responsables de, atención, El proyecto de la bruja de Blair. Resulta muy triste ver como uno de los responsables de una de las películas clave de la historia del género de los found footage realiza un trabajo en el que no sólo traiciona las normas del género que él mismo ayudó a construir sino que también denota su incapacidad como director. De aquí se extraen dos conclusiones: o bien El proyecto de la bruja de Blair fue una casualidad, una rara avis irrepetible y fruto de su tiempo; o bien el verdadero talento dentro de esta era el compañero del señor Sánchez, Daniel Myrick. Hasta donde tengo entendido, esto segundo es más bien una falacia, pero como no tengo conocimiento de las filmografías de estos caballeros, dejaremos el misterio en el aire.
También tengo entendido que el resto de found footage relativos al Bigfoot no son muy distintos a Exists. O, en otras palabras, son la misma mierda pobretona. No creo que me atreva con otra de estas hasta dentro de mucho pero, aun así, son 80 minutos de largometraje llevados con un ritmo decente, por lo que, hasta cierto punto, Exists puede llegar a entretener al espectador. Realmente es una mierdecilla pero es el tipo de film que puede llegar a llamar la atención de unos y no de otros, así que, ustedes verán si quieren jugársela. 





Título: La Casa de Cera (House of Wax)
Director: Jaume Collet-Serra
Año: 2005
Guión: Chad Hayes y Carey Hayes
Intérpretes: Elisa Cuthbert (Carly), Chad Michael Murray (Nick), Brian van Holt (Bo/Vincent), Paris Hilton (Paige), Jared Paladecki (Wade), John Abrahams (Dalton), Robert Ri'chard (Blake)

De todos los directores españoles que han intentado cruzar el charco y hacer las Américas, posiblemente uno de los que más respete sea el catalán Jaume Collet-Serra. Para empezar, el buen señor estudió cine en tierras yanquis,lo que probablemente influyera en el hecho de que a la hora de llegarle la oportunidad de dirigir un proyecto grande en los USA no se andara con remilgos como otros nombres del cine patrio y aceptara el encargo sin más dilación. A día de hoy, no me equivocaría demasiado al decir que es, posiblemente, el director español más requerido en tierras yanquis por una pura y simple razón: es un director de estudio.  En su filmografía encontramos películas francamente potentes como La Huérfana junto a cintas como Non-Stop o Sin Identidad (por lo que también podemos contarle entre los responsables de haber convertido a Liam Neeson en esa especie de héroe de acción maduro/ padre justiciero que es ahora en el cine). La Casa de Cera fue su debut como director, un proyecto de cine de terror a caballo entre los rescoldos del asqueroso terror para adolescentes de finales de los 90 y el género más serio que empezaríamos a recuperar conforme terminamos la primera década de los 2000. Sin llegar a ser, como así se vendió, un remake de la añeja Los Crímenes del Museo de Cera y cortada más por el patrón del thriller de terror  que del slasher, la película nos cuenta como unos jóvenes, de camino a la Superbowl, tienen una avería que les obliga a detenerse en un pueblo donde el único atractivo es un museo de cera local que alberga a un par de asesinos hijos de puta que les darán caza a lo largo de toda una noche.
Como he dicho, sin llegar a ser un slasher al estilo más clásico (Viernes 13 y demás ejemplos similares), sí que pone énfasis en los asesinatos cometidos durante el film y, sobre todo, en que estos sean brutotes sin que haya chorretones de sangre a diestro y siniestro (personalmente me quedo con el momento en que el asesino, tras haber atravesado la cabeza de uno de los personajes con un palo afilado, agarra una cámara de video y nos regala un primer plano de la herida abierta y gorgoteante como si de un director de películas snuff se tratara). Estos crímenes se combinan con el mal rollo que inspiran los muñecos de cera para montar un escenario que, si bien no es tan atmosférico ni tan terrorífico como pretende, si que funciona muy bien para la historia que se quiere contar. Si acompañamos esto con cierta complicación técnica en la dirección de Collet-Serra (que se puede ver en ciertos movimientos de cámara puntuales a lo largo del metraje), pues tenemos un producto con un envoltorio bien majo.
Protagoniza la película Elisa Cuthbert, relativamente conocida por interpretar a una actriz porno en La chica de al lado y a la hija de Jack Bauer en la serie de TV 24. Esta acompañada de una serie de chavales sin nada interesante que reseñar que solían pasearse por productos de videoclub en aquellos años y por el principal atractivo del casting, la heredera del millón de dólares Paris Hilton en uno de sus pocos papeles en el cine en  el que no se interpreta a sí misma. En La Casa de Cera, Paris nos deleita con un striptease, le chupa el rabo a un negro y sufre, además, una truculenta muerte, por lo que no es tontería afirmar que esta es, junto a 1 Night in Paris, la mayor contribución al universo que va a dejar esta mujer en vida.
De Collet-Serra ya está todo dicho y desde luego con este debut nos entregó uno de los pocos slashers de aquella etapa de los 2000 que no da puto asco. Bastante recomendable.