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viernes, 3 de abril de 2020

LOS DEMONIOS DE LA NOCHE de Stephen Hopkins



Título: Los Demonios de la Noche (The Ghost and the Darkness)
Director: Stephen Hopkins
Año: 1996
Guión: William Goldman
Intérpretes: Val Kilmer (Coronel John Henry Patterson), Michael Douglas (Charles Remington), John Kani (Samuel), Bernard Hill (Dr. Hawthorne), Tom Wilkinson (Robert Beaumont), Emily Mortimer (Helena Patterson)

La naturaleza tiene la costumbre de vez en cuando de mandarnos un recordatorio de que aún existen lugares en el campo donde, si te pones a mear en pleno campo, te puede comer algún bicho vivo. Si dejamos de lado el tópico de "el mayor asesino del reino animal es el hombre" y demás consignas ecologistas que ahora mismo no vienen a cuento, en la historia moderna hemos tenido unas cuantas matanzas salvajes perpetradas por animales en sitios donde los humanos se pusieron a pasearse en masa aunque no debieran.
Por ejemplo, los Estados Unidos tuvieron su calvario en la famosa tragedia del buque USS Indianapolis, que se hundió durante la Segunda Guerra Mundial en pleno mar de las Filipinas proporcionando un festín así para los tiburones tigre que habitaban en la zona, los cuales, según las crónicas, llegaron a zamparse a 150 soldados en la debacle. Por aquellas mismas fechas, los japoneses también tuvieron ocasión de servir de comida para bichos cuando, en plena retirada de la Batalla de la isla Ramree, un batallón entero de soldados nipones tuvo la feliz idea de atravesar un pantano infestado de cocodrilos de agua salada, que se comieron a un número aún indeterminado de señores. Aún con todo, en ambas situaciones la fatalidad combinó lugares con gran población animal y un gran aporte de comida fácil de obtener, algo que no se puede aplicar al caso de los leones de Tsavo.
Para situarnos en contexto, a finales del siglo XIX, media europa intentaba sacar su propia tajada del continente africano. Inglaterra no era ajena a esto y tenía el ojo puesto en fortalecer su red ferroviaria en sus colonias africanas. Sin embargo, la construcción del ferrocarril fue paralizada cuando un par de leones de la zona empezaron a entrar en los campamentos de los trabajadores para cazar a los susodichos, escapando impunemente de los militares a cargo de la protección de la obra una y otra vez. Cuando la cosa llegó a niveles intolerables para la cúpula británica, el coronel John Henry Patterson, encargado de supervisar las construcciones, encabezó una prolongada cacería en la que ambos leones acabaron siendo abatidos. Si bien las crónicas parecen haber exagerado el número de víctimas de los leones de Tsavo, si que hay más de un experto que teoriza que tal número de presas superaba con creces lo necesario para satisfacer las necesidades alimenticias de un león normal y corriente. Dicho de otra forma, o bien pasaba algo muy raro con estos felinos en particular, o bien le habían cogido el gusto a la caza del hombre y lo hacían por placer.
En cualquier caso, una historia acojonante y perfecta para trasladarla a la gran pantalla. Al menos eso es lo que pensó William Goldman (autor de los guiones de Todos los hombres del presidente y Dos  hombres y un destino, así como de las novelas Marathon Man y La Princesa Prometida, que inspiraron sendas adaptaciones), cuando elaboró y presentó el proyecto a la Paramount en los años 90. Al estudio le gustó la propuesta y empezó a trabajar en ella con ánimos. Al principio querían poner a Brian de Palma a cargo y a Kevin Costner de protagonista pero, tras unas cuantas tentativas a estos y otros profesionales del sector (como ocurre siempre), se tuvieron que conformar con Stephen Hopkins y Val Kilmer. Para más inri entró en el juego la figura de un Michael Douglas completamente alzado (era su mejor momento, justo en la época de Instinto Básico y Un día de furia y con pelis como Black Rain y Wall Street aún cercanas en la mente del espectador), que directamente puso pasta en la mesa y, jugando la baza del productor ejecutivo, exigió que se le diera el papel del cazador Remington, que Goldman compuso originalmente con Burt Lancaster en mente, y que se le aupara de mero secundario a co-protagonista. El guión se retocó y escenas adicionales se tuvieron que añadir a este hasta tal punto de que el propio director acabó hasta los huevos de Douglas y medio renegando de la peli, y eso que hablamos de un señor que venía de dirigir Pesadilla en Elm Street 5 y Depredador 2, que se encuentran bastante alejadas de lo que viene a ser obras memorables. Vamos, que bien quemado tuvo que terminar.
Aún así, gracias a Dios que hicieron esos cambios, porque desde el momento en el que el eje de la película se traslada de las penurias que la construcción del ferrocarril debe solventar con los leones de por medio al "bromance" que se establece entre los personajes de Val Kilmer y Michael Douglas la peli gana enteros sin esfuerzo apenas. Y es que dirán lo que quieran, pero el look de Douglas con melenaza y completamente impregnado de la cultura africana le sienta como un guante al registro, por otro lado limitadito, del actor. Todo lo contrario que Val Kilmer, que entre la media sonrisa bobalicona y las exageradas gesticulaciones de las que hace gala de vez en cuando, parece un autista antes que un reputado coronel británico. Una pésima interpretación, aunque incluso esto parece tener explicación pues el propio Hopkins afirmaba que Kilmer entró en la producción de Los demonios de la noche justo tras terminar el rodaje de esa legendaria puta mierda que es La isla del Dr. Moreau (la versión noventera) y en medio de un proceso de divorcio, por lo que estaba completamente agotado a todos los niveles posibles y, por momentos, parecía completamente ido y ajeno del rodaje. Mayor mérito para el protagonista y el director que, aún así, consiguieron sacar adelante la peli entera con todas sus complicaciones para ambos.
Y hablando de este último, decir que ejecuta aquí un trabajo clásico de artesano de Hollywood, con alguna de las decisiones estilísticas propias de aquellos años (algún ralentí que estorba, algún trucaje de cámara que se ha quedado viejo e incluso, me pareció detectar, algún plano con CGI primitivo que también canta bastante), pero más que funcional y profesional. Después de esto tuvo una buena racha de proyectos cinematográficos encadenados a finales de los 90 hasta que se metió a primeros de los 2000 en TV con la serie 24 y dejó el cine salvo por un par de ocasiones completamente irrelevantes. 
Para rodar las escenas con los leones (lo siento, animalistas) se contó con la presencia de dos leones de zoológico amaestrados para tal efecto, Caesar y Bongo (que también aparecieron por la misma época en George de la Jungla), y de la inestimable labor del gran técnico de efectos especiales Stan Winston (que ya sólo con las sagas de Terminator, Jurassic Park y Depredador tiene currículum y logros para aburrir), que se cascó unos animatrónicos felinos que no cantan nada de nada en ninguno de los planos en los que se les utiliza (si alguno se atreve, que coja pelis de esa misma década donde se usan también leones de pega, como Jumanji, y haga la comparación de efectos para comprobar lo bien hechos que están aquí).
Tras su estreno, la crítica destrozó la película poniéndola como poco menos que una puta mierda y un insulto a la ya clásica fórmula cinematográfica de la "aventura africana". Aun así, la peli gozó de un éxito de público moderado, recaudando algo más de 75 millones de dólares partiendo de un presupuesto de 55.  Aquí en España la vieron algo más de 729.000 espectadores. Poco me parece para una peli grande de estudio con dos actores de moda de la época en el cartel, pero también es verdad que el tema de la misma era quizá algo arriesgado para el público estándar. En formato doméstico se editó en su momento tanto en VHS como en Laserdisc y DVD. Eso sí, una vez y no más ,así que si alguno está interesado en ella le toca rebuscar en los mercados de segunda mano y coleccionismo.
Personalmente es una película que he visto varias veces en mi vida, quedando satisfecho en todas y cada una de ellas. Bien es verdad que hoy día puedo verle las costuras a la dirección o notar las deficiencias actorales de Val Kilmer, pero a grandes rasgos me parece un producto super entretenido de consumo y que gestiona muy bien la tensión de la trama, algo especialmente a tener en cuenta en las pelis con animal asesino de por medio, tan propensas a las exageraciones y excentricidades de las "monster movies". Una peli olvidada de la segunda mitad de los 90 (recordemos, una época considerada nefasta para la historia del cine) que yo creo que merece que le guardemos un lugar en la memoria de cierta relevancia.


lunes, 14 de enero de 2019

Dobles programas bizarros (VI): EL PERFUME: HISTORIA DE UN ASESINO de Tom Tykwer + CASANOVA de Lasse Hallström


Título: El Perfume: Historia de un asesino (Perfume: The Story of a murderer)
Director: Tom Tykwe
Año: 2006
Guión: Andrew Birkin, Bernd Eichinger y Tom Tykwer
Intérpretes: Ben Whishaw (Jean Baptiste Grenouille), Dustin Hoffman (Giuseppe Baldini), Alan Rickman (Antoine Richis), Rachel Hurd-Wood (Laura Richis), John Hurt (Narrador)

El rifi rafe entre autores y estudios cinematográficos cuando estos últimos pretenden adaptar una obra literaria al cine no es algo fuera de lo común, y desde luego Patrick Süskind, autor del pepinazo novelesco que fue El Perfume (si atendemos a las cifras, traducido a 49 idiomas y con más de 20 millones de copias vendidas hasta el momento), también tuvo que dar cuentas al respecto.
Más de una y de dos veces tuvo que insistir el productor alemán Bernd Eichinger al escritor para que este le cediera los derechos de la novela. Y es que este último, al parecer humilde como él sólo, consideraba que únicamente un director de la talla de Kubrick o de Milos Forman podrían estar a la altura de una adaptación tan exigente. Ya con los derechos en la mano, y a pesar de que un semi-desconocido Julian Schnabel se había presentado ya en un despacho con un guión escrito (director que, al parecer, le caía al productor como una patada en la boca y guión que, una vez rechazado por este, acabo transformándose en La Escafandra y la mariposa, la peli más reconocida de Schnabel), el productor se juntó con Andrew Birkin (guionista de Juana de Arco, El Nombre de la Rosa y La Profecía III: El final de Damien) y el que finalmente acabaría siendo el director de la peli, Tom Tykwer, para acotar bien el camino para una adaptación que pronto se descubriría como un proyecto que iba a ser particularmente exigente en lo económico.
Consciente de esto, el buen señor echó mano de todas las posibles subvenciones habidas y por haber en su país y de productoras que se asociaran a la alemana Constantin Films (de la que Eichinger había sido CEO años antes) en la producción. NEF Productions en Francia y nuestra difunta Filmax serían las compañeras de viaje del productor en una peripecia que no estuvo exenta de tragedia. Y es que al poco resultó que VIP Medienfonds, una de las productoras alemanas que había invertido en el proyecto, había utilizado este como medio para intentar tangar a Hacienda mediante un fraude fiscal de tres pares, por el cual afirmaba haber invertido casi 20 millones de Euros más de los que venían en los libros de cuentas. Esto acabaría con la producción puesta en riesgo por momentos (no en vano más de una de las subvenciones otorgadas por el gobierno alemán se basaban en la multimillonaria inversión) y una serie de juicios que acabarían salvando a la peli y metiendo entre rejas a Andreas Schmid, el CEO de VIP Medienfonds, por unos seis añitos.
Así, y tras un extenso rodaje en Barcelona, Girona y Figueres, reconvertidas gracias a la magia del cine en el París del siglo XVIII, y la consabida post-producción, El Perfume: Historia de un asesino se estrenó con las esperanzas de conquistar el mercado internacional.
La trama de la peli gira en torno a un auténtico psicópata, Jean Baptiste Greouille, nacido sin emociones pero con unas habilidades olfativas sobrehumanas y su cruzada personal por intentar destilar un perfume que contenga la esencia de la belleza femenina y su capacidad para incitar el amor en los hombres.
Es un thriller de psychokillers en toda regla, en la que la cámara sigue desde el primer minuto las andanzas del protagonista y los sórdidos ambientes en los que se mueve, desde que es parido encima de tripas pescado en una lonja hasta que, ya crecidito, se dispone a masacrar a unas cuantas doncellas. Este personaje se nos muestra también desde el principio como una figura casi sobrenatural, que se mueve casi fantasmalmente por las nocturnas calles parisinas y parece atraer la muerte y la desgracia a todo el que se acerca minimamente a su persona. Encarnando al susodicho tenemos a un por entonces desconocido Ben Whishaw presente en prácticamente todas las secuencias del film y haciendo un buen papel de retraído (sin llegar al caricato en que se convierte hoy día cada actor que intenta meterse en la piel de un autista o similar) que le valió el reconocimiento de la crítica y público y que supuso su trampolín a un Hollywood en el que se afincaría años después tras su debut en el cine puramente palomitero con Skyfall y El Atlas de las Nubes. Acompañándole tenemos a dos pesos pesados de la interpretación en papeles secundarios y que, sin embargo, no brillan especialmente, quizá porque firmaron el contrato ya con la intención de no esforzarse demasiado, dado que no eran roles protagónicos y nos encontramos, a fin de cuentas, ante una película de factura alemana. Por un lado, Dustin Hoffman, de quien no hace falta contar nada más, interpretando al perfumista que enseñará a Grenouille los misterios de la profesión, y por otro, el difunto Alan Rickman en su registro habitual encarnando a un noble de la ciudad francesa de Grasse que sufre un encontronazo con el asesino. Aunque son muchas las mujeres que aparecen en la peli, únicamente una, Rachel Hurd-Wood, tiene un papel lo suficientemente importante como para que su nombre aparezca en el póster que también protagoniza. Áctriz británica, debutó en el papel de Wendy Darling en Peter Pan: la gran aventura, la enésima adaptación de las aventuras del personaje de J.M. Barrie , y se prodigaría poco en el cine después del perfume, pasando por un papel secundario en una de las más recientes adaptaciones de El Retrato de Dorian Gray, interpretando a la doncella en apuros de Solomon Kane y, finalmente, recayendo en el cine regional catalán con un papel protagonista en Segon Origen (adaptación de El Mecanoscrit del Segon Origen, una reconocida novela de ciencia ficción catalana, con guión del difunto Bigas Luna) y, posteriormente, refugiarse en la televisión de su país natal, donde aún permanece. Completa el reparto, en su versión original y en la forma de voz en off que narra ciertos pasajes del film, el también difunto John Hurt, que nunca llega a aparecer físicamente en la historia.
Dirige la cinta sin grandes alardes pero aprovechando muy eficientemente el presupuesto el ya mentado Tom Tykwer, el cual contaba ya con un film de éxito entre la crítica, Lola, corre, Lola, y para el que El Perfume supuso su trampolín a Hollywood, terreno en del que, tras The International: Dinero en la sombra y El Atlas de las Nubes, su colaboración con las hermanas Wachowski (dos pelis que tuvieron un tibio recibimiento de la crítica y que no supusieron tampoco grandes éxitos económicos), se retiró para volver a su Alemania natal, donde, tras filmar un par de pelis de escasa repercusión se refugió en la televisión nacional e internacional donde, de nuevo, lo ha vuelto a petar como creador de una especie de Boardwalk Empire alemán, Babylon Berlin, y con Sense8, la aclamadísima serie de Netflix donde nuevamente colaboró con las Wachowski.
Y es que, entre subevenciones y asocicaciones con otras productoras, el presupuesto de la película llegó a elevarse hasta los 60 millones de dólares, lo que se tradujo en un diseño de producción cojonudo, digno de una superproducción americana de las grandes, con cientos de piezas de vestuario y extras, preciosos decorados y la contratación de grandes profesionales del gremio para sacarlo todo adelante, entre los cuales encontramos a La Fura Dels Baus, la reconocida compañía de teatro patria, a la cual se le encargó diseñar y coreografiar una escena clave del desenlace de la película.
La conjunción de elementos y el prestigio que ya arrastraba la novela de Süskind funcionó entre el público internacional. El Perfume recaudó en todo el mundo unos 135 millones de dólares y, aquí en España, sentó en las butacas a algo más de 1.419.000 espectadores, lo que para los canones de la década pasada es un triunfo absoluto. A esto último seguramente ayudaría la presión publicitaria ejercida por la cadena Antena 3 en su momento, cosa que nos recuerda el DVD que editó Filmax en su momento (aunque actualmente los derechos de distribución estén en manos de Divisa tras la caída de la productora de Julio Fernández) y del que llegó a haber hasta seis versiones distintas entre combos, packs con otras películas y ediciones de coleccionista. Este último hecho sea el que, lamentablemente haya conducido que, a día de hoy, cientos de ejemplares estén dando vueltas por almacenes de toda España, por lo que no es raro encontrarse la peli de segunda mano e incluso precintada saldada por 1 euro en una de las múltiples tiendas de DVDs "de ocasión" que se pueden encontrar en las grandes ciudades de nuestro país.
Y es que, si uno se para a pensarlo, El Perfume es una peli que entra muy bien por los ojos por su espectacular diseño de producción y fascina por la conjunción del mundo lujoso del perfumista y la sordidez del psychokiller. Pero, a la hora de la verdad, tampoco deja especialmente huella. Es una peli que puede gustar sin problemas y que incluso puede motivar a alguno a visionarla repetidamente o incluso a acercarse a pillarse el DVD saldado...pero no es lo suficientemente grandiosa como para llegar a más, lo cual no deja de ser irónico tratándose de una peli que narra el afán de un hombre por preservar la esencia de las cosas.
Por tanto, entra en esa categoría a la que pertenecen casi todas las pelis que he visto en mi puñetera vida, que tan poco se prodiga entre el fandom actual y a la que ya tradicionalmente defino como "Bien, sin más".







Título: Casanova (Casanova)
Director: Lasse Hallström
Año: 2005
Guión: Jeffrey Hatcher y Kimberly Simi
Intérpretes: Heath Ledger (Casanova), Sienna Miller (Francesca), Jeremy Irons (Pucci), Oliver Platt (Paprizzio), Charlie Cox (Giovanni Bruni), Natalie Dormer (Victoria Donato)

Compartiendo contexto pero trasladándonos a la Italia post- renacentista, tenemos una película opuesta en tono e intenciones a la que acabamos de comentar. Casanova parte de un guión comprado por Disney y pulido por Jeffrey Hatcher, principal guionista figurante en los créditos, que formaba toda una comedia alrededor de la figura de un Giacomo Casanova deseoso de retirarse de su libidinosa vida. Una premisa que llamó poderosamente la atención al director sueco Lasse Hallström, autor de Chocolat, Las Normas de la casa de la sidra y la práctica totalidad de los videoclips de ABBA, el cual se lanzó de cabeza al proyecto sin dudarlo. La peli fue vendida cojonudamente a las autoridades pertinentes y tuvo la fortuna de ser una de las pocas películas en ser rodada íntegramente en Venecia y la primera en la historia a la que se le permitió filmar una escena del legendario carnaval veneciano en plena plaza San Marcos, hechos que, para bien o para mal, encarecieron soberanamente la producción de la cinta, pues todos los materiales necesarios para el rodaje tenían que ser transportados por mar y el espacio ocupado por los sets suponía una molestia considerable para la localidad italiana (el cuanto llegó a suponer esto para los bolsillos nunca lo sabremos pues, por mucho que he indagado, no he sido capaz de encontrar una cifra aproximada del presupuesto que alcanzó la peli).
Porque igual nos reímos de como el término "Casanova" (o su equivalente castellano, "Don Juan") ha acabado con el paso de los siglos siendo un sinónimo de vividor y conquistador o, ya en los tiempos que corren, de fantasma y aguililla (así en tono irónico), pero para los expertos historiadores en la Italia de aquellos tiempos, la figura de Giacomo Casanova  tiene una importancia manifiesta, pues no en vano su posición social le permitió codearse con figuras de la talla de Mozart, Rousseau, Voltaire, Goethe o Catalina la Grande, zarina de todas las Rusias, hasta el punto de que sus memorias son consideradas una de las fuentes más fidedignas y valoradas sobre las costumbres de las clases altas de la Europa del XVIII.
Lasse Hallström sin embargo lo tenía claro, la película no iba a tratar a la figura histórica, sino a la exaltada figura literaria que el personaje supuso en su momento.
Así, la trama de la película nos narra como Casanova, perseguido fieramente por la Inquisición, es forzado por el Dux de Venecia a contraer matrimonio con una joven, sentar la cabeza y dejar de una vez la agitada vida que profesa. De entre todas las jóvenes de Venecia, el joven escoge a Victoria Donato, una doncella cuya virginidad ha sido preservada celosamente por su padre y que ha ocasionado que la susodicha se pase cachonda perdida las veinticuatro horas del día. Pero una vez cerrado el compromiso, Casanova cae, casi por accidente, locamente enamorado de Francesca Bruni, hija de unos nobles venidos a menos que ha sido prometida, a su vez, a un rico comerciante genovés y que escribo incendiarios panfletos feministas bajo un seudónimo masculino. Jugando a dos bandas, el amante de amantes intentará conquistar el corazón de su nuevo amorío al mismo tiempo que el Inquisidor más chungo del Vaticano es despachado a Venecia para lograr, de una vez por todas, apresar a Casanova y colgarlo de una soga,
Hallström y Hatcher compusieron una comedia alrededor del protagonista, pero yo antes que todo eso veo en Casanova una ópera sin cantos en toda regla. Desde esa trama cómica de enredos con muchos personajes que entran y salen de escena constantemente y con un número equivalente de subtramas y líos, perfectamente extrapolable a, por ejemplo, el argumento de Las bodas de Fígaro de Mozart; a las relaciones entre personajes en las que podemos encontrar paralelismos claros en el género operística (sin ir más lejos, la relación entre el criado de Casanova y su señor es prácticamente un calco de la que podemos ver entre Don Giovanni y Leporello en Don Giovanni o entre Fígaro y el conde de Almaviva, por seguir con la corriente "Mozartiana"), pasando por esos decorados súper artificiales y esos cromas digitales que hoy, en pleno 2018, cantan una barbaridad, pero que curiosamente ejercen un efecto positivo en el conjunto, en el sentido de que hay momentos en que casi parece que estás viendo un fondo de papel pintado y un escenario teatral. Todo ello redondeado por un elemento importantísimo a la hora de meter en situación y contexto al espectador y que refuerza la idea del símil operístico: una banda sonora compuesta de extractos de obras de compositores que desarrollaron su actividad en la Italia del XVIII (Haendel, Vivaldi, Durante, Albinoni, Rameau...) y de temas originales para los cuales el encargado de la misma, Alexander Desplat, realiza una genial labor al utilizar exclusivamente una orquesta conformado solamente por instrumentos utilizados en la orquesta de cámara  barroca. El resultado es una banda sonora en la que los temas son unen unos a otros de principio a fin, de manera muy continuista, acompañando a las imágenes casi en todo momento (apenas hay minutos de metraje en silencio musical). Junten todos elementos que he comentado y díganme ustedes si no estamos ante una ópera cómica hecha cine.
Y encarnando los distintos papeles de este circo tenemos a un grupo muy simpático en el que caras muy jóvenes se codean con veteranos de mil batallas. Y aunque estos últimos sean los que más respeto  merecen seguramente, las circunstancias que rodean a los menos curtidos son más interesantes.
En primer lugar encontramos a Heath Ledger como protagonista, una cara bien bonita y un tío bien buenorro para vender la peli a los jóvenes (Hallström desde luego, no era tonto), el cual se encontraba en aquel momento en la cúspide de su carrera, con Brokeback Mountain recien estrenada y Destino de Caballero, Monster's Ball y unos cuantos largometrajes de cierta consideración a sus espaldas. Eran años en los que el actor buscaba a toda costa un reconocimiento de su talento por parte de la crítica y la industria, y seguramente esta fue una de las "otras" producciones que el actor hizo, no sólo para sacar pasta sino para mantenerse en el estrellato, porque en cuanto al despliegue actoral tampoco es que esté especialmente brillante. Tres años más tarde el buscado elogio le llegaría tras su genial encarnación del Joker en El Caballero Oscuro pero, como todo el mundo sabe, ya póstumamente.
La comparsa femenina de Casanova esta interpretada por Sienna Miller, quien encaraba aquí uno de sus primeros papeles de importancia. A posteriori, su carrera ha combinado pelis indies, con cine mainstream de Hollywood, auténticos blockbuster veraniegos e inclusos pelis que han estado en primera línea en los Óscar, pero, al menos para mi parecer, nunca ha llegado a alcanzar un estatus de superestrella como otras actrices de su generación. Eso sí, su solvencia le ha permitido que, desde esta película, no le haya faltado trabajo en ningún momento, hasta el punto de llevar un ritmo de dos o tres pelis realizadas en un sólo año, lo que sin duda se puede llamar un triunfo profesional absoluto, ¿no les parece?.
Y para terminar con los yogurines, ya en papeles secundarios, tenemos a dos caritas muy jóvenes a las que hemos visto crecer y medrar en la última década. Con 23 añitos que tenían cada uno por aquel entonces tenemos, por un lado, al londinense Charlie Cox, el cual comenzaba por aquellos años a hacer sus pinitos como secundario en el cine y que tardaría unos cuantos más en obtener su primer papel protagonista en una adaptación a la gran pantalla de una obra de Neil Gaiman, Stardust. Años después continuaría apareciendo aquí y allá en cine y televisión hasta que ya en años recientes y gracias al boom de las series saltaría a primera plana en primer lugar por un papel principal en dos temporadas de Boardwalk Empire y en segundo, como no, por su interpretación del abogado ciego Matt Murdock y su alter ego superheroico Daredevil en las series de superhéroes Marvel producidas por Netflix. Por otro lado tenemos a la también británica Natalie Dormer debutando en el cine y encarnando a la vírgen veneciana Victoria Donato, un papel muy simpático y cachondo y una interpretación muy carismática que mostraba que la actriz apuntaba maneras. Al igual que a Cox, el ascenso a primera división le llegaría de mano de la proliferación seriéfila de los últimos años, gracias a su papel de Ana Bolena en Los Tudor y, sobre todo, por su participación en esa auténtica catapulta al estrellato que ha sido y es el Juego de Tronos de la HBO.
Como contrapartida a tanto intérprete con la pubertad recién pasada tenemos a un puñado de veteranos. El doblaje que hizo para el personaje de Scar en El Rey León fue lo que llamó la atención de Lasse Hallström para escoger a Jeremy Irons como villano de la función, ya que necesitaba de las dotes de un actor con la suficiente presencia como para resultar creíble como malo maloso y con las dosis de vis cómica requeridas para que no desentonara en el cachondeo que la peli pretendía ser. Lena Olin, actriz habitual del difunto Ingmar Bergman y esposa del propio Hallström interpreta a la madre de Francesca, mientras que Oliver Platt , actor con un poco de todo en su filmografía (sin ir mal lejos, la última vez que le vi fue encarnando a uno de los ridículos protagonistas de Mandíbulas), es el que se calza las vestiduras como el auténtico prometido de la doncella, cuya identidad es usurpada por Casanova. Cierra el plantel de secundarios conocidos Helen McRory, que así a lo pronto igual no dice mucho a la gente de mi edad, pero que ha sido una presencia recurrente a lo largo de la saga Harry Potter encarnando a Narcissa Malfoy y, actualmente, se encuentra rondando los ambientes televisivos con papeles recurrentes en la ya finalizada Penny Dreadful y en Peaky Blinders.
A pesar de que fue acogida bastante bien en su premiere en, como no podría ser de otra forma, Venecia, la buena fama de Casanova duró más bien poco. La crítica, si bien no se cebó excesivamente con ella, la calificó como algo mediocre siendo lo más positivo posible.
El público tampoco respondió como debería a la fama incipiente de su protagonista. La peli reacudó algo más de 36 millones de dólares en todo el mundo, cifra que se me antoja escasa para una producción de estas características. En España logró sentar a algo más de 433.000 espectadores en las butacas.
Haciendo la comparativa con la previamente comentada El Perfume, esta última le sacó, tan sólo un año después, 100 millones de dólares de ventaja en taquilla y casi un millón en número de espectadores españoles. Contando con esto, creo que aun desconociendo las cifras presupuestarias que manejó Casanova, se puede considerar esta como un fracaso en toda regla.
Y, sin embargo, cuando me paro a pensar en ella, mis sensaciones se resumen en que, al igual que El Perfume, es una película que metería sin problemas en la categoría del "Bien, sin más" (no es una mala película ni de coña) , pero a diferencia de esta, si revisioné Casanova pensando en lo que me sorprendió y gustó para bien en su primer visionado, y no por mera curiosidad para comprobar como le habían pasado factura los años. Teniendo en cuenta esto y sumándolo al entretenimiento y diversión proporcionados...pues sinceramente, creo que en el choque entre ambos films, gana la peli de Hallström de calle. Super divertida y recomendable.


miércoles, 4 de abril de 2018

COMO PERROS SALVAJES de Paul Schrader


Título: Como perros salvajes (Dog eat Dog)
Director: Paul Schrader
Año: 2016
Guión: Matthew Wilder
Intérpretes: Nicolas Cage (Troy), Willem Dafoe (Mad Dog), Christopher Matthew Cook (Diesel), Paul Schrader (Grecco el Griego), Omar Dorsey (Moon Man), Louis Perez (Mike Brennan)

Paul Schrader es ya de por si un personaje cuya propia peripecia vital da para un dramón que te cagas. Educado en un ambiente calvinista y reclusivo no vio su primera película en cines (Un sabio en las nubes fue, por cierto) hasta los 17 años. Ya de mayor, tras haber pasado por la escuela de cine y por una etapa como crítico especializado en varios medios de prensa, acabó metido de lleno en medio de todo el movimiento del "Nuevo Hollywood", codeándose con figuras de la talla de Coppola, Spielberg, Milius o Scorsese. Para este último firmó los que son sus más reconocidos trabajos como son los guiones de Taxi Driver y Toro Salvaje, amen de un par de colaboraciones más en La Última Tentación de Cristo y Al límite. Ya para entonces, la salida del ambiente represivo en el que creció unido al lisérgico mundo del Hollywood setentero había convertido a Schrader en un ávido consumidor de sexo indiscriminado y cocaína, lo que acabó causándole un buen puñado de problemas de depresión y tentativas suicidas que hicieron que terminara escribiendo los guiones de sus proyectos fílmicos con una pistola cargada a mano por si le daba el último bajón. Un agujero del que tardaría varios años en salir. 
Y a pesar de que su labor de guionista sea la razón por la que es considerado un genio del cine americano moderno, su trabajo tras las cámaras no se queda corto, teniendo en su haber más de una veintena de títulos como director entre los que se incluyen películas muy bien recibidas por la crítica, como Aflicción, American Gigolo, Mishima: una vida en cuatro capítulos y un film que me flipa, Desenfocado (Auto Focus), a la par que otras cintas más pequeñitas y que no gustaron tanto entre los expertos en la materia, como pueden ser Adam resucitado, The Canyons con Lindsay Lohan o la cosita que vamos a comentar hoy aquí. 
Como perros salvajes nace como un intento de redención personal de Schrader por la oportunidad perdida que supuso su colaboración previa con Nicolas Cage en Caza al terrorista. En dicha peli, la productora metió bien las zarpas, cortando y remontando sin contar para nada con la opinión  del director, lo que acabó desembocando en un producto bastante alejado de la idea original de la que partía y en Schrader renegando por completo del proyecto. Así, partiendo de un presupuesto mucho más ajustado de lo habitual, y contando con un equipo bastante más amateur de lo acostumbrado (formado en gran parte por estudiantes de escuela de cine recién graduados), Schrader se lanza a reclutar de nuevo a Cage para rodar, en esta ocasión, lo que le da la puta gana sin impedimento alguno. Nicolas aceptó el participar en la peli siempre y cuando no recayera sobre él el papel de chalado pasado de rosca que se exigía para uno de los personajes principales (algo que a lo mejor sueles poner en tus cláusulas cuando te has convertido en un meme de internet y medio mundo se mofa de ti por tus interpretaciones más sobreactuadas). Ante la necesidad de recurrir a otro actor que se encargara de dicho papel, la bombilla se le encendió a Schrader. Si necesitas un actor feo como una gárgola y excéntrico como el sólo, ¿Quién mejor que Willem Dafoe? El buen hombre, a pesar de haber colaborado en el pasado con el director, se negó en un primer momento a aceptar el papel, y fue sólo ante la cesión del propio Nicolas Cage de 100.000 dólares de su propio sueldo (con el fin de asegurar la paridad de salarios entre ambas estrellas) que Dafoe firmó el contrato. Los mismos ajustes presupuestarios que pusieron en peligro la intervención de este último en la peli fueron los que hicieron que, tras la negativa por parte de figuras como Michael Douglas, Quentin Tarantino, Martin Scorsese, Nick Nolte, Christopher Walken o Jeff Goldblum, el propio Schrader se encargara de interpretar él mismo uno de los papeles secudarios, el del mafioso Grecco el Griego, poniéndose delante de las cámaras por primera vez en su carrera a los 70 años de edad. Con todo esto y un puñado de actores más ignotos que otra cosa, se filmó y lanzó el proyecto.
Y lo que tenemos es una pura y absoluta excentricidad en la que filtros de colores, efectos digitales en los que falsos marcos de televisión se integran en la imagen, en la que la gloriosa sobreactuación de los dos protagonistas es una constante  y en la que presenciamos desde el asesinato de una gorda hasta una pelea de chorretones de ketchup y mostaza pasando por una imitación de Humphrey Bogart perpetrada por el señor Cage que bien podría ser una ensoñación del personaje o no. 
Es una peli de esas que no son interesantes, que pueden llegar incluso a aburrir (seguro que lo consigue en la mayoría de los casos), pero que resulta increíble por el hecho de que sea una ida de olla descomunal de un profesional tan histórico en Hollywood. En los USA la peli fue directamente al mercado doméstico, pero en el mercado internacional (donde la figura de Cage es capaz todavía de llevar a gente al cine) contó con un estreno limitado en algunos países europeos donde consiguió recaudar algo más de 69.000 dólares. Aquí en España congregó a poco más de 2700 espectadores en salas...o dicho de otra forma, no interesó absolutamente a nadie.
El propio Paul Schrader afirmaba en una entrevista: "He tenido la fortuna de haber estado involucrado, a lo largo de mi carrera, en films muy presitigiosos e importantes. Dog Eat Dog no es uno de ellos". Se aprecia la sinceridad de este señor al proclamar que no está buscando la trascendencia, pero si esto es lo que entiende por un proyecto personal de redención, apaga y vamonos.
El buen señor actualmente prepara First Reformed, un thriller con ecologismo de por medio protagonizado por Ethan Hawke y Amanda Seyfried que tiene toda la pinta de ser un encargo de algún estudio. Y quizá sea uno de esos autores a los que las grandes productoras deban de ponerle freno para evitar idas de pinza como esta y algunas de sus últimas obras. Es decisión del espectador el valorar a Schrader por sus desvaríos de anciano actuales, por las cojonudas pelis que dirigió en el pasado o por las obras magnas que guionizó para algunos de los grandes directores del siglo pasado. Para mi la cosa está bien clara.


domingo, 26 de febrero de 2017

Dobles programas bizarros (I): WILLARD de Glen Morgan + EL ASESINO DEL CEMENTERIO ETRUSCO de Sergio Martino


Título: Willard
Director: Glen Morgan
Año: 2003
Guión: Glen Morgan (basado en un guión de Gilbert Ralston)
Intérpretes: Crispin Glover (Willard Stiles), R. Lee Ermey (Mr. Martin), Laura Harring ( Cathryn), Jackie Burroughs (Mrs. Stiles) 

Willard es un ser retraído y asocial que vive una vida de penurias entre los cuidados que requiere su madre enferma y su trabajo en la empresa de su padre, ahora propiedad de un viejo amigo de la familia que se dedica a humillarle y hacerle bullying constantemente. Un día, tras inspeccionar el sótano de su casa encuentra una rata blanca a la que apoda Sócrates y toma como mascota. Junto a ella cohabita una enorme colonia de ratas que Willard amaestrará y junto a las que, poco a poco, fraguará la idea de una venganza. 
Remake de una película de 1971, La revolución de las ratas, Willard cuenta como principal atractivo con la presencia del grimoso y desagradable Crispin Glover (el padre de Marty McFly en Regreso al Futuro) uno de esos actores especialmente conocido en Hollywood por no tener muy bien puesta la cabeza en su sitio (cosa que demostró cuando acometió las labores de director en su primer film, What is It ?, donde junto a un reparto compuesto por una mayoría de actores afectados de síndrome de down se dedicaba a cosas tan bonitas como mostrar decapitaciones de caracoles vivos o a mujeres con caretas de monos masturbando a un hombre con parálisis cerebral). Posiblemente sea la repugnancia que inspira este puto feo lo que vuelve realmente creíble la interpretación del protagonista de la película. El papel engendro humano ajeno a la sociedad y a todo tipo de relación remotamente humana le viene que ni pintado. 
Le acompañan en papeles secundarios R. Lee Ermey (el mítico sargento instructor de La Chaqueta metálica) adaptando su papel más reconocido a lo exigido, interpretando, en esta ocasión, al jefe cabrón de Willard; Jackie Burroughs intepreta a una madre de Willard igual de fea que su hija y Laura Harring a la única compañera de trabajo que le hace un mínimo de caso. El director, Glen Morgan, tiene también en su haber el remake de la cinta de terror Negra Navidad, pero es sobre todo conocido por sus labores de producción en capítulos de Expediente X y en algunas entregas de la saga Destino Final.
Posiblemente no sea una película que de mucho juego para comentar, pero si es un film bastante digno, un buen entretenimiento y, sin duda, merecedor de los 50 céntimos que me costó la copia en DVD que obtuve en un Cex de Madrid. Sin ironías de ningún tipo.





Título: El asesino del cementerio etrusco (Assassinio al cimitero etrusco / The Scorpion with two tails)
Director: Sergio Martino
Año: 1982
Guión: Ernesto Gastaldi, Jacques Leitienne y Mara Maryl
Intérpretes: Elvire Audray (Joan Barnard), Paolo Malco (Mike Grant), Claudio Cassinelli (Paolo Domelli), Van Johnson (Mulligan), John Saxon (Arthur Barnard) 

Intenté afrontar el visionado de esta cinta por primera vez durante un viaje en transporte público y duré diez minutos antes de que decidiera echarme una siesta debido al profundo sopor que esta me había causado. Una vez de noche en mi hogar decidí darle una segunda oportunidad, pues igual fue el cansancio acumulado a lo largo del día lo que no me había dejado disfrutarla correctamente. Craso error, a los veinte minutos de metraje decidí dejarla puesta de fondo mientras me dedicaba a otros quehaceres. Y es que estamos ante una película tremendamente aburrida obra del artesano italiano (un binomio que, cada vez estoy más convencido, equivale al apelativo de puto inepto) Sergio Martino, bajo el seudónimo en esta ocasión de Christian Plummer, uno de esos directores no tan reconocidos entre el fandom como otros compatriotas suyos pero que aún así tiene unos cuantos títulos con cierto renombre dentro de los submundos del cine de género italiano como pueden ser La Montaña del Dios Caníbal, Torso: Violencia Carnal o, este me encanta, 2019: Tras la caída de Nueva York (2019: Dopo la caduta de New York…que melodioso suena). El caso es que al igual que muchos otros italianos, Martino le dio a todo por igual y, por lo general, con los mismos y lamentables resultados: western, giallo, terror, pelis de monstruos, exploitation de Mad-Max, todo cabía en su filmografía. Y, sin embargo, El asesino del cementerio etrusco no termina de ubicarse dentro de un género claro, intentando ser a la vez un giallo, una peli policíaca con mafiosos y una peli de terror con fantasmas.
La trama de la cinta nos cuenta como un arqueólogo es asesinado mientras investiga una tumba etrusca recientemente descubierta. Su viuda viajará a Italia para intentar resolver el enigma en torno a la muerte de su esposo, descubriendo una trama orquestada por su propio padre para introducir heroína en los Estados Unidos junto a los descubrimientos arqueológicos de su difunto marido a la vez que se ve acosada por visiones de sacrificios de jóvenes y apariciones fantasmales que parecen apuntar a que la protagonista no es otra cosa que la reencarnación de una antigua sacerdotisa etrusca. El guión de este contundente ladrillo es obra principalmente de Ernesto Gastaldi, que ya había colaborado previamente con Martino en Torso y que tiene en su haber trabajos tales como una colaboración a pachas con Sergio Leone en el guión de Mi Nombre es Ninguno, así como labores de colaboración en la también "Leonina" Erase una vez en América. Los momentos de stop-motion del film corren a cargo del técnico habitual del inútil de Lamberto Bava y en ocasiones director de cierto renombre, Sergio Stivaletti. Componen el reparto principal los italianos Paolo Malco, Franco Garofalo y Claudio Cassinelli, la italiana Marilú Tolo, la francesa Elvire Audray y la breve pero significativa presencia de los habituales de la serie B John Saxon y Van Johnson. Por si alguno lo duda, actores de mierda todos ellos.
En su versión americana la cinta se distribuyó bajo el título de The Scorpion with two tails, supongo que con la intención de hacer referencia tanto a la famosa trilogía de los animales de Dario Argento como a La Cola del Escorpión, otro giallo de cierto renombre obra del propio Martino. Para añadir aún más aroma de exploitation a la mezcla, uno de los posters con los que se promocionó la película contaba con la presencia del melenas que, cuchillo en mano, protagonizaba el póster de Aquella casa al lado del cementerio, individuo reutilizado en diversas ocasiones en los posters de una amplia  gama películas donde, al igual que ocurre aquí, no asoma en ningún momento la jeta (de hecho esta es la segunda ocasión que hace acto de presencia en este blog tras su aparición en la carátula del VHS de La Mantis maldita). Aunque también es verdad que el póster original con esa especie de "soldado romano zombi" miente de la misma manera al espectador pues, sobra decir, su presencia en la película es nula.
Vamos que una puta mierda de película pero antes que eso, un coñazo soberano. Idónea para inducirse una siesta o un coma voluntario sin la ayuda de fármaco alguno.




domingo, 18 de septiembre de 2016

CIUDADANO X de Chris Gerolmo


Título: Ciudadano X (Citizen X)
Director: Chris Gerolmo
Año: 1995
Guión: Chris Gerolmo
Intérpretes: Stephen Rea (Viktor Bukarov), Donald Sutherland (Mikahil Fetisov), Jeffrey DeMunn (Andrei Chikatilo), Joss Ackland (Bondarchuk), Max Von Sydow (Alexandr Bukhanovsky), Imelda Staunton (Sra. Bukarov)

Los psychokillers me han parecido personajes tremendamente interesantes. Personas que ejercen sobre el que lee sobre sus vidas y obras una sensación a caballo entre el odio, el asco y la curiosidad morbosa. Particularmente lo que a mi me fascina sobre los psychokillers es el hecho de que estos por lo general no nacen, se hacen cuando en algún momento de su trayectoria vital algún hecho, alguna vivencia o simplemente la mera casualidad retuercen sus mentes hasta el extremo de convertirlos en monstruos capaces de las mayores barbaridades. Los psychokillers de verdad son atrayentes sin duda alguna, y uno puede caer con facilidad y convertirse en un aficionado a este tipo de historias tan truculentas. Yo mismo en el pasado tuve una época donde consumía obsesivamente material relacionado con estos seres humanos, llegando incluso a meterme entre pecho y espalda textos de psicología y criminalística como el cojonudo libro Dentro del Monstruo del ex-criminólogo y experto analista del FBI Robert K. Ressler, dónde este narraba con todo lujo de detalles las entrevistas que tuvo con asesinos de la talla de John Wayne Gacy y Jeffrey Dahmer, así como las conclusiones que extraía a raíz de estas.
Adonde quiero llegar con todo esto es que para el aficionado al mundo de los psychos existen ciertos nombres que resultan tan conocidos como los de Cristobal Colón o el de Charles Darwin. Me estoy refiriendo a personajes como Ted Bundy, Ed Gein, Pedro Alonso López o el que hoy nos atañe, Andrei Romanievich Chikatilo. Este fue un asesino en serie que actuó en la Unión Soviética post-Stalinista actuando particularmente sobre infantes y que entró en la historia al convertirse en el asesino más prolífico de la historia rusa y, con 52 víctimas en su haber, uno de los peores que dio el siglo XX. Con semejante currículum me extraña que tardaran tanto en plasmar su historia en una película, pero he aquí que Ciudadano X vio la luz en el año 1995. Posiblemente impulsada por el repunte que sufrió el interés por los psychokillers "realistas" a raíz del éxito de El Silencio de los Corderos, la película es una coproducción de la HBO y una tal Asylum Films (que nada tiene que ver con la cochambrosa compañía de cine zetoso que todos conocemos) creada para su exhibición en televisiones y cubre en sus casi dos horas la mayoría de la carrera criminal de Chikatilo mostrándola desde el punto de vista de los militares y policías que investigaron el caso y que acabarían capturando al asesino casi doce años después de que este comenzara a matar.
A pesar de tener como epicentro a un personaje de la talla de Chikatilo a la película le falta crudeza, le falta agallas par mostrar algo más de truculencia (salvo un par de escenas donde se ve alguna que otra puñalada de manera verdaderamente visceral la peli es bastante suavecita), pues si algo tiene la trayectoria vital de este psicópata es un trasfondo terrorífico donde las hambrunas, los horrores de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, los abusos sexuales y hasta el canibalismo se dan la mano. Dicho esto, tampoco le habría venido nada mal a la cinta algún flashback que nos mostrara la biografía de Andrei más allá de sus crímenes. Igualmente, la película se vende como un thriller pero tras terminar su visionado uno se da cuenta de que esta presenta una estructura y un ritmo más parecido al de un biopic que al de un thriller, donde se aprovecha la coyuntura para mostrar un retrato de la URSS de los años 80, con su represión, su opresiva burocracia y su ineficaz justicia.
Protagoniza la cinta el bonachón de Stephen Rea que clava el papel de un policía inexperto al que se la asigna un caso demasiado grande para sus zapatos pero que acaba demostrando ser más que capaz para llevarlo a cuestas aunque con alguna que otra consecuencia para su ambiente personal y familiar. Le acompaña Donald Sutherland interpretando a su superior en el escalafón militar y único apoyo dentro del sistema político soviético. La química entre ambos personajes está muy bien conseguida, trazando una evolución desde la fría camaradería militar hasta una férrea y calida amistad forjada en el horror de los crímenes de Chikatilo. 
El susodicho psicópata es interpretado por un Jeffrey DeMunn bastante controlado para lo que podía haber perpetrado (y bastante bien caracterizado si tenemos en cuenta que en la vida real Chikatilo era físicamente una especie de Alfredo Duro puesto de cocaína). Completan el plantel las breves participaciones de Imelda Staunton, Joss Ackland y el siempre simpático Max Von Sydow que aquí es doblado por el hombre que ponía la voz en español a los documentales de David Attenborough, lo cual resulta hasta gracioso cuando uno oye esa voz recitando las atrocidades cometidas por el asesino.
Tras las cámaras encontramos a un tal Chris Gerolmo, cuyo trabajo más meritorio fue el guión de Arde Mississippi. Se nota cierto empeño de este señor de intentar realizar un buen trabajo, pero a pesar de ello la dirección no resulta menos telefilmesca de lo que uno esperaría encontrar.
La cinta fue muy bien recibida en su momento y llegó a hacerse con un Globo de Oro (mejor actor secundario en una producción televisiva para Donald Sutherland) y tres premios gordos en el Festival de Sitges de aquel año (Mejor actor para Stephen Rea, Mejor actor secundario para Sutherland y Mejor película). Personalmente no es un producto tan grande como para merecer tantas alabanzas pero si que es un digno entretenimiento y una buena oportunidad para despertar la curiosidad en el espectador profano en el tema de los psychokillers. Merece un visionado.